«En mis comienzos revelaba fotos para otros fotógrafos»

Con la mirada y el corazón de Juan Andrés Román.
Principal de Estudio Andrés Román Laboratorio Fotográfico.

Juan Andrés es oriundo de Salto. Recuerda de su época liceal, ser el único del grupo que llevaba una máquina de fotos, encargándose de dejar registrados los más lindos momentos entre sus compañeros.
Eso quiere decir que en su mente, estuvo siempre presente la fotografía y realmente le gustaba.Juan Andrés Román 1
Logró su primera herramienta para comenzar a trabajar en el rubro y contó con posibilidades que lo hicieron crecer, llegando a ser un gran profesional en fotografía.
Tiene mucho para contarnos y así comenzamos dialogando:
¿Cómo se inicia tu trayectoria?
Mucho antes de instalarme con el estudio con el que trabajo actualmente.
Con mi primer salario en aquel entonces, logro comprar una cámara de fotos, semi profesional.
Al principio fueron fotografías entre la familia y creo firmemente, que cuento con más de mil quinientas, incluidas las del grupo de amigos.
¿Qué edad tenías?
18 años.
Sacaba tres rollos por mes, ya que en aquella época, no era tan costoso y como era un hobby lindo, en las fiestas incluso sacaba más de lo normal.
¿Cuándo comienza tu trayectoria laboral?
En el año ´99, contando con 25 años.
Comencé a trabajar en un Laboratorio Fotográfico de Kónica, en impresión y revelado fotográfico.
Me dedicaba a imprimir las fotos de los fotógrafos de sociales en Montevideo.
Así como comencé a aprender de ellos y estuve hasta el año 2003.
¿Cómo te instalas en Salto?
Conversando con un viejo amigo, José Volpi también fotógrafo, surge la idea.
Era un enorme riesgo, ya que se encontraba el país, sumergido en una tremenda crisis económica.
Nos contactamos rápidamente, con un muchacho para lograr alquilar un laboratorio fotográfico suyo, trabajando con rollos de negativos y en noviembre del 2003, comenzamos con nuestro laboratorio en calle Uruguay, de forma muy precaria y sin cliente alguno.
Y nos fue bien.
En el 2004, ya contábamos con una cartera de clientes, siempre trabajando en el laboratorio fotográfico, revelando e imprimiendo rollos, al público y a fotógrafos. Como lo veíamos funcionar relativamente bien, decidimos adquirir un laboratorio propio.
En esa época los tantos dólares que necesitábamos no los teníamos y nadie nos facilitaba un préstamo, porque además de estar transitandoJuan Andrés Román el final de la crisis, estábamos recién instalados. Abonando todos los impuestos, en absolutamente todo.
Conseguimos comprarlo al laboratorio, en cuotas que estábamos seguros de poder pagarlas y nos «tiramos al agua».
¿Cómo fue su inclusión en el medio?
Lo trajimos desde Montevideo y en una semana, ya estábamos con todas las herramientas mucho más modernas.
El que alquilábamos, era del año ´86, permitiendo imprimir un determinado formato.
Con el que conseguimos del año ´93, nos permitía hasta el formato de 20×30, abriéndonos una enorme puerta, ya que nadie acá contaba con él.
¿Cómo fue esa época de trabajo?
Muy linda y de dos turnos.
En Diciembre del 2006, que fue el pico máximo, llegamos a imprimir veintidós mil fotos.
Más de doce horas corridas imprimiendo, fotografías de escuelas, despedidas y demás.
Había fotógrafos que nos dejaban treinta rollos para hacerlo en el día.
¿Qué pasa cuando llega lo digital?
Los rollos fueron quedando de lado.
De todas formas nos modernizamos, adquiriendo un laboratorio digital, pero lamentablemente la gente no imprime la misma cantidad de fotos que antes.
Por cada cien fotos, la gente imprime una.
Y al bajar el volumen de trabajo, nos dedicamos a lo social.
¿Cómo fue como experiencia?
Muy linda, porque comenzamos de a poquito.
Nuestra primer quinceañera fue en el 2004, pero fuimos mezclando entre Estudio Fotográfico y laboratorio, como hasta hoy.
¿Siguieron en sociedad trabajando?
En al año 2007, cuando Vicente Ruétalo decide abandonar Salto, nos lo comunica, ya que nosotros le imprimíamos fotos de sociales y rápidamente se nos ocurrió instalarnos en su local, abriendo una sucursal.
En ese momento cerraba un laboratorio de Kónica en Paysandú y logramos comprarlo muy barato ya que había explotado lo digital y nos instalamos.
Cada uno con distintas visiones en los locales y con su clientela propia y con todas las de la ley.
En el 2011, pasa que cada uno tenía su propia visión de cómo desenvolverse en la fotografía y fue cuando decidimos seguir con negocios por separado.
Pero hasta hoy mantenemos una amistad, incluso mejor que antes.
Yo he aprendido mucho con él y lo sigo consultando.
Sin desmerecer a ningún colega, José Volpi, es el mejor fotógrafo de Salto.
¿Cómo fue independizarte?
En la época que yo me reinstalé solo, ya tenía una clientela, también unida a la clientela de Ruétalo.
Se mantuvo la cartera de clientes.
Igualmente siempre conservé la parte de laboratorio.
¿Te encuentras muy bien instalado, además?
Sí, calle Artigas al 600, es incluso un punto de foto carné.
Tanto para estudiantes, como para las mismas oficinas públicas, quedando a un paso de todos.
¿El mercado siguió siendo el mismo?
En el 2008, se sintió como en todo el comercio salteño, el cimbronazo que incluso mucha gente lo sintió.
¿Cómo se hace para seguir vigente?
Pasa que cada fotógrafo, tiene su estilo.
Tienes que ofrecerle al cliente una atención óptima, con las mejores ganas.
¿Cómo es tu llegada a la gente hoy?
Actualmente el propio cliente contacta por las redes sociales.
Tiene mucha aceptación y cada vez más.
Hace diez años, el posible cliente venía, conversábamos cara a cara, le mostrábamos nuestro trabajo y costos.
Hoy, a los contactos los tenemos por las redes y es maravilloso.
De todas formas, existe el trato frente a frente. Pero si pasa, es porque con el trato anterior, le convenció. El trabajo o la atención.
¿Cuál es tu actividad hoy?
Nuestro fuerte es lo social.
Las bodas, quince años.
Y trabajé como fotógrafo deportivo para Diario Cambio, durante seis años.
Fue una época linda, pero muy sacrificada.
Trabajar un sábado a la noche y luego madrugar para ir a la cancha, es mucho para ser todos los domingos.
Y actualmente, colaboro con Diario El Pueblo, enviándole fotografías. Siendo las más representativas de la fiesta y mantenemos una excelente relación con la Dirección del mismo y acompañando siempre el evento de Faz Quinceañeras.
¿Qué opinión te merece la competencia?
Lamentablemente, el rubro nuestro, el de los trabajadores nocturnos, estamos en una época de una indefensión total.
Si tenemos que hablar de fotógrafos inscriptos, legalmente, tal vez son cinco. Y son más de cincuenta que trabajan, haciendo sociales.
¿Cómo reflexionas ante eso?
Me parece que tenemos que tener muchos más controles.
Sobre todo por el cliente.
La música pasa, la comida pasa y lo único que queda es la fotografía.
¿Qué te ha dejado tu experiencia?
Con lo que más disfruto, es cuando el cliente, me envía un mensaje luego del evento y me dice: «¡Que lindas están las fotos, era tal cual yo lo pensaba!».
Más allá del pago económico, es ésa gran satisfacción personal.
Porque si el cliente quedó contento, es una puerta de entrada para otro trabajo más.
Y la mejor publicidad es un acontecimiento social bien hecho. Ni es necesario hacer publicidad, el propio cliente va a recomendarte.
¿Qué tiene que tener un buen fotógrafo?
Siempre un fotógrafo puede lucirse más en exteriores, porque hay algunos acontecimientos que son estructurados, con todos los momentos que lleva.
El fotógrafo va preparado para capturar esos momentos, pero también preparado para los momentos que se escapan.
Cuanta más experiencia tenga en las fiestas, menos probabilidades que se le escape algo.
Hay que estar muy atentos, así que considero que lo que tiene que tener es mucha paciencia.
Y el fotógrafo, aprende siempre…







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