Con 38 años de trayectoria en Rodwil

Entrevista a Delmar Morales Gómez

Cuando Delmar ingresa a desarrollar su tarea en Rodwil, la reconocida empresa hacía unos años que había comenzado a rodar con su amplio rubro de delicadas y exclusivas prendas de vestir en Salto.
Llega para hacerse cargo de una parte del área contable de Rodwil, la que le da pie para comenzar a afianzarse dentro de la misma.
A conocer a los clientes y a involucrarse en la tarea de vendedor.
Le gustó, se quedó en ese puesto y hoy cuenta con 38 años de trayectoria allí.
Es increíble descubrir que Delmar está trabajando por tantos años más, que la edad que tienen algunos de los hijos del principal de la empresa.
Le damos la bienvenida a Delmar, preguntándole:
¿Por qué se decide por este rubro?
Estudié de muy jovencito Mecánica Automotriz, pero nunca lo ejercí.
Cuando estaba en 3º año, mi padre tuvo un quebranto de salud, falleció y tuve que salir a trabajar.
Entré a trabajar en Alaska y me brindaron la posibilidad de retomar los estudios, trabajando medio día y fue cuando logré recibirme.
Fue tan importante esa mano que me dieron, que no voy a olvidarlo.
Opino que el comercio todo debería apoyar cuando un funcionario desea estudiar y superarse.Delmar
Los muchachos de hoy, como los de aquella época, necesitan del respaldo del empresario para el que trabaja, llevar adelante muchas veces el estudio.
¿Pensó en su momento instalarse con un taller?
Sí, tuvimos esa iniciativa con un primo pero no se dio y en una de mis vacaciones, veo un clasificado de Diario EL PUEBLO, donde solicitaban un ayudante mecánico.
Cuando llego al taller y me presento, habían tomado el día anterior a un funcionario para la tarea.
¡Para mi fue una frustración!
¿Cuándo comienza a trabajar en Rodwil?
Hace 38 años.
Estaba trabajando en Alaska, pasando por diferentes secciones y me desempeñaba como encargado de depósito, cuando surgió la posibilidad de comenzar a trabajar en Rodwil en la parte contable.
Me gustó la idea, lo hablé con los principales de Alaska y me dijeron que la propuesta era buena de parte de Rodwil, porque yo tenía mis condiciones acordes a lo que Rodwil podía ofrecerme económicamente.
Me contacté y comencé a trabajar en setiembre del año ´80, en la parte contable.
Fueron tres meses a prueba y luego ya me quedé definitivamente.
¿Cuánto tiempo estuvo en la administración?
Durante dos años, pero me gustaba la venta.
Comencé a tratar con el público y de a poquito fui tomándole la mano a la venta y afianzándome.
¿Cómo se da ése cambio de actividad?
Porque todo lo que hacíamos con recibo, tenía que ser en la parte de mostrador, creando un vínculo con la gente.
Mientras los demás compañeros vendían, yo iba conociendo a los clientes.
Y muy de a poquito a la venta. Adquiriendo más experiencia en ese aspecto.
¿Se mantiene la empresa con aquella clientela fiel?
Sí, la mantiene, pero además es mucho más amplia.
Estamos hablando prácticamente de que pasaron cuarenta años.
Y los clientes de ese entonces comenzaron a traer a sus hijos y se fue agrandando la clientela.
¿Qué tiene de especial Rodwil?
Creo firmemente que el buen trato es esencial, junto a la calidad de las prendas que ofrecemos.
Siempre digo que un cliente es importante y hay que atenderlo lo mejor posible.
Aunque uno tenga un problema en momentos que el cliente entra al local, no tiene este por qué saberlo.
¿Qué es esencial en un buen vendedor?
Fundamental: tener paciencia y gustarle lo que hace.
Hacerlo con amor.
Vender es ofrecer una cosa que le está gustando mucho al que lo vende.
Transmitírselo al cliente y tratar de orientar a la persona cuando viene a comprar.
Muchas veces llega el cliente y no se decide, porque se encuentra desorientado. Viene con una idea y encuentra al vendedor ampliándole el panorama, buscando la manera de que compre algo que lo deje conforme. Pero además, el vendedor tiene que vestirlo bien.
Que luego cuando se retire del local, afuera, nos haga la misma publicidad.
Por ello es fundamental atenderlos bien.
Han llegado clientes, comentándonos que nos visitan porque han tenido las mejores referencias.
Eso para nosotros, los compañeros vendedores, es una gran satisfacción.
Saber que la gente se siente con esa deferencia y se valla ya pensando en un regreso.
Incentivando además a nuevos clientes a que se acerquen.
¿Qué ha significado para usted, trabajar en grupo?
Somos un grupo de compañeros que tratamos de complementarnos como equipo de trabajo.
Tratar de estar siempre bien, llevándonos bien.
Es fundamental poder hacerlo, ya que pasamos compartiendo, mucho tiempo juntos.
¿Se ve como un líder del grupo?
No, no me veo como líder. Sí, como una persona que trata de brindarle lo mejor a la gente, para que se retire bien vestido.
Siempre digo que todos los días, tenemos algo que aprender.
Los mismos clientes nos llevan a ello.
Por allá uno escucha que alguien te lo reconoce y eso hace sentir muy bien, es una satisfacción.
No sólo para mí, sino para todo el grupo.
¿Cuándo un cliente se retira bien vestido?
Eso es muy relativo y va a depender de la edad de cada uno.
Nosotros contamos con clientes mayores, pero a su vez, tenemos muchos clientes jóvenes, que se eligen la ropa informal totalmente.
Puede ser un jeans con roturas o desgastado con una camisa informal.
Luego está aquella persona clásica que se viste con un pantalón formal, con una camisa a tono.
Y también está aquella gente que concurre a eventos, busca indumentaria para cumpleaños o casamientos con su trajecito y con su buen vestir.
¿Ha cambiado mucho la indumentaria en general?
Podemos ver a los jóvenes, que se le solicita ropa formal y se pone su trajecito. Con tiradores y moñitos, corbatín.
Hoy en día la gente trata de vestirse bien.
¿Qué es lo más lindo de su tarea?
Es atender a la gente bien atendida.
Que se vaya contenta.
¿Y lo que no le gusta?
No, en ese aspecto no tengo nada que decir.
Me gustó siempre cumplir, en cuanto a la asistencia y a todo.
¿Qué le ha aportado Rodwil en todos estos años?
Me aportó experiencia, sobre todas las cosas.
No me puedo sentir disconforme con nada, porque la empresa siempre que la necesité estuvo a mi lado. Y eso es muy importante cuando un empleado lo necesita. Que la empresa brinde su apoyo, su respaldo.
Me siento muy conforme.
Me gustaría destacar ese apoyo de la empresa siempre y el compañerismo entre los compañeros, que es muy importante.
Mis compañeros son de fierro y los patrones también.
Me siento muy conforme en ese aspecto.
¿Usted qué le ha brindado a la empresa?
Yo creo que le he brindado parte de mi vida.
Son 38 años ininterrumpidos.
A veces pienso en la gente que llega al local y me dice: «¿todavía estás acá?».
Y uno de esos señores que me preguntó, es uno de los primeros clientes que tuvo Rodwil.
Es todo una vida acá adentro.
Fue un conocerla poquito a poquito todos los días a la empresa y lo sigo haciendo.
¿Se viste en Rodwil?
Si, claro.
¿Cuál es su estilo?
Más bien clásico. Me gustan las cosas modernitas, pero no exageradas.
Dentro de lo moderno, lo clásico.
Uno tiene que ubicarse con la edad y con la vestimenta moderna.
¿En algún momento, echó de menos el taller mecánico que no logró instalar?
En un momento de mi vida, me puse a meditar y pensé: había estudiado cuatro años de mecánica, con un diploma que lo tengo colgadito en casa, lo miro y pienso que dentro de todas las materias que tenía el curso, algunas cosas me han servido para la tarea que realizo.
Los números, la parte de la matemática es muy importante siempre para cualquier tarea que vayamos a realizar.
¿Ya no es una asignatura pendiente?
No, ya no.
Lo miro al diploma con cariño, porque tampoco fue un tiempo perdido.







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