La proeza cotidiana de querer, esa vida misma

¿”Qué hacen amigos? ¿cómo andan?Les cuento, a fin de mes salgo con 90 días de licencia prejubilatoria y me desvinculo el 31 de mayo de 2015 con 33 años exactos de servicio y el grado de subcomisario. Vamo arriba! ¿qué les parece?”.
El 15 de febrero de este año, un diálogo puntual de EL PUEBLO con Ramón Osvaldo Torres. Rescatable desde el archivo, para entender tantos fenómenos de la comunicación, de los decires, de los sentimientos, que supone la vida en sí misma.
En la ocasión, no tan lejana en el tiempo, invocaba ese 31 de mayo que vendría. Y el 31 de mayo no llegó a una existencia a la que no le faltó por sobre todo, ALEGRÍA, VITALIDAD, SUEÑOS…y la proeza cotidiana de querer la vida misma.
El “Gallo” Torres fue su laburo profesional. Y fue Tropisamba, cuando la creó con toda aquella pléyade de tamborileros al son, con la música introducida debajo de la piel “porque no dejamos de sentirla como cosa propia”, solía sentenciar desde su apunte entre ocurrente y filosófico.
El “Gallo” Torres fue la encendida pasión al descubierto, en cada noche de farándula carnavalera.
El “Gallo” Torres fue el de la irrenunciable misión de sentirse parte del fútbol, los años de árbitro, pero también de analista de jueces, empuñando un micrófono o enfrentado a una cámara de televisión.
El “Gallo” no pidió pista para sentirse personaje. Pero alcanzó la frescura de esa dimensión. Porque más allá de roles puntuales, fue SER HUMANO desde la ternura, desde el sentido crítico, desde sus verdades, para transformar a la palabra y a los gestos, en una doble senda a la manera de él.
Generosamente, desde él.
No admitía mucho “la cultura puritana”. Porque el “Gallo” fue el barrio. Fue el tambor. Fue el canto. Fue pueblo. Y no dejó de inclinar su mano tendida, a los que fueron como él.
A los que soñaron con él. A los que disfrutaron con él. Y él no los dejó el camino.
¡Fue creando su tiempo, desde los afectos que acumulan y que se transforman en cálidos mensajes de bienaventurada unidad!
Por eso, el “Gallo” y los suyos. Y los suyos, saben que no es fácil soportar el veredicto de la muerte.
Pero los suyos saben que el tambor no habrá de silenciarse. Al fin de cuentas, el “Gallo” lo querría así. Desde su alegría. Desde sus sueños.
Y aquella proeza cotidiana, de querer siempre….esa vida misma.
-ELEAZAR JOSÉ SILVA-







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