«Realidades a cielo abierto»

Hoy con Alejandro Alcorta «No quiero vivir más así»

Al continuar nuestro camino por las calles de Salto, es inevitable no encontrar a seres humanos que han perdido la ilusión de desarrollar su vida de manera convencional, en un hogar organizado a su manera e intentando un mayor confort.
Seres humanos que mal viven a la intemperie.
A los que miramos deseando puedan superarse y arrimándonos para ver qué pueden necesitar.
Algunos, por supuesto acostumbrados a esa vida, no aceptan la inserción en un hogar, en familia.
Pero sí están los otros, los que solicitan a gritos que la familia les haga un espacio para poder instalarse.
En esta oportunidad, dialogamos con Alejandro.
Un hombre joven que por diferentes situaciones, «se volcó a la calle» y su medio de vida es, así como nuestro invitado anterior, un cuidador de coches en nuestras calles.
Nos acercamos, lo invitamos a la entrevista y gustoso accedió.
Sentados en un recodo del muro de una vivienda céntrica, comenzamos a conversar:
¿Cuánto hace que desarrolla la actividad de cuida coches?
Unos cuantos años. Como cuatro o cinco.
¿Eso hace que conozca características de sus clientes?
Sí, el tiempo nos ayuda a identificar sin equivocarnos a las personas cuando paran. Ya ahí, sabemos si nos consideran o no.
Hay mucha gente que ni siquiera abre la ventanilla y ya sabemos, que es porque no quiere «tirarnos» con nada.
Pero en su gran mayoría, es gente que nos toma en cuenta. Sabe que juntando moneditas, comemos.
¿Dónde nació?All-focus
En San José. Después me llevaron para Montevideo.
Cuando yo tenía 3 años, mi madre me puso en el INAU y ahí estuve hasta los 15.
Después ella me iba a sacar, pero no pudo. Nunca pudo.
¿Cómo llega a Salto?
Como estaba solo en Montevideo, me trajeron para el Centro Flavia acá en Salto.
Ahí estuve por muchos años y eran muy buenos todos.
Pero el caso fue que empezaron a sacar a los jóvenes más veteranos del grupo y nos alquilaron una casa, donde vivía con otro compañero, pero llegó un momento en que no la tuvimos más, porque ya éramos grandes para estar ahí.
¿Tuvo una casa donde vivir a partir de allí?
Sí, nos fuimos con un compañero que cuida autos igual que yo a una casa que nos dieron para vivir, pero mantuvimos unos roces allí, que no nos gustaba mucho.
Fue ahí cuando me fui a Montevideo.
¿Pensó en formar una familia?
No, no. Prefiero estar solo, es mucho mejor para mí, porque yo no vivo bien y si hago que alguien viva conmigo, no la va a pasar nada bien.
Yo tuve una novia en Montevideo que se llama Nancy y en el tiempo en que estaba con ella, yo tomaba mucho.
Era como que no me importaba nada.
Ella me aguantó todo lo que pudo y me decía, que yo tenía que cambiar, pero nunca tuve la voluntad, no le hice caso.
Ella odiaba verme tomar alcohol.
Me rogaba que lo dejara, porque ella no tomaba, era por eso que le molestaba y porque me hacía mal, además.
A pesar del alcohol, yo siempre fui un tipo tranquilo. Pero nuestro problema y también separación, fue porque ella no quería verme así.
¿Siente no haberlo entendido?
Sí, pero cuando me di cuenta ya era tarde para volver con ella.
Hoy no tomo nada.
Solo trabajo para comer, que ni me da y cuando sobra, compra unos puchitos que los voy guardando y amarreteando para el día siguiente.
¿Con qué familiares cuenta?
Tengo una familia grande en Montevideo.
Pero no tuve nunca la suerte de que ellos se ocuparan un poco de mí, ni cuando era chico. Mis tíos por ejemplo, sabían que yo estaba en la calle, estaba mal, con hambre y sin trabajo y nunca me ayudaron.
Me gustaría que me hubiesen dicho: «venite a vivir con nosotros». Pero nunca se acordaron.
Ellos saben que yo no soy mala persona.
Por lo menos tendría un lugar donde bañarme y poder quedarme.
No pretendo que me den de comer, porque yo cobro una pensión por un problema en el habla y aunque es poco, para algo me da. Y algunos pesos, que haga cuidando coches, me las arreglaría sin pedirles nada.
Pero si no me invitan, tampoco puedo caerles allá. Si ellos saben por lo que paso.
Ahora nomás, necesito darme un baño, pero me han robado la ropa con la que contaba y la ropa de cama.
¿Dónde se estaba quedando a dormir?
Acá a la vuelta. En el porche del frente de una casa deshabitada por calle 18 de Julio, que no sé de quién es.
Pero como digo, me han robado los cartones y el acolchadito que ponía en el piso para acostarme y taparme.
Hoy estoy viendo qué voy a hacer.
¿Cuánto hace que duerme allí?
Cuando empezó este año.
Y por ahora, voy a seguir durmiendo ahí. Hasta cuando vengan los dueños y me pidan que me retire. Pero como estoy afuera, a la intemperie, por ahí no me dicen nada.
¿Cómo se organiza para dormir?
Pongo unas cajas deshechas, todas las que pueda y más cosas arriba y me tapo con lo que tenga.
Después que me duermo, ya no siento nada. A veces me despierta el frío nomás.
¿Comió algo hoy?
Sí. A la mañana me dieron. Hay una señora acá cerquita que es muy buena conmigo y siempre me busca para acercarme comida.
Pero si tengo hambre, compro con la platita que tenga de mi trabajo.
Ya es hora de acostarme y traté de juntar algo de plata para poder comprar algo de comer antes de dormirme.
¿Cree qué no hay posibilidad de alquilar una casita y vivir tranquilo?
Sí, estamos buscando con un compañero que siempre andamos juntos, alguna casita barata para alquilar.
Yo mucho no puedo pagar, porque como no tenía nada para ponerme, fui a ANDA y como tengo buenas referencias, me dieron un préstamo para comprarme ropa que me habían robado la otra vez.
Y quiero pagarlo, porque me puede servir de referencia para un alquiler.
¿Cree que puede ahorrar entre su trabajo y la pensión que cobra?
Sí, podría.
Me encantaría poder vivir en una casa bien y tranquilo.
¿Qué piensa de los refugios del Estado?
A mí no me sirve.
Me complico con el horario que tienen para recibir a la gente.
Yo cuido coches por calle Uruguay y cuando llega la tardecita, me voy arrimando para el costado del Casino y allí comienza otra actividad para mí.
La gente que viene de noche al Casino me brinda trabajo.
Yo estoy todo el día por calle Uruguay y cuando termino en el Casino, son las tres de la madrugada.
¿Dónde suele asearse?
Justamente hoy hablamos con un señor de una casa que conozco, que me dijo, que fuera nomas a bañarme allá.
Pero como no tengo ropa, si me baño me voy a tener que poner la misma.
¿Qué es lo que usted está necesitando ahora?
Aunque sea un pantalón, una camisa, unos championes, mi número es 42, o con lo que sea que puedan auxiliarme.
Yo voy a comprarme, pero cuando termine el préstamo.
¿Cuál es su expectativa de vida?
Pienso que luego que pase un poco el frío, me voy a ir para Montevideo.
Espero encontrar allá otro medio de vida.
Aunque trato de comer bien acá, no es una vida muy decorosa.
¿Espera alguna ayuda del Estado?
No, si le he pedido a Lima, el Intendente, que me dé una mano para ver la forma de conseguirme una vivienda, como para no andar como ando y nunca me respondió.
No espero nada del gobierno. Tengo que buscar la manera de encontrar una salida, por mí nomás.
¿Dónde lo encuentra la persona que desee regalarle alguna prenda?
Por calle Uruguay, cerca del Casino.
Pero no quiero más nada que no sea ropa. Con lo demás, yo me voy arreglando.
Y que pregunte a mis compañeros por Alejandro nomás.