Las huellas que el corazón atesora

Las huellas que el corazón atesora

El centenario de la Escuela 35 de Nueva Hespérides

El niño rural es particular, se diferencia con el niño urbano, no sólo por sus costumbres y su entorno, sino en su forma de ser, de hablar, de mirar, de expresarse. Y así son los niños que asistieron y los que asisten hoy a la Escuela Nº 35 de Nueva Hespérides.

Escucharlos y verlos cantar emocionados el Himno a la Escuela Rural, es una de esas particularidades que sólo ellos tienen y que se mantienen con el correr de los años. Así lo vimos festejar y así lo vivimos junto a alumnos, docentes, exalumnos e incluso familiares de tanta gente que ha aportado tanto a la comunidad de la zona.

BEATRIZ RATTÍN

Beatriz Rattín, una de las ex alumnas de la escuela participó de la parte oratoria en el festejo de los 100 años de la institución, indicando que en la fecha, se festejaban «los primeros cien años de esta nuestra querida Escuela 35».
Recordó que la fachada, aljibe, los salones, y el patio son los mismos; «¡Cuántos recuerdos! Mi mente regresa 63 años atrás, yo tenía 6 años; primera túnica, moño azul impecable, cuaderno y lápiz, las primeras maestras; señorita Chita,

Beatriz Rattín una de las exalumnas

Beatriz Rattín una de las exalumnas

señora Odila, nuestras segundas madres, así nos enseñaban a llamarlas. Había un salón, para primero y segundo y el otro para tercero, cuarto y quinto, no había sexto…
El recreo tan esperado, pero primero era obligatorio la merienda; cocoa, galleta y dulce de membrillo, si no merendábamos, no había recreo».
Rattín recordó que en su época, juegos había muchos; entre ellos, «pelota prisionera, rayuela, la rueda rueda, la mancha y la infaltable cuerda de saltar; aceite vinagre y picante, si llegabas a picante, te quedaban las piernas llenas de moretones de los chirlazos», (despierta risas entre los presentes). «Los niños de hoy; ¿conocen estos juegos?» -se preguntó – «¿Pelear? Peleábamos, pero sin quejarnos, sino al otro día, no había recreo. Éramos niños felices…», expresó.
Asimismo recordó que cuando la comisión de fomento preparaba una kermese bailable, «los niños nos encargábamos de vender rifas, la escuela era nuestra segunda casa.
Recuerdos, añoranzas, anécdotas, hay muchas, hoy con orgullo, agradecemos que en esta escuela, aprendimos a escribir, a leer, a conocer y respetar nuestros Símbolos Patrios, te llevamos en el corazón Escuelita 35 de Nueva Hespérides, exalumnos y alumnos, te deseamos un feliz cumpleaños».
Beatriz comentó a EL PUEBLO que ella sus seis hermanos asistieron a dicha escuela. En su caso cursó hasta cuatro año, ya que luego se mudaron para Colonia 18 de Julio.
Recordó que a diferencia del resto de las escuelas rurales, donde el horario es de 10 a 15, el horario era en verano por la mañana de 8 a 12, y el resto del año era de tarde de 13 a 17, no había almuerzo.
Indicó que junto a sus hermanos iban a la escuela a pie, vivían en la esquina del campo de aviación, y a veces «cuando coincidía que el ómnibus de Lombardo venía del centro, a mediodía nos traía. También a veces la maestra nos llevaba en su camioneta, las maestras no vivían en la escuela se iban todos los días».
Recordó con cariño a su maestra «los siete hermanos fuimos alumnos de la señora Odila Medina Ipar (Chita), ella estuvo en la escuela como 30 años, la otra maestra era Odila Ruiz Prinzo de Castellini, eran nuestra segunda madre, le teníamos mucho respeto…».
WILSON CARDOZO RECITÓ SU PRIMERA POESÍA
Wilson Cardozo, otro exalumno de la Escuela Nº 35, también participó del acto y en su intervención recitó la primera poesía que hizo cuando tenía 8 años.
«Quiero dejar mi cariño sembrado acá donde mi padre era un hombre campesino que vivía en los campos de Williams, mi madre, mis otros hermanos, algunos mayores que estuvieron acá, y quien sabe cuántos hay acá (en el público) que compartieron conmigo las clases, que hoy no los recuerdo, por lo menos están sin moña y sin túnica…»
Con un tono de poesía Cardozo añadió; «Acá, en Nueva Hespérides, acá, donde florecen los naranjos, aquí planté mi corazón, por eso con gusto quiero repetir la poesía de Fernán Silva Valdes; El trompo».
Entonces, con un trompo de madera y una cuerda en sus manos, y como un niño, Cardozo recitó su poesía seguramente con el mismo entusiasmo y emoción que la primera vez cuando tenía 8 años.
«Tengo un trompo zumbador
con metro y medio de chaura;
con él no respeto pelo;
con él, no respeto marca.
Tiene una púa grandota
afilada como un arma;
breva que cae a la troya
breva que sale averiada.
Cuando hago un tiro de lujo
y en la palma lo levanto,
baila, baila serenito
y se duerme en la mano.
Le llaman el mangangá
porque zumba que hay que ver;
nunca lo quise cambiar;
nunca lo quise vender.
Y para que los muchachos
no me le hagan repeluz,
en el medio de la panza
tiene una señora cruz».
Wilson vivió en la zona, los primeros 9 años de su vida y cursó los primeros 3 años en esa escuela. Hoy tiene 77 años y recuerda con añoranza esos años en Nueva Hespérides. Su padre era un campesino «con una inteligencia excepcional,

El maestro Wilson "Quito" Cardozo exhibiendo el trompo  motivo de su primer poema

El maestro Wilson “Quito” Cardozo exhibiendo el trompo
motivo de su primer poema

a pesar de no haber ido nunca a la escuela, era músico, tocaba el acordeón, el piano, todo de oído, estaba casado con Flor de Liz Fagúndez de Salto Nuevo, aquí nos criamos todos…», dijo a EL PUEBLO, agregando que también trabajó en este diario, durante ocho años, desde el año 1960 al 1968 cuando me recibí de maestro. Fue en la época de Fausto Carcabelos, de Carballo, del Flaco Etchevers…
Cardozo fue maestro rural durante muchos años y también fue director de escuelas urbanas (Nº 81 y Nº8).
La inocencia de los niños «es algo innato, esa es la riqueza de los niños, pero el niño rural tiene esa delicadeza, esa finura, esa ternura y esa hospitalidad que nace del corazón de los padres, porque el hombre rural tiene esa hospitalidad».
Cardozo está casado y tiene tres hijos, «gracias a Dios los tres son profesionales, mi hija mayor es maestra, el segundo es profesor de idioma español y psicólogo, y el más chico médico veterinario».
Sobre la poesía que recitó, dijo que es algo que no se puede olvidar, «fue la primera que hice, tenía 8 años… me la acordaba toda».
Quizá por haber sido un niño rural, Cardozo tiene esa particularidad de transmitir sinceramente el cariño que le tuvo a ese lugar, donde «están las raíces más profundas de mi vida, aquí aprendí a caminar, a comer, aprendí las primeras letras, así como a conocer a las maestras (Odila Ruiz de Castellini y Odila Ipar)», recordó.

HOMENAJEADAS
Por otra parte fueron homenajeadas varias exalumnas de la Escuela 35, quienes fueron unas de las primeras alumnas de la institución, las que recibieron un presente entregado por los alumnos más pequeños que asisten hoy.
Fueron ellas, Yolanda Tanoni, María Josefa Herrea, María Leonor Ricciardi, Ana Celeste Ricciardi, e Hilda Oyenart.
María Leonor Ricciardi, tiene hoy 94 años. Cursó los tres años en la Escuela Nº 35, porque entonces se cursaban solamente tres años, vivió en la zona hasta que se casó.
Ana Celeste Ricciardi, hermana de María Leonor, cumplirá 90 años el mes que viene, y también cursó los tres años en la Escuela 35. Cuando se casó se vino a la ciudad, pero aún hoy continúa viviendo en la zona.

Maestra Directora Magela Rivarola Rodríguez
“Pudimos dar a conocer que en Nueva Hespérides, el centro educativo cumplió 100 años”, dijo la directora de la escuela

Pocas veces se da que una escuela cumpla sus primeros cien años de vida en el mismo local que la vio nacer. Sin embargo, a veces sucede. Este es el caso de la escuela rural Nº 35 de Nueva Hespérides, a 6 km de la ciudad de Salto, que el pasado 16 de mayo celebró su centenar de vida con un acto protocolar y varias actividades conmemorativas.
La maestra directora de la escuela, Magela Rivarola Rodríguez, se mostró muy emocionada por la celebración y dijo a EL PUEBLO que la jornada fue vivida con alegría y emoción tanto por parte de los exalumnos como por las nuevas generaciones que compartieron una instancia única, el cumpleaños Nº 100 de su escuela.

Uno de los momentos más emotivos, los más pequeños  les obsequiaron flores a las exalumnas más veteranas

Uno de los momentos más emotivos, los más pequeños
les obsequiaron flores a las exalumnas más veteranas

“Quedamos muy conformes con como salió todo y por la cantidad de gente que nos acompañó. Habíamos estado hablando con los niños sobre la historia de la escuela y la celebración de los 100 años y ese día lo vivieron de una forma muy especial. Además pudieron representar a través de una obra de teatro los 100 años de la escuela. Las representantes de las primeras generaciones también vivieron la jornada con mucha emoción sobre todo cuando recibieron un obsequio de parte de los niños de inicial. Finalmente pudimos contar con cinco exalumnas y eso nos puso muy contentos a todos”, comentó Rivarola.
“Los objetivos que nos habíamos planteado para la jornada de celebración se cumplieron muy bien, porque pudimos llevar a cabo el acto y las diferentes actividades previstas. Hicimos el descubrimiento de una placa recordatoria por los 100 años y pudimos dar a conocer a la gente que vive en ese lugar y a toda la población salteña que en Nueva Hespérides, el centro educativo cumplió 100 años y que tiene una rica historia que aún mantiene viva en las nuevas generaciones”, agregó.
26 NIÑOS Y DOS MAESTRAS
La escuela Nº 35 de Nueva Hespérides, actualmente tiene 26 alumnos, que van desde inicial de cuatro a sexto año. Cuenta con un personal docente efectivo compuesto por la maestra directora Magela Rivarola que atiende de inicial a segundo año y la maestra Patricia Fonseca que trabaja con los niños de tercer año en adelante. Mantiene su horario curricular de 10 a 15 horas y su comunidad educativa está conformada por los niños de la zona donde sus padres trabajan en las chacras del lugar, además de niños que viven próximo al aeropuerto y zonas aledañas.
Finalmente, la directora agradeció a las familias que están colaborando para que el próximo 16 de mayo “quede todo pronto y de la mejor manera para el inicio de las celebraciones”, que constituirán todo un gran acontecimiento para la zona.
EL LOCAL MANTIENE LA FACHADA COLONIAL DE LA ÉPOCA
La escuela está ubicada en la localidad de Nueva Hespérides, a 6 km de la ciudad de Salto y aún conserva el mismo local educativo, con algunas reformas menores habida cuenta del paso de los años y el deterioro natural de su uso en una edificación centenaria. Más allá de eso, su fachada y distribución de las aulas prácticamente mantienen su imagen originaria.
“La fachada colonial de la escuela se mantiene casi intacta, aunque constantemente se tienen que hacer reformas en el local habida cuenta de los años que tiene. Actualmente con la ayuda de la Intendencia de Salto y del SUNCA (Sindicato Único Nacional de la Construcción y Afines), se está trabajando en eso, en las reformas”, comentó la directora.
Rivarola destacó también que el predio de la escuela fue donado por Nicolás Solari con la finalidad de la construcción de la escuela y a cien años de ese hecho, la escuela aún se mantiene presente y activa.

Maestra Inspectora Nora Kosolap “La comunidad allegada a la escuela ha demostrado un espíritu de compromiso”

La Maestra Inspectora de Zona Nora Kosolap rememoró la fecha en que la Escuela No. 35 de Nueva Hespérides abrió sus puertas y al investigar los números oficiales se puede apreciar que comenzó a funcionar con 25 niños y una maestra.
Esa apertura permitió cumplir “con los más nobles pensamientos de Varela, nuestro principal propulsor de la escuela pública y una de sus frases siempre se mantiene vigente. Para el individuo la Educación es cuestión de vital importancia.

En el acto la Directora hace uso de la palabra

En el acto la Directora hace uso de la palabra

Lo es más aún para aquellos pueblos que han adoptado la forma de gobierno democrática republicana. A la semana de haber comenzado a funcionar la escuela se contó con una matrícula de 38 niños y al finalizar el primer mes de la fundación, el número de escolares ascendió a 59 reflejando la imperiosa necesidad que existía en la zona de que se acercara la educación pública a ese grupo de colonos que había instalado en la zona con ansias de progreso y la búsqueda de un horizonte prometedor para sus familias.
Necesitaban munir a sus hijos con una herramienta básica como la brinda la escuela pública, una herramienta que facilita la inserción en la sociedad, la educación basada en los pensamientos de pedagogos tales como Freire: “La escuela que es aventura, que marcha, que no le tiene miedo al riesgo y que por eso mismo se niega a la inmovilidad.
La escuela en la que se piensa, en la que se actúa, en la que se crea, en la que se habla, en la que se ama, se adivina la escuela que apasionadamente le dice sí a la vida”.
Avanzando en la lectura de documentación oficial se aprecia el sacrificio que debieron hacer los niños hace cien años para poder usufructuar el derecho a la educación y a su vez cumplir con obligaciones familiares que implicaban la colaboración en las tareas laborales por ejemplo cuando asistían a la escuela a pedir licencia para entrar más tarde a clase porque debían concurrir a la ciudad para vender leche. Así se expresa en el diario de la escuela de 1917. Era una tarea muy habitual para la época. Por otra parte los niños de hoy, se comprometen con los quehaceres propios de la tarea que emprende cada familia en la zona, para el sustento. El 11 de julio de 1917 la escuela recibe la primera visita de un inspector que hace el siguiente comentario en el diario escolar: “El estado de esta escuela es en general, bueno”, quedando gratamente impresionado por la asistencia, disciplina y orden de la misma.
Sin dudas que en este comentario subyacen las características de una población comprometida con la educación de sus hijos, que valoran a la escuela que posibilita el crecimiento personal y el inicio de un largo camino de formación, cualidad que hoy aún perdura.

100 años de la Escuela No. 35 de Nueva Hespérides
Un centro educativo de puertas abiertas al saber y a la instrucción

El pasado martes – en un clima de alto voltaje emotivo y de alegría – la Escuela Nº 35 de Nueva Hespérides celebró sus primeros 100 años de vida en compañía de alumnos, exalumnos, vecinos y allegados al centro educativo que supo consolidarse en la zona a lo largo de diez décadas.
Autoridades militares, policiales, de la educación junto al director de cultura de la Intendencia de Salto, Mtro. Jorge de Souza y el secretario general, Lic. Fabián Bochia hicieron énfasis en la trascendencia del acontecimiento para nuestro departamento.
La Directora Magela Rivarola, rememoró diferentes tramos de la vida de la institución que nació en 1917 cuando el vecino Nicolás Solari dio en donación 6.400 metros cuadrados de terreno, incluyendo la parte edilicia.
En 1980 la donación se hizo legal y hasta nuestros días el edificio mantiene su singular estructura de estilo colonial.
Las clases dieron comienzo con apenas 25 niños un 16 de mayo de 1917.
Ese mismo año la población aumentó a 63 alumnos.
Primeramente se formaron grupos de preparatorio, primero y segundo año.
Los alumnos tenían que hacer largos trayectos a pie para llegar a la escuela y luego se instauró una línea de ómnibus.
UN CENTRO ESCOLAR CON MILES DE HISTORIAS
Fueron hijos de inmigrantes que poblaron la zona y formaron parte de esa educación en la Escuela 35 que nunca cambió el rumbo de su misión… llevar adelante su labor educativa en un espíritu de compromiso y continuidad.
El Maestro CAPDER (Coordinador de la Educación Rural del departamento) remarcó el vínculo de todos los ciudadanos que todos estos años han mantenido cercanía con la escuela y tienen muchos recuerdos para compartir.
“Es una instancia para la alegría y en lo que atañe al departamento de educación rural continuamente estamos reunidos y pensando siempre en la calidad de la educación y que todos puedan disfrutar de la socialización que sin dudas se necesita” – enfatizó.
100 AÑOS DE LABOR FRUCTÍFERA Y CONSTANTE
Varias fueron las personas y autoridades que compartieron algunos pensamientos acerca de la escuela
El secretario general de la Intendencia, Lic. Fabián Bochia, por ejemplo, hizo énfasis en todas las anécdotas que pudo escuchar que fueron sucediendo a lo largo del primer siglo de la escuela, “un siglo de esfuerzo de vecinos, de niños, de educadores, de esfuerzo educativo. Hay un siglo continuado de gente comprometida con la mejor herramienta social que se conoce y que es la educación”. Ha sido un siglo de trabajo continuo y esfuerzo constante que ha unido varias generaciones que aún en la actualidad siguen colaborando con la escuela.
Bochia agregó, además, que “no pensemos en el edificio, pensemos en la gente, en un siglo de continuidad y esfuerzo. Hay generaciones de abuelos, padres, hijos, nietos, que seguramente seguirán colaborando con la institución y desde esta administración seguiremos apoyando para que sean muchos años más con este maravilloso ejemplo que nos brinda esta escuela”.

 







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