Belén, la tierra prometida

Belén, la tierra prometida

-Pasados los festejos y los anuncios oficiales, Pueblo Belén espera el anhelado crecimiento para forjar un futuro distinto a los lugareños

En noviembre de 1810, el Grito de Belén que dieron los rebeldes de la época contra la corona española -la que ya había perdido Buenos Aires pero que aún gobernaba la Banda Oriental- se erige como el primer “grito de independencia” de nuestro país, según señalan en sus anales algunos historiadores.

Aunque la historia oficial, toma al Grito de Asencio, en el departamento de Soriano, el 28 de febrero de 1811, tres meses más tarde, como el inicio de la gesta independentista que dio el puntapié de un proceso que culminara casi 20 años después, el 18 de Julio de 1830, cuando nace a la vida pública y jurídica la República Oriental del Uruguay, como país independiente.

Desde entonces, Belén ha sido un centro poblado con sus luces y sus sombras, que ha visto pasar el tiempo estando siempre en la misma situación. Con un crecimiento mínimo en su economía, y con un margen demográfico estable, mantiene las características de su población que vive del sector rural, el comercio y las tareas artesanales.

Allí se nace en muchos casos para terminar yéndose del lugar, debido al escaso movimiento económico que alienta al establecimiento de familias jóvenes, motivando la emigración masiva hacia la ciudad sobre todo de la juventud que busca nuevos horizontes a través del estudio de una profesión, arte u oficio, o un trabajo que los posicione de otra manera en la vida.

Tras los bombos y platillos con los que el 14 de marzo del 2001 fueron celebrados los 200 años de la localidad, donde se prometió un mayor desarrollo de la zona, que quedó trunco por distintos motivos, el pasado lunes, el Gobierno local hizo lo propio al conmemorar los 210 años de la fundación de ese lugar.

En la oportunidad, se advirtieron mejoras de la situación económica y laboral de los pobladores a través de la mano de obra que generarán las nuevas inversiones que un grupo de empresarios brasileños piensan llevar a cabo en la zona de Termas del Arapey, a escasos kilómetros de la localidad. Esto y la construcción de una piscina pública, fueron los grandes anuncios para ese centro poblado, el segundo en importancia en el interior del departamento.

Aunque los pobladores quedaron “contentos”, el optimismo por alcanzar un nivel óptimo de desarrollo es relativizado por los lugareños, si bien hay visiones encontradas entre los referentes del lugar.

Por esta razón, EL PUEBLO recorrió la localidad y habló con vecinos y comerciantes de la zona para conocer las expectativas y aspiraciones de un pueblo que ha dejado de ser la tierra prometida, donde todos prometen y hasta el momento pocas han sido las concreciones.

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Jorge Finozzi, uno de los entrevistados.

Un lugar donde todos son “buenos vecinos”

Belén es un pueblo pintoresco, como la mayoría de los lugares de la campaña uruguaya. No tiene más ventajas que estos ni es tampoco, un lugar más desolado que aquellos rincones que hablan de la historia viva de nuestro país. Es que el Uruguay adentro es así, casi todos los lugares tienen un acervo cultural que sobresale por sí mismo.

Por eso Luis, un hombre de unos 40 años de edad y con 20 de afincado en ese Pueblo, a donde llegó por motivos laborales y al echar raíces se estableció en ese lugar, destaca que en Belén “la mayoría son buenos vecinos”.

Para Luis, Pueblo Belén es un lugar que no está “tan mal” y que la ocupación no es un problema “grave” porque existe. Ahora, analiza que “la calidad de empleo que tienen los habitantes, o a las que acceden por estar en este lugar es mala”.

Luis sustenta sus dichos refiriéndose a que “la mayoría de los trabajadores son zafrales, se dedican a las tareas rurales como la naranja o los arándanos, que en época de cultivo, sacan hasta cuatro ómnibus repletos de gente para trabajar en las chacras. Pero después, pueden pasar varios meses sin empleo y eso perjudica la economía del pueblo y a la sociedad en sí misma, porque por la falta de trabajo se generan otro tipo de problemas”.

Este vecino, contó a EL PUEBLO que desde el Centro CAIF hasta el Hotel de las termas del Arapey “han generado trabajo a los habitantes de Belén”. Ahora la contracara de todo esto es “cuánto le pagan a esta gente, porque si bien trabajan para empresas grandes que venden sus productos al exterior y que son muy promocionadas, no pagan buenos sueldos, sino los que percibe el promedio de la población belenense como para subsistir con los costos que tiene vivir en un pueblo como éste”.

Y afirmó que por esta razón “cuando viene el Intendente, o el presidente de la República, como vino en su momento, y dijo que van a promover más trabajo en la zona hay dos cosas a destacar”, esgrimió. “Primero que no es tan así, porque no es que porque haya una inversión de obra en las termas, que todos nos quedamos contentos que sea así, porque es cierto lo que dijo el Intendente el otro día (el lunes 14 en el acto por los 210 años) que esto va a traer empleo, pero es algo, un paliativo momentáneo, no es la solución. Y en segundo lugar que el poco trabajo que hay es  de segunda mano, porque no es un empleo de calidad”.

Luis, que estaba haciendo sus tareas en el momento en que dialogó con este diario, dijo con respecto a los precios de las mercaderías que se venden en los comercios de ese lugar “algunos son tenidos en precio, otros no son tan baratos porque ahora no conviene el precio de la moneda brasileña entonces las cosas están igual o más caras que en Salto.

Porque cuando el distribuidor trae la mercadería desde la ciudad (de Salto) te cobra el costo del traslado, y por eso a nosotros nos sale algunas veces las cosas más caras que en Salto”, dijo Luis que ejemplificaba que el día antes había estado en un supermercado de nuestra ciudad haciendo compras de algunos productos que no se encuentran a la venta comúnmente en Belén y el costo de la compra fue “más barato” que si lo hubiera adquirido en su localidad.

Un optimista moderado

Pero Jorge Finozzi, un comerciante nativo de Pueblo Belén, reconoce que “la situación está mucho mejor en los últimos años” en la localidad. “Yo al menos trabajo”, dice desde su carnicería, ubicada a pocos metros de la plaza principal de la localidad, la que atiende desde hace muchos años, mientras estaba sentado cobrándole la mercadería que llevaban sus clientes.

Finozzi discrepa con Luis sin saber lo que piensa el otro, al decir que “Alur (ex Calnu) ha movido bastante la zona, porque genera empleo y la gente viene y gasta y eso es importante, porque se mueve el consumo interno”. Mientras Luis, dijo que a su juicio “Alur fue una gran promesa del gobierno, que iba a dar trabajo y a mover la economía de toda la zona cañera en la que estamos comprendidos, pero nada de esto ocurrió, fue otra falsa alarma”.

Según Finozzi, uno de los indicadores de que ha mejorado la economía del lugar es la cantidad de motos que circulan en poder de los habitantes. “Antes éramos pocos los que teníamos motos, yo tuve la suerte de poder comprarme una de joven. Ahora debe haber unas 400 motos circulando alrededor de la plaza un fin de semana y eso te demuestra que las cosas han mejorado”, dice.

“Claro”, hace una comparación como todo poblador de campaña “antes comprarse una moto valía como cuatro vacas gordas, ahora con una vaca gorda ya te estás comprando la moto”.

Para el carnicero, uno de los “debes” que tiene el Estado con Pueblo Belén, es el tema energético. “Cuando construyeron la represa nos dijeron que el precio de la energía eléctrica iba a ser más barata y eso nunca se cumplió. Cuando vino el Gobierno nacional a los festejos del pueblo, no dijo una sola palabra de eso, y fue un anuncio que nos hicieron a todos los pobladores cuando estaban en plena construcción de Salto Grande”.

Finozzi reclama que hay mucha gente en Belén que paga “un dineral de luz, muchos pagan dos mil y tres mil pesos por mes, y esto les hace un agujero importante en la economía de sus hogares, y yo como comercio pago más de 10 mil pesos, entonces que la represa de Salto Grande nos iba a dejar beneficios como por ejemplo un abaratamiento de los costos de luz eléctrica, es un debe que tiene el gobierno con los pobladores de esta zona”

A la carnicería del lugar ingresaba mucha gente. Mientras Marcelo, el cortador de carne, se lamentaba porque la noche antes había perdido su equipo de futbol, el Peñarol de Montevideo contra la Liga Deportiva Universitaria de Quito en Ecuador, mostrando un cartel que tenía cinco zapallos que le había regalado un cliente, Finozzi anotaba pedidos de los lugareños que le encargaban mercadería para cuando viniera a Salto.

Así, éste se los compraba y se los lleva sin intereses, no como los distribuidores que apuntaba Luis, que por llevar la mercadería desde el comercio de la ciudad hasta Belén le cobran el plus del traslado a la mercadería.

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Áquiles Machado junto al tronco prefabricado que asegura tiene miles de años.

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Imagen de San Ignacio de Loyola.

Los problemas de inseguridad “son cosa de gurises”

Los pobladores de Belén dicen que no viven con sobresaltos. Y esto puede notarse porque al caminar por las calles del lugar pueden observarse cosas ambiguas. Algunas casas que presentan puertas enrejadas y ventanas totalmente cerradas con portones alambrados, como para evitar el ingreso de personas extrañas que puedan llegar a robar. Así como también, algunos vecinos más antiguos, que se resisten a tener que encerrarse porque algunos se les ocurra cometer alguna fechoría y por eso dejan las puertas de sus casas y los ventanales totalmente abiertos sin temor alguno.

“El problema de la seguridad no es grave en Belén, ahora si hay que tener más cuidado que años atrás, porque algún robo de pertenencias de pequeñas dimensiones puede darse. Pero no es siempre”, dijo Luis que acusa de algunos hechos de robos a grupos de jóvenes que ya han sido individualizados por la Policía. 

“Todos sabemos quienes son y qué hacen, sabemos que no son delincuentes, pero que pueden hacer daños por el mero hecho de hacerlo. Y esto tiene varios factores detrás. Uno de ellos es la crianza en la familia, la educación que reciben de una madre con carencias de todo tipo y de un padre  ausente, que trabaja en el campo y que cuando viene a la casa se alcoholiza y genera problemas de violencia doméstica”, cuenta Luis.

Además, destaca que “el ocio en los jóvenes es un problema bien importante. Porque aquel que no estudia, y quizás no terminó la escuela, tampoco trabaja. Pasa en la casa, acá no hay mucho para hacer, no hay clubes, ni centros de ningún tipo entonces esto da lugar a que después esas cabezas piensen mal”.

Sin embargo, para Jorge Finozzi, el problema de la seguridad hay que “tomarlo en serio”. Pero lo relativiza diciendo que “a mi me robaron hace poco, yo estaba pescando y dejé la camioneta abierta y me sacaron algunas cosas de adentro. Pero era un tipo de Bella Unión que andaba acá, no era gente de Belén.

Al sujeto la Policía lo detuvo enseguida y pude recuperar mis cosas”.

Añadió que “antes dejaba la camioneta afuera y ahora la entro, por las dudas. Porque acá los gurises que te pueden robar algo, lo hacen hasta por vandalismo nomás, porque no son delincuentes, no es que haya personas que se dediquen al delito en sí, sino que te roban algo y lo venden y se hacen unos mangos para tomar. Pero claro, el daño lo generan y calculo que ni se dan cuenta”, estima.

Aunque relativiza el hecho que “no es tampoco que no puedas dejar una bicicleta afuera porque te la llevan, no es tan así. Pero uno no tiene que arriesgar nada, no es necesario”, dice.

LA JUNTA

Uno de los casos de inseguridad más recordados de Belén fue el acto de tremendo vandalismo que vivió la Junta Local de Belén hace aproximadamente un año atrás. Esto, fue un indicador que la falta de seguridad no es un tema menor, aunque los mismos pobladores destacan que no se trató de un hecho aislado.

“El que hizo eso ya se sabe quien es, la Policía ya lo conoce. Incluso estuvo ausente del pueblo un tiempito y ahora volvió.

Fue un acto de vandalismo, no fue un hecho con el móvil del robo o por cometer un asalto, fue vandalismo puro y esto no fue un caso aislado porque ocurre comúnmente”, comentó Luis.

Finozzi coincide que se trata de vandalismo y no de una motivación delictiva, ni mucho menos política. “Pero eso habría que preguntarle a las autoridades porqué no toman cartas en el asunto, o porqué no resuelven el hecho. No lo sé”.

La Iglesia no tiene cura

3-5Los feligreses de la grey católica de Belén cuentan con una capilla importante, con un templo bastante considerable, ordenado y muy prolijo. Las puertas estaban cerradas y las llaves están custodiadas por la Seccional Octava, hasta donde concurrió Élida Cuadro, quien nos mostró el interior del lugar y nos condujo hasta una casa lindera donde se encuentra la imagen de San Ignacio de Loyola, tallada en madera presuntamente hace más de 200 años, que habría acompañado a los pobladores fundadores de Belén.

Élida Cuadro

“La donó un sacerdote a la que le fue entregado en otro departamento y él lo trajo para Belén, entonces nosotros la guardamos y la cuidamos acá”, comentó Élida, quien añadió que no tienen un sacerdote designado para oficiar las misas en el lugar, sino que una vez por mes les asiste un cura de Bella Unión.

“Hace poco estuvo (el Obispo de Salto, Pablo) Galimberti, hicimos una celebración cerca de la costanera, estuvo muy lindo fue mucha gente. Pero hay misas todos los domingos, las oficiamos los laicos”, informa Élida siendo ella una de las que da la comunión ya que reviste la calidad de Ministra.

Al tiempo que su hermano “Chumbo”, Aquiles Machado, tiene un comedor en la esquina de la plaza. Parado afuera, frente a un impresionante mural que luce la pared principal del negocio, Machado palpa la realidad cotidiana del lugar y dice lo que piensa.

“La situación está un poco mejor que hace unos años, cuando la crisis nos agarró a todos parejo. Pero ahora se mueve un poco más, aunque mientras no haya políticas de fondo, que intenten mejorar las cosas, esto puede tener una mejoría pero no mucha”.

Aquiles Machado, es un conocido comerciante de la zona y ha instalado en la vereda de su comercio una madera petrificada que según comenta data de “decenas de miles de años, la tenía mi cuñado que la descubrió en el fondo de su casa, y yo le pedí que me la regalara para colocarla en la plaza. Pero como la gurisada podía romperla, porque no le dan importancia a algo como esto, decidí ponerla acá en la vereda y exhibirla. Es un pedazo de nuestra historia”, manifiesta el parroquiano.

Era viernes de mañana, día hábil. La plaza principal estaba vacía, al rato transitaban algunas motos, y a varios metros se sentía el murmullo de los niños que se encontraban en el patio de la escuela disfrutando del recreo. Gente que iba y venía con la chismosa, a paso cansino, a saludo de vecino, con la esencia de vivir en paz, esa que se pierde en otros lugares. Con todo, y más allá de festejos y anuncios oficiales, Belén espera que tanto reconocimiento, que tanta promesa incumplida, se convierta en realidad y dejen de ser de una buena vez, la tierra prometida, para ser la tierra de las concreciones.