Cuando el hogar es más violento que la calle…

Cuando el hogar es más violento que la calle…

Registros oficiales señalan que en el primer semestre del año hubo 996 denuncias y 18 procesados

Ante la creciente demanda de casos, los que venían siendo atendidos en las seccionales policiales y que se sumaban a las diversas denuncias que se presentaban a diario, la Jefatura de Policía de Salto decidió crear en el año 2006, la Unidad Especializada en Violencia Doméstica. Desde entonces la cantidad de denuncias por este tema han crecido notablemente y en el mismo sentido lo han hecho la cantidad de procedimientos, los que han derivado a que en este año el número de personas procesadas por casos denunciados en la unidad mencionada se hayan duplicado respecto al 2012.
CADA VEZ MÁS
El subcomisario Pablo Minguta, es el encargado de la Oficina de Violencia Doméstica, cuyas oficinas se encuentran en el cruce de Varela y Viana. Dijo que la Unidad cuenta con 13 policías incluyéndolo a él, y aclaró que allí se atienden todos los casos de “violencia doméstica, no de género, aunque dentro de poco vamos a tomar también esta parte a partir de una resolución del Ministerio del Interior, con el fin de jerarquizarla. Aunque actualmente solo estamos trabajando en los casos de violencia doméstica previstos por la ley Nº 17.514”.
Señaló que el personal especializado en Violencia Doméstica se encuentra actualmente “incorporado a nuestra oficina, ya que participan en cursos de capacitación permanente. En mi caso personal estoy realizando posgrado en la Facultad de Ciencias Sociales en Montevideo para especializarme en género y políticas públicas, con énfasis en seguridad pública”.
CRECIERON LAS
DENUNCIAS
En el 2012, los casos de violencia doméstica constituyeron uno de los delitos más denunciados en Salto. En ese caso, Minguta dijo que la cantidad de casos de violencia doméstica se “mantiene estable”.
Dijo que para nosotros trabajar en esta problemática “no es preocupante decir que aumentan los casos sino que en cierta medida es poder visibilizar mejor la situación.
Conforme a esto, el jerarca policial señaló que en el 2012, la Unidad Especializada en Violencia Doméstica de Salto tuvo 1886 casos y dijo que la tendencia para este año, es que el número de denuncias sea mayor.
“Esto para nosotros es muy bueno, desde el punto de vista de que cada vez más personas deciden denunciar su situación. Porque hoy cuando tenemos una denuncia, hay varias más que no llegan porque las personas siguen envueltas en lo que es el círculo de la violencia doméstica que es tensión, agresión, arrepentimientos, reconciliación y como no salió de ese círculo vicioso aún no ha buscado ayuda”, manifestó.
Asimismo dijo que el adelanto pasa por el número de procesamientos en estos casos. Señaló que en Salto en lo que va del año ya van 18 personas que han sido procesadas por casos de violencia doméstica. Mientras que el año pasado solamente fueron 8 las personas que terminaron encausadas por hechos que se desprenden de casos de violencia doméstica.
LAS CIFRAS DEL PAÍS
En el Uruguay desde el mes de noviembre de 2009 a diciembre del 2010: 41 mujeres han fallecido por hechos de violencia doméstica. Mientras que el 59% de las mujeres fueron parejas o ex-parejas de los homicidas. En ese caso, las situaciones constituyen 1/5 del total de homicidios de ese período. En tanto, el 71% de los homicidas luego se suicidaron.
CIFRAS DE SALTO:
Según los datos internos que maneja la Unidad Especializada en Violencia Doméstica y a los que accedió EL PUEBLO, en el año 2011 han sido 1.381 el total de las denuncias recibidas. Mientras que en el 2012 fueron 1.886 el total de casos recibidos.
En comparación entre los años 2011 y el 2012 en nuestro departamento hubo un incremento en 505 casos más que fueron denunciados. Esto corresponde a un aumento del 37,4 %, mientras que en el año 2012 fueron recibidas en un promedio 5 denuncias por día.
Si bien van 996 denuncias formuladas en la Unidad Especializada en Violencia Doméstica de Salto durante el primer semestre del año 2013, de las mismas 896 fueron denuncias verbales, otras 46 fueron escritas y 54 fueron tomas de conocimiento por parte de los funcionarios policiales.
Al tiempo que las víctimas por relación de género en los casos que han sido denunciados en lo que va del año en Salto, 800 son mujeres y 188 fueron varones. La mayoría de las víctimas tienen entre 21 y 30 años. Asimismo, la información destaca que el 90 por ciento de las denuncias pasan por la comparecencia de la víctima en el lugar del hecho.
La mayoría de los casos se dan por un mal relacionamiento entre ex parejas, donde los ex concubinos lideran la lista de los agresores, a esto le siguen los esposos y en tercer lugar los concubinos. Mientras que otros familiares que se constituyen en agresores tales como hijos o hijas, se sitúan en cuarto lugar. Entre esto, los casos de violencia verbal lidera el ranking de denuncias, le sigue las físicas y verbales, y en tercer lugar los casos de violencia física. Mientras en un cuarto lugar se sitúan los incumplimientos de las prohibiciones de acercamientos.
Asimismo, la mayoría de medidas dispuestas han sido la de Prohibición de Acercamiento, Relacionamiento y Comunicación, seguido por el Cese de Agresiones, los Retiros del Hogar y en cuarto lugar la de Garantía Policial. En ese sentido, los retiros del hogar por orden judicial realizados por la Policía han sido en su gran mayoría a varones que a mujeres.

Ante la creciente demanda de casos, los que venían siendo atendidos en las seccionales policiales y que se sumaban a las diversas denuncias que se presentaban a diario, la Jefatura de Policía de Salto decidió crear en el año 2006, la Unidad Especializada en Violencia Doméstica. Desde entonces la cantidad de denuncias por este tema han crecido notablemente y en el mismo sentido lo han hecho la cantidad de procedimientos, los que han derivado a que en este año el número de personas procesadas por casos denunciados en la unidad mencionada se hayan duplicado respecto al 2012.

CADA VEZ MÁS

El subcomisario Pablo Minguta, es el encargado de la Oficina de Violencia Doméstica, cuyas oficinas se encuentran en el cruce de Varela y Viana. Dijo que la Unidad cuenta con 13 policías incluyéndolo a él, y aclaró que allí se atienden todos los casos de “violencia doméstica, no de género, aunque dentro de poco vamos a tomar también esta parte a partir de una resolución del Ministerio del Interior, con el fin de jerarquizarla. Aunque actualmente solo estamos trabajando en los casos de violencia doméstica previstos por la ley Nº 17.514”.

Señaló que el personal especializado en Violencia Doméstica se encuentra actualmente “incorporado a nuestra oficina, ya que participan en cursos de capacitación permanente. En mi caso personal estoy realizando posgrado en la Facultad de Ciencias Sociales en Montevideo para especializarme en género y políticas públicas, con énfasis en seguridad pública”.

CRECIERON LAS

DENUNCIAS

En el 2012, los casos de violencia doméstica constituyeron uno de los delitos más denunciados en Salto. En ese caso, Minguta dijo que la cantidad de casos de violencia doméstica se “mantiene estable”.

Dijo que para nosotros trabajar en esta problemática “no es preocupante decir que aumentan los casos sino que en cierta medida es poder visibilizar mejor la situación.

Conforme a esto, el jerarca policial señaló que en el 2012, la Unidad Especializada en Violencia Doméstica de Salto tuvo 1886 casos y dijo que la tendencia para este año, es que el número de denuncias sea mayor.

“Esto para nosotros es muy bueno, desde el punto de vista de que cada vez más personas deciden denunciar su situación. Porque hoy cuando tenemos una denuncia, hay varias más que no llegan porque las personas siguen envueltas en lo que es el círculo de la violencia doméstica que es tensión, agresión, arrepentimientos, reconciliación y como no salió de ese círculo vicioso aún no ha buscado ayuda”, manifestó.

Asimismo dijo que el adelanto pasa por el número de procesamientos en estos casos. Señaló que en Salto en lo que va del año ya van 18 personas que han sido procesadas por casos de violencia doméstica. Mientras que el año pasado solamente fueron 8 las personas que terminaron encausadas por hechos que se desprenden de casos de violencia doméstica.

LAS CIFRAS DEL PAÍS

En el Uruguay desde el mes de noviembre de 2009 a diciembre del 2010: 41 mujeres han fallecido por hechos de violencia doméstica. Mientras que el 59% de las mujeres fueron parejas o ex-parejas de los homicidas. En ese caso, las situaciones constituyen 1/5 del total de homicidios de ese período. En tanto, el 71% de los homicidas luego se suicidaron.

CIFRAS DE SALTO:

Según los datos internos que maneja la Unidad Especializada en Violencia Doméstica y a los que accedió EL PUEBLO, en el año 2011 han sido 1.381 el total de las denuncias recibidas. Mientras que en el 2012 fueron 1.886 el total de casos recibidos.

En comparación entre los años 2011 y el 2012 en nuestro departamento hubo un incremento en 505 casos más que fueron denunciados. Esto corresponde a un aumento del 37,4 %, mientras que en el año 2012 fueron recibidas en un promedio 5 denuncias por día.

Si bien van 996 denuncias formuladas en la Unidad Especializada en Violencia Doméstica de Salto durante el primer semestre del año 2013, de las mismas 896 fueron denuncias verbales, otras 46 fueron escritas y 54 fueron tomas de conocimiento por parte de los funcionarios policiales.

Al tiempo que las víctimas por relación de género en los casos que han sido denunciados en lo que va del año en Salto, 800 son mujeres y 188 fueron varones. La mayoría de las víctimas tienen entre 21 y 30 años. Asimismo, la información destaca que el 90 por ciento de las denuncias pasan por la comparecencia de la víctima en el lugar del hecho.

La mayoría de los casos se dan por un mal relacionamiento entre ex parejas, donde los ex concubinos lideran la lista de los agresores, a esto le siguen los esposos y en tercer lugar los concubinos. Mientras que otros familiares que se constituyen en agresores tales como hijos o hijas, se sitúan en cuarto lugar. Entre esto, los casos de violencia verbal lidera el ranking de denuncias, le sigue las físicas y verbales, y en tercer lugar los casos de violencia física. Mientras en un cuarto lugar se sitúan los incumplimientos de las prohibiciones de acercamientos.

Asimismo, la mayoría de medidas dispuestas han sido la de Prohibición de Acercamiento, Relacionamiento y Comunicación, seguido por el Cese de Agresiones, los Retiros del Hogar y en cuarto lugar la de Garantía Policial. En ese sentido, los retiros del hogar por orden judicial realizados por la Policía han sido en su gran mayoría a varones que a mujeres.

Manifestó Mariana

“Me apoyo en mí misma y en mis hijos…”

Hija de un padre golpeador vivió la violencia desde niña

En el caso de Mariana (nombre apócrifo) su vida estuvo marcada por la violencia desde niña, y continuó así con las diferentes parejas con quienes compartió su vida.

“Yo me crié con un papá violento, mi padre siempre nos pegaba, a mis hermanos y a mí,  porque no barríamos o porque no hacíamos lo que él quería, era de alzarme de la ropa cerca del cuello y tirarme contra la pared. Eso pasó desde que era chica, con 6 años mas o menos que yo recuerdo hasta los 15, que fue cuando hice la denuncia” dijo.

Mariana tiene tres hermanos más, dos mujeres y un varón, y no contó con la presencia de su madre en el hogar, “ella se fue porque mi padre también la golpeaba y no aguantó más. Vivía a seis cuadras de casa con otra pareja, pero él no quería que nosotros fuéramos a vivir ahí.

Un día, Mariana llegó llorando al liceo porque su padre le había dado una golpiza, ahí se enteran las autoridades y la alientan a hacer la denuncia. “El (su padre) nunca se enteró que fui yo la que lo denunció, la asistente dijo que habían sido los vecinos. Y ahí es como que él se detuvo un poco. Pero él no tomaba ni consumía drogas, solo era así”, dijo.

“Momentos felices mientras vivía con mi padre no los recuerdo y no tenía el apoyo de nadie” recalcó.

SU PRIMER PAREJA

FUE ALCOHOLICO

Y VIOLENTO

A los 15 años se casó “me casé con tal de huir de mi casa y a los 20 años tuve una hija. Mi marido nunca mostró un signo de violencia durante esos 5 años, pero después empezó a tomar alcohol y cuando tomaba eran golpes, un patada, me apretaba el cuello, me apretaba las muñecas, que era algo que yo odiaba que hiciera eso, y después violencia psicológica, no servís para nada y cosas así.

Yo deje de estudiar y empecé a trabajar y cuando mi nena tenía 5 meses nos separamos, un día de tormenta lo corrí de la casa, porque estaba pagando el alquiler yo y el no aportaba nada.

La relación entre nosotros quedó bien, él visitaba a la nena y todo eso, hasta que un día vino borracho con un cortaplumas y me llegó a pinchar, ahí lo empuje y lo pude sacar para afuera,  tranqué la puerta y llamé a la policía.

La policía a mi siempre me trató bien, le hicieron restricción de domicilio, pero cada tanto cuando venía a ver a la nena aparecía alcoholizado a casa y se ponía pesado y era otra vez lo mismo.

Ahora cambio un poco, dejó el alcohol” .

LA SEGUNDA PAREJA,

TAMBIÉN VIOLENTA

“Después tuve otra pareja que era bárbara, era una persona mayor, él tenía 40 mas o menos y yo 25.

El tenía dos hijas adolescentes, nos llevábamos bien, si él las retaba yo las abrazaba y así, además trataban bien a mi nena. Todo estuvo bien durante dos años y medio, hasta que quedé embarazada.

La hija de él no quería que nosotros tuviéramos hijos y ahí empezaron los problemas así que me fui.

Y cuando yo estaba instalada en la casa de mi madre él iba a pedirme que abortara, me empezó a acosar y ahí hice denuncia de nuevo. Incluso él y su hija me pegaban en la calle, estando embarazada llegue a tener fractura de cráneo y estuve internada.

Lo que pasa que yo vivía en un lugar cerca de un descampado y a veces me esperaban ahí y me atajaban con la camioneta que tenían y se bajaban y me fajaban. Y tá, como era un descampado no tenía a donde ir o  una casa cerca, nada. Yo trataba de defender la pansa, y siempre hacía la denuncia.

Yo le exigía el ADN, y él decía que mi hijo no era de él y cuando me mandó con fractura de cráneo yo decidí dejar de reclamar. Hicimos un arreglo con el juez de que si él no me molestaba más ni a mi ni a mi familia yo no reclamaba pensión ni nada. Fue la forma de liberarme de él.

UNA TERCERA

PAREJA AGRESIVA

Después estuve otra vez en pareja mientras estaba por tener mi hijo, él me compró coche para el bebé y todo. Pero una vez me pegó un piñazo porque yo comí un pedazo de pollo antes que él llegara, como él demoraba yo comí un poco antes con mi hija porque estábamos con hambre ya y él no llegaba. Entonces vino y me  pegó un piñazo en la boca que me aflojó los dientes, y me dejó toda moreteada. Ahí hice la denuncia, estuvo detenido esa noche, y tuvo restricción de domicilio.

Así que me quedé yo en la casa que alquilábamos porque la jueza decidió que los niños míos sino quedaban desamparados y ahí estoy hasta ahora, sigo pagando yo el alquiler con la asignación y  la pensión alimenticia que recibo por mi primer hijo, además hago limpiezas y sobrevivo con eso.

Ahora tengo un novio y yo le digo ¡a mí no me levantas la voz, a mí no me mandoneas! El dice que la idea es casarse, trata divino a mis hijos y a mí, pero no aguantaría que me golpearan otra vez.

Con violencia es horrible vivir y más me duele por mis hijos, mi nena chiquita decía que ella lo iba a matar al padre cada vez que veía que me pegaba y eso es horrible y me apoyo en mi misma y en mis hijos para seguir.

Son cosas que a uno le tocó pasar y aprendí a valorarme y a a saber que las cosas tienen límite y que hay que dejarlo de principio porque los hombres no cambian, si golpea una vez no tiene arreglo. Hoy es una cachetada, mañana un piñazo, pasado un cuchillo o un golpe en la cabeza y la quedás, entonces antes que siga peor hay que frenarlo de entrada.

Doce años de violencia doméstica
Lucía lamenta haber confundido los indicadores y dijo “yo pensaba que era porque me quería mucho”
Lucía (nombre apócrifo con el que identificamos a la protagonista de esta historia para reservar su identidad) proviene de una familia muy tradicional y estructurada donde el respeto por los valores siempre estuvo muy marcado, sus padres eran muy protectores y no la dejaban salir mucho, así que Lucía sabía muy poco de la vida cuando conoció a Roberto (nombre apócrifo) con quien se casó cuando apenas tenía 16 años.
Esta historia de angustia, dolor y golpes, transcurrió en una zona de chacras en las afueras de  nuestra ciudad, lugar propicio para que no hubieran mayores testigos que los involucrados.
Cuando uno comienza a conversar con Lucía, descubre una persona que transmite una gran calidez y una dulzura y mesura al hablar que en nada evidencian el horror que debió pasar durante doce largos años de violencia doméstica.
“Siempre quedan, las marcas siempre quedan, es como un aprendizaje, y hoy se puede hablar, después de nueve años puedo hablar” comenzó diciendo Lucía.
LOS INDICADORES
DURANTE EL NOVIAZGO
“Yo tenía 16 años cuando lo conocí, estuvimos un año y  medio de novios, y ya ahí mostraba esos indicadores que en el momento no los consideré negativos, te van alejando de todo, te hacen sentir que te quieren mucho y vos sos el centro de esa persona, todo para él sos vos;  por eso se dan una serie de cosas: te sacan de la gente, de todo a tu alrededor, no te dejan estudiar, te van sacando del lugar” comentó al relatar el inicio de la relación. .
Durante el noviazgo, Lucía sabía que esos signos eran más de lo normal, “pero como mujer una los confunde, yo pensaba que era porque me quería mucho”.
Pero entonces tanto amor se vuelve exagerado “cuando yo iba al liceo no quería que tuviera amigos varones, si el pasaba y me veía con varones se enojaba mucho hasta que fue insistiendo tanto que dejé de estudiar, no iba a reuniones con amigas, tampoco me dejaba usar polleras cortas, no salia a ningún lado si no era con él y una va aceptando un poco todo eso”.
La idea de tener la familia perfecta, el esposo y los hijos, que sea “un hombre de bien y de trabajo” hicieron pensar a Lucía y su familia que Roberto era la persona ideal, “pero ese fue el error de mi vida” reconoció Lucía.
EL INCREMENTO DE LA VIOLENCIA LUEGO DEL MATRIMONIO
“Cuando te casas todo se transforma, porque eso de que te celaba y te quería tener solo para él fue acrecentándose poco a poco y ahí empezó la violencia física y el miedo a hacer algo que lo enojara.
Yo ya no usaba pollera ni hablaba ni miraba para el costado cuando estaba con él, tampoco podía recibir gente si él no estaba, o tenía que ir con él a donde él quería, y si empezabas a discutir era el enojo, la pelea, el cacheteo y así arrancaba, él se enojaba y tiraba todo” relató  Lucía con gran fortaleza los primero episodios de violencia física que tuvo que vivir.
Las cosas se fueron agravando con el paso del tiempo, después que pasaba la situación de violencia se disculpaba y pedía perdón diciendo que no iba a volver a pasar. Así, de los doce años que estuvo casada, Lucía reconoció que hubo momentos buenos y otros de agresión.
“Yo varias veces intenté irme sin contar a mi familia el porqué, nunca quise contarles nada, pero ellos empezaron a sospechar que no nos llevábamos muy bien, aunque no se imaginaban la gravedad de la situación, pensaban que era algo normal como cualquier pareja”
Los momentos de violencia se reflejaban también en las horas de intimidad, “muchas veces tuve que mantener relaciones sin querer y los hijos a veces son fruto también de esos momentos, de esas violaciones Porque ellos dicen que si vos no querés es porque andás con otro, además  no me dejaba cuidarme (con métodos anticonceptivos), en aquella época no era tan fácil y ese había sido siempre un tema tabú en mi casa.
De su relación con Roberto, Lucía tuvo tres hijas mujeres, a los dos meses de haberse casado quedó embarazada de su primera hija.
“Es una situación que te da impotencia, que no le encontrás la salida, porque mientras no lo hablas y seguís encerrada en una casa no hallas la salida, porque te dice ¡y quién te va a creer a vos!, además una ya esta disminuida en su autoestima porque te hacen creer que todo lo hacen ellos. Pero yo trabajaba a la par de él y además me ocupaba de la casa y mis hijas”.
Lucía tenía que tratar de estar bien con Roberto para que él se mantuviera conforme y la dejara ir por ejemplo a las reuniones en el colegio de sus hijas o que éstas a su vez no encontraran trabas al momento de salir a alguna reunión con amigas o un cumpleaños, “porque si el señor estaba enojado no dejaba” dijo con malestar.
“Ellos te quieren cortar de todo esto porque es lo único que te hace hablar, que te muestra otro mundo, te permite estar en contacto con otra gente, te abre la cabeza.
El silencio como cómplice
Entre el denunciar y regresar con el agresor “si supieran el dolor que  se vive cada vez que se tiene que volver”
Las cosas que pasan en la casa es muy difícil contarlas, pesan el “que dirán” de la gente y a veces hasta el papel de las autoridades a quienes se les plantea el problema.
Lucía como muchas mujeres víctimas de violencia doméstica concurrió varias veces a hacer denuncias y también regresó varias veces a vivir con el agresor, como si fuera este ir y venir el preludio necesario para tomar una decisión definitiva que resuelva el problema.
“Yo hice varias denuncias y a veces iba y la policía me decía -¡pero señora! ¿para que hace esto (la denuncia)? ¡lo esta provocando, usted tiene la culpa!- y yo iba y hacía la denuncia. Después volvés y otro hijo más, producto de ese estar a la fuerza muchas veces y entonces dicen -pero si volvió con él, si esta ahí es porque a ella le gusta. Pero si supieran el dolor que se vive cada vez que se tiene que volver y como queremos y aceptamos a nuestros hijos aunque no hayan sido concebidos con amor” dijo Lucía “no se puede juzgar así nomas”.
EL MOMENTO LIMITE
Siempre hay un hecho detonante, un “ya no más”, Lucía lo vivió tras su última denuncia.
“Un día él llegó a la casa y nosotras (Lucía y sus hijas) no estábamos y como él no tenía la llave para entrar a la casa tuvo que esperar afuera y se enojó mucho. Yo venía con mis tres hijas en la moto, una delante y las otras dos atrás y él me dio un piñazo en la cara, ahí afuera, delante de mis hijas y le pegó a mi hija que tenía 15 años que se metió en el medio.
Me acuerdo que en ese momento él le dijo a mi hija -¡te voy a matar, te quiero ver muerta!- y empezó a tirar todas las cosas de la casa y ella daba vueltas alrededor de una mesa y él iba tirando todo de los modulares, vasos, portaretratos, todo, daba patadas, hasta que agarró el revólver y dijo -las voy a matar y me voy a matar- y yo le dije ¡matáte, matáte pero dejanos en paz a mi y a mis hijas!” relató.
Entre los portaretratos que Roberto tiraba al suelo cayó uno de una foto familiar, la que agarró en sus manos y rompió en trozos muy pequeños, “la dejó en pedacitos, en pedacitos” dijo Lucía, viendo en aquel momento a su familia ideal hecha pedazos en el suelo.
“Ahí yo dije: tá, esto no va más. Hice la denuncia y lo retiraron. Después cuando volvió nos dejaba encerradas a mí y a mis hijas mientras se iba a trabajar, hasta que un día esperé a que él se fuera, pude abrir la puerta y cuando él ya se había ido lejos, agarré a mis hijas y me fui. Solo con los documentos, sin nada más, nos fuimos. Me acuerdo que empezamos a caminar tierra adentro hasta llegar a la chacra de mi padre, fue el trayecto más largo que caminé en mi vida, no llegábamos nunca. Le pedí que me lleve con un abogado y le conté todo, esa fue la mejor decisión que tomé en mi vida” dijo con valentía.
EL SILENCIO COMO CÓMPLICE
La actitud de hostigamiento por parte de Roberto no cesó con la huida de Lucía de su hogar, él intentó lastimar a su padre, la molestaba constantemente, la seguía en la calle y Lucía nuevamente con “el papelito”, siempre con la denuncia. Y así se mantuvo la situación hasta cerca de tres años luego de la separación.
“El no tuvo derecho a visitar a mis hijas por el grado de violencia en que se desarrolló todo y ellas tampoco querían verlo, pero él no ha cambiado de actitud, es muy difícil que se recupere la relación entre ellos”.
Lucía mantuvo la violencia doméstica en secreto durante mucho tiempo, “mis padres no sabían que él me pegaba porque una llega hasta a hacer cómplices a sus hijos, yo le pedía a mis hijas que no le contaran a nadie, y no lo cuentan, no lo cuentan” dijo, reconociendo el error de darles el miedo como ejemplo.
“Hasta que un día contás y ahí empieza a llegar gente que te ayuda y lo que hay que hacer es contar, pero cada una tiene su tiempo, a mí me costó 16 años. Y hoy te digo que no ha nacido el hombre que me vuelva a poner una mano encima, nunca más” dijo con orgullo y seguridad en sí misma.
ARRANCAR DE CERO
En el caso de Lucía, tuvo que arrancar de cero, había dado doce años de su vida en un matrimonio con violencia y cuando se fue se llevó lo peor, el dolor físico, emocional y psicológico, el dolor por haber hecho pasar a sus hijas por esa situación durante tantos años.
De lo patrimonial no se llevó nada porque se fue de la casa sin nada, después de doce años de matrimonio, sin estudios, sin trabajo, casi sin expectativas de que hacer.
Su familia la apoyó y la contuvo en todo momento, tuvo suerte, otras mujeres no cuentan con ese respaldo.
Pero Lucía no se quedó allí, buscó un trabajo y empezó a estudiar de nuevo, “yo seguí, empecé a hacer cosas, no fue fácil, las trabas las encontré permanentemente, pero pude, se puede” dijo brindando un mensaje esperanzador.
Las audiencias reclamando la pensión alimenticia para sus hijas continúan, más que nada porque ellas le exigen que reclame, porque es su derecho.
Hoy a nueve años de haberse separado, pudo formar una nueva relación, aún no está en pareja pero volvió a confiar y apostar al amor.
“El miedo se me fue, si hoy lo veo no siento nada ni siquiera por todo lo que me hizo, solo me da lástima ¡que pobre que es!, que después de nueve años no puede pensar en lo que hizo, no pueda reconocer, ni avanzar y siga culpando al otro. Lo que me duele es que no sea capaz de visualizar lo que son sus hijas, porque ellas necesitan un padre, pero él no está.
Yo doy gracias que tengo una familia que me sostuvo y después un trabajo que me devolvió la vida y  no hay minuto que yo no dé gracias a Dios de haberme ido aquel día, pero todo tiene su tiempo, si no podés hablar no podés salir.
Si miro para atrás no puedo creer, cómo pudo pasar, cómo pude permitir que me hagan eso, me acuerdo que yo todas las noches me encerraba en el baño, ponía la cabeza sobre la pared y me decía: esto no es para mí. Pero me costó doce años hacer algo.
Algunos mitos y la realidad
El hogar y la familia son los lugares más seguros. Realidad: contrariamente a la visión idealizada de la familia como un lugar de apoyo y amor, las niñas y las mujeres corren más riesgo de violencia en sus propias casas que en la calle, ejercida por una persona cercana más que de una persona desconocida.
Es normal que el hombre golpee a su compañera en determinadas circunstancias. Realidad: la violencia es una violación a los derechos humanos, no hay situación que justifique la violencia hacia otra persona.
La violencia es un problema privado entre dos adultos. Realidad: la violencia doméstica es una violación de derechos humanos, cambiar la situación involucra a todas y todos.
Los casos de violencia doméstica son escasos, no es problema grave. Realidad: hasta hace algunos años la violencia hacia la mujer permanecía oculta, dentro de las paredes del hogar. Diferentes estudios señalan que entre el 10% y el 50% de las mujeres experimentan durante su vida violencia por parte de su pareja.
Las mujeres también maltratan a sus parejas hombres y a sus hijos e hijas. Realidad: cualquiera de los miembros de una pareja puede ser la víctima del maltrato, pero diferentes estudios coinciden que las víctimas de la violencia doméstica son las mujeres: el 2% corresponde a violencia hacia el hombre, 23% se ha definido como violencia cruzada y el 75% corresponde a violencia hacia la mujer. Cuando la violencia viene desde la mujer generalmente se trata de autodefensa y comúnmente tiene pocas consecuencias o éstas son menos graves para el hombre.
La conducta violenta es innata en los hombres. Realidad: la violencia es una conducta aprendida en el funcionamiento social, en una cultura que la acepta como una manera válida de resolver conflictos. Sin embargo, no todos los hombres son violentos.
Las mujeres que son o han sido golpeadas “se lo han buscado”, “hacen algo para provocarlo”. Realidad: aunque la conducta de una mujer provoque el enojo de su pareja, esto no justifica que se la maltrate. La conducta violenta es responsabilidad siempre, total y absoluta de quien la ejerce, es el camino que el violento elige.
Los actos de violencia son hechos aislados. Realidad: una vez que se instala el ciclo de la violencia, los actos de violencia se repiten, son progresivos y producen daños sostenidos.
La violencia es un problema de los sectores pobres. Realidad: la violencia hacía la mujer se da en todas las clases sociales y niveles culturales.
Los hombres violentos tienen alguna enfermedad mental. Realidad: si bien algunos hombres presentan alguna patología psiquiátrica, la mayoría de los hombres violentos ejercen lo que creen es su derecho natural de dominio y no presentan signos de alteración mental diagnosticables.
El abuso psicológico y emocional no es tan dañino como el físico. Realidad: las mujeres víctimas de violencia doméstica manifiestan que la humillación y el abuso emocional provocan un daño mucho más profundo y duradero que la violencia física.
La culpa de que los hombres le peguen a su pareja es que el alcohol y la droga hacen que los hombres golpeen a sus mujeres. Realidad: no todos los hombres que consumen alcohol o drogas maltratan a sus parejas. Muchas veces adjudican la responsabilidad de la violencia al alcohol, en un intento de disculpar una conducta que de otra manera resulta inaceptable. El alcohol y las drogas desinhiben y facilitan las conductas violentas, pero no las causan.
La mayoría de las mujeres maltratadas nunca dejan a sus agresores. Realidad: los estudios muestran que el 70% de las mujeres que reciben atención y orientación especializada, terminan abandonando al agresor. A veces, la esperanza de que el hombre cambie, el miedo, la inseguridad y la dependencia económica, hacen que posterguen su decisión.
Si la mujer abandona a su pareja violenta la violencia se termina. Realidad: en algunos casos es así, pero en otros la separación del agresor puede provocar más violencia.
El consumo de drogas fue el desencadenante

“Todo empezó por curiosidad, por querer probar… me sentía sola.“Vale aclarar que un adolescente cuando siente la necesidad de estar con sus padres, nunca lo va a expresar, porque no sabe cómo hacerlo” – cuenta la joven que por sentirse sola a edad temprana comenzó con las adicciones y al poco tiempo quedó embarazada y se fue a vivir con el padre de su hijo.
“Mi madre vivía afanada por su trabajo, siempre pensando en que nunca nos faltara nada. Yo necesitaba un hogar, no una casa”.“A los 19 años viajó a Salto y conoció a quien fue su pareja y luego de un año de noviazgo, llegó su hijo al mundo y allí comenzaron las agresiones que generalmente se daban cuando ambos consumían drogas.““Mi familia se fue al exterior y yo me quedé sola en el país y con mi pareja vivíamos  drogándonos… de alguna forma repetía mi historia, porque a mi hijito no le faltaba nada, pero no le estábamos dando un buen ejemplo”.
La violencia se generaba por parte de los dos y se asociaba al consumo.
“A lo último me enganché con la pasta base y allí no había fines de semana… perdía la noción del tiempo“En el fondo de mi ser no quería esa vida…sabía que me estaba arruinando, pero no sabía cómo salir…la droga es algo que nos encarcela.
“En momentos de gran angustia comenzó a decirse a sí misma. “Si hay un Dios en el cielo que me ayude”… así pasaron como quince días y ante una situación de violencia con su pareja, decidió irse de la casa con su hijo y su mascota.“Al hacer la denuncia en la Oficina de Violencia Doméstica conoció a una de las chicas de los Hogares Beraca, quien le aseguró que conocía un lugar donde la podían ayudar.
Cuando llegué, la Pastora Marcela me abrazó y me dijo Dios te ama… fue muy raro porque yo sentía que después de haber pasado por todo ese infierno era difícil que Dios me perdonara” – relató la víctima.

“Muchas madres llegan a Beraca con lo puesto, a raíz de graves problemas de violencia doméstica”

Algunas madres han llegado a Beraca con su niño y lo puesto como resultado de graves problemas de violencia doméstica.
El último caso se dio a raíz de que una de las chicas estaba vendiendo empanadas, pasó por la Oficina de Violencia Doméstica y la señora golpeada estaba allí.
La recibimos, le dimos ropa a ella y a su hijo… se logró el trato con el papá del niño – declara la Pastora Marcela.
El Pastor Robert (esposo de Marcela y responsable de Beraca en Salto) tuvo una charla con él, y en la actualidad el padre va a visitar a su hijo, en una relación pacífica.
“Sabemos que los tres necesitan ayuda” – compartió la religiosa.
La madre de 29 años vivió durante diez años una relación de violencia, pensando que estaba sola y que no podría salir adelante.
Otra joven llegó drogada, llena de marcas de una paliza que había recibido.
Al cabo de ocho meses logró dejar las adicciones y su madre viaja desde la capital del país a visitarla.
“LA GOLPEABAN A ELLA Y A SU PEQUEÑA HIJA”
“Fuimos a hacer una visita al hospital y nos encontramos con una chica de 25 años (que tiene un retraso, teniendo un cociente intelectual de una niña de 12), madre de una niña de un año y medio.
No tenían adonde ir y le dimos un lugar en nuestra comunidad.
El hogar en el que residía era muy violento, la golpeaban a ella y a su hijita.
Hoy ya hace un año que está… un día estábamos haciéndole una ficha y nos enteramos que era el día de su cumpleaños y ella no sabía (se emociona al recordar)… ese día le hicimos una torta… nunca había festejado su cumpleaños… es como una niña madre de otra niña.
Su hija felizmente aumentó de peso y aprendió a caminar en Beraca.
Ella se encarga de colgar la ropa, de retirarla luego, doblarla y llevarla a cada dormitorio… se siente feliz con esa responsabilidad.
Los pastores son vistos por la gran familia como “padres” y a menudo reciben emotivos mensajes de agradecimiento de muchos jóvenes que luego de recuperarse vuelven a reinsertarse en la vida.
Desde hace aproximadamente un año, los ingresos se concretan a través de entrevistas, para saber si a ciencia cierta las personas tienen el deseo de salir de la penosa circunstancia  que viven.
Recientemente una madre retornó a la ciudad de Artigas con su familia; su hija nació en Beraca y Marcela fue la encargada de ponerle el nombre… Génesis Abril.
Otra niña también que nació en el mismo entorno, fue llamada María Paz.
Allí se les da contención y atención por equipos técnicos, dijo José Luis Presentado
En Salto las mujeres víctimas de violencia doméstica pueden ser albergadas en un hogar de la Intendencia
La violencia doméstica es uno de los principales problemas de la sociedad uruguaya de los últimos tiempos. Se trata de un problema estructural, que no tiene lugar en una clase social en particular o en una franja etárea determinada de la población, sino que se trata de un problema que ocurre en una diversa y variada cantidad de hogares.
Esto da la pauta de que son varios los aspectos y las razones que confluyen para que este tipo de situaciones se produzcan. En Uruguay el parlamento convirtió esa conducta en un delito específico al sancionar la ley Nº 17.514 el 2 de julio del año 2002. Se trataba de un momento especial donde los problemas económicos impactaron de lleno en las familias uruguayas, con problemas de violencia, desmembramiento, desintegración social por los distintos conflictos que se generaron en esa época.
En Salto, en el año 2012, la violencia doméstica junto con el tráfico de estupefacientes se constituyeron en los delitos más denunciados por la gente. Incluso los casos de violencia doméstica estuvieron bastante arriba despegados del resto.
Así como lo hizo la Policía, que hace algunos años formó una Unidad Especializada en la materia, la actual administración de la Intendencia de Salto también tomó cartas en el asunto y creó un espacio determinado para albergar a las mujeres, con niños o sin ellos, que son víctimas de situaciones graves de violencia doméstica y en ese aspecto se ven obligadas a dejar su hogar.
El mismo está emplazado en un lugar reservado, donde se le brinda contención, atención y seguimiento a la víctima y su familia por parte de un equipo técnico, y para ello cuenta con el apoyo del Mides, Salud Pública y el Poder Judicial, aunque la logística, costos y operativa la dispone la Intendencia. Se trata del único hogar de estas características que pertenece a una Intendencia.
HOGAR
“Ayer por la tarde ingresaba una nueva mujer junto a sus dos hijos,. La autorización la firmé el viernes a las once de la noche, cuando recibí una llamada de las autoridades para solicitarme el lugar e hicimos todo de inmediato porque en este tipo de cosas no se puede esperar mucho tiempo”, dijo a EL PUEBLO el director de Desarrollo Humano y Social, José Luis Presentado.
El jerarca señaló que la constitución de ese hogar nace “por una promesa de campaña y además estaba incorporado al plan de gobierno que presentó Germán Coutinho a la ciudadanía en las elecciones. Habíamos previsto que ante la necesidad que notamos sobre la existencia de un caso de estas características porque cada vez había más casos de violencia doméstica, y sobre todo, porque cuando íbamos a los barrios la gente lo pedía, entonces lo consideramos una de las prioridades de la actual administración y ya tiene dos años funcionando”.
“Esto lo armamos en la Intendencia de Salto pero para seguir trabajándolo debimos contar con la colaboración del Mides (Ministerio de Desarrollo Social), el Ministerio de Salud Pública y el Poder Judicial, y enseguida todos nos respondieron”, expresó Presentado.
Por otro lado, reforzó la idea de que hace “dos años que fue creado y ya van pasando más de diez casos distintos de personas con problemas de violencia doméstica que han sido internadas en el lugar”.
Destacó por otro lado que en ese lugar “internamos a mujeres con niños. Les damos habitación, alimentos, también les prestamos atención con un equipo técnico entre los que hay psicólogos, asistentes sociales, médicos, y además tratamos de que sigan concurriendo a los mismos lugares adonde estaban yendo. Evitamos un desarraigo de los lugares que ellos frecuentaban”.
Asimismo Presentado subrayó que “para nosotros es imperioso que los chiquilines sigan yendo a la escuela y en ese aspecto, le encargamos a los funcionarios del lugar que los trasladen hasta allí. Les damos un marco de contención bastante importante”.
José Luis Presentado indicó que “la idea nuestra es armarla, pararla para cuando salga para que no vuelva a caer en lo mismo y para que se empiece a independizar por ella misma. Por eso firmamos un convenio con el Centro Comercial y si bien no es mucho lo que podemos hacer, al menos las ayudamos para que puedan insertarse al mercado laboral, porque ellos la preparan, le buscan el perfil de estas mujeres y luego ya obtienen una inserción en el mercado laboral”.
ATENDER EL
PROBLEMA AHORA
Por su parte, el director de Desarrollo Humano y Social de la comuna dijo a este diario que a las mujeres que ya pasaron por ese hogar de contención “se les pudo solucionar el problema en su momento, se les manejó una tarjeta y también alguna inserción laboral a muchas. Pero también se manejaron por el lado de ellos con algunos parientes. Pero las mujeres que están ingresadas actualmente en el hogar, serán las que van a trabajar con el Centro Comercial para su inserción laboral”.
Presentado señaló que las únicas personas autorizadas a ingresar al lugar donde están alojadas las mujeres con problemas de violencia doméstica, son los funcionarios del Poder Judicial o aquellos únicamente autorizados por el juez de la causa.
“Durante el transcurso de la internación de la persona, los técnicos de la Intendencia son los que evalúan cada caso y le hacen un seguimiento, y está en ellos determinar cuando se generaron las condiciones para que las personas puedan ser dadas de alta. Aunque una vez esto, nosotros con el personal de la Intendencia les hacemos un seguimiento de caso de por lo menos 6 meses y si es necesario continuar trabajando con estas personas lo hacemos”, admitió.
Por otro lado, el director de Desarrollo Humano y Social de la Intendencia de Salto, José Luis Presentado, dijo que el hogar de contención a víctimas de violencia domestica que existe en Salto “es el único de esta naturaleza en todo el país”.