Rafael García y la frustrada Escuela de Fútbol: “Hablo desde la amargura y la bronca” “Cometí el error de creerle a Julio Acuña; la traición nos llegó a varios”

Vine a EL PUEBLO porque quiero sacarme esta mochila. Una mochila que pesa mucho. Yo diría demasiado. Cuando EL PUEBLO realizó las primeras notas a la Escuela de Fútbol, la Escuela se fue para arriba y llovieron los llamados, las averiguaciones. Antes no se conocía. Nadie sabía de que se trataba. Vine a EL PUEBLO, porque es el medio al que Julio Acuña le dijo y está escrito que “el néctar del fútbol está en Salto”. Sin embargo su opinión sobre los salteños siempre fue otra. Una muy distinta. En la Escuela no sé muy bien que era yo. De repente un poco de todo. Un día estaba cortando el pasto, y estaba previsto que llegaran los dirigentes de Deportivo Artigas para hablar de un convenio. Acuña me dijo: “Dejá la cortadora que tenés que dar otra imagen”. Yo no me iba a denigrar porque me vieran cortar el pasto. Muchas cosas no compartí en ese tiempo, pero me las tuve que callar, porque estaba en juego el futuro de mi familia. Lo que se me prometió a mí, a los jugadores y a los padres, poco y nada se cumplió. Todo fue una mentira. Hablo desde la decepción, desde la bronca, desde el dolor, desde la amargura. El que se quedó en Salto fui yo. Y a mí me conocen. El se fue. Doy la cara, porque está en juego mi nombre. A mi nombre quiero defenderlo. Cualquier cosa, menos que lo ensucien”.
RAFAEL “Topo” GARCIA, puede admitirse, que después de Julio Acuña, fue la cara más visible de la Escuela de Fútbol (Centro de capacitación en la zona de Termas del Daymán). En setiembre del 2008, Rafael ingresó a la escuela y a fines de junio de este año “dejé de pertenecer, sin mucha explicación. Ocurre que mi señora era internada para dar a luz la hija que nació. Yo suspendí la práctica y Acuña se enteró. Le dije que primero estaba mi familia. Suspender una práctica en nada complicada. Cuando existen autoritarios, pasan cosas como esas. No banco los autoritarios. No podría serlo. No podría pisotear gente. Nunca lo hice y nunca lo haría”.
DESDE LOS DICHOS Y
DESDE LA MEMORIA…
A los 35 años, Rafael García, deja en claro que “no puedo manejar el doble discurso, porque ahora el hecho es concreto: la Escuela de Fútbol dejó de funcionar, los sueños de varios adolescentes fueron arrastrados por la mentira y muchos padres se preguntan porqué. Frente a algunos de ellos, tuve que dar yo la explicación, porque de alguna manera me tengo que defender. Una noche me llama Acuña y me muestra un fax que provenía de Ferro Carril Oeste de Argentina, que aceptaba en 15 días el ingreso de Alexander Jacques, un juvenil de Salto Uruguay. Fuimos a la casa de Alexander y llorábamos todos de alegría, sobre todo sus abuelos. Esos días se fueron alargando. Alexander nunca se fue. Al decir de Julio Acuña, un jugador de Lazareto que estaba en la Escuela, Elton Prado, “ya es prácticamente jugador de Newell’s de Argentina”. Nunca se fue. En febrero de este año, el plantel de la Escuela fue a jugar a Buenos Aires. Nos dijo que los rivales serían el Cruz Azul de México, Benfica de Portugal y la selección Sub 17 de Argentina. Terminamos jugando con Cambaceres de la “C” y un equipo de barrio. La comida que hubo para los chiquilines fue de lo peor. Fideos siempre con una pintura de color rosado, que ni salsa era. Jugamos a las 9, a las 11 y a las 15. Casi ni tiempo para comer. Fue inhumano. Comité el error de creerle a Julio Acuña; la traición nos llegó a varios de los que andábamos en la vuelta. Muchos creímos en la Escuela, los jugadores, los padres, quienes trabajábamos con la ilusión a cuesta. Julio Acuña se fue de Salto y nos dejó de manos vacías. Yo dejé de trabajar en el frigorífico por esa ilusión. Tengo derecho a sentirme estafado”.
-ELEAZAR  JOSE SILVA-