Cuando irse no es olvidarse

Cuando irse no es olvidarse

Según datos de la Oficina de Retorno y Bienvenida del Ministerio de Relaciones Exteriores, por sus oficinas solicitaron ayuda para volver al país unos 12.144 compatriotas, desde enero de 2011 hasta marzo de 2016. En los primeros cuatro meses del año, retornaron con la asistencia de la Oficina un total de 504 compatriotas. El 69% de los retornados manifestó que tenía condiciones “buenas” en el país de residencia en el exterior.
El 42% de los retornados en el primer cuatrimestre del año indicó motivos económicos para volver al país, el 24% manifestó motivos familiares y el 21% motivos identitarios o “añoranza”, según señala el informe publicado por el Ministerio de Relaciones Exteriores.
Salto no escapó a esta realidad y de allí que en este informe rescatamos varias experiencias de coterráneos que se fueron y regresaron a Salto.

“Por más que estés en el mejor lugar del mundo, el Uruguay es el Uruguay”, dijo José

José Frola es oriundo de Constitución y actualmente trabaja en el rubro de la construcción en un emprendimiento que tiene por su cuenta donde de alguna manera aplica todos los conocimientos que adquirió durante los años que vivió en Estados Unidos y España.
Reconoció a EL PUEBLO que a pesar de su experiencia en el extranjero, en Salto es muy difícil conseguir trabajo y el costo de vida es muy alto.
“Cuando estás acá te das cuenta y extrañás el nivel de vida que te podés dar en otros países pero cuando estás lejos extrañás tu tierra y tu gente”, comentó José, quien vivió en Estados Unidos desde el 2000 al 2004 y en España desde el 2006 al 2014.FamiliaJoséEnEspaña
De alguna manera el exterior lo marcó para siempre, si bien ya tenía una hija uruguaya cuando se fue a probar suerte en busca del sueño americano, allí vio nacer a dos de sus hijos y la madre patria fue el primer suelo que pisó su cuarto hijo.
El deseo de una vida mejor lo hizo tomar la decisión de irse a vivir a Miami (EEUU) a los 26 años con una mano atrás y otra adelante, como se dice comúnmente. Era la época en que muchos uruguayos buscaban forjar su destino en otro lugar y José junto a algunos amigos tomaron el envión de irse a probar suerte a los Estados Unidos.
No tenían ni idea de lo que harían allí, ni cómo sería el lugar, pero las ganas de progresar los hizo aventurarse en el viaje. Su única referencia era un uruguayo al que habían contactado a través de un página de internet de “uruguayos en EEUU”, quien se había ofrecido a recibirlos y darles cobijo al llegar mientras resolvían su situación allí.
Así, llegó José al aeropuerto y la primer noche la pasó en un hotel de Miami, al día siguiente se reunió con este uruguayo solidario de quien dijo estar muy agradecido por su apoyo. Al día siguiente comenzaron a buscar trabajo. “Hice de todo, mucho trabajo en construcción y reparación de casas, de techos, de todo, hasta vendí flores en un semáforo. Al principio fue muy duro, hasta que conocí a un hombre excelente que me ayudó mucho. Un cubano llamado Eduardo Pérez Infante, exiliado político de su país con quien hasta hoy mantengo el contacto.
El nos dio trabajo a varios uruguayos que estábamos allá, nos regaló un montón de muebles, nos apoyó con consejos y hasta nos invitó a comer con su familia en una fecha que para ellos es muy especial como el día de acción de gracias”, dijo José al recordar su vivencia en EEUU.
EL URUGUAY ES EL URUGUAY
A los 3 meses de estar viviendo en Estados Unidos, la novia de José se fue a vivir con él allá. Sin embargo, reconoció que “por más que estés en el mejor lugar del mundo, el Uruguay es el Uruguay. Nosotros fuimos a un lugar nuevo, éramos jóvenes, fuimos con ganas de hacer cosas, de trabajar, de experimentar en un lugar diferente, pero se dejaron muchas cosas acá y eso pesó mucho. Yo tuve que dejar a mi hija mayor acá cuando me fui y eso también fue muy difícil para mí. Lo que te puedo decir es que Estados Unidos es un mundo aparte, estamos a años luz de llegar a ser como ellos. Acá hay mucha burocracia y todo es muy caro. Es otro mundo”, comentó.
“El problema que tuvimos en Estados Unidos fue que nosotros estuvimos cuando pasó lo de las torres gemelas y después de eso todo se hizo más difícil porque las autoridades empezaron a controlar todo mucho más”, agregó.
Sin embargo, reconoció como muy buena la atención en la salud que recibió su mujer cuando tuvo que dar a luz a sus hijos en EEUU. “El parto que rondaba los 10 mil dólares, nosotros no pusimos ni un peso para nada, de todo se hizo cargo el sistema social, a pesar de que éramos inmigrantes. Después que nacieron nuestros hijos el gobierno estuvo siempre presente porque es como que ellos se preocupan mucho de lo que ellos dicen que es un nuevo americano y están pendientes, hasta recibíamos un vale por alimentos”, comentó.
EN ESPAÑA FUE MÁS DIFÍCIL
“En el 2004 volvimos porque ya se extrañaba mucho y arrancamos de a poco acá en Salto. Pusimos un almacén y con la ansiedad de querer terminar la casa nos fuimos otra vez, pero ahora a España donde tenía a mi hermana trabajando. Pensamos que en España iba a ser más fácil pero fue más o menos igual, además con hijos chicos se complica más, incluso pensando que porque era la madre patria y hablábamos el mismo idioma se hizo creo que más difícil todavía. Y eso se entiende porque hay muchos inmigrantes, están como sobre invadidos de inmigrantes y la gente se cierra mucho”, comentó.

Vendieron el auto para comprar los pasajes a EEUU
“La decisión fue durísima, era irnos o perder todo lo que teníamos”, dijo Emiliana tras irse con su familia en el 2002

La crisis del 2002 golpeó en mayor o menor medida a todos los uruguayos y los salteños no escaparon de las dificultades económicas que se vivieron en esa época. Muchos tuvieron que tomar la dura decisión de alejarse de su tierra en busca de una mejora económica, ahogados por las deudas en un momento en que el dólar subió a más del doble y cuando la desocupación alcanzaba cifras nunca vistas.
Como muchos uruguayos, Emiliana Luzardo y su familia se tuvieron que ir al extranjero. En 2002 tomaron la “dura decisión” de irse y luego de varios años volvieron a su tierra, porque “allá, siempre ten sentís como en casa ajena”. Hoy, ven como lograron superar una etapa muy difícil de su vida y tras saldar las deudas de su casa y el local que habían comprado trabajan en un negocio propio en el Cerro y no se arrepienten de la decisión tomada porque “era irnos o perder todo lo que teníamos”, reconocieron Emiliana y su esposo Henry. Sin embargo, la crisis les dejó otra gran herida, su hija, Vanesa, no quiso volver a su país, formó su familia y forjó lazos de amistad en el país del norte. “Al habernos ido pudimos recuperar lo nuestro y estar tranquilos pero allá se nos quedó nuestra hija y a pesar de estar en contacto todos los días, de alguna manera eso dividió a la familia”, dijo Emiliana con una gran nostalgia en su mirada.
“SI NOS QUEDÁBAMOS 6 MESES MÁS PERDÍAMOS TODO”
Henry, se fue primero, con un trabajo casi seguro en el supermercado de un cubano, igual que su hijo Tabaré, gracias al apoyo de “unos conocidos” que les dieron “una mano enorme” para irse. Entre tanto, Emiliana y su hija permanecieron al frente de la carnicería que tenían, pero la situación se hacía cada vez más insostenible.
La decisión de irse surgió en uno de los peores momentos que atravesó el país, durante la crisis del 2002, “ahí empezaron los grandes problemas económicos, el dólar que estaba a 10 pesos subió a casi 30 y nosotros teníamos que pagar la casa y el local que habíamos comprado”, comentó Emiliana.
“Nosotros, hicimos una proyección de las deudas, porque en ese momento trabajábamos en la carnicería y se vendía, pero mucha gente empezó a quedar sin trabajo y lo que se sacaba (de ganancia) no alcanzaba, no se cubría la cuota”, agregó Henry. “Si nos quedábamos 6 meses más perdíamos todo. Tomar la decisión fue muy difícil, pero había que irse. Fue algo que lo pensamos muchísimo porque mi marido tenía más de 50 años, eramos los 2 grandes y sabíamos que no iba a ser fácil”.
Luego que las cosas iban bien con Henry y Tabaré en Nueva Jersey (EEUU), Emiliana y Vanesa cerraron el negocio, dejaron a una sobrina viviendo en la casa y se fueron. “La decisión fue durísima, era irnos o perder todo lo que teníamos, todo lo que habíamos hecho, el trabajo de tantos años”, recordó con angustia Emiliana.
Nosotros no teníamos ni para los pasajes, tuvimos que vender el auto. Fue una decisión muy difícil.
AL PRINCIPIO FUE DIFÍCIL
“Cuando llegamos allá no era que se ganaba todo lo que pensamos, pero se vivía mejor”. No tuvieron mayores problemas con el idioma, porque estaban en una zona donde vivían muchos inmigrantes latinos, además no tenían mucha relación con los americanos, sino principalmente con los latinos que estaban de encargados de las fábricas. Allí, Emiliana notó una gran competencia y discriminación entre los mismos latinos, porque “todos querían ganarse un buen lugar de trabajo en las fábricas”.
Reconoció que al principio fue bastante difícil. “Mi marido y mi hijo trabajaban en el supermercado de un cubano pero Vanesa y yo trabajábamos por medio de agencias. Cada día nos levantábamos muy temprano para ir a la agencia a conseguir trabajo y ellos te derivaban a alguna fábrica o donde se necesitara gente.
LA NECESIDAD DE VOLVER…
“La idea de nosotros fue irnos a Estados Unidos para conseguir el dinero que necesitábamos para saldar la deuda. Lo que pasa es que después que pasan 4 ó 5 años ya te adaptás al lugar y cada vez vas perdiendo más los lazos con tu país y como nosotros estábamos todos juntos era más fácil. Por supuesto que se añora el lugar, la vida de acá, pero ya estábamos adaptados a vivir allá, porque aunque trabajás 12 horas diarias y es muy duro, te vas adaptando. Un día yo empecé a sentir que necesitaba volver, pero ninguno de los 2 gurises quiso regresar. Vanesa ya había formado su familia, Tabaré que siempre era el más apurado en volver terminó quedándose un tiempo más hasta que volvió con nosotros”.
“SENTÍS QUE SIEMPRE ESTÁS EN ALGO AJENO”
“El ritmo de vida es muy diferente, eso es lo que más se extraña. El trabajo que hacíamos Vanesa y yo era un trabajo muy duro, se trabajaba en línea y había que hacerlo muy rápido. Nos levantábamos de madrugada y corríamos todo el día. Llegábamos a la nochecita a la casa, tomábamos unos mates, cenábamos y nos íbamos a descansar porque al otro día había que madrugar de nuevo”, comentó Emiliana. “Sentís que siempre estás en algo ajeno, que no es lo tuyo. Te adaptás bien, pero esa sensación de que no es lo tuyo la tenés siempre”, agregó Henry.
“No me arrepiento de habernos ido, sí de volver solos, porque cuando llegamos la casa se nos hacía grande y extrañábamos mucho. En un momento sentimos arrepentimiento de habernos venido, pero es un poco el costo que pagamos. Hoy, nuestra hija está allá con su familia formada, tenemos 4 nietos y pensamos que no van a volver porque a los chicos se les hace muy difícil venirse a vivir a Uruguay. Hablamos todos los días, nos vemos por la computadora, nos mandamos fotos por Whats App y nos contamos todo lo que va pasando, pero no es lo mismo que tenerlos acá. Ahora estamos viendo la posibilidad de ir en julio para allá a visitarlos”, concluyó Emiliana con una gran esperanza de poder abrazar a su hija y sus nietos.

Fabián Perdomo y su experiencia en Bolivia y Río de Janeiro
“Siempre retorno a Salto para reencontrarme con mis padres, el candombe… la buseca y las mandarinas”

Hay quienes se deciden buscar nuevos horizontes laborales en otros países y también personas que – además de apuntar a una mejor calidad de vida – sienten que viajar y residir en otros lugares les permite conocer más acerca de la idiosincrasia humana y les brinda otra riqueza cultural y de vivencias. Tal es el caso de Fabián Perdomo, un joven salteño de treinta y seis años que cuando cumplió 21 hizo su primer desprendimiento familiar y viajó primeramente hacia la capital del país… luego vivió sus nuevas experiencias en Bolivia y Brasil. Al ser entrevistado por nuestro medio Fabián argumentó que si bien se aleja por un tiempo de su tierra, siempre vuelve en la búsqueda de aquellas cosas que lo identifican… sus padres, el candombe, la murga, la buseca y las mandarinas en invierno…
Movilizado por conocer la cultura boliviana y su idiosincrasia, partió para aquel país. “Soy de familia humilde y siempre trabajé… pero la idea de viajar me fue atrapando y de vivir en los lugares, más allá de ser un turista” – explicó Fabián.

-¿Cómo fue su experiencia en Bolivia?
-“Estuve viviendo un año… la mayoría me aconsejaba que no fuera a aquel país… fue entre el 2008 y 2009. Con el dinero que generé de liquidación de mi trabajo estuve tres meses conociendo. Ciertamente es otro mundo, al igual quefabián perdomo 001 el Brasil profundo. Culturalmente muy rico. Me encontré con una diversidad gigante de comidas y muchos colores en sus vestimentas.
Fue lo que más me llamó la atención junto con su diversidad geográfica. En Bolivia por ejemplo tienen más de treinta tipos de papas.
Cochabamba fue mi base. Los bolivianos al principio son desconfiados… luego te abren las puertas de sus casas.
Es comprensible su desconfianza hacia el extranjero, debido a tantos siglos de explotación.
Cuando volví a Uruguay, solo me aguante un año”.

-¿Cuál fue su próximo destino?
-“Brasil… estuve tres años y medio radicado en Río de Janeiro y un año y medio en Porto Alegre. Pasé dos veranos enteros en Garopaba y Ferrugem.
Me gusta mucho la percusión… también estuve haciendo algunas presentaciones como clown. Por otra parte, mi actividad laboral la desarrollé en los restaurantes.
Río de Janeiro es muy bipolar… es una ciudad violenta, pero a la vez podemos encontrar paz.

-¿Se queda con Río o con Bolivia?
-“Creo que las comparaciones son injustas… que para el que viaja y máxime de la manera que lo hago – no está bien comparar”.

-¿Por qué volvió a Salto?
– “Porque quería compartir con mis viejos que ya están mayores. Aspiro también a formarme en otros rubros porque solamente tengo el liceo terminado. En una ciudad grande es muy difícil estudiar y trabajar.
Aparte nuestro sistema educativo es uno de los mejores”.

-¿Tiene en mente seguir viajando?
– “Así es… quiero visitar Centroamérica y el Caribe. Pero este proyecto es a largo plazo. En estos momentos estoy estudiando Electromecánica en la UTU. Y quiero desarrollarme en energías renovables”.

-¿Qué cosas le han ofrecido otros países que no encuentra en Salto?
-“Playas paradisíacas, montañas y selva. También sueldos que me han permitido mantenerme solo.
Aquí si no tuviera con mis padres sería imposible mantenerme pagándome todos los gastos. En otros lugares el dinero vale más. La comida en nuestro país es la más cara de Latinoamérica”.
-Una anécdota para compartir…
– “La chicha es una bebida de fermento de maíz muy popular en Bolivia que tiene la misma graduación de la cerveza.
Resulta que un día, trabajando en un restaurante en Cocha… me escapaba al fondo a tomar de tanto en tanto la bebida, no me percaté que se me estaba subiendo a la cabeza.
Para mí era como un juguito… (risas).
El encargado del restaurante – lejos de enojarse se empezó a reír de mí porque me vio demasiado contento y sociable con los comensales. Al otro día fui a trabajar como si nada.
Cuenta la leyenda que si la chicha te da resaca no eres bienvenido entonces les caí muy bien… luego mis compañeros me invitaron a sus casas para compartir con sus familias”.

¿Y en Río de Janeiro vivió alguna situación similar?
“Trabajaba en un restaurante en Santa Teresa, barrio bohemio de Rio muy turístico. Ese día faltó personal y trabajé sin parar 16 horas seguidas en la cocina y me bañé con agua fría. Me sentó mal y me caí del décimo cuarto escalón, cortándome la ceja.
A las tres semanas me visitó una amiga de España y oficié como guía turístico. Estaba acostumbrado ya a manejarme sin ningún problema… andaba por todos lados.
De repente tres individuos nos comenzaron a seguir y arrastraron a mi amiga con mochila y todo para robarle.
Comencé a luchar con uno de ellos… me da en la ceja y se escaparon.
Seguimos al que corría con la mochila y la recuperamos.
Tuve así mi segundo corte de ceja en el mismo lugar… el tercero fue al resbalarme en una calle de piedras. Río es una ciudad realmente maravillosa con muchos contrastes”.
Fabián Perdomo vivió en esos viajes experiencias que sin lugar a dudas nunca va a olvidar, como caminar durante tres días en la montaña por el camino del Choro…

Adrián Vives tenía 22 años cuando se fue, vivió 12 en España
“Mi objetivo era tener mi casa propia, porque venirme como me fui, habría sido suicida”

Cuando tenía 22 años de edad, Adrián Vives no lo pensó mucho más de lo debido. Transcurría el año 2001, era empleado de una empresa local que poco después cerraba y algunos de sus amigos ya estaban aprontando las valijas. Teniendo en cuenta que aún era muy joven, que no tenía hijos y que podía pensar en empezar de nuevo, decidió sumarse a la fila de uruguayos que dejaron el país por aquel entonces. Se puso en campaña, hizo los trámites, armó su equipaje y la última foto fue en el aeropuerto de Carrasco junto a sus padres y un par de amigos también salteños que se sumaron a la ola migratoria de principios del Siglo XXI.
Pasaron 12 años y muchas experiencias vividas. Pero la presencia del Uruguay seguía en su mente y regresar era la deuda pendiente. Ya con un hijo nacido en la vieja Europa a cuestas, Adrián y su pareja se dieron el gusto y regresaron. Habían estado en alguna oportunidad anterior en el transcurso de su vida por aquel lugar, aunque de pasada, lo que permitió observar el panorama y hacer contactos para saber cómo podría llegar a resultar el hecho de volver a casa. Vive en la zona de Daymán junto a su familia y el retorno a su patria le dio otra alegría, su segundo hijo, salteño como sus padres. Estudia electricidad y espera el momento para poder dedicarse a lo que le gusta, Adrián Vives contó a EL PUEBLO cómo ve al país en estos momentos y qué es lo que quiere para su futuro.
NO ES FÁCIL
“Lo que veo es que en Uruguay para un trabajador, para una persona que es empleado, es muy complicado vivir. Si uno tiene un oficio y trabajás para vos, la peleás de otra manera. Otra cosa que considero importante es que si uno se viene de cero de allá para acá y tiene que empezar de nuevo sin nada, las cosas son complicadas y no es conveniente venirse.
En mi caso pude organizarme de una manera al punto que mientras trabajaba allá junté un dinero como para comprarme una casa y tener mi lugar, eso es muy importante, porque si tenés que vivir de un trabajo y no tenés tu casa, se te hace prácticamente imposible”, dijo.
En ese sentido, señaló que el encarecimiento de los costos de vida y los bajos sueldos en nuestro medio, hacen que vivir de un sueldo sea “muy complicado”. “No te da para vivir. Si viviéramos con mi mujer de su trabajo y del mío, no vivís, yo tuve la suerte de comprar una casa y me revuelvo, porque esa casa tiene un espacio el cual lo usufructuamos y con ello generamos un ingreso, además de eso tengo un empleo, y encima estoy terminando de estudiar en UTU electricidad, porque quiero ser electricista, ya que fue algo que no pude terminar porque decidí tomarme el avión en aquel momento”, contó Adrián Vives. Pero ya tiene pensado medir los resultados de lo que ha hecho hasta ahora de una manera concreta. “Voy a terminar de estudiar electricidad y a ponerme a trabajar por mi cuenta, ahí realmente voy a saber si valió la pena que me viniera o no, porque lo que quiero es saber si está bien trabajar para mí, para tener un ingreso más o menos digno. Uno nunca quiere irse, mi mentalidad siempre fue venirme, yo viví 12 años en un lugar donde no quería estar, lo hice por una necesidad económica”, cuenta.
Y señala que “hay gente que se va, se acostumbra y te dicen que no se vuelven más. Pero en mi caso siempre me quise venir, pero el objetivo era poder comprarme mi casa y traerme unos mangos como para poder arrancar, porque venirme así de cero, tal como me fui, habría sido suicida. Yo allá salía de trabajar y me iba a jugar al fútbol, pero acá salgo de trabajar y me voy a estudiar. Pero yo que sé, hay gente que por ahí vive con su empleo o tiene un oficio, cada situación es distinta”. Adrián se vino en el 2013 “y para como estaba cuando me fui, 12 años antes, había mejorado muchísimo, era otra cosa.

 







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