Con papá compartí toda la vida

Es muy difícil hablar de Don Walter Piastri sin relacionarlo con la amplia trayectoria que acompaña a una empresa que hoy sigue pujante entre los salteños, como lo es El Revoltijo.
Los  primeros pasos de Don Walter dentro de la empresa, sucedieron cuando él solo contaba con 17 años.
Con una experiencia que palpó en su padre de ser empleado-comerciante y  siguiendo  su ejemplo, supo incrementar así, lo que hoy es una gran empresa.
Les brindamos la  historia de vida de su hijo Enrique, al lado de un hombre que le enseñó todo:
¿Cuáles son los recuerdos sobre papá?
Tengo recuerdos, anécdotas y muchos cuentos.
Papá comenzó como empleado con 17 años en la empresa El Revoltijo, haciendo carrera. Una persona que evidentemente era muy capaz, inteligente y trabajador.
¿Cómo comienza a desarrollar su tarea su papá en la empresa?
Se desarrolla papá en distintas actividades dentro de la misma dándole lugar a ir creciendo paulatinamente. Hasta que en el año 1957, tiende a retirarse de El Revoltijo y es cuando le ofrecen ser socio.
Todo debido a su capacidad de trabajo y su visión en los negocios, siempre supusimos que era el motivo más importante de esa propuesta laboral.
Y allí comienza su carrera dentro de la empresa con mucho trabajo y  muy sacrificado. Con muchas horas en aquella época, pero siempre positivo y mejorando cada día, entonces la actividad se realiza de muy buena manera.
Hasta que pasan los años y con el tiempo, cuando pasa los 70 años,  adquiere un campito y es cuando va delegando tareas dentro de la empresa, retirándose para disfrutar de su compra y dedicarse a aprender a andar a caballo a sus 73 años de vida. Era su hobby.
¿Cuánto tiempo tenía de instalado El Revoltijo, cuando él se integra?
Cuando papá comienza allí, la empresa que data del 1900, contaba ya con 48 años. Fundada por Nicolás Zunini.
Estaba ubicada en la esquina de Bilbao y 19 de Abril, donde es actualmente  Guapa. Teníamos otro local enfrente que se le vende luego a la Intendencia, donde se encuentra el sector ómnibus. Y otras esquinas como las que se encuentran frente a Casa Sevrini y sus alrededores. Con el tiempo, El Revoltijo, comienza a vender algunas de sus propiedades y compras instalándose en el año 1984, en Av. Batlle y Ordóñez, donde se encuentra actualmente.
La actividad comercial era distinta  a lo que es ahora. Había que viajar a Montevideo, todas las semanas para mantener el contacto con los proveedores. El viaje era en avión en algún momento y si no, en auto los días lunes o martes.
Siempre papá administró de una manera muy prolija, recuerdo acompañarlo en algunos de esos viajes, contando yo con 23 años, que es con la edad que comienzo a colaborar en la empresa.
¿Cómo conforma su familia?
Después de muchos años de estar en El Revoltijo, se casa con mamá: María Cristina Stalker Pozzi (Mery) en el año 1953 y tienen 4 hijos:
Walter, Enrique, Eduardo que es fallecido y Cristina.
Walter que de muy joven comenzó a trabajar en la empresa. Yo me fui a estudiar a Montevideo y al volver también comencé a trabajar junto a él. Eduardo que estudió para Contador, al recibirse se integra con nosotros y lamentablemente falleció luego muy joven, con 52 años.
Y Cristina, que actualmente también se encuentra trabajando con nosotros. Estamos los tres en distintas actividades, fuertemente trabajando.
¿De cuántos nietos disfrutó?
De 13 nietos, y conoció a todos, pasando muy buenos momentos con ellos, disfrutando mucho.
¿Qué compartió usted con su papá?
Desde siempre.
Al entrar a trabajar a su lado, compartimos todo. La vida.
Desde lo que hacíamos en casa, hasta actividades en la empresa, y asi fue hasta el último momento.
Fue muy lindo en ese aspecto, porque fuimos todos muy unidos. A pesar de vivir en casas diferentes, nos juntábamos en una u otra, para almorzar, cenar o simplemente reunirnos.
Los recuerdos que conservo son todos buenos. En los momentos excelentes y también en las malas, con sus altibajos, él fue una persona muy fuerte, de mucha energía y de buen carácter.
Era muy bueno. Más bueno de lo que parecía, con todo el mundo. (Se emociona).
Incluso con nosotros era duro, pienso que para enseñarnos el camino y nos hacía respetar.
Nos decía: “¿Vas a empezar a  trabajar en la empresa?, bueno, acá entramos a las 7 y 30, vos no podés venir más tarde que nadie”.
Y no había preferencias. Entrábamos primero y nos íbamos por último, pero era muy bondadoso.
Entendemos su forma de ser, por situaciones que  vivió en la vida su papá y lo marcaron a él para siempre.
El abuelo Remigio tenía un restaurante que se llamaba El Galileo en el mercado, la gente llegaba, le pedía alimentos y él nunca se negaba a regalárselo.
Era muy buena persona, solo que como comerciante, era malo.
Y tanto dar, se fundía. De ser el propietario del restaurante, pasó a ser empleado. Luego fue socio de Biassetti en el Hotel y terminó siendo empleado siempre, por ser bueno,  de poco carácter para exigir o poner límites y condiciones.
Entonces, a papá lo marcó, y nos decía” a mí no me puede pasar lo mismo” y se ponía exigente con él mismo, planteándose lineamientos y los cumplía. Muy hábil para los negocios.
¿Cómo acompañó su mamá todo su trabajo?
Mamá estuvo a full con todo.
Trabajó como telefonista en la empresa  hasta que nació Walter, el mayor, porque decía papá que debía dedicarse a la crianza de nosotros y a la casa.
Nos llevamos dos años de diferencia entre cada hermano, así que en ocho años, nos tuvo a los cuatro y nos crió muy bien. No sobraba nada, pero tampoco faltaba.
Estábamos acostumbrados a que el domingo por ejemplo, tomábamos un refresco, pero sabíamos que era solamente ese día. Una botella de un litro para los cuatro y se terminaba.
¿Cuándo se dan cuenta como hermanos que debían hacerse cargo de todo?
Desde muy pequeños, tuvimos en vacaciones un entretenimiento y una costumbre, que era venirnos para la empresa, ayudar a descargar los camiones y a salir en reparto con algún camionero, o preparar alguna mercadería.
Comenzamos a conocer de muy pequeños la interna de la empresa.
A los funcionarios y todo su manejo, entonces al empezar a trabajar corríamos con cierta ventaja de compartir ciertas cosas con ellos todos.
Desarrollamos la actividad, aprendiendo de papá y de todos los que colaboraban. Y en eso de aprender, hasta hoy sucede, porque lo fuimos mamando de una excelente escuela y un muy buen apoyo, como fue el de papá.
¿Con qué disfrutaba su papá?
Estuvo durante veinticinco años integrando la directiva del Centro Comercial de Salto, llegando a ser presidente durante algunos años.
Fue un buen remero además. Le gustaba la navegación, incluyendo la pesca.
Durante muchos años, lo acompañé al río en su embarcación.
Era fanático de la pesca del dorado.
Lo hacíamos todos los sábados y domingos, siempre estaba implementando  buenas ideas, hasta que un día, compró un pequeño velero, aún siendo difícil navegar en el río, pero él disfrutó mucho del agua.
Le gustaba además estar en familia. Buscó por todos los medios que lográramos trabajar y que viviéramos bien, en Salto.
Nos dio todas las condiciones y herramientas para hacerlo y logró unir la familia. Y hasta hoy los hermanos nos llevamos muy bien y nos mantenemos muy unidos también.
¿Qué le quedó por hacer con papá?
Nada. Disfruté todo con él, siempre. Y hasta el último día.
Pienso que al grupo familiar le pasó lo mismo, incluso en la empresa.
Como socio se retiró con 57 años de labor en el año ´96, y falleció en el 2007 con 85 años.
¿Cómo lo define?
Como una persona muy inteligente, muy capaz, de mucha capacidad de trabajo.
Duro, porque todo el mundo lo catalogaba de esa forma, pero muy bondadoso.
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Es muy difícil hablar de Don Walter Piastri sin relacionarlo con la amplia trayectoria que acompaña a una empresa que hoy sigue pujante entre los salteños, como lo es El Revoltijo.

Los  primeros pasos de Don Walter dentro de la empresa, sucedieron cuando él solo

Walter Hpólito Pistri

Walter Hpólito Pistri

contaba con 17 años.

Con una experiencia que palpó en su padre de ser empleado-comerciante y  siguiendo  su ejemplo, supo incrementar así, lo que hoy es una gran empresa.

Les brindamos la  historia de vida de su hijo Enrique, al lado de un hombre que le enseñó todo:

¿Cuáles son los recuerdos sobre papá?

Tengo recuerdos, anécdotas y muchos cuentos.

Papá comenzó como empleado con 17 años en la empresa El Revoltijo, haciendo carrera. Una persona que evidentemente era muy capaz, inteligente y trabajador.

¿Cómo comienza a desarrollar su tarea su papá en la empresa?

Se desarrolla papá en distintas actividades dentro de la misma dándole lugar a ir creciendo paulatinamente. Hasta que en el año 1957, tiende a retirarse de El Revoltijo y es cuando le ofrecen ser socio.

Todo debido a su capacidad de trabajo y su visión en los negocios, siempre supusimos que era el motivo más importante de esa propuesta laboral.

Y allí comienza su carrera dentro de la empresa con mucho trabajo y  muy sacrificado. Con muchas horas en aquella época, pero siempre positivo y mejorando cada día, entonces la actividad se realiza de muy buena manera.

Su hijo Enrique PiastriHasta que pasan los años y con el tiempo, cuando pasa los 70 años,  adquiere un campito y es cuando va delegando tareas dentro de la empresa, retirándose para disfrutar de su compra y dedicarse a aprender a andar a caballo a sus 73 años de vida. Era su hobby.

¿Cuánto tiempo tenía de instalado El Revoltijo, cuando él se integra?

Cuando papá comienza allí, la empresa que data del 1900, contaba ya con 48 años. Fundada por Nicolás Zunini.

Estaba ubicada en la esquina de Bilbao y 19 de Abril, donde es actualmente  Guapa.

Walter Pistri en un reconocimiento a Federico Moreira.

Walter Pistri en un reconocimiento a Federico Moreira.

Te – níamos otro local enfren -te que se le vende luego a la Inten dencia, donde se encuen tra el sector óm – nibus. Y otras esquinas como las que se encuentran frente a Casa Sevrini y sus alrededores. Con el tiempo, El Revoltijo, comienza a vender algunas de sus propiedades y compras instalándose en el año 1984, en Av. Batlle y Ordóñez, donde se encuentra actualmente.

La actividad comercial era distinta  a lo que es ahora. Había que viajar a Montevideo, todas las semanas para mantener el contacto con los proveedores. El viaje era en avión en algún momento y si no, en auto los días lunes o martes.

Siempre papá administró de una manera muy prolija, recuerdo acompañarlo en algunos de esos viajes, contando yo con 23 años, que es con la edad que comienzo a colaborar en la empresa.

¿Cómo conforma su familia?

Después de muchos años de estar en El Revoltijo, se casa con mamá: María Cristina Stalker Pozzi (Mery) en el año 1953 y tienen 4 hijos:

El Revoltijo zona esteWalter, Enrique, Eduardo que es fallecido y Cristina.

Walter que de muy joven comenzó a trabajar en la empresa. Yo me fui a estudiar a Montevideo y al volver también comencé a trabajar junto a él. Eduardo que estudió para Contador, al recibirse se integra con nosotros y lamentablemente falleció luego muy joven, con 52 años.

Y Cristina, que actualmente también se encuentra trabajando con nosotros. Estamos los tres en distintas actividades, fuertemente trabajando.

¿De cuántos nietos disfrutó?

De 13 nietos, y conoció a todos, pasando muy buenos momentos con ellos, disfrutando mucho.

¿Qué compartió usted con su papá?

Desde siempre.

Al entrar a trabajar a su lado, compartimos todo. La vida.

Desde lo que hacíamos en casa, hasta actividades en la empresa, y asi fue hasta el último momento.

Fue muy lindo en ese aspecto, porque fuimos todos muy unidos. A pesar de vivir en casas diferentes, nos juntábamos en una u otra, para almorzar, cenar o simplemente reunirnos.

Los recuerdos que conservo son todos buenos. En los momentos excelentes y también en las malas, con sus altibajos, él fue una persona muy fuerte, de mucha energía y de buen carácter.

Era muy bueno. Más bueno de lo que parecía, con todo el mundo. (Se emociona).

Incluso con nosotros era duro, pienso que para enseñarnos el camino y nos hacía respetar.

Nos decía: “¿Vas a empezar a  trabajar en la empresa?, bueno, acá entramos a las 7 y 30, vos no podés venir más tarde que nadie”.

Y no había preferencias. Entrábamos primero y nos íbamos por último, pero era muy bondadoso.

Entendemos su forma de ser, por situaciones que  vivió en la vida su papá y lo marcaron a él para siempre.

El abuelo Remigio tenía un restaurante que se llamaba El Galileo en el mercado, la gente llegaba, le pedía alimentos y él nunca se negaba a regalárselo.

Era muy buena persona, solo que como comerciante, era malo.

Y tanto dar, se fundía. De ser el propietario del restaurante, pasó a ser empleado.El Revoltijo centroLuego fue socio de Biassetti en el Hotel y terminó siendo empleado siempre, por ser bueno,  de poco carácter para exigir o poner límites y condiciones.

Entonces, a papá lo marcó, y nos decía” a mí no me puede pasar lo mismo” y se ponía exigente con él mismo, planteándose lineamientos y los cumplía. Muy hábil para los negocios.

¿Cómo acompañó su mamá todo su trabajo?

Mamá estuvo a full con todo.

Trabajó como telefonista en la empresa  hasta que nació Walter, el mayor, porque decía papá que debía dedicarse a la crianza de nosotros y a la casa.

Nos llevamos dos años de diferencia entre cada hermano, así que en ocho años, nos tuvo a los cuatro y nos crió muy bien. No sobraba nada, pero tampoco faltaba.

Estábamos acostumbrados a que el domingo por ejemplo, tomábamos un refresco, pero sabíamos que era solamente ese día. Una botella de un litro para los cuatro y se terminaba.

¿Cuándo se dan cuenta como hermanos que debían hacerse cargo de todo?

Desde muy pequeños, tuvimos en vacaciones un entretenimiento y una costumbre, que era venirnos para la empresa, ayudar a descargar los camiones y a salir en reparto con algún camionero, o preparar alguna mercadería.

Comenzamos a conocer de muy pequeños la interna de la empresa.

A los funcionarios y todo su manejo, entonces al empezar a trabajar corríamos con cierta ventaja de compartir ciertas cosas con ellos todos.

Desarrollamos la actividad, aprendiendo de papá y de todos los que colaboraban. Y en eso de aprender, hasta hoy sucede, porque lo fuimos mamando de una excelente escuela y un muy buen apoyo, como fue el de papá.

¿Con qué disfrutaba su papá?

Estuvo durante veinticinco años integrando la directiva del Centro Comercial de Salto, llegando a ser presidente durante algunos años.

Fue un buen remero además. Le gustaba la navegación, incluyendo la pesca.

Durante muchos años, lo acompañé al río en su embarcación.

Era fanático de la pesca del dorado.

Lo hacíamos todos los sábados y domingos, siempre estaba implementando  buenas ideas, hasta que un día, compró un pequeño velero, aún siendo difícil navegar en el río, pero él disfrutó mucho del agua.

Le gustaba además estar en familia. Buscó por todos los medios que lográramos trabajar y que viviéramos bien, en Salto.

Nos dio todas las condiciones y herramientas para hacerlo y logró unir la familia. Y hasta hoy los hermanos nos llevamos muy bien y nos mantenemos muy unidos también.

¿Qué le quedó por hacer con papá?

Nada. Disfruté todo con él, siempre. Y hasta el último día.

Pienso que al grupo familiar le pasó lo mismo, incluso en la empresa.

Como socio se retiró con 57 años de labor en el año ´96, y falleció en el 2007 con 85 años.

¿Cómo lo define?

Como una persona muy inteligente, muy capaz, de mucha capacidad de trabajo.

Duro, porque todo el mundo lo catalogaba de esa forma, pero muy bondadoso.







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