La industria frigorífica cimentó el desarrollo del departamento

La industria frigorífica cimentó el desarrollo del departamento

Nuestros orígenes: desde los saladeros a la moderna industria frigorífica local

“Hubo oportunidades en que salíamos a juntar el estiércol de los caballos que aún tenía el Cybarán, para venderlo a un ladrillero de la zona (Mainardi) y con los pesitos que conseguíamos comíamos un asado”, nos recuerdan los cuatro hombres, veteranos, curtidos por el trabajo en el frigorífico local que comparten muchas cosas. No sólo que han sido y algunos siguen siendo empleados del frigorífico, sino esos nueve años que permanecieron unidos “ a veces no teníamos ni para comer con nuestras familias”, recuerdan. Pero también comparten la satisfacción de haber participado en esa rica experiencia personal y al unísono repiten que “lo volverían a hacer”.

El saladero La Caballada en los inicios

El saladero La Caballada en los inicios

Aunque no es habitual que ante el cierre de una empresa los trabajadores que quedan desocupados se unan para mantener en condiciones de funcionamiento a la empresa donde se desempeñaba, hubo un grupo de trabajadores del frigorífico local La Caballada, que cuando la firma Cybarán S.A. les comunicó el cierre definitivo decidieron seguir unidos y manteniendo tanto la edificación como la maquinaria intacta dedicando horas de su descanso para trabajar gratuitamente en esta tarea. Reconocen que “el horcón del medio” como ellos mismos denominan ha sido Carlos “Moro” Vargas (que sabemos que no le gustará que lo nombremos, pero el hombre merece este reconocimiento porque sin su liderazgo jamás lo hubiéramos logrado, nos señalan los entrevistados).
Decidimos recoger su experiencia porque tiene que ver con la historia mismo de la industria frigorífica, que comenzó en los albores del siglo XIX en nuestra ciudad con la industria saladeril.
Precisamente para recordar nuestros orígenes y a manera de reconocimiento a tanta gente que ha sido prionera de esta y otras industrias en la ciudad de Salto recogemos hoy los apuntes de Carlos Alberto Vargas Introíni “Moro” para sus amistades, alguien a quien se le debe mucho de lo que se ha logrado en las últimas décadas de la industria saladeril en Salto.
En las páginas siguientes recogemos parte de los apuntes gentilmente cedidos por “Moro” Vargas como el mismo dice al concluir esta recopilación de datos, nombres y fechas. Quiero destacar que la intención de este trabajo ha sido solamente documentar una parte muy trascendente del Salto “de nuestra” época recientemente pasada y con datos que tuve a mi alcance por charlas con amigos veteranos y documentos auténticos que tuve en mis manos, en especial lo que más quise fue recopilar datos de “La Caballada” y su entorno y narrarlos en forma muy sencilla para compartirlos con mi familia y con quienes aprecio y no dejar que se perdiera en el olvido un pedazo tan grande de nuestra historia y que la tuvimos casi en nuestras manos”, señala el técnico agropecuario Carlos Alberto Vargas Introíni en el trabajo de referencia.

La satisfacción de ponerle el hombro para mantener la maquinaria, aspecto que fue importante para la reapertura

Egar Ferrón, Andrés Panissa, Mario Osés y Gustavo Cayetano, estuvieron en EL PUEBLO representando a un grupo más numeroso, “alguno ha fallecido y otros no pudieron venir hoy”, explicaron, recordando a Gloria Pacheco a quien consideran que le deben haberse podido jubilar porque ella fue quien logró reunir y ordenar todo “el papeleo”, expresan.

Parados: Panissa y Cayetano. Sentados: Ferrón y Osés en EL PUEBLO

Parados: Panissa y Cayetano. Sentados: Ferrón y Osés en EL PUEBLO

Nosotros empezamos con esta quijotada en el año 1994. Y en el camino quedaron un montón de cosas, compañeros que bajaron los brazos, porque además todos teníamos familia y teníamos que pensar en mantenernos y dedicar tiempo al mantenimiento del frigorífico. El frigorífico estuvo fuera de funcionamiento desde 1995 hasta el 2004 en que en enero recomenzaron las faenas.
-¿Lo volvería a hacer?
Sí, lo volvería a hacer, dijo Ferrón. Hoy tenemos la satisfacción de ver esa enorme muchachada que tiene trabajo en el frigorífico y lo que queremos decirles es que lo cuide, porque recuperar el trabajo es muy difícil y nosotros vemos con dolor que muchos tienen trabajo y no lo cuidan, dice Ferrón.
Hoy sabemos que la responsabilidad del trabajador, máxime en estas empresas es un elemento más y que un inversor venga, se establezca y dé trabajo no depende tanto del trabajador, sino del propio mercado, cuando es negocio, cuando las políticas son favorables para estas industrias, hay interés, hay posibilidad. Si no, de un plumazo se borra todo, si las políticas empresariales no son favorables a la actividad nadie invierte para perder dinero y por más que el trabajador sea muy bueno y muy responsable, la empresa baja la cortina y chau…pero la única manera que tiene el trabajador de aportar, de ayudar cuando es factible la apertura de una empresa es asumiendo con responsabilidad, cuidando el trabajo, contribuyendo a que las cosas puedan hacerse y nosotros que la sufrimos sabemos de eso y quien pasa más es la familia, añadió.
Nosotros podemos hacer las cosas bien, pero un cambio de política en el plano internacional puede arruinar el negocio y quienes lo sufrimos somos nosotros, los trabajadores, añade Panissa.
Consultado sobre si volvería a hacerlo, Panissa señaló por su parte: sí cómo no, encantado, yo estaba en la limpieza. Estoy bien satisfecho. Uno vio que esto salió adelante porque uno también aportó lo suyo y la misma familia también estuvo a nuestro lado. Yo tengo un hijo que ya hace tres años que está trabajando allí y otros amigos y familiares y todos conocen bien nuestra experiencia.
Aparte se han formado dos grupos de viviendas, que hoy ya son cien familias, en dos grupos de 50 cada uno y hay un tercer grupo que se inició hace poco tiempo que también están encaminadas. Cuando uno ve todas estas cosas siente satisfacción porque ve que el granito de arena que uno puso en algo sirvió y por eso lo volvería a hacer. La empresa también ayudó prestando el dinero en su momento, el que si bien se lo devolvió fue quien nos prestó en su momento para que las cosas salieran.
Por su parte Mario Osés coincidió “lo haría una y varias veces si fuera necesario” y aunque él no quiere que lo nombren, para mí el horcón del medio fue “Moro” Vargas. Si él no hubiera estado o hubiera aflojado esto todo se iba todo al carajo. Él hacía vigilancia, mantenimiento y trabajamos dos años gratis. Quiero hacer también una mención para “Quico” Fagúndez que no lo tenemos más y falta Gloria Pacheco y Enrique Borba que estuvieron siempre trabajando con nosotros.
Yo no estoy más, tengo un hijo trabajando, yo estoy en otra parte pero también me siento contento porque también aporté. Cayetano se pronunció en términos similares y expresó “yo creo que a pesar de la experiencia mala y buena, hubo momentos en Navidad y fin de Año que teníamos que marchar con la familia para allá porque no teníamos nada para festejar. Hubo también momentos lindos, compartidos. Coincido con que Vargas fue el horcón del medio y también sabíamos que cuando él bajara los brazos nos teníamos que ir todos.
Nosotros mantuvimos la fe, a pesar de que había muchos compañeros que nos decían “esto no abre más…”. Tuvimos que soportar que nos dijeran que éramos “los alcahuetes de Vargas…”, pero hoy tenemos la satisfacción de que sirvió y hay muchos jóvenes trabajando allí.

Reseña histórica de los primeros saladeros de nuestra región y “La Caballada”

Desde antes de nuestra independencia nacional, la producción ganadera y la industria saladeril han sido fuentes inagotables de la riqueza de la región norteña de lo que hoy constituye nuestro país.

Empezó esta – puede decirse – allá por el año 1823 cuando Leandro Velázquez fundó el primer saladero de nuestra ciudad en el paraje conocido como Corralito, próximo a la desembocadura del río Daymán. Este establecimiento estaba montado con todos los adelantos requeridos por su importancia y las necesidades de la época, en el que se llegó a sacrificar muchos miles de reses vacunas.

Muelle de La Caballada en su primera época

Muelle de La Caballada en su primera época

Pocos años después en lo más recio de la lucha por nuestra independencia, en las inmediaciones de Salto Chico, es establecido por un señor de apellido Farías otro saladero tan importante como el de Corralito, el cual desarrolló durante varios años una intensa actividad.
A estos dos establecimientos de la industria saladeril se sumaron dos más, uno en el camino a Paysandú – muy próximo al Paso de las Piedras del Daymán y otro en el Cerro, en el paraje conocido por nosotros como “Las Aromas”.
Este último establecimiento era propiedad de Federico Texo, hombre este de grandes empresas que desarrolló entre nosotros diferentes actividades comerciales que han afianzado su nombre hasta nuestros días. También en la década del treinta se abrió otro saladero, propiedad de Manuel González.
En los años más cercanos a nosotros – según los datos de la época – por el año 1840 más o menos Juan Claverie funda en el paraje hoy conocido como el Saladero Quemado, próximo al puente del Ceibal y al actual Cementerio Central otro establecimiento saladeril que como los otros anteriores desarrollaron grandes actividades y que también como algunos de los otros desaparecieron consumidos por voraces incendios.
El 27 de enero de 1860 don Pascual Harriague funda el Saladero “La Caballada” y en el año 1873 León Domec y el químico de la Facultad de París Dr. Emilio Soulez inician sus actividades y fundan el saladero “La Conserva”, sus productos eran muy afamados en Europa ya que suministraban carne conservada para el ejército francés, corned beef para Inglaerra y caldos concentrados y extractos de carne para Europa y Norteamérica.
En 1880 se hace cargo del saladero La Conserva la firma Sibils Hnos.
En 1910 lo compra la firma Dickinson y la compañía sigue hasta el año 1925, cuando en enero de ese año se hacen cargo de la empresa los señores José Castaños, el Dr. Salvador Mattos y don Enrique Fleurquin quienes venían de haber explotado el establecimiento “El Hervidero” de José María Amaro durante cuatro años ubicado en el departamento de Paysandú como arrendatarios. El Director de la Conserva en esos años era Harman Etcheverry y el Dr. Oscar Acosta era el jefe de la Inspección Veterinaria; en esta planta industrial – además de charque se producía carne en conserva (Corned Beef) y extracto de carne; el saladero “La Conserva” cesó sus actividades en el año 1940.
Entre el saladero La Caballada y la Conserva faenaban aproximadamente 80.000 reses por año y ocupaban alrededor de 1.000 trabajadores de la época de zafra.
En las proximidades del año 1930 el tasajo dejó de ser un negocio rentable, lo que causó la paralización casi total de algunas plantas de esta otra pujante industria.
Esta es una síntesis muy breve de la historia del desarrollo de la industria saladeril en nuestra región y en ella se aprecia la firme cimentación del trabajo y la visión de los hombres adelantados que nos permitieron afianzar nuestro progreso.

ANÉCDOTAS Y RECUERDOS
La casa de la costanera llamada “La Verde” fue construida como un anexo del saladero para recibir a invitados especiales y hacer las demostraciones de los productos allí elaborados. A fines del 1800 era usada por las hijas señoritas del propietario del saladero “La Caballada” para tomar sus lecciones de inglés y francés con profesoras traídas de Europa por don Pascual Harriague y las señoritas Sant´Ana de Salto entre otras de Concordia viajaban con frecuencia Emma Flaschland y su grupo de amigas para compartir tardes de amistad y cultura al recibir además clases de idioma, pintura y música.
Don Pascual Harriague llegó a tener barcos a vapor; los que llevaban algunos de ellos los nombres de sus hijas Pascalina, Octavia y Teresa.
En estos barcos, navegando por el río Uruguay traían principalmente la sal y otros insumos y se embarcaba el charque al nordeste de Brasil, Cuba y algunos países de Europa y también los cueros, la cerda y el sebo que se producían en el saladero.
Don Pascual Harriague falleció en la ciudad de Bayona el 14 de abril de 1894 a los 75 años y sus hijas que vivían en Buenos Aires trasladaron desde Europa sus cenizas hasta el Cementerio Central de Salto para dar cumplimiento a los deseos de don Pascual.
Al finalizar el cumplimiento de esta piadosa misión por parte de sus hijas y al volver estas en la embarcación que las llevaba de regreso a Buenos Aires, al pasar frente al saladero tres pitadas sonoras volaron al espacio desde la sala de máquina del Saladero y una honda emoción embargó el ambiente. Era don Francisco Errandonea, viejo empleado del saladero quien con estas sonoras pitadas saludaba a las hijas de don Pascual y les agradecía el gesto de dejar en Salto las cenizas de este noble y gran hombre para que su memoria perdurase aún más entre nosotros.

Los cinco primeros períodos desde su
fundación en 1860 como Saladero La Caballada

Vargas resumió la actividad industrial del frigorífico La Caballada en diez etapas, enmarcadas por las diferentes épocas y la situación que enfrentó esta señera actividad en el departamento. En las páginas siguientes recogemos el texto de Vargas en una relación cronológica de las diferentes etapas transcurridas.
PERÍODO 1 – 1860- 1909
El 27 de enero de 1860 don Pascual Harriague funda y pone en marcha el saladero La Caballada luego del fallecimiento de don Pascual. Este sigue en actividad y en 1909 lo adquiere la firma G.C. Dickinson y Cía.
Período 2 – 1909- 1929 –
Durante este período la firma G.C. Dickinson y Cía. se hizo cargo del saladero La Caballada. Era una familia de origen inglés radicada en Buenos Aires.
Los propietarios de la firma Dickinson fusionaron los saladeros La Caballada y La Conserva y sus productos eran de muy excelente calidad sin envidiar nada a los establecimientos de Montevideo, carnes cocidas enlatadas, extractos de carne y el famoso Corned Beef, principalmente con destino a Inglaterra.
Los dos saladeros continúan sus actividades sin inconvenientes. Don Federico Dickinson en 1910 mandó construir “el Mangrullo”, que aún se conserva hoy en La Caballada, aunque no está ubicado en su lugar original y su altura fue reducida a casi la mitad durante su traslado.
Desde “el Mangrullo” por un código de banderas se citaba a las diferentes pandillas de personal, por ejemplo la bandera roja era para anunciar la faena; la amarilla para citar al personal encargado del charque, la verde para las cargas y había otras para las comunicaciones o los festejos de fechas patrias y de acontecimientos importantes.
PERÍODO 3 – 1929 – 1939
Se constituye la Sociedad Saladeril Salteña con capitales de productores y comerciantes de Salto, principales nombres que la componen: Joaquín Sant´Anna, Juan Manuel Gutiérrez, Leopoldo Amorín, Antonio Correa, Pedro B. Solari y Luis Ambrosoni entre otros.
La Planta Industrial sigue proyectándose y conservando su imborrable nombre que hasta hoy perdura. La Caballada, nombre que le ha dado según los pobladores de la zona por el Paso de la Caballada en el río Uruguay.
PERÍODO 4- 1939-1948- 1953
En agosto de 1939, bajo la supervisión del Escribano Hugo A, Macció, se inscribe la formación del Contrato Social de la Sociedad de Responsabilidad Limitada – Saladero “La Caballada”. La componen doña Catalina Harriague de Castaños, don José Antonio Varela, José Bartolomé Dondo, Claudino Brites, Leopoldo Amorín, José Raúl Gutiérrez, Manuel Hermes Gutiérrez, Juan Mario Gutiérrez, Ángel Gelpi, José Victoriano Silva, José María Méndez, Cosme Fernández, Antonio Ubici, Ernesto Luis Estévez, Domingo Devotto Gutiérrez, Arnaldo Javier Azambuja, Marciano De Souza Reis, Juan José Recalde, Miguel Francisco Recalde y Pedro Benito Solari.
El Saladero sigue trabajando a ritmo casi normal y se va adecuando también a las técnicas de la utilización del frío para la conservación de la carne.
En el año 1948 la sociedad se pasa a denominar Saladero La Caballada S.A., y sigue en actividad hasta que realiza la última faena de exportación en el año 1953.
Es bueno recordar que ya en el año 1876 el barco a vapor “Frigorifique”, propiedad del ingeniero Charles Tellier había llegado por primera vez a Buenos Aires trayendo un cargamento de carne ovina y vacuna conservada a cero grados centígrados con equipos de amoníaco desde Europa después de un viaje de 105 días. Esto fue todo un acontecimiento y provocaría e iniciaría un gran cambio en la preparación de la carne para su comercialización y transporte.
PERÍODO 5 – 1963 – 1995
A principios del año 1963 Noel David de Lima se comunicó con José Luis Dutra quien en ese momento se encontraba en la antigua ciudad de Melo y le informó que habría posibilidades de adquirir el antiguo saladero La Caballada. Dutra viajó en su avioneta desde Melo a Salto en compañía de Carlos Vargas y visitan la planta del Saladero junto a don Pedro Solari y allí dan comienzo las negociaciones y luego de diez años del cese de las actividades de exportación, el viejo saladero La Caballada es adquirido por los hermanos Juan Andrés y José Luis Dutra Romero y con Cybarán S.A., reinician las actividades de faenas de vacunos y ovinos con destino a la exportación.
Para este emprendimiento hay que adecuar totalmente la planta industrial y llevarla al nivel que exigen los mercados compradores del exterior. Se inicia esta etapa con buen éxito y se logra acceder en el corto tiempo a todos los mercados del mundo a los que nuestro país tenía acceso.
Con el apoyo y la orientación del directorio, el Ingeniero Alberto Hintermeister (nacido en Winterthur – Suiza), comienza el proyecto del diseño de la nueva planta industrial. Consigue un eficiente equipo de apoyo técnico que culmina con una excelente realización logrando un armonioso proyecto que requiere de una estructura de obra civil de 22.000 metros cuadrados y ocho niveles de trabajo.
Esta planta industrial es muy eficiente y sanitariamente apta. Los equipos para su funcionamiento fueron seleccionados de las mejores marcas, muchos de los cuales hoy siguen en funcionamiento.
Pasan por la gerencia de la planta industrial varias personas hasta que en febrero de 1972 se hace cargo de la gerencia el técnico agropecuario Carlos A. Vargas; paralelamente conforma un muy buen grupo humano el que participa activamente con sus opiniones prácticas en la concreción de cada una de las etapas a construir. En los momentos picos de zafra se llegan a ocupar más de 700 operarios incluyendo al personal administrativo. En el año 1982 se instala la primera caldera a leña con combustión en gasógeno del país, con una capacidad de generación de 8.000 kg de vapor por hora y un consumo de 60.000 kilos de leña por día. Para este fin sería necesario forestar 450 hectáreas.
En febrero del año 1995 La Caballada Cybarán S.A., cesa sus actividades dejando a su espalda una prestigiosa marca muy bien posicionada en el mercado internacional, siendo además en ese momento una de las plantas más eficientes en el país.

Cuando hubo que ponerle el
hombro para no dejarlo caer

PERÍODO 6 – 1995- 2001
A partir de febrero de 1995 el técnico agropecuario Carlos Vargas – hasta el momento gerente de la planta industrial- reúne un grupo de funcionarios de La Caballada y se ponen como meta no dejar caer el esfuerzo de tantos años y más aún – sabiendo las características del establecimiento, del reconocimiento a nivel internacional de sus productos y de lo que significaría para Salto y la región la pérdida de esta importante, eficiente y armónica agroindustria.

La Casona de Don Pascual Harriague fue su residencia y  allí tuvo sus primeros viñedos. Luego fundó el frigorífico

La Casona de Don Pascual Harriague fue su residencia y
allí tuvo sus primeros viñedos. Luego fundó el frigorífico

Este grupo de exfuncionarios en forma honoraria realiza en sus tiempos libres, en forma rotativa y organizada la conservación de la totalidad de la planta protegiéndola del deterioro de la inactividad, la suciedad y también del saqueo que una situación como esta siempre traería aparejada. También una parte de los administrativos colaboran con sus ex compañeros y les preparan las historias laborales, los años acumulados de servicio para adecuar sus períodos jubilatorios certificados de actividad, constancias para posibles empleos y toda clase de documentación que cada persona podría necesitar. Se trata de recuperar al máximo la documentación para acomodarla y entregarla al BPS para entre todos facilitarles también a ellos esta compleja tarea.
También durante estos años se atendieron y se prepararon más de 70 carpetas con las características de la planta y proyectos de producción a numerosos grupos que fueron visitándola, interesados en ponerla nuevamente en marcha. Esta tarea demandó decenas de viajes a Montevideo y Buenos Aires que con esfuerzo y optimismo se fueron realizando uno tras otro. Lamentablemente siempre por algún motivo en determinado paso de las negociaciones los interesados no lograban calificar ante el BROU u otras dependencias estatales.

Los últimos períodos hasta llegar hasta Marfrig

os últimos períodos en la situación del frigorífico, hasta llegar al actual en que está en manos del grupo brasileño Marfrig, fueron descriptos de esta forma.
PERÍODO 7 2001 -2004
Viendo como el tiempo pasaba y que cada vez se hacía más difícil aportar todo el tiempo que la conservación de la planta exigía, Vargas y algunos de sus colaboradores consultan a un grupo de conocidos empresarios profesionales de Montevideo, quienes aconsejan seleccionar de los últimos interesados a dos grupos por lo menos y que aunque no hubieran calificado en el BROU, se los invite a presentar en forma conjunta e integrando la nueva sociedad, alguien representativo y capacitado del grupo del frigorífico para darle credibilidad, seguridad y posibilidades serias al emprendimiento, “ya que el BROU requería” que se conservara la unidad productiva intacta y que la empresa fuera exportadora.
Siguiendo lo aconsejado, Carlos Vargas selecciona al azar a dos grupos que se habían presentado al banco y que no habían calificado y con Carlos Vargas integrando la sociedad se hace la oferta al BROU con Cledinor S. A., ya constituida el 30 de agosto del 2001, la que es aceptada por el BROU el 17 de octubre del 2001.
A partir de este momento, el grupo encabezado por Carlos Vargas y acompañado por el Ingeniero Mecánico Otto Vicente Cabral, inicia la puesta en marcha de la planta industrial, la selección de los técnicos, la recuperación del personal capacitado, el reinicio del relacionamiento con las autoridades de los organismos nacionales competentes, de retomar los contactos con los clientes del exterior y avanzar con las innumerables gestiones necesarias para facilitar la operativa. Se aporta además una importante cantidad de repuestos originales importados, herramientas especiales y los materiales necesarios para la recuperación y puesta a punto de las maquinarias, equipos y edificios. Mientras tanto el otro grupo de la sociedad se hace cargo de la parte administrativa, económica y todos sus anexos como se había pactado.
Es muy difícil nominar a cada uno de los exfuncionarios de Cybarán que se integraron voluntariamente al grupo de apoyo y sumamente injusto olvidar de incluir en esta lista algún nombre, pero de todas maneras vale la pena correr el riesgo; algunos se integraron casi a full… otros no tanto pero todos lo hicieron con una enorme voluntad de lograr el objetivo planificado, desde el principio estuvieron integrando el grupo Egar Ferrón, Gloria Pacheco, Gustavo Cayetano, Washington Fagúndes, Antonio Vital, Miguel Yemini, Jorge Pérez, Rita Firpo, Alejandro Arismendi, Roberto Bruzzone, Juan José Campodónico, Enrique Borba, Mario Osés, Miguel Rognoni, Maurita Iriart, Pedro Correa y muchos integrantes de su familia. Los cuatro hermanos Vargas, el Ingeniero Agrónomo Pablo Caubarrere, Andrés Panissa, Gonzalo Vital, Heber Coelho, Nelson Pacott, Manuel Irabuena y Osiris Silvera entre otros.
Otro punto muy importante a destacar del personal del frigorífico administrativo y jornalero es que en el momento del inicio de las actividades de mantenimiento y obras, después cuando comenzaron las faenas y la producción una parte muy importante del personal integrado a estas tareas desinteresadamente colaboró con horas gratis de su trabajo diario durante un período importante para ayudar a capitalizar el inicio de la nueva empresa y son conscientes además que si la planta es eficiente ganan todos y que si no lo es, pierden todos y si ello sucediera la planta cesará sus actividades nuevamente y será muy difícil en esta época volver a recuperarla.
PERÍODO 8 – 2004 -2007
Llegada a esta etapa, todo iba encaminándose satisfactoriamente. El primer inconveniente surge cuando no hay capital de giro suficiente y se dificulta la obtención de nuevos créditos. Cuando la situación se estaba complicando seriamente, por fortuna aparece un grupo de empresarios norteamericanos que quieren invertir en la industria de la carne en Uruguay. El 11 de mayo del 2004 el grupo Prestcott Int., representado por Douglas Cooper, acompañado por el Ingeniero Agrónomo Jorge Lena, se asocia a Cledinor S.A y desde ese momento nuevamente se retoma el camino con un horizonte más claro y se continúa con el impulso y el respaldo que se estaba necesitando.
El grupo Prestcott Int., que se había asociado el 11 de mayo del 2004 a Cledinor S.A., y toma el control absoluto de la planta industrial.
Así La Caballada sigue trabajando y liderando como en sus mejores momentos y dando el trabajo digno a 700 familias en forma directa, más la cadena de trabajo indirecto que esto genera y saben que deberán cuidarla día tras día si quieren ver el crecimiento de su armoniosa planta industrial y que en el futuro sea también el sostén para sus hijos y de más personas que como ellos tengan la aspiración de trabajar dignamente e integrarse a ella.
La planta industrial del frigorífico La Caballada sigue en forma constante adecuándose a los requerimientos de los exigentes mercados internacionales a los que exporta y también avanzando técnica y responsablemente en el cuidado del medio ambiente y la recuperación total de los sub productos industriales.
PERÍODO 9 – 2007 – 2011
En junio del 2007, Tacuarembó Marfrig Group se hace cargo del 100% del paquete accionario de La Caballada y pasa a ser el actual protagonista del desarrollo de esta importante industria y seguirá liderando sin dudas en nuestra región con sus excelentes productos y con su muy buena planta industrial, seguirá conquistando nuevos mercados.
Luego de esta sencilla reseña del pasado y ya en el presente no tenemos dudas de que La Caballada seguirá avanzando y liderando siempre en base a la capacidad de sus directivos y funcionarios quienes la llevarán adelante en forma incansable, volcando sus energías hacia el futuro al conocer por su experiencia y con certeza las características de su planta industrial, la potencia de la región y su influencia geopolítica y pensando además que han sido partícipes del acontecimiento que significa integrar la empresa en momentos que esta ha cumplido los 150 años de su fundación, desde el 27 de enero del año 1860 hasta el 27 de enero del 2010 y que durante este período ya han pasado dos siglos de trabajo y prestigio.

El uso del río Uruguay en diferentes épocas y dos grandes anclas recuperadas de su lecho

Vargas rememora asimismo con fotos ilustrativas en su trabajo, dos épocas en que el Río Uruguay servía como vía de transporte fluvial a la producción de carne industrializada, utilizando para ello embarcaciones adecuadas.
Dice Vargas, se registraron dos épocas del uso del muelle de La Caballada (situado frente al frigorífico) el primero en el entorno del año 1865 en goletas a vela y el segundo en el mismo muelle en el año 1944 en barcos a vapor descargando caballos de Entre Ríos. En ambos períodos se ve el muelle de altas crecientes. Del tamaño de las chatas que operaban en esta zona en 1860. En el año 1974 se comenzó a llenar la represa de Salto Grande (y para ello fue necesario “cortar” el flujo de agua produciéndose una gran bajante aguas abajo de la represa.
La bajante del río Uruguay fue muy importante y en ese momento la desembocadura del arroyo Las Viudas se visualizó un ancla a unos trescientos metros de la costa. Con mucho trabajo se logró recuperarla. Pesaba 2.300 kg. Tenía unos quince metros de cadena y más de dos metros de altura. Hoy está en la Plaza de los Astilleros frente al Salto Rowing Club.
Vargas agrega: “nos podemos preguntar por qué hoy no lo usamos (al río) por qué se dejó de usar no lo sé, pero tengo comentarios de gente de aquella época que el costo operativo de tierra los hizo incompetente e inoperable.
Hoy se está estudiando la posibilidad de reflotar el transporte fluvial para dar salida a la producción de Salto y Concordia, como sucedió en aquellas épocas.
Seguramente el puerto de La Caballada es uno de los puntos del río Uruguay que cuenta con mayores posibilidades para servir de base a estos efectos, dado que se procura precisamente un punto más al sur del puerto de Salto.

 







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