La herida abierta

n la semana, la derrota frente a Ceibal. Fue 2 a 0. La noche de un Salto Uruguay, vacío de brújula y sin reacciones intelectuales y técnicas, para superar la crisis. Ayer a la tarde en el Dickinson, la prolongación de un estado de situación adversa. Por sobre todo en dos aspectos sustanciales: construcción y llegada. A tal punto que en el segundo tiempo, un remate con pelota quita de Antonio Gómez, fue única aproximación ofensiva de Salto Uruguay.
No produjo. No arrimó leña al fuego. Todo lo suyo bajo control de un equipo experto para desarticular y quedarse con la pelota.
A tal punto que en la recta final, por tres veces  Martín Ferrando evitó. En los 9′ la más notable, cuando mandó al corner el remate de Ramón Souza en tiro libre. Por los 20′ primero y seis minutos después también, el golero para convertise en cerrojo.
¡Hasta Salto Uruguay pudo haber perdido! Sobre todo, porque se fue opacando.
Resignando control de pelota y la ausencia misma de sentido estratégico. Con la pelota, costó rescatar la idea.
Porque además Salto Uruguay fue por sobre todo LENTO PARA PENSAR e IRRESOLUTO PARA EJECUTAR. Completó 180 minutos sin goles a favor. La dependencia en Dos Santos. Porque además, los volantes no pisaron las “18” rivales y todo pasó a limitarse a un menú repetido, donde el pelotazo aéreo fue capaz de escribir su propia condena vestida de gris.
LA HERIDA ABIERTA
De partidazo en la presunción, a partidito en  varios pasajes. De bajo vuelo de mitad de cancha para arriba. Por los 26′ del primer tiempo, cuando Julio Bruno dispuso de la chance. Tres minutos después, una mano en el área del defensa artiguense. El árbitro será quien siempre determinará la intencionalidad. No sancionó. Es su derecho, a partir del radio de acción visual. Un minuto después, de Ramallo a Bruno y el remate para obligar a Jackson Pérez. Antes de la conclusión del primer tiempo, el impacto desviado de Jonhatan Dos Santos. Fue eso y no más Salto Uruguay, ante el San Eugenio experto para equilibrarse y el de la zurda aceitada en Ramón Souza.
San Eugenio se midió en el primer tiempo y en la medida que Salto Uruguay no fue resolviendo la turbación general, se atrevió como perico  por su casa.
LA SIN RAZÓN  DEL
FUNCIONAMIENTO
Le creó tres chances y hasta pudo ganar. Las variantes esta vez en Salto Uruguay,  sin aporte de solución. Más que individual, fue cuestión de funcionamiento a contramano.
Y menos mal que no perdió, porque entonces la llave experimentaba un golpe de sentencia. A  Salto Uruguay, la herida se le abrió más de la cuenta. O más de lo previsto.
El miércoles con Ferro. El fin de semana en Artigas. Le llegarán 180 minutos a cara o ceca. No puede tolerar más divisiones en su estructura a la hora de jugar. O se compacta o la queda. Salto Uruguay sabe que en esta de OFI no hay revancha mucho más allá del horizonte inmediato. Cabe preguntarse: ¿cómo cicatriza esa herida abierta? ¿Cómo?
-ELEAZAR
JOSÉ SILVA-

n la semana, la derrota frente a Ceibal. Fue 2 a 0. La noche de un Salto Uruguay, vacío de brújula y sin reacciones intelectuales y técnicas, para superar la crisis. Ayer a la tarde en el Dickinson, la prolongación de un estado de situación adversa. Por sobre todo en dos aspectos sustanciales: construcción y llegada. A tal punto que en el segundo tiempo, un remate con pelota quita de Antonio Gómez, fue única aproximación ofensiva de Salto Uruguay.

No produjo. No arrimó leña al fuego. Todo lo suyo bajo control de un equipo experto para desarticular y quedarse con la pelota.

A tal punto que en la recta final, por tres veces  Martín Ferrando evitó. En los 9′ la más notable, cuando mandó al corner el remate de Ramón Souza en tiro libre. Por los 20′ primero y seis minutos después también, el golero para convertise en cerrojo.

¡Hasta Salto Uruguay pudo haber perdido! Sobre todo, porque se fue opacando.

Resignando control de pelota y la ausencia misma de sentido estratégico. Con la pelota, costó rescatar la idea.

Porque además Salto Uruguay fue por sobre todo LENTO PARA PENSAR e IRRESOLUTO PARA EJECUTAR. Completó 180 minutos sin goles a favor. La dependencia en Dos Santos. Porque además, los volantes no pisaron las “18” rivales y todo pasó a limitarse a un menú repetido, donde el pelotazo aéreo fue capaz de escribir su propia condena vestida de gris.

LA HERIDA ABIERTA

De partidazo en la presunción, a partidito en  varios pasajes. De bajo vuelo de mitad de cancha para arriba. Por los 26′ del primer tiempo, cuando Julio Bruno dispuso de la chance. Tres minutos después, una mano en el área del defensa artiguense. El árbitro será quien siempre determinará la intencionalidad. No sancionó. Es su derecho, a partir del radio de acción visual. Un minuto después, de Ramallo a Bruno y el remate para obligar a Jackson Pérez. Antes de la conclusión del primer tiempo, el impacto desviado de Jonhatan Dos Santos. Fue eso y no más Salto Uruguay, ante el San Eugenio experto para equilibrarse y el de la zurda aceitada en Ramón Souza.

San Eugenio se midió en el primer tiempo y en la medida que Salto Uruguay no fue resolviendo la turbación general, se atrevió como perico  por su casa.

LA SIN RAZÓN  DEL

FUNCIONAMIENTO

Le creó tres chances y hasta pudo ganar. Las variantes esta vez en Salto Uruguay,  sin aporte de solución. Más que individual, fue cuestión de funcionamiento a contramano.

Y menos mal que no perdió, porque entonces la llave experimentaba un golpe de sentencia. A  Salto Uruguay, la herida se le abrió más de la cuenta. O más de lo previsto.

El miércoles con Ferro. El fin de semana en Artigas. Le llegarán 180 minutos a cara o ceca. No puede tolerar más divisiones en su estructura a la hora de jugar. O se compacta o la queda. Salto Uruguay sabe que en esta de OFI no hay revancha mucho más allá del horizonte inmediato. Cabe preguntarse: ¿cómo cicatriza esa herida abierta? ¿Cómo?

-ELEAZAR JOSÉ SILVA-







Recepción de Avisos Clasificados