Cuando Salto es la tierra elegida

Cuando Salto es la tierra elegida
- Extranjeros, pero no extraños..
- Llegaron a Salto por distintos motivos, ninguno específicamente económico, pero aquí echaron raíces

– Extranjeros, pero no extraños..

– Llegaron a Salto por distintos motivos, ninguno específicamente económico, pero aquí echaron raíces

A pesar de no ser precisamente “la meca” económica, Salto tiene algunos atractivos  muy valorados a la hora de vivir aquí. Es por eso que no extraña encontrarse con varios extranjeros que lejos de sentirse extraños admiten que aquí van echando raíces. Algunos llegaron por amor,  otros por diferentes circunstancias, pero todos están a gusto, aportando su trabajo, lo que habla bien de nuestra comunidad. Lo que sigue es un breve relevamiento de varias personas que han llegado de diferentes naciones extranjeras para afincarse en Salto y nos cuentan sus experiencias, su adaptacion, sus dificultades y definitivamente su afincamiento en nuestra ciudad.

Una cordobesa que reconoce Salto como su segunda casa a pesar de las dificultades de extrañar afectos y adaptarse

Por su “tonada” particular, inmediatamente identificamos a María de los Ángeles, una cordobesa muy simpática y muy abierta para conversar, que en forma muy accesible se dispuso a conversar con EL PUEBLO, “no es difícil darse cuenta que soy de otro lado”, dijo entre risas, “por mi tonada me sacan”, agregó y nuevamente volvió a sonreir.

María junto a su esposo Fabián están a cargo de la Heladería Grido, ubicada frente a Plaza Artigas y el 1º de agosto se cumple un año desde que están en Salto.

Respecto a su llegada a Salto, María comentó que suele decir a quienes le preguntan y a manera de broma que su esposo “fue  a26 7 13 011buscar helados y vio a esta cordobesa tan linda que me trajo con él”, comentó, pero en realidad la historia de María y Fabián comienza mucho tiempo antes de tomar la decisión de venirse a Salto.

María de los Ángeles es cordobesa, nacida en la ciudad de Villa Nueva, próxima a la ciudad de Villa María donde se realiza el festival Nacional de Peñas (uno de los más famosos de Argentina) y a unos 100 km al sur de la capital provincial de Córdoba, allí pasó toda su vida, formó su vida, tuvo una hija que hoy tiene 25 años y comenzó a ejercer su papel de abuela con su nieta que ya cumplió los 11 años, desempeñando su actividad laboral como encargada de personal en una empresa.

Pero la vida le tenía planeado un cambio muy importante en su vida, el cual llegó de la mano de Fabián, un joven que tiene apenas un año más que su hija, y con quien formaría “un amor  tan lindo” como ella mismo dice, que la llevará a alejarse por primera vez de su ciudad natal para emprender una nueva vida con un nuevo emprendimiento sobre el cual ambos habían depositado una gran expectativa.

María comentó que la historia que tiene con Fabián es muy particular por la diferencia de edad que se llevan, pero asegura que fue algo que nunca les importó demasiado ni significó una barrera entre ellos, hoy hace 9 años que están juntos, tienen una pequeña hija de 3 años y comparten el trabajo juntos, al frente de la heladería Grido.

Cuando le preguntamos por la dificultad para adaptarse a la vida en Salto, María aseguró que los primeros meses fueron muy difíciles, sobre todo por tener a la mayor de sus hijas y a su nieta lejos, en Villa María, su ciudad natal; “si me preguntabas en aquel momento si me gustaba Salto, yo te decía que no, todo me parecía feo, lloraba mucho, extrañaba a mi hija y a mi nieta, a mi me costó, me costó bastante” aseguró; algo que no pareció sucederle a Fabian, ya que María comentó que él “se adaptó enseguida, él estaba como si nada” dijo entre risas, al marcar la diferencia entre ambos para adaptarse a una nueva ciudad.

Esta facilidad de Fabián para adaptarse a una nueva vida, tal vez sea producto de su propia historia particular, ya que él es uruguayo, pero de niño se fue a vivir a Argentina con lo que significa a esa edad hacer nuevos amigos y continuar, forjando un carácter más versátil.

Pero “un matrimonio a distancia no es matrimonio” según María, y ese “amor tan lindo” y las ganas de prosperar en un emprendimiento propio que significaba “una gran oportunidad” le dieron el ánimo para superar las dificultades de vivir lejos de su tierra natal, “allá está tu familia, tus amigos, tus cosas, y si, fue algo que los dos lo pensamos mucho” aseguró, comentando que “Fabián vino primero” y comenzó con todas las gestiones y el armado del local, y después se mudó definitivamente María con la pequeña hija de ambos.

“Si me preguntas lo que más extraño, te digo que la familia y los amigos, uno trata de ir a visitarlos siempre que puede, la última vez que fui fue ahora en las vacaciones de julio, pero no es fácil, tampoco podes ir tan seguido como quisieras, esto es una gran responsabilidad también y acá (en su negocio) hay que estar, por más que uno sea el encargado y pueda faltar todo un día, tenés que estar, a mí me gusta conversar con los clientes, me arrimo a las mesas, les pregunto si les falta algo, si están bien atendidos, y tenés que estar si querés que esto siga para adelante” comentó.

María también reconoció el apoyo de los clientes y algunos amigos que en este año que llevan afincados en Salto han logrado formar, “a veces nos juntamos con Ruben Balbuena, con quien tenemos una linda amistad y nos apoyó mucho cuando llegamos, además tengo a las personas que se quedan con mi hija mientras trabajo y que son una familia maravillosa, también están las chicas de acá (de su trabajo) con las que paso mucho rato y conversamos bastante, y los clientes, algunos que ya son habitúes al lugar y llegan y si no te ven preguntan por vos, o te preguntan  cómo estas y te demuestran que venimos haciendo las cosas bien, acá es como mi segunda casa” reflexionó María.

“Le pedí casamiento en la Plaza Artigas”, recuerda

Guatemalteco de nacimiento, uruguayo de corazón, Herman Perdomo vive junto a su familia en la Aldea de la Bondad

Herman Perdomo tiene 57 años de edad, es guatemalteco, pero vive en Uruguay hace 33 años. En Salto conoció a su actual esposa, una argentina, a la que le pidió matrimonio en la Plaza Artigas después que un duro invierno le quitara la voz por dos semanas, unos días antes de que ella tuviera que regresar a su país.

P1020736Pero una vez que ella dio el sí, se casaron en Buenos Aires por civil y por Iglesia en San José de Mayo. Es que Perdomo y ella pertenecían a una organización social que trabajaba por el bienestar de la gente. Fue así que él salió de Guatemala en 1977, con 21 años de edad y llegó hasta el cono sur de América, donde sin planearlo, se afincó definitivamente.

Desde comienzos de los años 80 conoció la organización Aldea de la Bondad, donde fue su director y trabaja actualmente junto a su esposa, allí nacieron y crecieron sus cuatro hijos, que son salteños y que han convivido con esa gran “escuela de sensibilidad” que Perdomo se enorgullece en haberle brindado a sus hijos.

CONOCIENDO EL MUNDO

“En 1980 entré al país con un grupo de jóvenes que se llamaba “Viva la gente”, que estaba de gira por América Latina y en esa recorrida, al año siguiente, conocí Aldea de la Bondad y me quedé a vivir con ellos. Mi esposa es argentina y también estaba en ese grupo que era parte de la organización, y la idea era viajar durante un año, dejando atrás todo lo que uno estaba haciendo y a cambio de eso recibíamos una formación cultural y social, porque trabajábamos mucho con distintos grupos sociales, porque la idea era que a la hora de dedicarnos a hacer lo que teníamos pensado nos decidiéramos por eso, pero por una convicción interna y no por una cuestión dineraria”.

Para Perdomo, esa experiencia vivida le sirvió, según cuenta, “para definir mi vocación de servicio al ver distintas realidades”. Vive junto a su esposa que trabaja con él en Aldea de la Bondad y tienen cuatro hijos, los cuales son salteños.

Con respecto a su proceso de adaptación entre la realidad que vivía en el país que lo vio nacer y el nuestro que lo recibió, dijo que “como yo llegué de una manera distinta, porque no me vine al Uruguay por motivos económicos, sino que fue algo diferente, no hice lo mismo que otras familias de Centro América que emigran al norte (principalmente Estados Unidos) y allá nunca son aceptados como iguales. Pero acá es una gran diferencia que sentí, porque después de algunos años le comentaba a mis hermanos, que te reciben y te integran y eso es un sentimiento bueno. Porque no te hacen sentir extranjero, ni extraño”.

Por otro lado, sostiene que pese a que es tan Latinoamericano como los uruguayos, el aspecto que más le costó superar fue especialmente en el área “gastronómica”. Admitiendo que el principal problema lo descubrió con el “desayuno. Porque no me acostumbraba a esos desayunos de dulce de leche con mermeladas y cosas así, con galletitas, tostaditas y croissanes. Lo que pasa que en Guatemala, como cenamos a eso de las seis y media o siete de la noche, ya nos levantamos con hambre y comemos frijoles, huevos, y otras cosas más consistentes”, recordó Perdomo.

Señaló que vivir en el país le “ayudó mucho porque a los centroamericanos nos conocen mucho como alegres y bochincheros, pero la historia de mi país es bastante diferente, porque hubo muchos años de guerrilla, nos habíamos acostumbrado a la violencia, e inclusive a la forma de trato familiar distinta. Por ejemplo, a mi padre yo lo trataba de usted, y llegué al sur y me impactó darle un beso a un hombre (se ríe), tuve que reformar toda mi idiosincracia en mi cabeza pero para bien, porque me llevó a ser más demostrativo de mi afectividad”.

“Incluso más, porque cuando vinieron mis padres, que se me quedaron acá los dos porque mi madre venía con una enfermedad que no sabía que la tenía y que era terminal, acá la descubrieron y la verdad que me la trataron como a una reina, es algo que nunca voy a poder olvidar. Cuando ellos vinieron fue que hubo una demostración de afectividad más intensa, que para mi padre fue un descubrimiento y me dijo que se quería quedar acá, ‘porque acá descubrí la primavera de tu madre’, me dijo, por su manera de ser. Porque ella allá lidiaba con otros temas, porque andaba buscando gente desaparecida, porque tenía un hermano desaparecido por un tema político. Y acá era ver como si fuera un pajarito al que se le abrían las alas, y vio a los gurises de la Aldea (de la Bondad), y bueno acá se quedaron”, comentó Perdomo cuyos padres fallecieron en Salto y sus restos permanecen en esta tierra.

Con respecto a la educación de sus hijos, Perdomo manifestó que “a mí me preguntaban si no me preocupaba que ellos crecieran acá en Aldea, yo les decía que acá tienen una escuela de sensibilidad muy importante, porque ven de todo, desde la enfermedad hasta la muerte, cuando eran chiquitos nosotros les explicábamos todo lo que sucedía y que ellos vivían, como algo natural. Pero crecieron con algo que es un tesoro muy rico. Después los mandamos a la escuela y al liceo. Ahora una es casi trabajadora social, el otro es contador, el otro anda por España con su esposa, y el más chico tiene su familia formada y trabaja, yo ya tengo cuatro nietos”.

Repite una y otra vez que “está conforme” con la vida que tiene porque él y su esposa “no vinimos acá por dinero, ni por motivo económico alguno.

Señaló que de chico estuvo “recorriendo mucho Guatemala, viviendo, conociendo realidades y aprendiendo. Me acuerdo de cuando fue la matanza de Monseñor (Arnulfo) Romero, aunque tuve la gran posibilidad de escucharlo a él antes de eso y fue quien conformó el grupo en el que yo me vine después. Tras esto estuve tres años en Argentina recorriendo por todos lados, haciendo trabajo social. Y después entramos a Uruguay”.

LE PIDIO CASAMIENTO

EN LA PLAZA

Recordó que fue “acá en Salto donde yo me di cuenta que estaba muy enamorado de la que actualmente es mi esposa. Y fue donde le pedí que se casara conmigo, frente a una banca en la Plaza Artigas. Pero no nos pudimos casar acá, tuvimos que irnos a Buenos Aires para casarnos en lo civil, y luego por Iglesia me casé en la ciudad de San José de Mayo. Y acá no pudimos casarnos porque ella solamente tenía un permiso por 30 días, y cuando me vine a vivir a Salto, estaba transcurriendo un invierno bien complicado. Y antes eran crudos los inviernos de acá, y me agarré una enfermedad con la que no podía hablar, tuve espasmos y tos, y tuve que pensar. Luego que pasaron 15 días, fue que decidí hablar con ella”, recuerda entre risas.

“Después nos fuimos a vivir a Paysandú, y luego a San José, y cuando se dio la fecha de casarnos, justo estábamos allá viviendo y nos casamos, hablamos con el Obispo Monseñor Seijas, y él nos escuchó y nos casamos un domingo de resurrección. Ese día hubo una maratón porque vinieron mis suegros y mi familia, no había dónde quedarse, porque me acuerdo que pasaba la Vuelta Ciclista del Uruguay por ahí y terminamos en la casa del Obispo vistiéndonos y preparándonos, fue todo muy lindo”, evocó.

Perdomo piensa que si tuviera posibilidades de irse hoy, no se iría, porque “ya tengo mis raíces acá, yo salí de Guatemala en el año 1977 con 21 años de edad, y acá llegué casi con 25 años y ya tengo 57, he pasado más de la mitad de mi vida acá, tengo además a mis padres acá cerquita de la casa, porque hemos hecho un mausoleíto junto con mi hermano que vino a fallecer acá también. Ya tengo mis hijos y nietos. Claro, me gustaría echarme una vueltita de tanto en tanto por allá (Guatemala) porque aún tengo mucha familia, a mis tres hermanos. Pero eso será cuando Dios lo disponga y la plata nos alcance (se ríe)”.

Rolando González Yupanqui

Buscando nuevos horizontes llegó desde Perú y hoy se considera un salteño más

Rolando González Yupanqui nació en el pueblo de Callao (Perú) y se vino a Uruguay 10 años atrás, cuando nuestro país experimentaba la cola de la crisis.

Desde hace cinco años instaló su empresa propia en la zona céntrica de nuestra ciudad y afirma haberse adaptado sin problemas a las25 7 13 014 costumbres de nuestra sociedad.

En un principio los tiempos no fueron fáciles y la realidad fue muy diferente a lo que le pintaron sus coterráneos que se vinieron antes.

Si bien una vez al año viaja para visitar a su familia, no tiene miras de volver, porque ya se ha afianzado aquí en su negocio y afectos.

Como dato interesante de señalar, su familia materna son parientes directos del emblemático cantautor Atahualpa Yupanqui.

“Por la línea de mi madre somos descendientes de indios… en el interior del Perú es usual encontrar personas de apellido Yupanqui, pues es el lugar donde se fueron conservando los nombres y costumbres.

-¿Cómo decidió probar suerte en nuestro país?

– “Las noticias siempre llegan a través de conocidos y amigos que comparten, les fue bien en el extranjero, empero no cuentan toda la verdad.

“Yo estaba pasando por un momento en que quería probar suerte en otro lado y me animé.

Nos vinimos a la aventura junto a un primo, muy ilusionados.

Pero llegado el momento tomamos contacto con la realidad, que es diferente.

Así como uno hay muchos queriendo acceder a un trabajo.

En ese momento Uruguay experimentaba el ocaso de la gran crisis del 2002.

Me fui empapando del tema al llegar… el dinero que traemos nos da para vivir unas semanas, pero luego hay que salir a trabajar, buscar changas, cargar bultos en el puerto”.

Asentarse en lo laboral le llevó unos cinco años hasta que decidió trasladarse desde Montevideo a Salto para instalarse como trabajador autónomo.

Venía trabajando en sociedad, merced a un compatriota, Víctor, que le brindó todas las posibilidades para que saliera adelante.

Un fenómeno que se da cuando el extranjero se encuentra fuera de su patria es nuclearse con gente de su pueblo que está en las mismas condiciones y se brindan apoyo mutuo.

Se comparten todas esas costumbres que se añoran, como las comidas y tradiciones muy arraigadas.

“Cuando tengo antojos de comer las comidas tradicionales de mi país, busco los ingredientes más símiles”.

Rolando sostiene que la cotidianeidad nos lleva a relacionarnos con muchas personas y se hace el intento de mantener una sana convivencia.

Luego de haber pasado la etapa del “derecho de piso” su emprendimiento tiene un crecimiento paulatino que le permite mantenerse y vivir bien.

“En un principio pensé en trabajar uno o dos años, juntar un dinero e irme pero luego las cosas cambiaron.

Luego de estar más de diez años en Uruguay, siento que he logrado tener lo mío que me permite vivir… si vuelvo a Perú, sería comenzar de nuevo.

Su familia se compone de cinco hermanos y desde lejos experimentó la dolorosa experiencia de perder a su madre y a una de sus hermanas… ciertamente el dolor se potencia desde lejos.

“Hay que animarse, salir adelante y seguir trabajando, con la familia siempre unida.

En la calle no podemos aprender nada bueno, pues los vicios están a la orden del día” – compartió.

Juan Cosidó

Un profesional español que echa raíces en Salto

Juan Cosidó Gutiérrez  (43) llegó a nuestra ciudad hace un año y los motivos primarios que lo trajeron junto a su familia, fueron de carácter laboral.

Si bien nació en la ciudad de Salamanca (España), se considera madrileño, pues allí vivió la mayor parte del tiempo.

Realizó una licenciatura en Sociología, Maestría en Marketing y un post grado en la Universidad Católica del Uruguay, en el área de Comunicación Organizacional.

UNA EXPERIENCIA

“MUY INTENSA”

-¿Cómo se dio en su vida el hecho de venirse a Uruguay?26 7 13 003

– “Vine en el año 2004… a Salto hace un año y medio.

Trabajaba en una empresa familiar. Se hizo un pequeño fondo de inversión luxemburgués y decidieron hacer inversiones en Argentina, Uruguay y Perú.

Fue así que llegué primeramente a Montevideo y luego aquí.

Cuando llegamos en ese año no teníamos idea real de Uruguay… recuerdo como si fuera ayer, me llamó la atención la sencillez del Aeropuerto de Carrasco, la belleza de la rambla… intentaba buscar similitudes con ciudades españolas.

Uno cuando viaja va procurando referencias a lo que ya conoce, entonces relaciona.

Fue una experiencia muy intensa.

Me gustó mucho el país y enseguida lo primero que noté y más valoré era que uno aquí se sentía como en su casa”.

Juan Cosidó reflexionó acerca de las particularidades de nuestra sociedad y sostuvo que el uruguayo siempre cree que lo de afuera es mejor, que él siempre está en peores condiciones.

En cambio, el turista que viene de afuera, se siente tratado de una forma tan especial, como en pocos sitios del mundo.

“Hay frases que rescato y comento a mis amigos… como usted merece, una expresión que no es utilizada en Europa, en el servicio y en la atención”.

-¿Qué evaluación hace desde ese primer día desde su llegada?

“Cuando me llegó la oportunidad de trabajar en el Salto Hotel y Casino, estaba ante la duda de dar vía a un emprendimiento propio o trabajar por cuenta ajena.

Recuerdo que le transmití a mi mujer el interés por el trabajo en Salto.

Hoy Juan Cosidó tiene el propósito de seguir residiendo en Salto con su familia y se siente ya parte de una sociedad que tiene grandes posibilidades de crecer.

“Siempre valoré a las ciudades que son de tamaño medio…lo suficientemente grandes para no aburrirse y lo suficientemente pequeñas para poder conocer a las personas… se accede a una calidad de vida importante”.

Desde su mirada profesional, considera que turísticamente, Salto debe reinventarse y transformar su modelo de oferta y no quedarse solamente en Termas.

La comunidad debe apostar a un nuevo producto turístico con mayor atractivo.

El amor como principal motor para cambiar de vida y como guía para viajar a otro continente como una gran aventura

Dicen que por amor uno es capaz de hacer cosas inimaginables, que un gran amor puede cambiarte la vida y a veces es necesario hacer frente a muchos obstáculos o tomar un gran riesgo para alcanzarlo, dejar atrás cosas que creíamos imprescindibles en nuestra vida y seguir el camino trazado por el amor.

Fiel reflejo de ese poder del amor es la historia de Petra Schäfer, una mujer de origen alemán que con 30 años tomó una decisión que le cambió la vida, casarse con un uruguayo y venir a vivir a Salto, en lo que significaba para ella “toda una aventura”.

Hoy Petra vive en nuestra ciudad y lleva 23 años junto a su esposo Reynaldo Frey, al frente del salón de fiestas Paseo Alemán, en la zona de Nueva Hespérides, formó aquí su familia con dos hijas de 17 y 19 años cada una, y asegura que “le gusta vivir aquí”.

En Alemania, Petra trabajaba de secretaria y conoció a Reynaldo cuando él se fue a trabajar en la misma ciudad en que ella vivía, con tan solo 21 años, en la fábrica de automóviles Mercedes Benz, una ciudad ubicada al sur de Alemania, en la cual por aquella época vivían muchos uruguayos que trabajaban en dicha fábrica, de la cual Reynaldo era uno de ellos.

El deseo de Reyanldo de volver  en algún momento a vivir a Uruguay siempre estuvo presente, algo que Petra sabía muy bien, así27 7 13 015que al tiempo de casarse surgió la posibilidad de concretar ese deseo de Reynaldo y volver a su tierra.

Petra no dudó en acompañarlo, a pesar que dejaba en Europa toda la vida que había construido hasta entonces, su familia, sus amigos, su hogar, sus costumbres, sus tradiciones, siendo muy consciente que venir a Uruguay no era lo mismo que estar en uno de los países limítrofes de Alemania, sino que era un país del cual se sabía poco y nada, y se imaginaban muchas cosas.

“Cuando comenté que me venía a Uruguay mi familia quedó muy sorprendida, Uruguay no es un país desarrollado y ellos pensaban que no iba a funcionar, no creían que pudiera vivir aquí” comentó Petra, a través de un diálogo fluido a pesar de su notoria dificultad al pronunciar algunas palabras en español; ésta, fue una preocupación natural de parte de sus afectos, ya que en Europa no se conoce mucho a nuestro país ni sus tradiciones. Pero Petra estaba muy decidida a continuar su vida junto a Reynaldo y no dudó en viajar a Salto, “yo nunca pensé que no funcionaría, al contrario nunca me molestó, yo pensaba, venir a Uruguay en latinoamérica es toda una aventura” comentó.

Al llegar aseguró que inmediatamente le pareció “un lugar lindo, tranquilo, con gente abierta y simpática, lindo para vivir” dijo Petra, quien inmediatamente se acordó de su familia para que ellos también pudieran conocer el lugar donde vivía. “Cuando ellos (sus familiares) llegaron quedaron sorprendidos, se dieron cuenta que acá no es una selva y las mujeres tienen derechos, que no hay protestas sino que es un lugar tranquilo, lindo” repitió Petra, destacando las bellezas de nuestro país.

Dentro de las dificultades que debió afrontar Petra en su nueva tierra, reconoce que le fue muy difícil adaptarse a la impuntualidad de los uruguayos, “a veces dicen -¡vengo a las 5 (horas)!-  y llegan más tarde o no vienen y no avisan tampoco, eso fue algo que me costó mucho comprender, allá (en Alemania) es diferente”.

Respecto a la posibilidad de que en Europa su población sea más cerrada que en América latina, Petra aseguró que hay diferencias, “hay algunas familias que son más cerradas que otras” dijo, incluso reconoció que antes era más frecuente que así fuera, pero actualmente su población es mucho más abierta, sobre todo los jóvenes, argumentó.

En lo que tiene que ver a las tradiciones, Petra no mostró señales de no haber podido adaptarse, e incluso considera que la comida uruguaya es muy parecida a la europea, “acá hay más variedades, se pueden hacer diferentes tipos de ensaladas, milanesas o hamburguesas” comentó.

Desde que vive en Salto, Petra se ha dedicado de lleno a su familia, al local de fiestas que tiene junto a su esposo y al cuidado de algunos árboles frutales que plantaron, y se mostró sorprendida por aquellas personas que no pueden vivir en el extranjero, lejos de su tierra, “no entiendo porque hay gente que no puede vivir en el extranjero, o que es difícil, para mi no fue así” aseguró.

Llegó desde México y se siente “uruguayisado”

Salomón Reyes Rosas es mexicano (44), cineasta de profesión y formó su familia con una ciudadana uruguaya, oriunda de Paysandú Desde hace un año están residiendo en nuestra ciudad.

salomón“Nos habían ofrecido hacer un proyecto en Paysandú… éste duró un año y medio y luego vino la disyuntiva de volver a México o quedarnos en Uruguay” – comentó.

Las opciones eran venir a Salto o ir a México, puesto que su esposa tenía una propiedad aquí. Considera que debe establecerse un equilibrio entre las nuevas y viejas costumbres, los hábitos del pueblo natal y las expresiones del lugar al que se llega.

El matrimonio tiene una hija que lleva las dos nacionalidades… luego de haberse afianzado en nuestro país, veían complicado para la niña readaptarse al ámbito azteca.

La adaptación a la sociedad, en su caso fue fácil porque se considera una persona que se pliega a las circunstancias con naturalidad.

“No me costó asumir las diferencias culturales, pues también existen afinidades. Cuando uno las encuentra, junto a las lógicas de vida, es más fácil insertarse y encontrar el punto donde uno puede entrar a la nueva sociedad.

Asevera que la gente que pertenece al ámbito artístico se desplaza fácilmente y que la sociedad ha sido cordial y receptiva ante su presencia y a sus ideas un tanto distintas.

“He encontrado mucho respaldo, solidaridad y entusiasmo… el salteño es muy reservado, pero una vez que se llega a él, aparece una luz que nos permite una comunicación increíble”.