¿Por qué no?

Con Leidy Giménez de María.Ex Peona de ruta en M.T.O.P.
«Sube la autoestima cuando alguien se da cuenta del trabajo que realizamos»

Algunas veces pensamos que como sociedad, no miramos a los empleos como actividades definidas o inclinadas hacia un sexo o hacia el otro.
Ya no nos sorprende ver a mujeres en tareas difíciles, que también las realizan hombres.
Es por eso que en la actualidad y con mucho orgullo, algunas de las mujeres que hacen «trabajos de hombre» están rompiendo estereotipos de género en el proceso.
A pesar de condiciones muy adversas, mucho sacrificio y entrega.
Por pura necesidad de una vida digna.¿Por que no
Algunas, siendo el sostén de familia, con hijos muy pequeños a cargo. Sin embargo se lanzan a la lucha diaria, convencidas de que lo harán y muy bien.
La entrega de hoy, en nuestro nuevo espacio de los días sábados en Suplemento A Punto, trata de la historia de Leidy Giménez de María, quién ha transitado etapas complicadas en el ámbito laboral, pero siempre salió airosa de diferentes situaciones.
Es oriunda de la Localidad de Constitución y se desempeña laboralmente en la Dirección Nacional de Vialidad, dependencia del Ministerio de Trabajo y Obras Públicas.
Transitó parte de su adolescencia y juventud en su suelo natal, logrando diferentes actividades. Siempre sacrificadas y necesarias para el momento en que vivía, definiéndose como: «Perseverante y luchadora».
La llegada de su hijo Bruno a su vida, marcó un antes y un después, ya que se complementaron de tal forma, que la unión que reinaba entre ellos, los hacia cómplices, amigos y todo.
La mamá de Leidy, una grande.
Estuvo siempre a su lado, guiándola y sobre todo, acompañándola, brindándole todo su apoyo, sin condición.
Sentadas cómodamente en el living de Diario EL PUEBLO, comenzamos a oír su historia:
¿Cuál fue su primera tarea laboral?
Trabajaba en la cosecha de naranjas.
Un trabajo muy difícil, lo hice por muchos años, pero no tenía alternativa alguna.
También trabajé en un Hotel en Termas de Arapey en una temporada alta. Pero al quedar desocupada, comencé a trabajar en quintas vecinas en invernáculos, en la plantación y cosecha de morrón, tomate, zapallito, etc.
Un trabajo bastante arduo.
¿Qué edad tenía, cuando comenzó a trabajar?
A los 18. Coincidió con que había tenido mi hijo Bruno.
Por suerte contaba con el apoyo de mi familia que vive también en Constitución y mi mamá, siempre ha estado al pié del cañón, para lo que yo necesitara, ya que no cuento con mi papá que falleció cuando yo tenía 5 años.
En un momento, se me presenta la oportunidad de participar en el plan de Mevir, salir sorteada y poder trabajar para construir mi casa con largas horas de trabajo en ella. Pero hoy cuento con mi vivienda.
¿Cómo ingresa al Ministerio de Trabajo y Obras Públicas?
Me anote en el año 2007en la Junta Local del Municipio de Constitución cuando se realizó un llamado, pero como necesitaba trabajar no pregunté para que tarea era el mismo y no me llamaron en esa oprtunidad.
Me quedé en la lista de suplentes y me olvidé del tema, hasta que en el año 2010, me llaman, porque había renunciado una persona en Valentín y quedaba ese puesto vacante.
¿Fue difícil para usted tomar la decisión de dejar su localidad?
Si, muy difícil. Eran 200 Km.
Pensaba que si me iba, tenía que ser de lunes a viernes y dejar mi nene, a mi mamá.
En ese momento yo estaba construyendo mi casa y me iba a quedar poco tiempo para trabajar en ella.
Dudé, pero como algo muy importante, contaba con el apoyo de mamá y toda la familia que siempre estuvo a mi lado. Diciéndome que no debía desaprovecharlo.
Me invitaron a acercarme a la oficina del Ministerio y allí conocí a Silvio Torgnacioli capataz general, un ser divino.
¿Cómo descubre la tarea a realizar?
Cuando estoy retirándome de la oficina, me hacen entrega del pantalón naranja, la camisa, los zapatos de seguridad, guantes y toda la indumentaria.
Me llevan hasta Valentín y llegamos al campamento.
Nos acercamos al lugar donde estaba el trabajo, que era en plena ruta y vaya sorpresa: ¡me encontré con un grupo de hombres mayores!
Yo como única mujer.
¿Cómo fue el recibimiento en el grupo?
El capataz siempre me trató muy bien, ayudándome en la actividad. Y mis compañeros muy bien.
Pero el gran tema para mí, era estar con ellos. Me hacía sentir muy incómoda, hasta en su forma de hablar.
No tenían un lugar concreto como baño y conmigo ahí, se les complicaba.
¿Pensó iba a ser difícil el primer día y luego se adaptaría?
A mi me encanta el trabajo en chacras y para mí, el hecho de trabajar en la ruta, aunque fuera en pleno febrero como fue, me gustaba igual.
Lo difícil para mí y que no podía dejar de lado, era que mi familia estaba lejos y necesitaba esa contención.
¿Cómo eran las noches luego de trabajar?
El tema de conseguir un lugar donde vivir, era muy complicado. Encontré una pieza para alquilar y ella era mi mundo.
La única «extranjera» era yo, los hombres de la cuadrilla, eran de Valentín y tenían casa.
En un momento me sentía tan mal, quise renunciar y los mismos muchachos me incentivaron para que no lo hiciera.
¿Cuál fue la primera tarea?
El bacheo.
Tapar los pozos con la pala en la ruta.
Había un tanque arriba del camión con asfalto, de allí trasladábamos el líquido a una calderita, que la calentábamos en un fueguito que hacíamos para echar en los pozos y de arriba del camión con la pala volcarle arena o tosca encima para que se afirme.
¿En qué zona trabajaban?
En Valentín mismo o al final de la regional, sobre Rutas 31, 30 y la cuatro, en el límite de Tacuarembó y Salto.
¿Cómo se siente en el comienzo de la tarea?
Eran ocho hombres trabajando y todos me miraban.
Desde el comienzo el jefe mencionó que si una mujer entraba como peón, debía trabajar como peón, porque en otras oportunidades en Artigas entró una mujer que luego se dedicó a quedar en el campamento o debajo de algún puente cocinando.
A mí no me tocó esa suerte.
El solo hecho de ensuciarme con el asfalto que se adhiere a la ropa, no era agradable.
¿Qué le dejó es primer día, visto desde su pieza?
Que no estaba segura de querer quedarme allí, sin mi familia, sin mi hijo, era muy complicado continuar.
El capataz Galbarín Mai, fue con quien siempre más hablé y me apoyó mucho.
¿Cuál fue para usted la tarea más difícil?
La más difícil y que nunca voy a olvidarme, fue un día que había que tirar asfalto en un tramo de la ruta.
Pasaba un camión tirando el asfalto y nosotros de arriba de otro camión, tirábamos con pala la arena para que se adhiriera.
Recuerdo que yo no podía más de dolor en los brazos, ni levantar una mano por el cansancio y un chofer le dijo al capataz: «¿no te das cuenta, de que la negra no puede mas?»
Y éste decidió que yo parara unos minutos para relajarme buscando una sombrita para sentarme.
Los mediodías de nosotros eran debajo de un puente o a la sombra de algún bosque.
No teníamos ni carpas, ni baños químicos.
El tema del baño, era muy desagradable para mi. Recuerdo un día que paramos al mediodía, estábamos almorzando y yo quise «ir al baño».
Entro a un bosque y al agacharme, veo una víbora muy cerquita de mí, ¡y les tengo pánico!
Comencé a gritar y vinieron mis compañeros.
También era desagradable, transitar mi período de mujer.
Sufría mucho de dolor de vientre y le tenía que solicitar al capataz, me dejara quedar un rato en la cabina del camión. Hablar con uno de ellos sobre el tema, más incómodo aún.
Es muy difícil todo en este trabajo, para una mujer.
¿Qué es lo que más le costó hacer?
Soportar el peso de la caldera grande con manija llena de asfalto.
¿Cómo se comportaban los transeúntes que pasaban a su lado?
Algunos hombres que pasaban, me hacían sentir incómoda con sus piropos y a la vez me alagaba, el escucharlos decir: «¡mira, una mujer trabajando ahí!»
Sube la autoestima que alguien se dé cuenta.
¿Hoy su vida cambió?
Si, luego de un tiempo, deciden los superiores que venga a ocupar un puesto de administrativa en Salto, ya que contaba con estudios suficientes para ello y había poco personal.
Viajo todos los días hasta Constitución.
¡Estoy feliz!
Cuando yo trabajaba de naranjera, subida arriba de la escalera, con altos grados de temperatura y la bolsa muy pesada que colgaba de mí, solía decir: «Algún día, voy a estar trabajando en una oficina y con aire acondicionado».
El destino me concretó el deseo.
¿Lo más lindo de su vida?
El reconocimiento de mi hijo, aunque nunca pude acompañarlo a la escuela, ni compartir muchas cosas.
¿Qué mensaje desea enviar a mujeres con trabajos sacrificados?
Yo aprendí mucho hasta hoy.
Así que le den para adelante. No bajen los brazos. Todo deja una experiencia, que en algún momento va a servir.