El Horacio Quiroga, un barrio “peligroso”: ¿realidad o estigma?

El Horacio Quiroga, un barrio  “peligroso”: ¿realidad o estigma?

Muchos hemos escuchado por años hablar del barrio Horacio Quiroga como uno de los barrios más complicados de nuestra ciudad en lo que a inseguridad se refiere. Desde afuera, más de una vez se escuchan comentarios de que allí no ingresan taxis, ambulancias o la Policía, como si fuera una zona dominada por la delincuencia.
Recientemente, ante un hecho puntual ocurrido el domingo 2 de octubre donde se agredió un ómnibus del servicio de transporte urbano de pasajeros “a chumbazos” generando una tensa situación que felizmente no llegó a mayores consecuencias sin generar personas lesionadas, la Intendencia de Salto tomó una firme decisión. Se suspendió el servicio de ómnibus de la línea Nº 9 que recorre las calles internas del barrio hasta tanto no se ofrezcan garantías de que se podrá circular con tranquilidad. Esto se mantuvo hasta el día miércoles siguiente, fecha en que retornó el ómnibus al barrio con algunas modificaciones en su recorrido.
Una vez más, el Quiroga pasó a ocupar las primeras planas de los medios locales por problemas de inseguridad y la idea de “no entrar al barrio” sobrevoló nuevamente en los salteños.
EL PUEBLO quiso conocer de la mano de los vecinos del Quiroga cómo es en realidad vivir en uno de los barrios catalogados por la opinión pública como “peligrosos”, para lo cual un equipo de periodistas recorrió algunas de sus calles y habló con los vecinos.
En la zona, encontramos un barrio muy ordenado, sin basura en las veredas, casas prolijas, algunas más humildes que otras y una apacible tranquilidad.
Ni bien comenzamos a golpear la puerta de algunas viviendas o parábamos a algunos transeúntes para dialogar, notamos una gran disposición al diálogo de los vecinos, que se los notaba ávidos por querer contar cosas de su barrio, decirle al resto de la ciudad que es más el “cuco” que se hace de la zona que lo que en realidad es. Que los problemas que allí se viven son los mismos que se pueden vivir en cualquier otro lugar, apedreos a los techos, robos, las barritas de gurises en la esquina, droga.
Las ganas de que los escuchen y poder expresar el estigma que sienten cada vez que la gente de fuera del barrio los “mira feo” cuando dicen que viven en el Quiroga, fueron una constante en cada vecino consultado. Los problemas para conseguir trabajo por ser del Horacio Quiroga, la lejanía de los centros de salud, de farmacias, de supermercados, de las oficinas, de los trabajos, provocan serias dificultades para quienes no cuentan con un transporte propio, sobre todo porque algunos servicios de taxi no ingresan al barrio.
El Horacio Quiroga, un barrio que comenzó a fundarse hace más de 15 años, cuenta hoy en día con alrededor de 20 manzanas y se transformó en uno de los barrios más populosos de la ciudad.
Muchas familias al contar con terrenos grandes fueron cediendo parte de los mismos a sus hijos o nietos y así, en un mismo terreno podemos encontrar dos, tres o cuatro familias.
La mayoría de los entrevistados afirmaron vivir en un barrio como cualquier otro y no mostraron intenciones de irse del mismo. Incluso, algunos se manifestaron que el barrio va a ir mejorando, sobre todo ahora que se firmó un convenio para instalar el saneamiento en la zona.
Las expectativas de que las cosas sean cada vez mejores está a flor de piel en los vecinos que esperan también que alguien se acuerde de ellos y no los estigmatice ni los condene a un futuro que no desean.

Para Teresita Martínez, es más “cuco” que lo que en realidad es
“Si habré visto llorar a mis hijas porque cada vez que dicen que son del Quiroga las miran feo” dijo dolida por el estigma

A Teresita Martínez, le molesta que estigmaticen al barrio entero por algún hecho puntual, porque eso perjudica al 12 10 16 020resto de los vecinos. “Me dolió un montón el comentario que realizó una señora del Ceibal el otro día en la tele, porque el día del feriado (del 12 de octubre) nos dejaron sin ómnibus y ella salió diciendo que en el Quiroga donde viven tirando piedras no se merecen el ómnibus. Eso fue muy duro y nosotros no nos merecemos ese tipo de comentarios”, dijo indignada.
“Dicen cosas tan crueles del Quiroga”, agregó inclinando su cabeza con cierto desconcierto. “Si nos dicen mil cosas feas del barrio, todos los chiquilines que están mirando la tele ¿qué van a pensar del lugar en que viven? ¿Porque se creen mejor que nosotros? Eso genera un resentimiento en nuestra juventud porque después cuando van a buscar un trabajo y dicen que son del Quiroga, no se lo dan. Si habré visto llorar a mis hijas porque cada vez que dicen que son del Quiroga las miran feo y no les dan trabajo…”, comentó visiblemente dolida.
“EL QUIROGA
ES PRECIOSO”
“El Quiroga es precioso, es un barrio como cualquier otro, el 99% son personas buenas y trabajadoras. Son puntuales los chiquilines o las familias que a veces complican. No hay tantos problemas, yo hace 18 años que vivo acá y nunca me robaron”, comentó Teresita Martínez, Presidente de la Comisión Vecinal de la zona este del barrio Horacio Quiroga.
“Yo tengo la bandera bien alto del Quiroga, para mí es un barrio hermoso. Nunca me pasó nada. Mis hijas han estudiado, fueron al coro municipal, hacen sus actividades. Es cierto que hay apedreos a los techos, pero ¿en qué barrio no los hay? Yo he tenido que parar varias veces a los chiquilines que andan con ondas, pero jamás voy y les digo de malos modos ¡chiquilines, váyanse! Si vas a correrlos, ponete como uno más de ellos y andá bien, ¿chiquilines, qué están haciendo, por qué no dejan eso que están molestando?, y así nunca tuve problemas con chiquilines bravísimos”, comentó la vecina.
HAY DROGA COMO EN
TODOS LOS BARRIOS
“La droga está sí, como en todos los barrios. Yo sé porque me han dicho que viene gente de noche, que entran coches, autos y eso que dicen que no entra nadie al Quiroga, pero ellos entran. Son gente que viene de afuera, que puede, y trae droga para nuestros gurises. Lo que pasa que ellos son inconscientes, ignorantes y eso sí es algo de lo que hay que hablar. Hay que abrirles los ojos a nuestros gurises, decirles que esos otros son los que se enriquecen mientras ellos se pierden”, enfatizó Martínez.
“La juventud no tiene nada para hacer y lo que más se pide es trabajo. Cuando hay llamados a trabajo muchos chiquilines se anotan y no consiguen. Hay barras que se juntan en las esquinas, pero lo que pasa es que no tenemos ni un lugar para que se reúnan, se organicen actividades, se les hable, sobre todo de la droga. No es decirles ¡andá a tal lado!, tiene que haber algo acá en el barrio. No hay un lugar donde puedan ir a escuchar música, a comer unos chorizos, a reunirse entre ellos”, agregó.
“NADIE VINO A VER
CÓMO ESTÁBAMOS”
“En la reunión que tuvimos con la gente de la Intendencia, yo le dije a Yolanda (Soria, Directora de Desarrollo Humano y Social de la Intendencia de Salto) estuvimos casi tres días sin ómnibus y hay gurises que van al liceo o a las escuelitas de Salto Nuevo, madres con criaturas que tienen que ir hasta la UBA, y esas son cosas que hay que pensar. Sacaron el ómnibus y no consultaron a las comisiones, a los vecinos, porque fue un caso puntual que pasó. Yo no digo que haya sido exagerada la medida porque es la vida del chofer y de las personas del coche pero sacarlo así de un momento para otro es otra cosa. Nadie vino a ver cómo estábamos y si resuelven todo desde un escritorio es más cuco para el barrio porque nos genera un estigma más todavía. Da a pensar que no se puede venir para acá pero se puede entrar al barrio”, comentó con visible molestia.
Martínez reconoció que algunos taxis no entran al barrio, e incluso recordó “una vez que estábamos en el shopping queríamos venir y el taxi no nos quiso traer. Pero después entra todo el mundo, mis hijas a veces que tienen que ir a un baile o un cumpleaños siempre fueron y vinieron en taxi, porque pueden entrar. Las ambulancias también. Porque pasó una vez algo no pueden decir que nadie entra. No es tan así como la gente dice, es más cuco que lo que es en realidad”.

Crio. Gral. Luis Eduardo Madera, Encargado de Despacho de Jefatura de Salto
Los operativos implementados para atender a los barrios conflictivos

En el marco de los últimos hechos sucedidos en el barrio Horacio Quiroga, EL PUEBLO dialogó con el Encargado de Despacho de la Jefatura de Salto, Comisario General Luis Eduardo Madera, quien nos manifestó lo siguiente al respecto de la problemática que nos ocupa:SubJefeMASERA
“A raíz de los hechos trascendidos, en especial el episodio que tuvo como protagonista a un menor que efectuó varios disparos con un arma de aire comprimido, lesionando a una persona y causando daños materiales a un ómnibus de la línea urbana, se tomó la decisión, reunido el Centro de Radio Patrulla, de comenzar a efectuar recorridas de manera permanente, en diferentes horarios; los operativos se realizan con el envío a la zona conflictiva, de un equipo compuesto por 3 motos, con dos efectivos cada una, y un móvil con tres efectivos, o sea, 9 en total; operativo que se mantendrá hasta nueva orden”.
¿Solamente en esa zona específica se aplica dicho operativo?
En el otro sector de la ciudad que se viene aplicando el mismo modus operandi, es en la intersección de Avenida Patulé y la Vía Férrea; simultáneamente, pero de forma alternada, el operativo se desarrolla también en los barrios Caballero y Artigas.
Previamente y en el curso de la aplicación del mismo, se va monitoreando cada barrio, desplazando las fuerzas de acuerdo al volumen de los hechos que van surgiendo.
¿Desde el comienzo de su ejecución hasta la fecha, se ha visto una evolución favorable?
Desde que se comenzó con esta forma de vigilancia, que busca en primer lugar la prevención y en último término la represión, no se han recibido llamados al Servicio 911, lo que demuestra que por el momento es una buena manera de frenar el delito.

Mitos y realidades del barrio Quiroga según comentarios de vecinos
“La gente no nos da trabajo si les decimos dónde vivimos”

Haciendo un recorrido en el barrio Quiroga nos encontramos con una comunidad de casas ordenadas y calles limpias, contrariamente a la idea que nos podemos hacer cuando se apunta como un barrio de conflicto y desorden.
Luego de conversar con los habitantes de la zona, llegamos a la conclusión de que el estigma hacia el barrio es real. “Si decimos que somos del barrio Quiroga no nos dan trabajo porque piensan que les vamos a robar” – nos comenta una jefa de hogar que vivió la experiencia al intentar postularse a un trabajo de doméstica en una finca de un barrio del centro. “Nos cuesta muchísimo acceder a una fuente laboral… sabemos de casos de vecinos que debieron ocultar que pertenecen al barrio para que los contrataran”.
La mayoría de los servicios de taxis no ingresan al corazón del barrio y las horas más complicadas son las nocturnas, luego de que cae el sol. Los jóvenes que se juntan en las esquinas salen en la noche y duermen hasta el mediodía.
Loe vecinos sostienen que es necesario que en el barrio se instalen oficinas con los servicios esenciales y centros donde las nuevas generaciones puedan participar de talleres recreativos y de formación para estar ocupados en tareas productivas y de incentivo.
Rescatamos el testimonio de una vecina que hace diecinueve años está instalada en el barrio Quiroga y ha criado a sus cinco hijos allí. “Creo que este es el año más problemático en el barrio. Se suma que estamos muy retirados de todos lados. El que no tiene una conducción propia debe recorrer grandes distancias y ello limita a las personas a poder llegar a sus trabajos en hora. Es necesario caminar hasta la escuela para poder acceder a un ómnibus y los que están más alejados del barrio tienen que estar adivinando la hora del servicio” – afirma la entrevistada.
Tanto el ómnibus Línea 2 como el No. 7 (que se toma en calle Catalán) cruzan por el barrio Santa Cecilia, donde se encuentra la escuela No. 120, lo que significa que a lo largo del barrio se manejan distancias de más de diez cuadras, lo que supone una dificultad para los niños pequeños y las personas adultas mayores.
El día que su hijo se enteró – al volver a su casa – que el ómnibus no ingresaba al barrio debió bajarse en la avenida Patulé y caminar unas cuantas cuadras para llegar a su domicilio. Adecuarse a los horarios para no llegar tarde al trabajo o a las clases de estudio es un tema bastante complicado.
“SI TENEMOS QUE IR
AL CENTRO Y VOLVER
ANTES QUE LOS
CHIQUILINES VUELVAN”
El testimonio de Paola (nombre ficticio para preservar su identidad) no escapa a la realidad de muchas madres que viven en el barrio Quiroga. Por no contar con muchos servicios esenciales cerca, el traslado hacia el centro supone el manejo de los tiempos en forma magistral y andar siempre a un ritmo vertiginoso para no atrasarse en el retorno al hogar o a la escuela a buscar a los niños.
Muchas son las mujeres que salen a trabajar – ya sea porque se encuentran solas o el sueldo del jefe de hogar no da para subsistir. La mayoría de las personas del barrio Quiroga son trabajadores zafrales y muchos se ganan la vida trabajando en chacras. “Un gran número de familias cuentan con la tarjeta del MIDES y han salido sorteadas para trabajar en el programa Uruguay Trabaja… Gente que hace milagros para poder comer al mediodía y en muchos casos los niños reciben en la escuela el desayuno y el almuerzo como únicas colaciones diarias” – revela la entrevistada.
EL CONFLICTO
DE LAS BARRAS
Y LOS APEDREOS
En cuanto a la situación de adolescentes y jóvenes existe el conflicto de las barras o el apedreo a las casas. Esta realidad hace que las familias se recluyan cuando cae la tarde. En caso de salir fuera es necesario programar que alguien se quede en el domicilio a causa de los robos. No se puede dejar tampoco ropa tendida a cualquier hora.
Los ajustes de cuenta a veces se dan entre miembros de dos familias que están enemistadas desde muchos años, al igual que los Capuleto y los Montesco. “Los jóvenes se pelean y ni saben a ciencia cierta cuáles fueron los motivos que llevaron a sus familias a mantener una enemistad permanente”.

En referencia a los problemas del barrio
“Son los mismos de siempre y la Policía no les hace nada porque son gurises menores”, dijo una joven mamá

En el barrio, pudimos conversar con una joven mamá, que mientras daba de mamar a su pequeño bebé de apenas 17 días, lo primero que hizo fue mostrar su malestar por la medida de suspensión del servicio de transporte urbano de pasajeros de la Intendencia de Salto. “Mi hermano más chico me leyó en internet lo que había pasado y me enteré por eso, pero no sabía nada”. Según explicó los vecinos de la zona quedaron muy molestos por la medida de la comuna “en esa parada donde pasó está cerca de mi casa donde yo vivo y ahí hay cantidad de gurises que van al liceo, hay gente que trabaja y eso nos complicó a todos”, comenzó diciendo.
“Yo soy de la última parada entre calle 7 y calle 9, a una cuadra de donde le rompieron el vidrio al ómnibus, a una cuadra de la cancha de Tigre, que es justo por donde ahora no pasa el ómnibus. Estos días (que no entraba el servicio de ómnibus de la intendencia al barrio) teníamos que venir a tomar el línea 2 que me lleva al centro y sino el línea 7, pero no se bien donde para. A mi, que tengo gurises chicos me complica, porque tengo el bebé con poquitos días y tuve que salir a reconocerlo”, explicó molesta.
“NO LES TENGO MIEDO”
Sobre la situación en general del barrio, dijo que los apedreos en los techos a la madrugada son constantes sin embargo no tiene conocimiento de que en el barrio manejen chumberas o armas de fuego.
“Son los mismos de siempre”, dijo en referencia a los que generan molestias en el barrio “y la policía no les hace nada porque son gurises, son menores y uno ya los conoce, además, los gurises nos conocemos todos y sabemos que fulano vive en tal lado y mengano en tal otro. Y cuando viene la policía ya se fueron. Si apedrean, es un rato y después se van, además yo tengo el tal carácter y si se juntan frente a mi casa los corro, porque no les tengo miedo, más de una vez se empezaban a juntar ahí y yo no los dejaba porque si los dejás una vez no los sacás más”, comentó.
“Si ellos se juntaran a conversar o tomar una coca o una cerveza igual y queden tranquilos, ta. Pero no es así, se ponen a reírse a las carcajadas de madrugada y eso molesta. Ahora que tengo a los gurises chicos, el olor a cigarrillo y a porro es horrible y mis hijos son chicos y no tienen porque ver eso. Leticia (nombre apócrifo para mantener su identidad) informó que ha sido blanco de robos en reiteradas ocasiones pero no hizo la denuncia ante la seccional policial “porque ya sabíamos que eran los gurises esos que andan por la droga y roban cualquier cosa”, señaló. Hace como tres años le robaron las chapas y todo lo que tenían para construir un dormitorio en el frente de su casa y en otras ocasiones le robaron ropa y calzados que había dejado afuera, colgados en la cuerda. “Yo vivo entre muros, porque tengo unos muros altísimos y al frente tengo rejas pero si se las ingenian pasan”, agregó.
NO ES UN BARRO
“COMPLICADO”
Sin embargo, la joven vive sola en su casa con tres niños reconoció que no tiene miedo de vivir allí y ante la consulta de si considera que su barrio es complicado para vivir por la delincuencia dijo en forma rotunda “en mi zona no es complicado”. Asimismo agregó, “yo vivo hace como 5 años ahí y me gusta el barrio, no tengo intenciones de irme, los vecinos son bien, nos conocemos todos y a veces se complica nomás, pero es eso”.

 







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