El bastón de los que se quieren sobrios

El bastón de los que se quieren sobrios

Alcohólicos Anónimos cumplió 40 años en nuestra ciudad

El alcoholismo es una enfermedad que se puede detener si hay fuerza de voluntad y se cuenta con la ayuda necesaria

Alcohólicos Anónimos (en adelante AA) es una agrupación mundial de alcohólicos en recuperación, que se ayudan unos a otros a mantener su estado de sobriedad y comparten su recuperación con otras personas que tienen problemas con la bebida.
Un 10 de julio de 1935 en Akron (EEUU) se funda Alcohólicos Anónimos y en 1948 llega a Uruguay (Maldonado).
En nuestra ciudad, los antecedentes de la presencia de esta organización se vinculan a un 17 de marzo de 1976, cuando Fernando, un alcohólico que alcanzó su sobriedad en Montevideo, inició el primer grupo de AA en Salto.
Por eso, ante la importancia de esta organización y el cumplimiento de su aniversario, es que EL PUEBLO presenta el siguiente informe.
¿QUÉ ES ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS?
AA es una comunidad de hombres y mujeres que comparten su mutua experiencia, fortaleza y esperanza para resolver su problema en común y ayudar a otros a recuperarse del alcoholismo.
El único requisito para ser miembro de A.A., es el deseo de dejar la bebida. Para ser miembro, no se pagan honorarios ni cuotas; la organización se mantiene con las contribuciones que puedan brindar sus integrantes.alcoholicos
Vale destacar que no está afiliada a ninguna religión, partido político, organización o institución alguna, no desea intervenir en controversias; no respalda ni se opone a ninguna causa. El objetivo principal de sus miembros es mantenerse sobrios y ayudar a otros alcohólicos a alcanzar el estado de sobriedad.
LA RAZÓN DEL ANONIMATO
“El anonimato es la base espiritual de todas nuestras tradiciones, recordándonos siempre que debemos anteponer los principios a las personalidades. Es la garantía que le damos al mundo de que ninguno utilizará el nombre de A.A. para obtener beneficios económicos, prestigios o influencias y que la identidad del recién llegado no será revelada”, versa uno de los principios de AA.
Es sabido que algunas personas no quieren exponerse al estigma que se le atribuye al alcoholismo, ésta, es una situación entendible, porque es algo por lo que todos sus integrantes han pasado.
¿CÓMO FUNCIONA ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS?
AA puede definirse como un método práctico y sencillo de tratar el alcoholismo, mediante el cual los miembros, hombres y mujeres comparten entre sí sus experiencias de sufrimiento y de cómo lograron su recuperación a través de la práctica de los doce pasos.
Otra de las particularidades especiales de esta organización es la falta de reglamentos y disposiciones de carácter obligatorio. En los grupos locales y como asociación mundial, no hay estatutos que ordenen a los miembros a asistir a determinado número de reuniones durante cierto período de tiempo. Ningún grupo tiene poder sobre sus miembros.
EL ALCOHOLISMO COMO ENFERMEDAD
El alcoholismo fue definido como una enfermedad por la OMS (Organización Mundial de la Salud). La mayoría opina que está constituida por la combinación de una afinidad física por el alcohol y una obsesión mental por el mismo, que no mide sus consecuencias, que es una enfermedad progresiva e incurable, pero que al igual que otras enfermedades, puede detenerse.
Dentro de A.A. se conoce como enfermo alcohólico a toda persona que no puede controlar su manera de beber, lo que lo conduce a problemas personales (morales, espirituales, de salud) familiares (de trato de comunicación, económicos) laborales y sociales. Es una persona que padece una compulsión física, aparejada a una obsesión mental por la bebida.
La comunidad de alcohólicos en recuperación, tiene como objetivo primordial mantenerse sobrios y ayudar a otros alcohólicos a alcanzar el estado de sobriedad. Sus miembros son hombres y mujeres de diferentes clases sociales, económicas, intelectuales, de diferentes razas, de todos los credos religiosos y afiliaciones políticas que comparten su experiencia, fortaleza y esperanza, para resolver su problema común y ayudar a otros a recuperarse del alcoholismo.
UNA DECISIÓN PERSONAL
Solamente el afectado por el alcohol puede decidir si el programa de AA, su sistema de vida sugerido, le parece razonable y si puede ser útil. Es una decisión que debe tomar la persona y que nadie podrá tomar en su lugar.
“Nosotros los que somos ahora miembros de AA nos incorporamos a esta Comunidad porque reconocimos que la bebida se había convertido en un problema que no podíamos controlar sin ayuda. Al principio muchos de nosotros rehusamos admitir que no podíamos beber socialmente, pero cuando miembros experimentados de AA nos dijeron que el alcoholismo es una enfermedad que puede ser detenida, empezamos a buscar los síntomas de la enfermedad en nosotros mismos. Enfrentamos la realidad de esta enfermedad como cualquier otro problema serio de salud. Contestamos honestamente a preguntas reales y concretas acerca de nuestra modalidad de beber y su efecto en nuestra vida diaria”, explican desde A.A., en su página web de Uruguay.
40 AÑOS LLEVANDO EL MENSAJE EN SALTO
Un mensaje de A A puede ser el inicio de una nueva manera de vivir, por eso, si usted o alguien más que conozca tienen problemas con el alcohol por su forma descontrolada de beber, el presente informe puede servirle de orientación, y a través de los testimonios que se comparten, puede sentirse identificado y buscar la ayuda necesaria que le permita mantenerse sobrio cada día, alejado del alcohol.

“Uno se casa con el alcohol y eso es lo único que importa”
Hace 20 años un joven que salió de la nada, lo invitó a sumarse a Alcohólicos Anónimos y eso cambió su vida

«Dice mi madre que no me junte con vos porque sos muy borracho”, fue una frase que recibió Miguel (nombre apócrifo para mantener su anonimato) de su mejor amigo a sus 16 años de edad y que aún hoy recuerda con pesar, porque le “dolió mucho”; aunque no fueron lo suficientemente fuertes como para hacerlo alejarse de la cultura del alcohol en la que estaba inmerso desde hacía casi 5 años. Como éstas, hubo más palabras que le intentaron hacer cambiar su rumbo para mantener la sobriedad, su familia, constantemente le insistía en la necesidad de cambiar, sus profesores en el liceo, más tarde sus compañeros de trabajo… pero nada le hacía reaccionar. No fue sino hasta que en alcoholicos_anonimosplena soledad, junto al río, desesperado porque no tenía plata para comprar bebida, apareció algo así como “un ángel” personificado en un joven, con quien se sintió identificado por su dependencia al alcohol, quien le invitó a concurrir a Alcohólicos Anónimos (en adelante AA). Desde entonces, cambió su vida.
ANTES “MI VIDA ERA UN DESASTRE”
Antes de ingresar a Alcohólicos Anónimos, “mi vida era un desastre”, comenzó diciendo Miguel, “yo no sabía que era una enfermedad esto que yo tenía y no es fácil entrar a AA, porque es algo muy estigmatizante y nadie quiere asumir que es un alcohólico, un borracho”, agregó.
Sobre sus inicios en el consumo del alcohol, el entrevistado se retrotrajo a su adolescencia, “en mi casa no había alcohol, yo no conocía lo que era eso, hasta que a mis 12 años fui al cumpleaños de una amiga y ese día conocí lo que era el alcohol y me emborraché, terminé muy mal. A mi me capturó y desde ese día empecé a tomar y no paré”, recordó Miguel. Pero los problemas se extendieron del ámbito familiar al educativo, llegando a tener problemas de orden y comportamiento social, incluso enfrentando a la Policía. “A los 13 años llegué a tener problemas con la Policía porque anduve involucrado en varios líos por andar borracho y a los 16 años, una profesora me dijo que yo tenía problemas porque era como que no estaba en la clase, no ponía atención en nada y dejé el liceo pero no dejé de tomar; a pesar de que ahí me di cuenta que algo me pasaba, no pude darme cuenta de la dimensión del problema y no tuve fuerza de voluntad para dejar la bebida”, comentó. En ese entonces Miguel comenzó a trabajar en un comercio.
LA FAMILIA ES LA QUE MÁS SUFRE
“Llegó un momento en que yo tomaba todos los días. Llegué a los 30 años y me emborrachaba todos los días. Tomaba en los bares, porque en mi casa no podía, vivía con mi madre y la relación era muy complicada, prefería pasar afuera de casa y volvía solo para dormir. La familia es la que más sufre, porque uno como que vive anestesiado y no se da cuenta, no veía los problemas. Esto es una enfermedad, es progresivo, lo transforma a uno el alcohólico. Yo doy gracias a Dios que no llegué a ser violento en casa, pero en la calle tuve mil y un problemas”. Entre sus recuerdos de algunos momentos difíciles ocasionados por el alcohol, Miguel comentó que cuando la hija de su patrón cumplió 5 años, fui invitado y “me emborraché tanto y armé un lío brutal al punto que me tuve que quedar en la casa de la abuela de la chica. Cuando me levanté, fui derecho a trabajar, tomé agua y volví a caer borracho. Pero lo peor de todo es que cuando esa chiquilina se casó, yo fui a su fiesta y para ese entonces el lío que hice fue peor, porque ya vivía borracho prácticamente y me tuvieron que sacar de la fiesta. Eso lo recuerdo y me da una gran pena con la muchacha, por lo que le hice”.
UN JOVEN LO INVITÓ A ACERCARSE A ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS
“Uno se casa con el alcohol y eso es lo único que importa. No existe familia, hijos, nada. Eso es por la enfermedad. Pero hoy soy una persona completamente distinta. Desde que ingresé a AA, el 21 de junio de 1987, hace más de 20 años, mi vida cambió”, comentó Miguel.
“A mi me pasaron el mensaje en el río. Era un lunes, yo había empezado a tomar el sábado y terminé el domingo tirado en la calle. Ese lunes, me desperté cerca del mediodía en mi casa y lo primero que hice fue mirar al costado de mi cama para ver qué tenia para tomar y recuerdo que la plata que tenía me alcanzaba solo para un litro de vino. En casa no me podía quedar porque la situación explotaba y me empezaban a decir cosas, entonces me fui al río y me quedé escondido, porque no tenía alcohol ¡y no me podía faltar el alcohol! Yo estaba muy mal y por eso me escondí. Pero en ese momento como a las 5 de la tarde llegó un muchacho, que no sé cómo me vio, se fue directo a mí y yo le dije que se fuera. Pero sin conocerme, me dijo que él también tomaba y me contó lo que le pasaba y me preguntó si a mi me pasaba lo mismo. Y yo como que me sentí identificado con lo que me dijo. Me habló de AA y me invitó a ir y ese día vine. Para mi fue como un milagro”. “Ese día llegué a mi casa, me bañé y cuando salgo mi madre me encara y me dice “¿adónde vas?”, y yo le dije “voy a AA, me vienen a buscar”, y ella no lo podía creer. A partir de ese día cambió mi vida. Hoy a mis 65 años de edad estoy mucho mejor que el día en que llegué por primera vez.
En AA, yo me sentí persona de nuevo, me trataron muy bien y encontré personas que estaban pasando por lo mismo que yo y descubrí que lo que tenía era una enfermedad, pero solo no se puede, hay que buscar ayuda y poner mucha fuerza de voluntad”, concluyó.

La vida de Roberto cambió y ahora se siente “útil”
El alcoholismo trae problemas familiares, económicos, de relacionamiento y existenciales, pudiendo llegar al suicidio

«Yo empecé a tomar a los 10 años de edad, mi padre ya tomaba. Antes, yo no sabía que era una enfermedad y hoy, por todo lo que aprendí, me doy cuenta que mi padre era un alcohólico crónico. Nosotros vivíamos afuera, y cuando se casó una tía mía, en esa fiesta yo tomé por primera vez. Me emborraché. Después seguí tomando, iba a la escuela, seguí creciendo y siempre estaba tomando”, dijo Roberto sobre sus inicios en el consumo de alcohol.
“Conocí a la comunidad (AA) a los 39 años y lo primero que me dicen ahí es que el alcoholismo es una enfermedad lenta y progresiva, ¡claro que es así! En un primer momento no entendí muy bien qué era eso, pero después me puse a mirar toda mi vida, a rebobinar en mi cabeza y me di cuenta que sí, que era así. Miré mis inicios y todo lo que había pasado en ese tiempo. Yo nunca disfrutaba de las cosas. Si iba al fútbol no miraba el partido, me pasaba metido en la cantina; si iba a un baile yo no bailaba, me quedaba en la cantina. Todo era así”, agregó.
GASTABA TODA LA PLATA EN BEBIDA
Roberto logró formar una familia, pero era capaz de vivir en la completa miseria con tal de satisfacer su vicio. “Me casé a los 22 años, con la ilusión de una familia, pero seguí (bebiendo) y cada vez era peor. Empecé a pasar preso todos los fines de semana porque vivía metido en líos. Estuve en la cárcel. Yo trabajaba en la naranja, pero llegaba seco a mi casa, sin un peso. No teníamos qué comer, no teníamos ni frazadas en el invierno y pasábamos frío. No había plata, vivíamos en la miseria. Me acuerdo que cuando salí de la cárcel era un 6 de enero. Mi mujer estaba con mis hijos y ellos jugaban con algunos regalitos que ella les había comprado… Y yo, me quedé ahí, tirado en el piso, borracho”, relató Roberto con tristeza por lo sinsabores que ocasionó a su familia.
“Después que fui a AA pudimos salir de eso. En AA, me dijeron que se puede dejar de tomar y yo me afirmé en ellos (dijo señalando a sus compañeros de grupo en AA) y empecé a transitar por ese camino”.
LAS PALABRAS DE UN PASTOR POR LA RADIO LE ANIMARON A QUERER CAMBIAR DE VIDA
Roberto, dijo que “un día yo estaba escuchando la radio y justo pasan un pastor, Jiménez que estaba hablando y dijo -yo ahora voy a orar por los que están presos en la cárcel, por los camioneros que están solos en la ruta, por los que están en silla de ruedas, los que están internados en el hospital y por los que tienen problema de alcohol- y yo dije, ¡ese soy yo! Después el pastor pidió que cierren los ojos y repitan una oración. Y yo oré. A los pocos días, voy a renovar la cédula y veo un afiche de AA que habían colocado y al otro día me vengo a la comunidad. De ahí me encuentro con todo esto y me prendo al ruedo”.
UNA ENFERMEDAD DIFÍCIL DE ENCARAR
“Hay gente que dice, ¡fulano no deja de tomar porque es un sinvergüenza!, pero esto es una enfermedad. Yo después que vine acá (a AA) no lo dejo más, porque yo tenía un cuñado que empezó a venir y después dejó y volvió a tomar y se murió. El médico contó que tenía el 75% de alcohol en la sangre y en la literatura que vimos, nos dice que el cerebro no trabaja con alcohol, trabaja con sangre y cuando va un flujo de alcohol al cerebro nos deja en blanco, por eso no sabemos lo que hacemos y podemos llegar a matar a alguien”, contó sobre la información que recibe por este tema.
“El alcoholismo es un terrible problema, yo tengo un hijo que tiene problemas de alcohol y drogas, pero no quiere sumarse a la comunidad, porque no es fácil asumir el problema. Yo soy un agradecido por haberme dado cuenta, porque tengo un montón de cosas para hacer por mi familia, por mis hijos y mis nietos. La responsabilidad que significa que le digan a uno que vaya a llevar un nieto al jardín o ir a buscarlo, esas cosas son increíbles, porque uno puede llevar una vida de felicidad y de utilidad, ser útil”, dijo Roberto.
“HAY UN LUGAR DONDE TE PUEDEN AYUDAR”
Finalmente, los integrantes de AA, quisieron dejar como mensaje a la comunidad y sobre todo a quienes puedan estar pasando por un problema de consumo abusivo de alcohol, que “se puede cambiar, se puede recuperar, es una enfermedad compleja, de la cual solo no se puede salir. El que más desea dejar el alcohol es el borracho, pero solo no puede. La gente tiene que saber que hay un lugar donde te pueden ayudar, que no tienen que tener miedo, porque es anónimo y nadie va a andar diciendo quién va ahí. Que tienen que tener muy claro que el alcoholismo trae varios problemas, primero, un gran problema familiar del que nadie escapa, después problemas económicos, sociales y de relacionamiento y problemas existenciales porque en el alcohólico ronda siempre la idea del suicidio”, concluyeron los entrevistados.

Las 12 preguntas que permiten saber si necesita ayuda para dejar de beber y entender que A.A. es una herramienta útil

La experiencia de A.A. ha enseñado que cualquiera que conteste sí a 4 o más de las siguientes preguntas tiene tendencias alcohólicas definidas y puede ser ya un bebedor con problemas. Por eso es interesante que cada uno de nosostros nos hagamos estas preguntas y así, sin ningún tipo de vergüenza admitir que se padece una enfermedad, porque si realmente se tiene este problema, lo importante es hacer algo para solucionarlo:
1. ¿Ha tratado alguna vez de no beber por una semana (o más) sin haber logrado cumplir el plazo?
2. ¿Le molestan los consejos de otras personas que han tratado de convencerlo que deje de beber?
3. ¿Ha tratado alguna vez de controlarse cambiando de una clase de bebida a otra?
4. ¿Ha bebido alguna vez por la mañana durante el último año?
5. ¿Envidia usted a las personas que pueden beber sin que esto ocasione dificultades?
6. ¿Ha empeorado progresivamente su problema con la bebida el último año?
7. ¿Ha ocasionado su modalidad de beber problemas en su hogar?
8. En reuniones sociales donde la bebida es controlada, ¿trata usted de conseguir tragos extras?
9. A pesar de ser evidente que no puede controlarse, ¿ha continuado usted afirmando que puede dejar de beber por sí solo cuando quiera hacerlo?
10. ¿Ha faltado a su trabajo durante el último año a causa de la bebida?
11. ¿Ha tenido alguna vez “lagunas mentales” a causa de la bebida?
12. ¿Ha pensado alguna vez que podría tener más éxito en la vida si no bebiera?
GRUPOS EN DIFERENTES PUNTOS DE LA CIUDAD
En Salto existen diversos centros de atención para las personas adictas al alcohol y grupos de autoayuda para poder participar de los encuentros y generar vínculos que les permitan salir de ese problema. Los mismos están en distintos puntos de la ciudad. “Centro” (25 de agosto y Artigas), realiza reuniones todos los lunes y viernes a las 20 horas y los miércoles reunión abierta. “Esperanza” (Viera 179), con reuniones los martes y domingos a las 20 horas y los viernes es la reunión abierta. “Volver a vivir” (Rodó 709), se reúnen los lunes y miércoles a las 20 horas. “Cerro” (Hogar de ancianos Municipal) se reúnen martes y sábados a las 20 horas y los jueves es la reunión abierta. “Don Bosco” (Capilla San Juan Don Bosco), en Bº Cien Manzanas, los sábados a las 20 horas. “Vamos a Salir” (Centro de rehabilitación), con reuniones los lunes a partir de las 17 y 15 horas.

Parece que algo me dijo: “¡dejáte de sufrir, andáte a AA y pará de tomar!”
Era alcohólico empedernido, había perdido a su familia, hasta llegó a tomar alcohol de quemar, aún así se recuperó

«Llegué a Alcohólicos Anónimos (AA), caminando a pasos cortitos y apoyándome en dos palos porque no podía ni pararme. Al mes ya estaba bastante recuperado, empecé a trabajar, a higienizarme, a andar como la gente. Yo siempre dije que no es todo voluntad mía, que es un poder superior a mí que me llevó a AA ese día”, comenzó contando Juan (nombre apócrifo para mantener el anonimato de su testimonio), sobre su vinculación al grupo.
TOMÓ CAÑA, GRAPA, CERVEZA Y ALCOHOL DE COCINA
“Yo tomé caña, grapa, cerveza, de todo tomé, y después empecé a tomar alcohol de quemar. Porque el borracho toma por necesidad, no por el gusto de alguna bebida, toma porque tiene que tomar. Es una enfermedad. Una noche me desperté a la madrugada y no tenía ni vino, ni caña al lado de la cama para tomar y me acordé que tenía un primus y alcohol de quemar. Puse un poco de agua, completé le vaso y tomé eso. Después me fui a dormir. Así, continué con el alcohol de quemar que es barato para comprar”, relató Juan sobre su consumo.
LE DIAGNOSTICARON CIRROSIS
“Un hermano mío era enfermero y un día me llevó al Sanatorio Uruguay, donde me dijeron que tenía Cirrosis (enfermedad crónica del hígado), era medio fea la cosa, pero no me cuidé. El asunto es que yo después que dejé de tomar nunca más sentí nada y si la Cirrosis está ahí adentro, está bien guardada y que quede ahí nomás”, dijo sobre sus problemas de salud a consecuencia del abuso en el consumo de alcohol.
CUANDO LA CABEZA PIDE ALCOHOL
“Después que yo tomaba era como que cambiaba. Gracias a Dios nunca le levanté la mano a mi madre, porque eso no me lo perdonaría, pero los que me conocían decían que era como si se me dieran vuelta los ojos. Yo no sé, pero se ve que a uno le cambia la mirada. El alcohol cae mal y se va directo a la cabeza. Uno puede estar totalmente tirado en una cama, despavorido, pero la cabeza le pide alcohol y voy, tomo un trago y me siento sano de nuevo. Esa es la enfermedad del alcohólico”, explicó Juan.
UNA FUERZA SUPERIOR LO HIZO LLEGAR A ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS
“Yo tomé durante casi un año alcohol de quemar, porque necesitás el alcohol para vivir y uno no come y no duerme si no tiene alcohol. Uno se despierta, toma un trago y sigue. Pero ese día fue como una fuerza superior a mí que me hizo entrar al grupo, me dije ¡me voy a AA!, porque ya no podía seguir más así. Parece que algo me dijo: “¡dejáte de sufrir, andáte a AA y pará de tomar! Así comencé, al principio los compañeros no creían que iba a volver, pero yo seguí yendo. Iba dos veces por semana y después pedí para ir más días y como no había quien armara los grupos, yo me hice cargo de la llave del local, venía, limpiaba y armamos más grupos. Yo fui cambiando. Mi mujer que se había ido de mi casa con mi hijo volvió conmigo. El hijo venía y averiguaba cómo estaba, si iba mejorando o no y le contaba. La cosa es que ella volvió. Al mes más o menos empecé a trabajar de nuevo para conseguir la plata para poder comer y darle las cosas a mi familia. Hoy a mis 82 años soy otra persona, me encargo de algunos grupos y soy un poco el que guía a estos muchachos (dijo entre risas, señalando a las personas que estaban junto a él y también forman parte de AA)”.
“TODOS ME AYUDARON”
“Yo me di cuenta que era una enfermedad lo que tenía. Me acuerdo que en el grupo me dijeron ¡esto es una enfermedad, tenés que tomártelo muy enserio!, y yo dije -vine a eso, a dejar de tomar-”, comentó Juan. “Desde esa fecha hasta el día de hoy no mojé los labios con alcohol. Por eso agradezco a los muchachos que formaron ese grupo, que lo iniciaron, porque es algo muy bueno, todos me ayudaron. La familia fue lo principal que recuperé. Mi mujer decía que era como abrir un libro nuevo cuando vio que yo iba mejorando, que acepté la enfermedad”, agregó.
CONTINÚA CON LAS REUNIONES EN LOS GRUPOS DE AA
“Hoy, yo me encargo de la literatura en el grupo, tengo muchos libros sobre alcoholismo, me ocupo de uno de los grupos porque soy el que estoy con la llave del lugar, abro, limpio todo, me gusta hacer eso. Pero somos todos iguales en el grupo. Gracias a Dios llegaron a creer en mí, hay confianza. Nos reunimos en la Casa Diocesana y uno se siente bien solo con sentirse útil. Vivo feliz yo conmigo mismo, no tomo, ando bien. ¿Qué más puedo pedir?”, concluyó.