¿Por qué no? Con Antonella Somma Chófer Profesional- Peluquera

Si solemos transitar por las calles de nuestra ciudad, seguramente tuvimos la oportunidad de observar a mujeres desempeñando la tarea de chofer en las diferentes líneas de ómnibus del recorrido urbano de la Intendencia de Salto.
Hoy contamos con el placer, de presentarles a una de ellas, Antonella Somma Chofer profesional.
Con la característica de un trato increíblemente cordial hacia sus semejantes, haciéndola muy humana.
Es oriunda de Montevideo y comenzó en la tarea aquí, hace aproximadamente 8 años.
En un diálogo ameno y entretenido, esto comenzamos preguntándole:
¿Qué actividad llevaba adelante anteriormente? Antonella Somma 1
Me desempeño aún en la profesión de Peluquera, pero la tarea de manejar la llevo en el corazón.
Soy mamá de tres chicos, Federico, Facundo y Camila, actualmente abuela de Sebastián y a medida que crecían, se me hacía difícil continuar con la peluquería por razones de distancia.
Pero ellos crecieron en la peluquería.
Con el tiempo, comencé a hacer domicilios, porque era la forma de poder trabajar y quedarme en Solimar, cuando me comienza a entusiasmar la idea de manejar.
¿Cómo surge?
Mis hijos se trasladaban al colegio en camionetas.
Al desear interiorizarme sobre el tema, me entero de que había uno de los empresarios que vendía su camioneta. Ese fue mi inicio.
Se la compré, luego compré otra, hasta que conseguí tener cuatro camionetas y un ómnibus para traslado escolar, en un colegio muy importante en Solimar, realizando todo el servicio. Incluso con el traslado de chicos al deporte.
Sigo trabajando en la Peluquería, pero amo manejar y me gusta mucho el trato con el público.
¿Cómo comienza su actividad al instalarse aquí?
Suspendí las camionetas y me vine para Salto.
Trabajé con un hermano de secretaria y al resto del tiempo lo ocupaba en manejar los ómnibuses de mi hermana, en Ofelia Somma Viajes.
Me gusta el trato, tanto con niños como con adultos.
¿Le ha cambiado el hecho de ser chofer de línea?
Sí, es mucha responsabilidad.
Es el trato con el público que aunque uno lo intente no siempre resulta, es todo.
El tránsito, cobrar, etc., es mucha responsabilidad.
¿Cómo ingresa a trabajar en la Intendencia?
Hubo un llamado para choferes y me presenté.
Nos presentamos cuatro mujeres y quedamos seleccionadas tres.
¿Cómo fue esa selección?
Primero quedé seleccionada en el lugar diecisiete y tomaron a quince personas, entre la presentación de trescientas personas presentadas al llamado.
¡Yo no lo podía creer! Casi muero de la amargura.
Sentía ganas de irme de vacaciones, pero a la vez, como había averiguado en Recursos Humanos y me dijeron que los quince que habían tomado, iban a estar a prueba, tenía el temor de irme y que me llamaran.
Me fui. Llegué un jueves, estaba en la playa y el sábado me llaman.
¡Me sentí feliz!
Abandonaba mi veraneo y me venía. Y me presenté el día 14 de febrero hace 8 años, junto a cinco compañeros más.
¿De qué consta la prueba práctica luego de seleccionada?
Me acompañaron cuatro hombres, que me realizaron la prueba. Luego que todo pasó, me enteré que se realiza la prueba de admisión en un coche muy deteriorado, como para que si uno logra salvarla, quede preparada parAntonella Sommaa manejar cualquier otro vehículo.
Hice las paradas en repechos, el retroceso, parar en las paradas sin pasajeros para mostrar cómo arrimaba el ómnibus a la banquina y como salía de nuevo, entre otras.
¿Cómo es el primer día de trabajo?
Muchos nervios.
Salimos tres días con un chofer, del cual mucho aprendimos, en diferentes líneas, siendo ellos los que aprueban nuestro comportamiento en el desempeño del trabajo, dándole cuenta a los superiores si estamos aptos para la tarea.
Todos los que me habían acompañado hasta el momento eran divinos, maravillosos, ninguno me puso nerviosa, siendo muy compañeros, pero el día que «te largás sola», es una gran experiencia. Ya comienza a ser uno la responsable de todo lo que pase con el ómnibus. Hay que ponerse las pilas y hacer el trabajo lo mejor posible.
Poner de uno, todo. ¡Adoro lo que hago!
¿Cómo es el horario?
Para trabajar en el ómnibus, hay que cumplir con los horarios de las puntas (comienzo y final del recorrido), también el horario del medio.
Rellenar una planilla que así lo indique, con los ejes de los lugares y no se puede andar ni atrasado ni adelantado, porque se complica a los demás compañeros.
Nos mantuvieron en todas las líneas que son catorce y eso ha sido muy productivo para mí.
Uno aprende mucho de esa forma. Son siete horas arriba del ómnibus, que no da el tiempo muchas veces ni de bajar a comprar un agua cuando tenemos sed, tampoco de ir al baño. Por suerte ahora contamos con los baños públicos en las plazas, que nos son muy útiles.
Agregaron minutos a las líneas y contamos con más tiempo. Todo lo que antes era complicado, ha cambiado. Por otro lado, algo incómodo pero sin solución, es la temperatura, que a veces es muy baja o muy alta para trabajar arriba del ómnibus.
¿La experiencia adquirida, la hizo sentir segura?
Hacía dos años que no manejaba ómnibus grandes.
Aunque luego de hacerlo y siendo uno responsable y prudente, lo más importante es mantener las distancias manteniendo algunas condiciones, como no andar con sueño, concentración y atención.
¿Cómo fue el recibimiento en el grupo de trabajo?
En el momento que llego, había solamente una mujer que era Leticia Ruiz y a quien adoro por la forma en que me recibió, al igual que todos los demás.
Entramos tres y últimamente entró a trabajar otra muchacha de Villa Constitución.
Y no hay más mujeres en el grupo, porque no se presentan más.
Deberían animarse, porque no hay trabas para que sean mujeres las que manejen.
¿Qué fue lo fácil y lo difícil de realizar?
A mi me gusta casi todo.
Al principio me costó acostumbrarme al trato de la gente.
O no te saluda o acostumbra a gritar o tiene costumbres que son de Salto.
Por ejemplo, la gente no suele parar al ómnibus.
Las personas están en la parada y si es en un barrio, uno para y la persona sube.
Pero por ejemplo de haber personas en calle Artigas, donde pasan ocho o nueve líneas, no tienes la certeza de que pares y vallan a subir.
Luego uno empieza a conocerlo.
Es mucha gente que viaja usando el servicio.
¿Ha tenido situaciones complicadas?
Está instalada la costumbre de las palabras necias al conductor. O paro porque pienso que va a subir y me queda mirando, incluso diciéndome: «¿Qué miras?» Y en invierno es peor, porque nadie saca la mano del abrigo para parar al ómnibus.
Hay que ir adivinando la mirada de cada persona.
¿Cree que sea porque a la gente le llama la atención que el chofer sea mujer?
Al principio me miraban mucho. Porque era «la nueva».
¿Alguna anécdota para compartir?
Hay veces que está lloviendo, hay gente en la parada y la que viene en el ómnibus, intenta bajar por la puerta de adelante.
¡Por favor! Un poquito de criterio y sensibilización.
O cuando están todos los asientos ocupados y sube una señora mayor o una embarazada y yo comienzo. «un asiento para la señora, un asiento para el señor» ¡y la gente no se para!
Luego de un rato de gritar solicitando un asiento, alguien se para.
Y una vez me pasó que al ver que nadie se paraba, les dije: «está bien, si nadie se para, le doy yo el asiento a la señora. Solo va a haber un problema, y es que no hay quien maneje el ómnibus».
Y allí se pararon para darlo.
Cuando suelen aglomerarse en la puerta delantera, comienzo a pedir: «un pasito más atrás, un pasito más atrás» «Pasen para atrás que están entregando caramelos» o les digo: «Pasen para atrás que prendí el aire» algunos piensan que es en serio y circulan (sonríe).
Me pasa mucho con el timbre que no existe para el público, recién están acostumbrándose.
¿También el tema dinero es mucha responsabilidad?
Sí, sin dudas. Pero como me gusta toda la tarea, uno lo toma más por ese lado.
¿Cómo son las madrugadas manejando?
Siempre en invierno es más difícil.
¿Cómo crees que te ven como mujer manejando?
Nunca hay que desmerecer a los hombres.
«Ellos manejan bien», nosotras, manejamos.
Aunque algunas de nosotras tenemos menos accidentes, menos complicaciones, menos denuncias, que los varones.
Siendo chofer mujer no frena tan bruscamente y el hombre se siente más seguro.
Tal vez es el trato que tenemos como mujeres y el instinto.
¿Cuáles han sido las satisfacciones hasta hoy?
Para mí ya el hecho de manejar es una gran satisfacción. Y el hecho de que tengamos la misma posibilidad que los hombres, es divino. Me gusta mucho la gente y el vínculo que llegamos a crear. Me siento muy cómoda y me apasiona lo que hago.