Una mirada al armario de la reina

Los secretos del vestuario de Isabel II de Inglaterra han sido revelados
Su nombre, hasta ahora, era desconocido por el gran público; sin embargo, desde hace casi 20 años.
Angela Kelly tiene el privilegio de vestir a la mujer más célebre del mundo, aquella a quien todos los diseñadores quisieran ofrecerle sus servicios. En su libro Dressing The Queen: The Royal Wardrobe(Vistiendo a la reina: el guardarropa real), Kelly revela el meticuloso trabajo detrás de cada uno de los modelos que la reina Isabel II luce en sus compromisos oficiales. Un proceso que no es simple.

NINGÚN DETALLE QUEDA AL AZAR
El libro de Angela Kelly ofrece una mirada fascinante sobre la intrincadísima planificación detrás de cada prenda, de cada uno de sus conjuntos.
En su guardarropa, ningún color, ningún detalle es fortuito. Unos ejemplos: cuando la reina viajó a Canadá en el 2010 llevó una chaqueta amarilla bordada por las mujeres de la comunidad indígena Mi’kmaq, famosas por sus intrincados trabajos de bordado, un gesto que encantó a los canadienses. Al realizar su primera e histórica visita a Irlanda en el 2011 no fue casualidad que eligiera para su llegada un modelo verde, el color nacional. Asimismo, el vestido dorado que llevó en el concierto de su Jdescargaubileo de Diamante en junio pasado evocaba la figura bañada en oro de la reina Victoria, y para el vestido que llevó para la travesía por el río Támesis, también parte de las ceremonias, eligió el color blanco para que su figura sobresaliera entre el rojo del tapizado del barco.
Las sesiones de pruebas de la reina son muy privadas y solo participan Angela Kelly, su vestidora.
El proceso de creación comienza cuando Kelly presenta por los menos cuatro diseños diferentes por cada tela, para que la reina elija y dé sus sugerencias. Una vez que se decide, rara vez cambia de opinión.

Las pruebas duran por lo general medio día. Angela se asegura de que su equipo presente cuatro o cinco modelos para que la reina se los pruebe y así aprovechar su precioso tiempo. Cuando se trata de seda, organza o chiffon, usa un ventilador para ver cómo reaccionan ante el viento.
El libro detalla, sobre todo, los dos años de preparación y meticulosa planificación que exigió el vestuario de la soberana para su Jubileo de Diamante.

A lo largo de 20 años de estar junto a la reina, Angela Kelly ha ganado un lugar privilegiado, pues ha pasado de vestidora a ser la primera asistente personal, consejera y curadora de su majestad la reina, además de ser su diseñadora exclusiva. A pesar de sus orígenes opuestos (Kelly nació en una vivienda social en Liverpool), reina y empleada mantienen una relación de confianza y complicidad. Dicen que cuando están solas, otros miembros del personal las escuchan reír desde el pasillo. «Creo que hacemos un buen equipo», le dijo la reina en una ocasión, e incluso le comentó a su amiga lady Glenconner: «Podríamos ser hermanas».
Previamente a este libro (para el que tuvo la aprobación de la reina y cuyas ganancias destinará íntegramente a obras caritativas) solo dio una entrevista a The Daily Telegraph. Angela reveló que a solas hablan «de todo y de cualquier cosa», ya sea de sus nietos, de joyas o de maquillaje, y aunque no alardea de su intimidad con la reina, admite que esta tiene un sentido del humor «muy pícaro» y que se divierten juntas.

Angela Kelly, divorciada, de 60 años, tiene tres hijos y cuatro nietos, y vive en una casa en Windsor, regalo de la reina. En el 2007, Isabel II le otorgó la Real Orden Victoriana y más recientemente la elevó al rango de teniente (un honor que rara vez se confiere a un empleado); también le confió la organización de las exposiciones de vestuario en Buckingham.
Angela siempre la acompaña en sus desplazamientos. En realidad, no pasa un día sin que la vea, mucho más que los miembros de su familia, lo que provoca los celos de gran parte del personal. «Ya no puedo contar todos los cuchillos que tengo en mi espalda», dice, resignada. Pero ella solo espera «seguir trabajando con su majestad durante muchos años y envejecer a su lado».

Después de las 6 de la tarde, la reina no usa sombreros, sino un tocado o una tiara en los banquetes oficiales. Cuando visita escuelas, prefiere que sus sombreros lleven flores o plumas para atraer la atención de los niños.
Si la reina usa un color para una visita a una región del país, evitará volver a utilizarlo durante varios meses, aunque se trate de un modelo completamente diferente.
La reina repite algunos de sus modelos, pero estas ocasiones se reparten estratégicamente a lo largo del año.
Para algunos de los modelos que se hacen para la reina hoy día se utilizan telas de su depósito personal. Isabel II siempre aprieta las telas con la mano para comprobar si se arrugan. Si esto pasa, las descarta.
Una vez que se aprueban el modelo y el material, se hace un prototipo en algodón blanco sobre el maniquí de la reina.
Los sombreros nunca deben ocultar su rostro y el ancho del ala es importante. No deben ser tan altos que compliquen su salida del auto. Y la parte de atrás nunca puede ser demasiado baja, para que no roce el cuello del abrigo.
Cuando visita un hogar de ancianos o un hospital siempre elige un color brillante, para que la puedan identificar aquellos que tienen problemas de visión.
A los vestidos realizados con telas muy livianas se les ponen pesas en el dobladillo, para evitar que el viento deje al descubierto las piernas.
Para el día, su largo favorito es bajo la rodilla. Si va a usar un vestido de coctel lo prefiere un poco más largo.
Las escaleras pueden ser un problema si el vestido es angosto. En todos sus modelos se incluyen aberturas. En cuanto al largo de las mangas, el favorito de la reina es tres cuartos.
La dama de compañía siempre lleva un foulard de seda que combine con su conjunto en caso de que su sombrero se dañe por la lluvia.
Los paraguas siempre son transparentes, para que la gente pueda ver su cara, pero vienen con un mango y un borde coordinados con el conjunto de ropa.
En cuanto a sus zapatos, la reina siempre usa tacones de 5 centímetros (2 pulgadas).
El peso del bolso es vital, debido al largo tiempo que debe llevarlo. Isabel II prefiere correas suficientemente largas para colgarlo de su antebrazo y que no se enrede con su puño.
La reina se cambia varias veces al día. Todos sus modelos tienen cierres largos para poder sacarlos por debajo, pues al quitárselos por la cabeza pueden arruinar su peinado.
El color se elige no solo para que le quede bien a la reina, sino para que combine con el fondo. Si va a plantar un árbol evita el verde, por razones estéticas y fotográficas.
Cada año se diseñan para la reina cuatro colecciones de moda, una para cada estación.