La huella de Don Walter

La huella de Don Walter
Su presencia podía ser casi imperceptible, Walter Martínez fue un hombre que cultivó siempre el bajo perfil, era reacio a aparecer y a figurar, aunque siempre estaba a la hora de contribuir con las obras solidarias y en especial a aquellas otras sociales que significaban trabajo y bienestar para la gente.
Se hizo cargo de EL PUEBLO en 1993, luego de un cierre de seis meses y cuando se  precisaba  cierto perfil quijotesco para tomar a su cargo un diario cerrado.
Nunca ocultó que no conocía  los pormenores de la empresa periodística, pero sí de la gente y de la esencia humana. Este “olfato” le fue guiando en la aventura emprendida. Poco a poco fue eligiendo a las personas que entendió podían darle  la recuperación pretendida al diario EL PUEBLO, cimentando su proyecto en su hija Adriana para delegarle la responsabilidad.
Hoy se nos ha ido sorpresivamente y casi silenciosamente como seguramente hubiera preferido hacerlo.
Pero lejos de pasar desapercibido para nosotros fue el hombre  capaz de conducir el barco en momentos de tempestad, sacarlo a flote y hacerlo navegar hoy por las aguas tranquilas en que se encuentra.
Walter dejaba hacer y observaba. Hablaba poco, sólo cuando era necesario y sin levantar la voz nunca.
En esta segunda etapa de EL PUEBLO hubo aciertos y errores como en toda obra humana, pero su visión fue precisa y permitió ir surcando hacia el sitial que hoy ocupa EL PUEBLO en la región Norte.
Hoy se ha ido, pero nos ha dejado su huella profunda para marcarnos el rumbo y recordarnos cual es el camino acertado, de trabajo, sencillez, humildad, respeto para ser respetado  y mucha pasión en la tarea que se emprende.
Con este compromiso seguiremos adelante.
Descansa en paz, querido Walter.
Alberto Rodríguez Díaz

Su presencia podía ser casi imperceptible, Walter Martínez fue un hombre que cultivó siempre el bajo perfil, era reacio a aparecer y a figurar, aunque siempre estaba a la hora de contribuir con las obras solidarias y en especial a aquellas otras sociales que significaban trabajo y bienestar para la gente.

Se hizo cargo de EL PUEBLO en 1993, luego de un cierre de seis meses y cuando se  precisaba  cierto perfil quijotesco paraDibujowal tomar a su cargo un diario cerrado.

Nunca ocultó que no conocía  los pormenores de la empresa periodística, pero sí de la gente y de la esencia humana. Este “olfato” le fue guiando en la aventura emprendida. Poco a poco fue eligiendo a las personas que entendió podían darle  la recuperación pretendida al diario EL PUEBLO, cimentando su proyecto en su hija Adriana para delegarle la responsabilidad.

Hoy se nos ha ido sorpresivamente y casi silenciosamente como seguramente hubiera preferido hacerlo.

Pero lejos de pasar desapercibido para nosotros fue el hombre  capaz de conducir el barco en momentos de tempestad, sacarlo a flote y hacerlo navegar hoy por las aguas tranquilas en que se encuentra.

Walter dejaba hacer y observaba. Hablaba poco, sólo cuando era necesario y sin levantar la voz nunca.

En esta segunda etapa de EL PUEBLO hubo aciertos y errores como en toda obra humana, pero su visión fue precisa y permitió ir surcando hacia el sitial que hoy ocupa EL PUEBLO en la región Norte.

Hoy se ha ido, pero nos ha dejado su huella profunda para marcarnos el rumbo y recordarnos cual es el camino acertado, de trabajo, sencillez, humildad, respeto para ser respetado  y mucha pasión en la tarea que se emprende.

Con este compromiso seguiremos adelante.

Descansa en paz, querido Walter.

Alberto Rodríguez Díaz







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