Robos y destrozos en las escuelas pasan a ser acciones cotidianas

Robos y destrozos en las escuelas pasan a ser acciones cotidianas

La escuela era algo así como un templo, un recinto sagrado para nuestros padres y su generación. Es que cuando se producía un robo en uno de estos locales sus autores eran “escrachados” al punto que difícilmente volvieran a ser admitidos como integrantes “normales” de la comunidad.
Hoy día, quizás como manifestación de una sociedad más violenta, con mayor marginación y grandes dificultades para la inclusión social, las escuelas suelen ser blanco no sólo de robos, de comestibles y todo lo que sirva para hacer dinero, sino de daños “gratuitos”.
Se llega al colmo de ingresar durante el período de vacaciones, cuando se sabe que la escuela queda sin vigilancia, sólo para dañar y hasta defecar en los salones de clase, quizás como una deformada suerte de protesta hacia ese lugar por el que generalmente pasaron y obviamente que se sintieron mal, desplazados o relegados, en parte por su propia culpa, en parte porque nuestra sociedad sigue sin hincarle el diente a los temas de fondo de la marginación.
En la pasada semana llamó poderosamente la atención que en el mismo día fueran denunciadas dos de estas situaciones. La escuela 110 de villa Constitución sufrió la acción de los ladrones que se llevaron dos garrafas y el microondas del local escolar. Quizás sus hermanos o familiares cercanos estén entre los niños que se verán afectados por la falta de estos elementos, pero no hay códigos.
El mismo día la Escuela 111 de la ciudad, en las cercanías de la zona de Apolón que desemboca en la costa y de un asentamiento conocido como “La Humedad”, fue blanco también de acciones vandálicas. En este caso la moderna edificación sufrió la rotura de más de 20 vidrios. Nada importa. No hay códigos.
En una escuela pública donde son más frecuentes los temas de las persecuciones y presiones, hoy denominados “bullying” y es frecuente también que quienes tienen la responsabilidad de enfrentar y desbaratar estas situaciones se limiten a ignorarlas, a mirar hacia otro lado, esta suerte de reacciones, que algunos consideran de cierto “odio”, siguen estando a la orden del día.
La escuela es sólo la primera manifestación de lo que es la sociedad. La violencia que suele hacerla blanco de sus actos vandálicos, no son muy diferentes de las acciones que se ponen de manifiesto en otros casos.
Es difícil que haya una sola escuela pública que no fuera blanco de robos o daños, algo que hasta años atrás llamaba mucho la atención, hoy es lo cotidiano, no sólo en la ciudad sino también en otros centros poblados.
Por el momento se salvan las escuelas rurales, alejadas de estos centros poblados, donde la escuela sigue siendo considerada un lugar de respeto, donde los vecinos son conscientes de que su funcionamiento ayuda a sus hijos a superarse y a lograr realizaciones importantes en la vida.
En el siguiente informe abarcamos este tema, para ponerlo en la palestra pública, procurando que sea analizado con mayor profundidad, a las puertas del inicio de un nuevo año lectivo.

Rejas y alarmas para las escuelas
Primaria demora entre un mes a un año en reintegrar lo robado, entre tanto, la comisión de padres recauda fondos

Es cierto que los ladrones no tienen día ni horario como se dice popularmente y que los robos en los locales educativos no escapan a la andanada de hurtos perpetrados de forma cotidiana, sin embargo, las fuentes consultadas por EL PUEBLO para realizar este informe, coincidieron en que el mayor número de robos en las escuelas se produce durante las vacaciones, cuando no hay clases y los locales aparecen desolados y son blanco fácil para el vandalismo.
La semana próxima darán inicio las clases en educación primaria y muchos directores deben trabajar intensamente junto a las comisiones de padres y colaboradores para poner a punto los edificios, tras roturas de vidrios y robos de diferentes artículos.
Si bien no se puede precisar el costo que implica para cada centro educativo hacer frente a los destrozos, roturas y robos producidos, no cabe duda que implica un arduo trabajo para directores y padres que deben hacer festivales o la venta de bonos colaboración para recaudar fondos mientras se llevan a cabo los dificultosos y lentos trámites ante la ANEP (Administración Nacional de Educación Pública) para obtener más recursos.
“Lo que más roban son productos electrónicos, computadoras, laptops, ese tipo de cosas que hay en las salas de dirección. Pero les sirve todo lo que puedan revender y de paso destrozan lo que encuentran”, dijo una fuente allegada a una escuela de uno de los barrios más carenciados de la ciudad.
“BUSCAN LA PLATA FÁCIL”
“Ellos buscan la plata fácil, en mi escuela robaron ahora en enero. Rompieron el vidrio y entraron. Se metieron a los salones, a la biblioteca y destrozaron todo, pero no pudieron entrar a la secretaría porque hay alarma”, dijo una maestra que prefirió no identificarse.
Durante el transcurso del año, son muchas las acciones de vandalismo contra las escuelas, “apedrean, rompen vidrios, entran para destrozar, todo para divertirse. Pero los robos se dan más en las vacaciones”, agregó.
En algunos casos los ladrones ingresaron a la cocina de los locales educativos y roban hasta los víveres para preparar el desayuno y el almuerzo de los escolares, aunque estas situaciones son las menores.
La situación es tan preocupante que los allegados al grupo docente y directores suelen dialogar entre ellos y con las autoridades por lo que sucede a diario, porque “hay lugares en que roban tanto que a veces no da el tiempo de reponer” y tratan de hallar una salida a esta situación que pasa sobre todo por aumentar la seguridad en los locales.
ENTRE UN MES A UN AÑO PARA OBTENER LOS RECURSOS EN PRIMARIA
Cada vez que se genera un robo, hay que realizar todo un trámite muy engorroso y que lleva mucho tiempo para poder obtener otro producto similar al robado o su equivalente en dinero. Primero se debe hacer la denuncia en la Seccional Policial más próxima y presentar ese documento en la Inspección de Primaria que luego lo eleva al CEIP (Consejo de Educación Inicial y Primaria) y esperar que los trámites propios de la burocracia den un resultado favorable para la escuela y el Consejo apruebe el envío de la partida correspondiente a lo robado.
Entre tanto, pueden pasar varios meses. Por eso, las escuelas suelen hacer todo tipo de malabares para conseguir los recursos y hacerse de los útiles que necesita o reparar vidrios, cerraduras rotas o rejas de las ventanas dobladas o arqueadas por los ladrones. “Es todo un trámite imponente que hay que hacer y esperar para que te repongan lo que te robaron en una escuela, a veces la Inspección te da el dinero, pero otras veces tenés que esperar y ahí se complica”, comentaron a este diario. La demora puede ser de uno o dos meses y en otros casos llegar a 6 meses o un año, según la disponibilidad de recursos de Primaria.
Pero hay casos en los que no se puede esperar porque “no vas a esperar todo un año a que arreglen un baño”, por ejemplo.
En este sentido, los festivales o las ventas de bonos colaboración son un aporte importante para las escuelas que con lo recaudado hacen frente a las mayores urgencias mientras esperan el dinero de Primaria, porque “si lo necesitas rápido hay que salir a buscar la plata”.
EL APOYO DE LA COMISIÓN DE PADRES
Por fortuna, el equipo director y de maestros de las escuelas cuentan con el apoyo de las comisiones de padres o comisiones fomento, que en algunos casos se involucran más y en otros menos, pero son un aporte valioso para la institución.
“Lo que pasa es que a veces los padres no ven una respuesta de la dirección al trabajo y ahí es cuando se alejan, pero si ellos ven que se hacen cosas, se compran equipos y que se ve lo que se recauda, los padres colaboran”, comentaron.
MÁS REJAS Y ALARMAS A LOS LOCALES
La única respuesta que se puede hacer ante esta situación es generar más seguridad en los locales. Si bien casi ninguna escuela cuenta con serenos porque implica un costo muy alto para Primaria, la solución que comenzaron a tomar algunos centros es colocar sistemas de alarmas en aquellos espacios donde hay cosas de mayor valor como la secretaría o la dirección.
“Otra cosa no se puede hacer, hay que buscar de cualquier manera aumentar la seguridad porque la situación es cada vez peor”, concluyó uno de los comentarios brindados para este informe.

Según el consejero de Educación Inicial y Primaria Héctor Florit:
“Ponen de manifiesto una disfuncionalidad en el lugar donde se hallan las instituciones públicas en el aprecio ciudadano”

El Consejero de Educación Inicial y Primaria Héctor Florit indicó que los actos de vandalismo se producen con mucha frecuencia en el área metropolitana “y vemos con dolor que se han ido extendiendo a muchos barrios y capitales del interior”. Primeramente se dieron hechos en Maldonado, luego en Rivera, Paysandú y luego en Salto.
Florit considera que esto se da a causa de una disfuncionalidad en el lugar en que se hallan las instituciones públicas en el aprecio ciudadano, “una cierta anomia donde la sociedad moderna genera a veces desapegos de las instituciones que se conciben como afines. Más duele cuando se trata de una escuela que es percibida como un espacio de acogimiento de vecinos y familiares de quienes cometen los actos de vandalismo, una violencia que agravia y lastima a toda una sociedad”. Lo cierto es que muchas escuelas están insertadas en lugares donde no existen otras instituciones cercanas y la Policía tiene dificultades para entrar donde las maestras deben hacerlo. “Lo que no se pueda hacer desde las escuelas para recomponer ese tejido social es difícil que se pueda hacer desde otro lugar” – aseveró el jerarca.
LA ESCUELA DE MAROÑAS: UNO DE LOS CASOS MÁS ABERRANTES
Ocurrió un fin de semana de junio del 2014 y fue un «atentado», según consideró el director de Primaria Héctor Florit en aquella ocasión. El sábado por la noche un local escolar para 1.000 niños fue saqueado, robado e incendiado en Flor de Maroñas y por ese motivo el lunes no hubo clases, obligando a poner una seguridad permanente.
El sábado, cerca de la medianoche, desconocidos saquearon, robaron e incendiaron el local donde funcionan las escuelas 196 y 173, ubicado en calle Rubén Darío esquina Itazurubi, en el barrio Flor de Maroñas (Montevideo).
Héctor Florit, director de Primaria, que visitó el lugar del siniestro, estimó que este fue iniciado de manera intencional, dado que varias cortinas aparecieron impregnadas de alcohol en gel.
En total, fueron afectados cinco salones que quedaron inutilizados.
La representante de Ademu, la gremial de los maestros, Gabriela Verde, dijo a “El País” en la ocasión que se pensaba un «plan alternativo» para los menores. Informó que a través de la brigada ‘Agustín Pedroza’, el Sunca, personal de Primaria y el Codicen colaborarían con la reparación del centro escolar. Sin embargo, será un procesó «que llevará un tiempo largo», estimó.
El domingo representantes de Ademu Montevideo y las autoridades se reunieron para evaluar los daños y analizar los hechos.
«No sabe quiénes fueron, ni las causas. Destruir con esa saña una institución escolar no tiene precedentes», opinó Verde.
Florit dispuso que desde entonces el referido local escolar cuente con servicio de vigilancia las 24 horas.
El incendio en el centro escolar, que alberga unos 500 alumnos en cada uno de los dos turnos, comenzó hacia las 23.45 horas del sábado. Florit estimó las pérdidas en unos $ 100.000. Además, los que provocaron el fuego se llevaron un sistema de consolas y computadores, aseguró Subrayado.
El episodio de ese fin de semana no fue nuevo para las autoridades de Primaria y del Ministerio del Interior. Durante el año 2013 hubo unos 200 robos, agresiones o hechos de vandalismo en las instituciones de Primaria.
Según los estudios realizados, el problema afecta sobre todo a Montevideo, pese a que se nota un crecimiento de las situaciones violentas también en otros departamentos del interior del país como Rivera -donde dos centros educativos fueron incendiados- Maldonado y Rocha.

Insp. Dptal. Edgardo Laxague
«Los espacios educativos que no logran mantener un relacionamiento inclusivo son los que se ven vulnerados»

Con referencia a los actos vandálicos hacia los centros escolares, el Inspector Departamental de Primaria Edgardo Laxague dijo que normalmente la escuela es aquel espacio que la comunidad protege y vigila, sin embargo aquellos centros educativos que no logran mantener un relacionamiento inclusivo y de involucramiento y se transforma en un círculo ajeno, cuya función se resume a educar a los niños y queda fuera de la vida social del entorno, son blanco de estos ataques.
Laxague cita como ejemplo a las escuelas rurales, cuyo crecimiento es producto del cuidado de los vecinos de la comunidad, que se unen para que el centro escolar pueda contar con mayores comodidades.
Los centros quedan en el período de vacaciones sin habitantes durante largo tiempo y son justamente los vecinos los encargados de vigilar y mantener esos espacios. «Recientemente en una escuela rural apareció una puerta abierta y de inmediato los vecinos se comunicaron con la Inspección y también con las autoridades policiales.
Se constató que nadie había ingresado a la escuela y que aparentemente la puerta se abrió a consecuencia del viento, ya que no faltaba nada en el interior del centro.
Justamente los actos de vandalismo se dan ante la orfandad de sentido de pertenencia y de no formar parte de la institución. Es una cultura que se debe seguir cultivando.
El mayor logro está allí. Se podrán poner rejas que las terminarán rompiendo.
Hay escuelas de barrio que cuentan con alarmas, generalmente las escuelas que se encuentran en la periferia son las que corren más riesgo.
El Consejo de Participación es otra herramienta donde se integran los niños, docentes y padres que deben funcionar para el fortalecimiento de la institución.

Lic. Marcela Azambuja: “Para revertir esta situación es necesario seguir trabajando en estrategias de inclusión”

Antiguamente la escuela era una institución con gran sentido de pertenencia dentro del barrio y era cuidada por la comunidad.
La Lic. en Psicología Marcela Azambuja sostiene que esa fragmentación social a la que venimos asistiendo, donde las diferencias sociales se han profundizado, hace que ocurran situaciones de vandalismo. “Antes la escuela era un lugar de encuentro del hijo del doctor con el hijo del obrero y hoy ya no lo es. En la mayoría de los casos concurren los niños que no pueden acceder a la educación privada; ello ha sido una causa de fragmentación” – afirma.
Concuerda en que si se da una postura de respeto y de horizontalidad hacia la comunidad en su conjunto se podrían encontrar alternativas para cambiar la realidad.
Podemos encontrarnos con escuelas que tienen rejas, muros y ello produce una separación de la comunidad; “cuando cualquier adulto o persona se siente excluida de un lugar, ello genera agresión. “Lo que se apuesta desde el trabajo comunitario – que se hace a nivel de los centros Socat, y de las redes es la inclusión; cómo incluirnos más y le damos más participación a todos los colectivos. Y la escuela es un lugar de referencia”.
Azambuja propone como una salida continuar trabajando por la inclusión y contribuir a la mejora de la convivencia.
“No pensamos que para mejorar la convivencia tengamos que recurrir al 222 ni poner muros, rejas o alambrados. Con ello se está reforzando la idea de que hay gente que es bienvenida y gente que no lo es. Es un tema que debe trabajarse desde la cabeza de las direcciones, de las instituciones, con los maestros y las propias familias”.
La entrevistada citó como ejemplo un incidente en barrio Nuevo Uruguay, donde con frecuencia apedrean a un club y a consecuencia solicitaron recursos para comprar una malla metálica alrededor. Se les propuso que en lugar de recurrir a esa alternativa se invitara a esos niños a unirse al club y se empezó a pensar en estrategias diferentes.
Marcela Azambuja subraya que existen también otro tipo de pérdidas tan o más importantes; se trata de los niños y adolescentes que están quedando excluidos del sistema educativo. “Es un tema que debemos analizar y ver qué está pasando… por qué las instituciones no son capaces de retener al alumnado dentro de la institución.
Existe un índice muy alto de adolescentes que están fuera del sistema educativo; es una situación que las instituciones deben replantearse. Están funcionando muchísimos programas que apuntan a fortalecer el pasaje de la escuela al liceo tales como “Compromiso Educativo” y “Tránsito Educativo” a fin de que la población estudiantil no decaiga y continúe con su formación.
Sin dudas la escuela es un lugar clave para recuperar esa impronta de pertenencia al barrio y la voluntad existe. “Muchas veces se contradice con los mensajes que transmitimos sin querer, ya que existe un cuestionamiento colectivo. Por lo tanto es necesario apelar a una gran capacidad de gestión. Son procesos que exigen mucho tiempo y es necesario saber cómo manejar esa presión comunitaria y analizar la postura ideológica de cómo consideramos a las personas.