Del pedestal al llano

Del pedestal al llano

Desde la solemnidad y carisma de Malaquina, la seriedad de Minutti, el particularismo de Fonticiella y el impulso propio de Coutinho -Los “estilos”  de nuestros gobernantes

Dos pragmáticos de su época: Minutti y Malaquina

Más allá de las improntas personales, es propio del Partido Colorado y en particular de la corriente del Batllismo (que dentro del coloradismo se diferencia con el Riverismo de Vamos Uruguay) que sigue el ex intendente Eduardo Malaquina, de pensar en gobernar con las estructuras partidarias y escuchándolas todo el tiempo en la gestión. Mientras que es muy clara la prescindencia de esa herramienta de gobernar con la fuerza política, que hizo por ejemplo, el ex intendente blanco, Eduardo Minutti, a la hora de gobernar.

El intendente blanco tenía menos tradición de cuadro político que Malaquina y eso quedó claro y fue una de las principales diferencias en los estilos de cada uno. Al tiempo que Eduardo Minutti, predicó su “no ponticidad”, no quería ser el líder de nada y que lo pusieran en el pedestal. “Ahí hay una diferencia de gestión y estilos de gobernar que surge por su cuestión personal”, afirma el licenciado en Ciencias Políticas y docente de la materia en la Facultad de Derecho de la Regional Norte, Emilio Arredondo.

Consultado para este informe, Arredondo entiende que “la propia tradición” del Partido Colorado de corriente “Batllista”, con respecto al nacionalismo, siempre fue “priorizar a las estructuras partidarias”. Por esa razón, poco antes de asumir su gestión de Gobierno, en el mes de mayo del año 2000, el ex intendente Eduardo Malaquina dijo en una entrevista periodística al ser consultado sobre quienes integrarían su gabinete, que para él “la única gente de confianza provenía solamente de la Lista 1”. Pese a que por primera vez en tres períodos de gobierno, esa vez incluyó a dos integrantes de la Lista 15, opositora dentro del coloradismo, que eran precisamente Diego Simonet como director de Desarrollo y Germán Coutinho que ocupó el cargo de Director de la Oficina de la Juventud.

“Eso tiene mucho que ver con la cuestión ideológica”, destacó Arredondo, ya que incluso es lo que le reclama actualmente la oposición de la Lista 1 a Germán Coutinho, que haya incorporado a personas de otros partidos al gabinete y no haya incluido a integrantes de ese sector de su propio partido.

Lo que plantea Malaquina en este caso en el conflicto con Coutinho, no es otra cosa que históricamente la diferencia que se da entre las corrientes del “Batllismo” y el “Riverismo”.

Ésta última corriente es el reclamo que hace el propio partido de gobernar con el mandato de la gente. “Si la gente votó a un partido, que gobierne éste. Y si mañana vota al otro, que gobierne el otro. Es el querer acatar lo que la gente dijo. Porque si hacés un arreglo detrás de lo que la gente eligió, de alguna forma estás falseando la voluntad popular”, afirmó el politólogo con respecto a la inclusión de integrantes de otros partidos que no son el que la gente votó en las elecciones.

Esto lo explica desde el punto de vista que si la gente hubiera querido en Salto una “política de obras que provenga del Partido Nacional (ya que Eduardo Minutti es el director del ramo) habría votado al Partido Nacional, pero votaron al Partido Colorado y aún así, las élites acordaron una política de obras al estilo de los blancos”.

Aunque en ese sentido, puede hasta ponerse en discusión el hecho que la población haya votado realmente al Partido Colorado, o simplemente hayan votado liderazgos que estén por encima de las banderas partidarias. Para el experto consultado, desde el punto de vista institucional “no caben dos respuestas”, la gente el 9 de mayo “votó al Partido Colorado”.

Arredondo coincide con que hubo miles de votantes blancos que optaron por Germán Coutinho, pero que igualmente “votaron al partido, porque salieron y fueron hasta esa colectividad. Institucionalmente es el Partido Colorado el que recibió los distintos votos”.

Aunque es reconocible el hecho de que existe un nuevo fenómeno sociológico, por el cual la población en las últimas elecciones municipales, a la hora de votar, apuntó a evaluar liderazgos y no tanto a estructuras partidarias. Y por esa razón, se definieron entre el ex intendente Ramón Fonticiella y Germán Coutinho.

Aunque Arredondo insiste en que lo que ocurrió fue que “la gente votó una estructura partidaria y luego, las élites acordaron que por ejemplo, haya un comunista encabezando las políticas de Cultura”.

UNA VIEJA POLÉMICA   

Con respecto a esta forma de hacer política, que el propio Intendente Coutinho dice que se trata de una “nueva manera” de encarar la actividad, la misma se habla desde principios del siglo veinte y se denominó en aquel momento “política de partido”.

El politólogo consultado para este informe recuerda que entonces “cuando los blancos reclamaban participar en el Gobierno, los colorados Batllistas desde el poder, les contestaban que esperaran a que la gente los votara para hacerlo. Ese es Batllismo puro. Es lo que quiere aplicar ahora la Lista 1 y por esa razón, no ve con buenos ojos lo que se denomina Gobierno Multipatidario”.

Coutinho, que integra y además es fundador de Vamos Uruguay, aplica, aunque sea sin saberlo, la tradición Riverista, y “esta corriente, fue siempre mucho más permeable a las demandas de la sociedad y a los grupos de interés. Pese a que el Batllismo siempre estuvo mucho más aislado de las presiones de los grupos de interés, el Riverismo dice lo contrario”, explica Arredondo. De esa concepción “Riverista” sale por ejemplo, el ex presidente colorado, Gabriel Terra, que en el año 1933 dio un Golpe de Estado siendo presidente, tomando en cuenta lo que reclamaban los grupos de interés.

Estos grupos reclaman que los gobiernos “trasciendan las fronteras partidarias” y que haya acuerdos entre los líderes. El “Riverismo” siempre tuvo apoyos herreristas y colorados, y a lo largo de todo el siglo veinte, ha mostrado sus cartas de esa manera.

Por eso incluso, el mismísimo Juan María Bordaberry, padre del senador Pedro Bordaberry, comenzó siendo senador nacionalista y terminó siendo electo presidente colorado en 1971. “Aquí la idea es gobernar con el objetivo de salvar un interés particular, de darle respuesta a ese interés. Mientras que en el caso del Batllismo, si la gente votó a “A”, que gobierne “A”, y si se votó a “B”, que gobierne “B” y chau”, comentó.

El “Riverismo” se ve plasmado hoy en Salto con Germán Coutinho, y por eso el cruce ideológico con la Lista 1 de tradición Batllista, se vuelve irremediable.

LÍDERES PRAGMÁTICOS

Si bien pertenecen a una misma generación política que ya cumplió su ciclo y que dejó su legado a la gente más joven, que se formó en la política partidaria después de la dictadura, al tres veces intendente colorado Eduardo Malaquina y al nacionalista, Eduardo Minutti, en su perfil los unen muchas cosas.

Para el politólogo, Emilio Arredondo, ambos fueron dos gobernantes muy “pragmáticos”. En realidad, el experto señala que “no concibe a un gobernante sin estas características”. Porque lisa y llanamente sería imposible poder ejercer el mandato.

“Yo creo que va de suyo que ambos fueron pragmáticos, porque no podrían haber gobernado durante los cinco años de otra manera. E incluso Fonticiella lo fue, a su manera, pero también lo fue. Por ahí, no hay un matiz diferenciador entre ellos”, sin contar con el actual.

Los perfiles políticos movilizaron entre la gente la idea de imagen de Intendente del pedestal al llano

2-2La imagen institucional de la figura del Intendente ha bajado varios escalones del lugar que lo situaban en un pedestal. Si bien el respeto y la valoración del rol que cumple, aún se encuentran presentes en el colectivo social, la imagen solemne de quien ejercía el cargo se perdió fugazmente y ahora se tejen nuevos estilos de encarar esa función, con un trato más personal y menos sobrio.

Desde la figura del hombre detrás del despacho al que nadie accede, a la imagen de hombre común que hasta chatea por las redes sociales con la población, e incluso discute con sus interlocutores cuando algunas de sus medidas son puestas en tela de juicio, por algún internauta que se expresa a través de la red.

Los tiempos han cambiado, las nuevas tecnologías han hecho que todos se aggiornen a ellas para estar incluidos. Pero la imagen del Intendente, hoy puede incluir frases, comentarios y hasta chat en directo con el gobernante.

Cuando terminó la dictadura, la población veía a la clase política como una herramienta fundamental que tenía que estar presente en la sociedad y la comenzó a respetar más. Al punto que sus líderes pudieron darse el lujo en ciertos casos de tomar distancia de la gente, con la excusa que ahora eran quienes gobernaban y tenían que estar sitiados en una especie de intocables y siempre respetados por la función que ejercían. Al punto que si saludaban, era motivo de orgullo. Más aún si llegaban a mencionar el nombre propio de cada uno. Pero esto fue cambiando.

Desde que la clase política comenzó a calar hondo nuevamente entre la población, se inició un desgaste que motivó que las cosas fueron vistas de otra manera, y esto ocurría incluso, cuando el colorado Eduardo Malaquina vendía una imagen de impoluto, solmene y hasta inalcanzable en algún momento, aunque lo mismo hizo Eduardo Minutti, que no salió de su círculo más íntimo, ni siquiera dándole cabida al propio sector político que lo impulsaba como candidato.

El jefe comunal nacionalista era estructurado y mantenía un perfil de administrador de los bienes del pueblo, porque pertenecía a una posición dentro de la sociedad que le permitía moldearse de esa manera. Todo eso, menos un político que andaba entre la gente.

Esto le costó caro, más allá que su gestión se basara en las obras y en la buena administración de los recursos económicos, la población esperaba el contacto y la gestión directa en el barrio a barrio. Lo que dio lugar a que la imagen de Intendente se mantuviera entre determinados círculos de privilegio y por eso, una figura como la de Eduardo Malaquina, pudo volver a tener cabida en la sociedad. Esto, al punto tal, que el ex intendente colorado solo tuvo que tener carisma y un perfil político de caminar entre la gente, con estilo de diálogo sencillo y con la promesa de mejorar la calidad de vida a través de las obras en función de los interés locativos. Con esto pudo seguir gobernando y por diez años.       

Pero luego de varios avatares coyunturales, políticos y económicos que sacudieron a todo el país, comenzó a ser necesaria una imagen de cambio. La gente pidió contar con líderes y gobernantes que se identificaran con los problemas de la población y que anduvieran caminando con la sensibilidad del hombre de a pie por las calles de los barrios.

Esto facilitó la llegada de Ramón Fonticiella, herramienta política del Frente Amplio que venía con viento en la camiseta impulsando la idea de “implantar cambios estructurales” en la gestión y con una “visión distinta” de hacer política. Sin embargo, factores propios de su personalidad y una distancia óptima entre el Intendente y la población que fue creciendo, dejaron en evidencia que el estilo de Fonticiella se asimilaba a sus antecesores, quizás por cuestiones generacionales y si bien la figura del Intendente ya no estaba en el pedestal, tampoco había bajado al llano prometido, porque el gobernante tampoco se había hecho alcanzable para la población.

Sin embargo, Coutinho asumió con la impronta de ser un caminante entre la gente y si bien se vuelve accesible a su pueblo, con actitudes propias como su contacto directo y su “sí” a todo, a través de su clásica frase: “buenazo”, hacia aquel que le comenta algo que le parece favorable, se hace suficiente para imponer un estilo que evita un juicio sobre su gestión de gobierno y que lo impone como un líder carismático más allá de lo que haga.

La comunicción es clave

2-3Para el docente de Ciencias Políticas en la Facultad de Derecho de la Regional Norte, Emilio Arredondo, la imagen que han dado los cuatro intendentes pos dictadura que ha tenido nuestro departamento, tiene que ver más con las épocas en la que gobernaron, que con sus improntas personales.

“Cuando Malaquina gobierna, al menos durante sus dos primeros períodos, eran épocas en que la política todavía se veía con cierta solemnidad y con un respeto mayor, porque las mayorías de las generaciones que acompañaban a todas las colectividades en esos momentos, se habían formado en épocas donde ser político era del concepto ser ‘Doctor’. Porque el político era ese ‘señor que imponía respeto’. Y la mayoría de la gente que votó al menos en las primeras dos elecciones después de la dictadura, 1984 y 1989, eran personas que se formaron en momentos donde las maneras de comunicación no eran las mismas que ahora y se formaron escuchando discursos de hasta 40 minutos por la radio, con más profundidad de contenido. Era una cuestión de la política como una cosa solemne”, explicó el politólogo.

“Mientras que las últimas generaciones, las que están votando a Germán Coutinho, así como también la que votó a Ramón Fonticiella, son generaciones que creen en la no solemnidad de la política, al contrario. Cuando la izquierda asume lo hace con la cuestión de la alegría y algo de eso también lo está tratando de hacer Coutinho. Sobre todo al intervenir en debates de redes sociales y al buscar un acercamiento más personal con la gente”, dice Arredondo.

Ahora, si esto es favorable o no a un gobernante, el hecho de estar tan cerca de la gente e intervenir en las conversaciones corrientes, es otro kiosco.

Para Arredondo el hecho de que un gobernante como en el caso de Coutinho, le dedique espacio a las redes sociales para comunicarse con la gente “si no lo hace bien, mejor que no lo haga. Y creo que ningún gobernante puede hacerlo bien, fundamentalmente por una cuestión de tiempo. Sino se dedican recursos humanos y materiales a encarar en serio el uso de las redes sociales, un Intendente sólo dando respuestas y participando en las redes sociales, al final termina participando mal. Y para eso mejor que no se meta, porque se expone a participar en debates en momentos que podría estar concentrándose en otras cosas”.

LO GENERACIONAL PESA, PERO TODOS SON ESTRATEGAS

Si bien se coincide con que los ex intendentes Eduardo Malaquina, Eduardo Minutti y Ramón Fonticiella, pertenecen a una misma época y generación política, formados antes de la dictadura militar, al tiempo que Germán Coutinho es un político de la generación pos dictadura, el experto consultado, señala que más allá de esto “todos los que han llegado a ser gobernantes, son estrategas”.

“Si llegaron adonde llegaron en algún momento, todos tuvieron que tomar decisiones estratégicas muy importantes y a todos les fue bien. Y si uno se pone a analizar, el que llegó más lejos de todos ellos y que supo sortear muchas cosas con un pensamiento sumamente de estratega, por lejos fue Malaquina”, piensa el politólogo.

Aunque por otro lado, surge por sí solo que todos lo que gobernaron “lo son” y que en un caso muy particular, Germán Coutinho, en su carrera hacia la intendencia fue compartiendo públicamente su estrategia. Cuando en el año 2005 decía que “sabía que no iba a ganar, pero que quería imponer su nombre, lo hizo. Segunda cosa, decía que iba a arrancar a trabajar desde el llano, para recuperar al Partido Colorado y que lo iba a hacer desde los barrios, y lo fue haciendo”.

Este es un detalle no menor para lograr la victoria en 2010, ya que Coutinho para alcanzar la Intendencia, debía recuperar una estructura totalmente derruida comparada con la que tuvo el Partido Colorado en todos los barrios de Salto durante varios años.

¿Se puede esperar de Coutinho el cambio que la gente veía en Ramón Fonticiella?

2-4El advenimiento de una nueva figura política que prometía revertir dos temas claramente sensibles para la sociedad, como bajar a la mitad el precio del boleto de ómnibus y revertir la política de tránsito que hasta ese momento venía operando con severidad represiva, ante la disconformidad de propios y extraños de la colectividad política gobernante, trajo en Coutinho un atisbo de esperanza en algunos que establecieron la elección departamental como un balotaje entre dos modelos de gestión y estilos muy diferentes.

Si bien el Frente Amplio creció en votos en 2010, en relación a la elección anterior en la que obtuvo el gobierno, tales adhesiones no fueron suficientes para frenar el aluvión de votos que captó un Partido Colorado que cinco años atrás había sucumbido en el terreno político. ¿Pero fue que la gente vio el cambio que quería en un nuevo perfil de liderazgo o simplemente actuó disconforme?

“De Coutinho no se puede esperar un gobierno de cambio en los mismos términos que se hablaba de cambio, con el gobierno de Fonticiella. Sino que por el contrario, lo que cabe esperar desde un punto de vista más programático, es un regreso de una Intendencia abocada fundamentalmente en lo que se conoce en la jerga como el A, B, C. Alumbrado, Barrido y Calles, como metáfora de lo funcional”, confirmó Emilio Arredondo.

Pero opinó que lo que Fonticiella intentó hacer y después se dio cuenta que eso no le dio rédito “fue hacer de la Intendencia algo más que un mero gestor de Intendente al modo tradicional de la cosa, como calles bien arregladas, más alumbrado, etc. Sino que ampliaron la agenda y quisieron incorporar a la agenda departamental cuestiones tales como promoción social, vivienda, participación, desarrollo cultural y cada uno valorará si el Frente Amplio logró esto o no”.

Sostiene que esa es una “promesa” que el actual intendente Germán Coutinho, “difícilmente la haga porque no está convencido de esto”, ya que admite que el jefe comunal sabe que “haciendo bien el A, B, C, que es lo tradicional de la Intendencia ya está, porque a los ojos de todos quedó claro que no es necesariamente un mérito ampliar la agenda del gobierno departamental. La gente no le premió eso a Fonticiella, al contrario”.    

Pero afirma que “no cabe esperar un proyecto de cambio o de transformaciones del Gobierno de Coutinho, tal como sí cabía esperar del Frente Amplio en su momento”.

Ahora hablando de estilos de gestión, la cosa es muy otra. Ya que en ese sentido, el experto consultado asegura que Germán Coutinho “sí tiene una serie de elementos como para implementar una serie de transformaciones en cuanto a los estilos de gestiones, de comunicaciones y relacionamiento con los funcionarios y con la sociedad, que es algo que quedó como un debe en el Gobierno de Fonticiella”.