«Los premios que he conseguido, me han servido para ganar estímulo»

Con la mirada y el corazón de Marcelo Cattani Fotógrafo Profesional- Docente

No podemos decir que Marcelo es un destacado en lo que hace.
Marcelo es un grande con el que contamos como fotógrafo y estamos orgullosos los salteños, por su vasta trayectoria.
Para cada persona, su fiesta es la más importante y así lo deja celosamente guardado Marcelo con su forma de trabajo.marcelocattani
Con confianza, audacia, responsabilidad y sensibilidad.
Realizando exposiciones tanto dentro de nuestro país como en el extranjero, son innumerables los reconocimientos recogidos.
Durante su trayectoria, su labor ha transcurrido desempeñándose profesionalmente para medios escritos, así como en forma independiente.
Disfruta desde hace muchos años de la docencia en la fotografía y ha obtenido por medio de concurso, el cargo de Docente Orientador del Taller de Fotografía del área de Cultura de la Intendencia de Salto.
Actualmente se encuentra a cargo del Centro Municipal de Fotografía, ubicado en planta alta del Ateneo Municipal.
Tiene mucho para contarnos y así dialogamos:
«Comencé a trabajar como Fotógrafo cuando tenía 14 años», nos dice.
¿Cómo fueron tus comienzos?
Desde pequeño, concurría a los desfiles de carnaval y miraba más a los fotógrafos y sus movimientos, que el desfile en sí.
Yo quería eso «de atrapar imágenes».
Y cuando paso de 1º a 2º año de liceo, como mis padres no podían comprarme una cámara, ya que éramos seis hermanos y mi padre era un obrero, me fui a trabajar como obrero de la construcción, colocando Asfalkote y fibra de vidrio en el Barrio San Martín. ¡Y me compré la cámara!
Fue diciembre, enero y febrero, en busca de un sueño.
¿Cuáles fueron tus primeros trabajos?
En Foto Murguía, repartiendo fotos en una bicicleta.
Pero mi idea siempre era, terminar con una cámara en la mano.
Un día, me dieron una cámara y me dijeron «¿te animás a sacar unas fotos?» y me dieron algunas instrucciones, como para comenzar.
Y con mi cámara, sacaba fotos a algunos vecinos que me pedían en eventos especiales como cumpleaños de sus hijos y allí comencé a hacerme mis primeros pesitos. Comenzó a correr la voz y a alentarme.
Pasado un tiempo, me fui a Foto Estudio 1 y le dije que me gustaría irme a trabajar con ellos. «No me paguen, yo quiero aprender», les dije.
¿Qué sucede con tus estudios?
Eso no se negociaba con mis padres.
Seguí estudiando hasta 3º año de Derecho y trabajando.
Mi historia de Fotógrafo, va acompañada con mi vida de estudiante, porque era lo que papá me inculcaba: «tenés que estudiar».
¿Cómo fue comenzar en Foto Estudio 1?
Empecé a hacer algunas cosas, hasta que Enrique Murguía, me propone trabajar y allí me enseñó lo que era el laboratorio: sacar la foto y revelar.
Allí comencé a trabajar en Diario Cambio, con Milton Cioll, quien era Director de Deportes y mi camarita elemental.
A Milton comienza a gustarle mi trabajo y allí es cuando adquiero mi segunda cámara. Era la de Darío Ferreira un fotógrafo de Diario EL PUEBLO.
Una herramienta que tenía otras prestaciones, aprendiendo a revelar con Murguía.
Como el trabajo era para el Diario, tenía que ser completo: sacar y revelar.
Y al principio fue un desastre. Eran muy malas.
Las primeras que saqué, al revelarlas, salín manchadas con el dígito de la mano, (sonríe), así que todo no fue color de rosa.
¿El entusiasmo seguía?
Era el aprender con el error todos los días y eso está bueno.
Como sacaba y revelaba, de tanto hacerlo me daba pie para corregir estos errores.
Y allí fui tratando de aprender y como una esponja preguntando mucho.
¿Cómo surge tu inclusión en forma independiente?
Como a los 14 sacaba algunas fotos, tuve la suerte de ser invitado a realizar un cumpleaños de quince en el CREES.
Luego le hice su boda y hace poco tiempo atrás, le hice las fotos cuando nació su hija. Luego el cumpleaños de quince de su hija y entre medio sus cumpleaños infantiles.
He estado en todas sus etapas y es parte de la vida de la gente.
Hay clientes de los que me siento parte de su familia.
Además comencé muy joven a hacer la parte agropecuaria y voy a estancias a hacer fotos de aquella época, a los hijos de los estancieros que hoy están a cargo de las cabañas.
¡Eso es muy lindo!
¿Cómo es tu inclusión en lo agropecuario?
En el diario era un muchacho incipiente que proponía cosas distintas, ya que lo que había en el medio eran fotos convencionales. Carlos Artía Director del Diario, me «baraja» y me lleva a la parte agropecuaria.
No tenía ni idea del campo y hago una fotografía de un toro y su propietario Agustín Álvarez le dijo a los medios de Montevideo que él publicaba avisos, pero con las fotos del diario Cambio, porque eran fantásticas.
Fue también la tapa de «El Telégrafo» y por tal motivo, hubo que enviarle esa foto a todos los medios de allí.
Es esa suerte que hay que tener también, porque fue lo que me permitió por primera vez realizar una exposición y Carlos siempre como apadrinándome. Con un trato especial a su lado, como a un hijo.
En tema de principios, Carlos era innegociable y a mí me marcó.
En ese entonces, realizo una foto de dos caballos como dándose un beso de La Milonga, una yegua de Landa con un potrillito y esa foto fue como una explosión de trabajo en la parte agropecuaria.
¿Cuándo te instalas?
En esa época alquilo un local ubicado en Uruguay a la altura del 12, compro unos paraguas comunes en Sevrini, los pinto de aerosol y monto mi primer estudio.
Estaba instalado también por Uruguay Van Dick. Y tenía que hacer algo distinto para poder competir con Nito Tambucho, que era una eminencia.
Y allí comencé a hacer los exteriores de quinceañeras que no se hacían aún. Eso fue una explosión.
Luego mi trabajo artístico digamos, lo podía hacer porque ya no tenía la presión que me provocaba el Diario.
¿Cómo decides por el estudio o el trabajo?
Cuando llegó el momento, pienso que si seguía estudiando iba a ser el abogado más triste del mundo. No era lo que yo quería para mi vida.
Hoy soy un privilegiado, he tenido la suerte de vivir mi vida de lo que más me gusta hacer.
La vida me ha dado oportunidades de hacer de la fotografía un sustento económico para criar a mis hijos.
He viajado, he conseguido premios y muchas satisfacciones.
La fotografía me ha dado todo.
¿Cómo está compuesta tu familia?
Me caso con 23 años. Trabajando en el diario llega Maximiliano, mi primer hijo.
Luego llega Antonella, Florencia y por último Valentina, todos actualmente estudiando. Estoy muy bien hace ya tres años en pareja y todos, me han brindado su apoyo.
¿Cuál fue tu primer premio?
Aún siendo estudiante, gané primer premio en el concurso: «Los 100 años del Liceo Ipoll».
Pero luego fueron premios importantes como las Bienales.
La Bienal de Salto fue una de las más importantes en Uruguay en el año ´97, ´98.
En esa etapa de mi vida, al concurso que me presentaba, lo ganaba. Tuve cinco primeros premios en un año.
¿Cuál fue el premio que te llenó el corazón?
Siendo un muchacho tuve el honor de ser el anfitrión de Alfredo Testoni, leyenda viviente de la fotografía del Uruguay.
Le llevé solo de atrevido, unas fotos mías y teniéndola entre sus manos, solo las miraba. Hasta que luego de un largo rato, me dijo: «me llevo una grata impresión».
Son gratas satisfacciones que guardo.Marcelo Cattani
Y el primer premio que me marcó fue en la Bienal Argentina- Uruguay.
El segundo, fue un premio que gané en Cooperativa Bancaria y los jurados eran Testoni y Caruso.
¿Qué cambios notas?
El más importante es que yo soy un fotógrafo de mitad de camino: parte de mi vida fue con fotografías con rollos y laboratorios y la otra mitad fue con el formato digital y editando.
¿Cuál es la mejor fotografía tuya?
La fotografía del paisano y el caballo tomando agua. De alguna forma se vendió el Uruguay con ella. «Uruguay país natural».
¿Qué te ha mantenido vigente?
Adaptarme.
Soy un bicho duro de matar. Incluso empresarialmente.
Pero se puede ganar en la cancha sin hacer zancadillas.
Y me gustaría que con el correr del tiempo y cuando ya no esté en mi función de padre, mis hijos digan: «mi viejo era un buen tipo», antes que digan «era un buen fotógrafo».marcelo-cattani
¿Qué te caracteriza?
A diferencia de aquel chiquilín sumiso, he logrado ser más extrovertido. Me creo un tipo positivo, alegre, que disfruta y agradece a la vida por muchas más satisfacciones que tristezas, ¡y las he disfrutado!
Lo que más me hace feliz, es ser amigo del cuidamotos o del albañil con el que trabajé en mi época de chiquilín y que me griten en la calle y me pueda sentar a conversar.
Así como también ir a visitar a la princesa Laetitia D’Arenberg para sacarle fotos en alguna presentación, como con gente de mucho dinero del medio que me ha contratado y hoy somos amigos.
Gente muy estimada toda y que quiero mucho.
Eso me caracteriza. Porque me siento querido.







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