¡Lo que se pierde la “B”!

Que los tiempos han cambiado, han cambiado. Mucho antes, los torneos de la “A” y de la “B”, se iniciaban en la primera o a lo máximo, segunda quincena de marzo.
Por eso, las pretemporadas en los clubes tenían su inicio entre el 15 y 20 de enero. Desde hace algunos años, el fútbol doméstico arranca a mediados de abril o en mayo. Topetazo de arranque con los meses de invierno, donde la recesión de aficionados, simplemente está planteada.
En tanto ahora la divisional, virtualmente resolvió iniciar su campeonato en abril. Solo caben los signos de interrogación: ¡lo que se pierde la “B” por no comenzar antes!
Entre el 10 de marzo y el 20 de abril, ¿cuántas fechas podría afrontar la principal divisional de ascenso? Resulta claro que la dirigencia a veces, transita por andariveles opuestos al del sentido común o al pensamiento de la mayoría que guardan estrecha relación con el fútbol. Para no pocos cuesta entender porque la “B” no capitaliza el mes de marzo y recién en el cuarto mes del año, se digna a reflotar su fútbol.
No faltan aquellos que suponen que “la “B” es opositora a cualquier tipo de variante. No por otra razón, todo lo que es modificación, rechaza sin más vuelta. Una de ellas y de última, la fusión con la “C” a los efectos de tentar una mayor jerarquización general, entre aquellos que no militan en la “A”. La “B” remató de primera: y fue no.