“El servicio brindado a los perros, fue para mis padres un motivo de vida”

Juan Félix Zanotta White y Carmen Mirian Alfieri de Zanotta Dedicados plenamente a los perros de la calle

Con la palabra de su hijo Ricardo Zanotta Alfieri

Ricardo Zanotta Alfieri

Ricardo Zanotta Alfieri

Félix y Carmen, se casaron muy jóvenes.
El con 22, ella con 18 años y de esa unión llegaron dos hijos: Roxana y Ricardo.
Se hace Félix empleado bancario y Carmen se había recibido de maestra también muy joven.
Creyó ella conveniente dedicarse a la casa y a sus hijos, por este motivo nunca ejerció la profesión.
Félix luego de retirarse de su trabajo bancario se dedica al servicio del corretaje en algunas empresas del medio.
Al abandonar esta tarea, es donde demuestra sus habilidades en artesanías de madera, donde Carmen también gustosa intervenía para darle culminación a algunos trabajos que realizaban.
Sus artículos con catálogos, se distribuían por todo el país: portarretratos, botineras, entre otras.
Pasado el tiempo, es cuando se entregan de lleno al trabajo de castración con los perritos de la calle.
Es esta una historia muy tierna de dos seres que adoraban lo que hacían, demostrándolo a cada segundo con actos de amor y dedicación por los animalitos.
Es Ricardo su hijo, quien nos lo cuenta de esta manera:
¿Cuáles son los recuerdos de sus padres y de la tarea a la que se dedicaban?
Yo diría que a la tarea que se dedicaban, era más que nada un hobby, un servicio que les nacía del alma y se volcaron a ello con todas sus fuerzas.
Veían la necesidad que existía y se lanzaron a hacerla.
Los recuerdos que más guardo en familia con ellos, es la pareja que eran, la unión que siempre hubo entre ellos, lo que nos mostraron y nos dejaron a sus hijos.
Fuimos siempre de salir a pescar y mi madre acompañaba en todo.
En los campamentos de papá, luego en un rancho que tuvimos en el antiguo Salto Grande, otro en el Itapebí.
Estuvimos parte de nuestra vida, viviendo siempre con la naturaleza y en familia.
Además de todos los valores y las cosas buenas que nos han inculcado siempre.
¿Cómo era el carácter de papá?
Una persona muy tranquila, de muy fuertes principios y valores.
El recuerdo que tengo es de buenos padres, buenos ejemplos.
Y de estar siempre juntos.
¿Qué heredó de ellos?
Mucho heredé. Incluso trato de seguir su ejemplo con algunas cosas, por el simple hecho de sentir admiración por ellos.
Unas sí y otras no, porque cada uno tiene su personalidad, somos obviamente distintos.
Pero en la vida se me han venido dando cosas, con personas que me comentan que cada vez, estoy más parecido a él. También físicamente.
¿Fueron activos en cuanto a la sociedad?
Sí. Les gustó siempre ser un habitué del club Remeros. Pasó el tiempo y fue papá dirigente.
Siempre estuvo presente en distintas actividades en lo social. Fue presidente de Chaná. El club de sus amores.
¿Con qué disfrutaban?
Con las cosas más simples de la vida.
Con la familia. La naturaleza era nuestra aliada. Nunca dejamos de hacer un veraneo en una playa y les gustaba el buen comer.
Le encantaban sus viajes, pasear. Hicieron sus viajes a Europa y a otros lugares.
¿Cómo comienza la actividad con los perros de la calle?
Habían ya dejado de trabajar en la madera y tal vez por el hecho de estar jubilados y por el gran amor a los perros, fue que se iniciaron en la actividad. Fue en el año´96.
Tenían cuatro o cinco de ellos, se le sumó otro que habían encontrado y a partir de allí, fue que comenzaron a ver la carencia y la posibilidad del servicio.
Se asesoraron un poco buscando información, viendo que no había protectoras y llegada de Montevideo vino una señora, la escribana Valdomir, que se hospeda en nuestra casa y brindándose al máximo, los apoyó y ayudó muchísimo a organizarse.
Mantienen una reunión con el intendente y éste lo vio viable al proyecto, dándole un vuelco a la situación.
Mirando por un lado, que era lo primero para hacer llegaron a la conclusión de que había que solicitar de suspender a la perrera, ya que era bastante inhumano lo que se hacía en aquel momento, llevándose a los perros que andaban en la calle.
El intendente así lo entendió y la suspende, delegando al Dr. Paulino y escuchando además, la solicitud de medicamentos.
Se hizo luego un estudio en cifras, para ver cómo podían manejar el número de castraciones, la cantidad de perros sueltos que se evitaría. Era mucho más efectivo ese trabajo que hacían, que la perrera en sí.
¿Lo realizaban al trabajo por zonas?
Sí, pero era en toda la periferia, por todos los barrios.
En principio, recuerdo que lo llamaban los vecinos de distintos lugares.
Coordinaban con algunas veterinarias que lo hacían como ellos en forma honoraria y los acompañaba siempre un profesional.
Ellos dos eran el nexo, aunque mi padre puso todo de sí en cuanto a gastos y a todo lo económico.
Desde la camioneta, hasta los recursos propios para ir a los barrios, traer la perrita, castrarla, llevarla de vuelta, hacerle un seguimiento ya que había que sacarle los puntos luego.
Se llevaba todo con planillas, haciendo las castraciones en distintas veterinarias que apoyaban, como ellos en forma incondicional.
¿Por cuánto tiempo lo hicieron?
Durante años.
Fallece mi padre y lo sigue haciendo mamá sola acá en casa.
Luego comenzó a colaborar una familia, el señor era carrero haciéndole de ambulancia y también se encargaban de tener internadas digamos a las perras luego de castradas y en recuperación.
Recuerdo que mi madre a través de la Intendencia le consiguió ciertos beneficios para que el carrero pudiera hacer su labor.
Mamá coordinaba todo por teléfono, ya no tenía el desplazamiento como antes. Al no contar con papá, ya no era lo mismo.
¿Cuándo se retira de esta actividad?
Hace aproximadamente unos cuatro años.
Fue disminuyendo la tarea de la asistencia, pero de todas formas, ella seguía atendiendo gente que venía a pedirle auxilio acá en casa.
Fue en esa época, como una bola de nieve en todos los barrios, entonces muchas veces llamaban por teléfono y me preguntaban:” ¿la veterinaria está?”.
Yo les decía: “no, no es veterinaria, es mi madre, la que se dedica a ayudar a los perritos”.
Fueron un poco pioneros, luego comenzaron algunos grupos que han tomado conciencia, Zoonosis, con la cual también se pudo contar.
Ahora existen leyes que protegen al animal.
Antes, se veía mucho de un carro tirado por un caballo que apenas podía.
Papá no podía ver castigar un caballo así, siempre tuvo ese amor por los animales.
¿Cuándo falleció su mamá?
Fue en enero de este año.
Ya hace cuatro que dejó de trabajar. Tenía limitaciones de movilidad porque estaba operada de cadera y lo hacía con un bastón, pero dentro de casa no tenía demasiados problemas.
Aunque mi hermana y yo teníamos otro tipo de actividades, tal vez por eso no seguimos sus pasos. De todas formas, siempre respetamos su voluntad y lo vimos como un motivo de vida.
Cuando los dos trabajaban juntos, lo hacían como todo lo que hacían juntos: un bloque. Muy compinches.
Si hay algo que nos legaron a mi hermana y a mí, fue esa unión, en todo sentido.
Pero en mi caso, soy muy bichero, me gustan los animales.
¿Qué le quedó por hacer con ellos?
Yo viví con mamá después que falleció papá.
Pero creo firmemente que no me quedó nada por hacer, porque seguimos con mamá compartiendo cosas.
Y con papá fuimos muy compañeros, como que mantuvimos los mismos gustos.
¿Cómo los definiría?
Una pareja ejemplar.
Una pareja admirable.
Una vez me dijo mi viejo una frase que con el tiempo aprendí a valorarla: “ser un buen padre, no es ser un padre bueno”.
Y él fue muy firme en sus principios, transmitiendo lo que quería, pero fue un buen padre. Lo mismo me pasa con mamá, con los años, uno se da cuenta a lo que apuntaban.
Conservo todos sus valores, virtudes y defectos.







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