Enrique López Silva : “Soy un agradecido por haber vivido experiencias imborrables”

Enrique López Silva : “Soy un agradecido  por haber vivido experiencias imborrables”

Enrique López Silva es un militar retirado – actualmente se desempeña como resmador en nuestra casa – que participó en tres misiones de paz; Camboya, Angola y Mozambique.
Entró al Batallón de Infantería No. 7 donde se desempeñó durante veinte años.
Cuando cumplía ya trece años de labor, le surgió la posibilidad de participar en la primera misión de paz en Camboya.
“Empecé en el Ejército en 1979 y en 1981 hice un curso para chofer, para posteriormente conducir tanto vehículos pesados como livianos.
Fui militar. Hoy soy un ciudadano como cualquier otro.
De esos tiempos conservo amistades, como también tengo muchos amigos en la vida civil” – comentó.
Su familia está integrada por su esposa Violeta Benítez y sus dos hijos Robert (27) y Artigas Martín (22).
Compartió con EL PUEBLO sus vivencias en las tres misiones, donde convivió con la otra realidad de un mundo que pugna por subsistir, en medio de la pobreza, el hambre y la guerra.
“A LOS NIÑOS APENAS CRECEN
YA LE DAN UN ARMA”
– Descríbame literalmente en qué consiste una misión de paz.
– “Como la palabra lo expresa, vamos en son de paz, no obstante sabemos que vamos a correr riesgos. El objetivo principal es persuadir y apaciguar a las poblaciones que están en guerra permanente.
En mi experiencia, la misión más complicada fue en Camboya, una zona en aquel momento por demás conflictiva.
Allí debimos relevar al contingente francés… con los camboyanos nos comunicábamos básicamente por señas, pues ellos no hablan inglés.
Una de las realidades que más me impresionó es saber que a los niños de tierna edad, ya le dan un arma… pelean sin saber por qué.
Camboya constituye una región rica en minerales, oro y madera, que son a su vez los elementos de la discordia.
Fue la primera misión que participó, luego de trece años en el servicio militar.
“Fui con el objetivo de mejorar de esa manera la situación económica y el que dice que va a vivir la aventura, sinceramente no le creo.
Nadie arriesga la vida por nada.
Si actualmente tengo mi casa y las comodidades se lo debo al Ejército que me dio la oportunidad” – consideró.
VIVIENDO LA REALIDAD
DE CAMBOYA
Tal como lo relata el entrevistado, la primera misión fue precisamente la más arriesgada, donde debió darse de cara con la impactante realidad de Camboya.
La pobreza reinante genera en los lugareños un espíritu combativo donde se incentiva a la violencia.
“Debo reconocer que con nosotros, se hicieron querer de entrada, haciéndose entender por señas, debido a las barreras del idioma.
Y acerca del estado de indigencia en que viven…hay que ver para creer.
Aún recuerdo a los camboyanos rodeando nuestra base y pidiendo comida…son imágenes que no se borran…se nos caía el alma”.
Poco a poco los integrantes del batallón uruguayo se fueron granjeando el afecto de los lugareños.
López retornó en el primer relevo con su mochila llena de experiencias y el corazón conmovido.
Muchos militares pierden la vida en las misiones, por enfermedades graves como es el caso de la malaria. A veces es por pasar los límites de una frontera prohibida… a veces ganan los códigos de las tierras en conflicto.
“Soy un agradecido a Dios por no haber contraído ninguna enfermedad, en las tres  misiones que fui” – declaró.
Los contingentes son instruidos acerca de las peligrosas enfermedades venéreas que asedian a esos pueblos, lo que significa un gran riesgo para la salud. “Uno tiene que pensar primeramente en la familia”.
El VIVIR TANTOS MESES
LEJOS DEL ENTORNO FAMILIAR
Si bien los militares son previamente entrenados antes de ir a las misiones, el estar en una situación complicada, lejos de las costum-bres, el idioma y de los seres queri-dos, hace mella en el estado emo-cional de los integrantes del contin-gente.
“Siempre traté de contener a mis compañeros cuando les invadía la nostalgia en las lejanías del continente asiático.
Es necesario mentalizarse y pensar en la meta de mejorar la situación de nuestra familia”.
El soldado tiene la posibilidad de comunicarse con sus seres queridos una vez a la semana.
Hay tres temas que en las conversaciones telefónicas no se pueden tocar: temas relativos a lo militar, religiosos o económicos que son reglamentos que competen al Comando General.
MOZAMBIQUE Y ANGOLA
Cabe destacar que nuestro entrevistado fue a Camboya en carácter de combatiente, en cambio a Mozambique y a Angola fue como conductor de los vehículos militares.
Los relevos de las bases se hacen vía helicóptero, pues por vía terrestre es imposible debido a que las rutas están destruidas por los bombardeos en Camboya, a diferencia de los otros dos lugares donde los caminos están habilitados.
Uno de los temas que llama a la reflexión es cómo transcurre la convivencia en situaciones extremas, donde se vive permanentemente al límite. Pero como toda realidad guarda otra cara que este tipo de experiencias enriquecen al ser humano desde todo punto de vista, viviendo de cerca el dolor ajeno, la pobreza y falta de recursos básicos para la subsistencia.
Tal vez los momentos con mayor carga emotiva para los soldados es el momento que parte y se despide de sus familiares y posteriormente, el reencuentro.
El riesgo siempre está latente no obstante, el pensamiento positivo ayuda a afrontar a las situaciones desde una postura más optimista.
El soldado recibe un viático mensual en la región donde se desempeña, el viático mensual que cobra la familia mediante un poder, el sueldo y el sobresueldo; una suma con la que puede salir a flote.
Enrique es un ex soldado que participó en tres misiones de paz… e indudablemente hay un antes y un después en su vida. Las califica como experiencias imborrables que de tanto en tanto las rememora a través de las fotografías y lo que es más significativo aún en las huellas que quedan en lo más profundo del alma.
………………

“Estando en Camboya en un cuartelillo vimos llegar a un camboyano que al parecer, portaba una manguera. Pensé que se acercaba a pedir combustible” – relató Enrique. Cuando lo tuvo más cerca se percató que se trataba de una cobra. El lugareño pidió un cuchillo para cercenarle al reptil, parte de la cola y luego lo colgó. Comenzó a drenar la sangre del animal, que fue depositada en un recipiente con alcohol para hacer una especie de licor, una bebida usual de aquella región. “La verdad es que me impactó… no quise tomar… hasta hoy me acuerdo claramente de aquel momento”.-







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