Carlos Barcos: ¿la eterna condena?

El lunes a la noche en el Consejo Superior de la Liga Salteña de Fútbol, los representantes de clubes se pronunciaron respecto a una nueva tanda de jueces. Votación por sí, con una excepción: CARLOS BARCOS. Es por segunda vez que su nombre es rechazado, no admitido.
A los 50 años, Barcos se embarcó en la ilusión: adecuar su físico, para generar respuesta. Por lo demás, en el plano técnico, es de los aptos. Y además, dueño de una personalidad como pocos. A la hora del recuento, la negativa. Barcos se quedó afuera de la plantilla.
Los delegados actúan EN FUNCIÓN DE LAS DISPOSICIONES. Tienen la posibilidad del consentimiento o del veto. El sistema que rige los ampara. A ello, hay que tenerlo en cuenta.
Pero a su vez, sucumbe en este caso, una pretensión: saber el porqué, Carlos Ernesto Barcos no es aceptado. La tachadura en el papel, no incorpora razones. Las razones son impensadas y el torrente de especulación, llama a la puerta como cuestión inexorable.
En un medio afiebrado de partidos en los fines de semana, siempre más de cincuenta en el calendario sumando todas las divisionales, cerrar la portera a algunos jueces parece inconducente. ¡Qué se los admita y después el Colegio se expida y regule las designaciones!
No se trata de encandilarnos con el tema-Barcos. Es que su caso es especial, porque en su momento se trató de un árbitro clase «A». No es un aprendiz, ¿de acuerdo?
En tanto, una pregunta juega a martillar la duda: ¿es una condena para siempre? ¿Una eterna condena? ¿No es posible saber la razón a su rechazo?
Pero supongamos que alguna vez se equivocó: ¿contra qué? ¿Contra quiénes? Y si ello ocurrió, ¿ninguna chance para que rectifique y sea definitivamente creíble y potencial, si es que alguna vez no lo fue?
Hasta a un asesino se le confiere la chance de su rehabilitación social y pública. A un árbitro de fútbol, en el marco de un juego llamado fútbol, ¿se parten como cristales las opciones para ser lo que pretenden que sea? Y si un árbitro en este caso Barcos, no obtiene esa posibilidad, ¿es la carga de la cruz hasta lo infinito? ¿No hay juicio que se ablande o sentido común que viva?
No se trata de un ataque al referato salteño. Pero en todo caso: es una herida.
-ELEAZAR JOSÉ SILVA-







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