Lo bueno, lo malo y … lo feo

Lo bueno:  El importante  apoyo que se le dio a  la Selección Salteña Sub 15, que participó en las primeras fases del campeonato Nacional y fue eliminado tras protagonizar un vergonzoso episodio en oportunidad de disputar el partido de vuelta ante Artigas en nuestro máximo escenario futbolístico como lo es el Estadio Ernesto Díckinson.
Si hablamos de apoyo comenzamos por referirnos a las instituciones que integran el Consejo Único Juvenil, siempre mirando y tratando de solucionar las dificultades que generan la formación de una selección representativa en este caso del fútbol salteño, específicamente de la categoría Sub 15, a la que se integran delegados de distintas instituciones y colaboradores quienes con su trabajo honorario y desinteresado trabajan  por la comodidad de los futbolistas, para que no les falte nada  y que se dediquen a hacer lo que saben, jugar al fútbol.
Lo malo: Es la presión que se ejerce a los jóvenes futbolistas citados a  selecciones juveniles, imponiéndoles el hecho de ganar a toda costa, sin importar los medios, “vencer o morir” muchas veces es el lema, quizás expresado con otras palabras, teniendo al éxito como único objetivo “ganamos o somos unos fracasados”. ¡Qué tontos!, se olvidan que el fútbol especialmente el juvenil es un juego, se olvidan del espirito lúdico, y como deporte debe ser sinónimo de recreación, pasatiempo, placer, diversión o simplemente ejercicio físico al aire libre. Atendiendo además a la significación de ejercicio físico como actividad física que requiere entrenamiento y está sujeto a unas normas, y que desde luego tiene sus límites. Es cierto, el fútbol juvenil como deporte promueve la salud mental, la paz del espíritu, puede aliviar las hostilidades naturales, la agresividad y la competitividad, y todo ello se debe canalizar para reducir o erradicar la violencia.
Claro, todo tiene su límite, y los jóvenes tienen que saberlo antes de ingresar a una cancha a disputar un partido, se los debe preparar en ese sentido y el control debe estar en manos del cuerpo técnico y dirigentes y por ningún motivo deben perder ese control, sino estamos fallando y en grande.
Lo feo: es tratar de echarle todo el fardo a los jóvenes, y sinceramente creo que tienen parte de culpa del bochorno causado, pero también creo que son víctimas, no se les puso límites, se les inculcó ganar a toda costa, y ahora no arreglamos nada imponiendo un año de suspensión, eso sí que sería feo.
Antes que eso los neutrales  deberían preguntarse ¿hicimos todo lo posible o lo que estaba a nuestro alcance para respaldar el trabajo de los juveniles? ¿En qué fallamos? Si se trabajó bien en el aspecto disciplinario nunca pudo generarse una riña generalizada, falló el control, la prevención por parte del Cuerpo Técnico, y de una vez por todas se debe tener presente que el resultado del partido cuando hablamos de juveniles es secundario, ¡basta de presión! Y cada uno debe responsabilizarse por sus acciones incorrectas u omisiones, es muy fácil achacarles toda la responsabilidad a los juveniles.
LUIS DIAZ

Lo bueno:  El importante  apoyo que se le dio a  la Selección Salteña Sub 15, que participó en las primeras fases del campeonato Nacional y fue eliminado tras protagonizar un vergonzoso episodio en oportunidad de disputar el partido de vuelta ante Artigas en nuestro máximo escenario futbolístico como lo es el Estadio Ernesto Díckinson.

Si hablamos de apoyo comenzamos por referirnos a las instituciones que integran el Consejo Único Juvenil, siempre mirando y tratando de solucionar las dificultades que generan la formación de una selección representativa en este caso del fútbol salteño, específicamente de la categoría Sub 15, a la que se integran delegados de distintas instituciones y colaboradores quienes con su trabajo honorario y desinteresado trabajan  por la comodidad de los futbolistas, para que no les falte nada  y que se dediquen a hacer lo que saben, jugar al fútbol.

Lo malo: Es la presión que se ejerce a los jóvenes futbolistas citados a  selecciones juveniles, imponiéndoles el hecho de ganar a toda costa, sin importar los medios, “vencer o morir” muchas veces es el lema, quizás expresado con otras palabras, teniendo al éxito como único objetivo “ganamos o somos unos fracasados”. ¡Qué tontos!, se olvidan que el fútbol especialmente el juvenil es un juego, se olvidan del espirito lúdico, y como deporte debe ser sinónimo de recreación, pasatiempo, placer, diversión o simplemente ejercicio físico al aire libre. Atendiendo además a la significación de ejercicio físico como actividad física que requiere entrenamiento y está sujeto a unas normas, y que desde luego tiene sus límites. Es cierto, el fútbol juvenil como deporte promueve la salud mental, la paz del espíritu, puede aliviar las hostilidades naturales, la agresividad y la competitividad, y todo ello se debe canalizar para reducir o erradicar la violencia.

Claro, todo tiene su límite, y los jóvenes tienen que saberlo antes de ingresar a una cancha a disputar un partido, se los debe preparar en ese sentido y el control debe estar en manos del cuerpo técnico y dirigentes y por ningún motivo deben perder ese control, sino estamos fallando y en grande.

Lo feo: es tratar de echarle todo el fardo a los jóvenes, y sinceramente creo que tienen parte de culpa del bochorno causado, pero también creo que son víctimas, no se les puso límites, se les inculcó ganar a toda costa, y ahora no arreglamos nada imponiendo un año de suspensión, eso sí que sería feo.

Antes que eso los neutrales  deberían preguntarse ¿hicimos todo lo posible o lo que estaba a nuestro alcance para respaldar el trabajo de los juveniles? ¿En qué fallamos? Si se trabajó bien en el aspecto disciplinario nunca pudo generarse una riña generalizada, falló el control, la prevención por parte del Cuerpo Técnico, y de una vez por todas se debe tener presente que el resultado del partido cuando hablamos de juveniles es secundario, ¡basta de presión! Y cada uno debe responsabilizarse por sus acciones incorrectas u omisiones, es muy fácil achacarles toda la responsabilidad a los juveniles.

LUIS DIAZ







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