Todo cuesta arriba

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Jóvenes rurales: la distancia que la tecnología no acorta

Para los montevideanos somos los “canarios” del interior, apelativo que surge en alusión a Canelones, el departamento del interior más cercano a la capital que aporta mayor cantidad de personas a Montevideo, que no son oriundas de allí. Pero más adentro del país aún existen otros departamentos e incluso en tercer plano, encontramos a los jóvenes que viven en el campo, localidades rurales en las que las condiciones de vida y sobre todo las oportunidades de estudiar, de capacitarse en un oficio que no sea específicamente del campo, son muy difíciles, casi remotas y todo se hace “cuesta arriba”. De ello quisimos ocuparnos para dar a conocer algo de lo que viven en el presente informe.

Pocos terminan el liceo y muchos se quedan trabajando en estancias
Desde siempre la vida de los jóvenes que viven en el campo fue muy diferente a los que viven en la ciudad, no por lo que puedan saber o aprender sino por las actividades que se pueden realizar en uno y otro lugar.
En un momento en que las nuevas tecnologías están al alcance de la mano y todo parece estar más cerca, las distancias propias de la lejanía del campo mantienen todavía una gran diferencia en cuanto a las oportunidades, sobre todo para los jóvenes que ven un mundo diferente al que no pueden acceder porque a su alrededor todo sigue igual.
Mientras en el mundo se difunden los cursos a distancia todavía nuestros jóvenes rurales tienen las mismas dificultades de hace muchos años para acceder a un derecho tan básico como la educación, como es el caso de los jóvenes de Guaviyú de Arapey (una localidad situada en la zona noreste del departamento de Salto con más de 100 habitantes), donde desde hace muy poco tiempo pudieron acceder a un ómnibus que los lleve a estudiar en el liceo de Lavalleja.
Mientras algunos jóvenes albergan la ilusión de irse a la ciudad para continuar sus estudios y tener la oportunidad de cambiar sus vidas, otros se conforman con lo que tienen y no ven más aspiraciones que las mismas que han tenido sus padres y hermanos. Los jóvenes que pueden apenas estudian algunos años del liceo y otros pocos lo terminan, pero sus sueños se truncan allí, cuando se dan cuenta que no tienen otra chance que irse a trabajar a alguna estancia y los que tienen más suerte se dedican a ejercer algún oficio en el pueblo, como albañil, mecánico y otra tarea similar.
La expectativa de las mujeres no es mucho mayor. Poder casarse bien y formar una familia continúa siendo el anhelo de muchas, que no encuentran más que en el hogar otra tarea para realizar. Las valientes, aventureras y con gran coraje, se animan a soñar en un destino diferente al de sus tías y abuelas y con gran sacrificio estudian y vienen a la ciudad tras el sueño de prosperar y ser alguien en la vida, de lo contrario, se quedan en el pueblo, sin mucho más que hacer que ir a tomar mate a la plaza con sus hijos y conocidos, como sucede con muchas mujeres y jovencitas de San Antonio (un pueblo al que se llega en poco más de veinte minutos desde la ciudad de Salto) que tampoco quieren irse del lugar porque les gusta estar allí y es para ellas un lugar tranquilo.
No hay que olvidar tampoco que las personas de la ciudad tienen a veces un concepto equivocado sobre los que viven en el campo, sin importar la edad, y si bien es cierto que los “paisanos” pueden desconocer algunas cosas, también tienen otros conocimientos de los que carecen aquellos que viven en la zona urbana, y pueden llegar a ser tan o más destacados que la gente de la ciudad, eso depende de cada uno.
Hoy, la forma de vestir y el acceso a la tecnología ya no es diferencia entre la ciudad y el campo, pero sí lo es la falta de actividades y oportunidades para los jóvenes del campo.
El tipo de música que se escucha hoy tampoco es diferente entre el campo y la ciudad ya que hace poco más de quince años, la cumbia pasó a ser el ritmo preferido también para la mayoría de los jóvenes de la ciudad, cosa que antes no sucedía.
Los bailes en campaña aún se caracterizan por ser animados por algún grupo de música tropical, y todavía en la mayoría de los lugares se permite el ingreso de menores.
Siempre hablando de la mayoría, lo que no indica que sean todos. Los varones que no estudian, trabajan en las estancias y en zafra de esquila, mientras que las mujeres tienen menos posibilidades de trabajar y su tarea se limita al hogar, la crianza de los hijos y poco más que eso.
Aquellos que no estudian ni trabajan, son mantenidos por sus padres hasta que cumplen la mayoría de edad y después salen a buscar trabajo.
Esa es la realidad del campo y a la que está echada la suerte de nuestros jóvenes rurales.
En el presente informe, EL PUEBLO muestra apenas una ínfima parte de cómo piensan y viven los jóvenes del interior del departamento, tras un recorrido y el contacto con algunos jóvenes rurales.

En San Antonio donde estuvo el Consejo de Ministros
El club Universal y la plaza del pueblo son los lugares de encuentro y no hay muchas actividades para los jóvenes

Una de las localidades más cercanas a la ciudad, es San Antonio, un pueblo con alrededor de un mil habitantes y hacia donde se llega desde de Salto en poco más de veinte minutos.
Hasta allí se trasladó un equipo periodístico de EL PUEBLO un sábado a la tarde y en la plaza principal del pueblo nos encontramos con una pequeña fiesta donde se celebraba el día del niño.
Como todo acontecimiento destacado en el interior del país, convoca a la mayoría de los vecinos del lugar y la oportunidad fue propicia para encontrar desde gente adulta, jóvenes y niños, hasta las autoridades de la localidad.
San Antonio es un pueblo tranquilo, como dijeron sus habitantes, que el pasado mes de abril recibió la visita del Consejo de Ministros a pleno, donde las autoridades nacionales y el Presidente de la República, Tabaré Vázquez, mantuvieron una destacada presencia que revolucionó por unos días la tranquilidad del lugar que a casi 5 meses volvió a ser lo que era antes, sin aditivos ni novedades.
En dicha localidad prácticamente todas las actividades pasan por el club Universal, un centro de reuniones, que es a la vez el espacio donde se desarrollan las clases de danza y es el club por el que se compite en la Liga Agraria de Fútbol.
Otro de los centros de reunión es la plaza del lugar, el liceo o “andar en la vuelta” según comentaron algunos adolescentes.
Pese a ser un pueblo que se encuentra muy próximo a la ciudad, los jóvenes que allí habitan tienen esa timidez que generalmente caracteriza a quienes viven en los pueblos y zonas rurales, pero igualmente pudimos dialogar con algunos de ellos que nos pusieran a tono sobre la realidad que viven los jóvenes del interior del país y así adolescentes, jóvenes, madres y el propio Alcalde de la zona, Martín Barla brindaron su opinión al equipo periodístico.
IR AL LICEO Y TRABAJAR EN LAS CHACRAS
Los jóvenes se limitaron a contestar que algunos asisten al liceo, otros piensan comenzar el año próximo, y otros directamente no piensan hacerlo pero tampoco aspiran a irse del pueblo, limitando su vida a simplemente “andar en la vuelta”, a la espera de lo que surja.
De un grupo de tres jóvenes de entre 15 y 19 años, solamente una iba al liceo, las otras dos dijeron ser “amas de casa”, y al ser consultadas sobre qué pensaban hacer en su futuro, una de ellas contestó “nada, quedarme acá nomás”, algo que fue asentido por la otra joven.
De los testimonios de las madres, pudimos recoger que algunos jóvenes (varones), se van a trabajar a Montevideo, pero la mayoría que no estudia, trabaja en las chacras de la zona.
“NOS GUSTARÍA QUE HUBIERA JODA”
En la plaza de San Antonio, hablamos con Agustín, Nathael y Santiago, tres jóvenes que van al liceo y aseguraron que en el lugar no hay mucho para hacer. “Vamos al liceo y después salimos a joder por ahí nomás. Acá no hay mucho, el fútbol que jugamos los domingos y después el liceo nomás, después no hay más nada para hacer. Yo no me aburro, porque juego a la pelota siempre, en Universal o nos juntamos en la plaza nomas”, comentó uno de los jóvenes.
Sobre las expectativas a futuro, dijeron que “si terminas el liceo podes hacer la UTU en Salto, hay uno (amigo de los jóvenes) que estudia para ablandar motor, de motos y ya sabe eso, ya terminó el curso”, comentó otro de los muchachos.
“Yo pienso irme de militar, voy a hacer tercero del liceo y pienso irme de milico a Salto. Es algo que me gustaría hacer”, agregó otro de los jóvenes. “Yo quisiera ser bombero, pero irme pa Montevideo porque acá no hay”, señaló el otro de los chiquilines.
En lo que tiene que ver a las actividades de esparcimiento y diversión, tampoco hay muchas ofertas para la juventud y así lo hicieron notar los entrevistados.
“Nos gustaría que hubiera joda (risas). Tenemos Tropezón (un local bailable), desde los 15 para arriba ya vamos, en moto y eso, a bailar ahí pero nos gustaría que hubiera algún baile acá. Que haya más actividades porque nos aburrimos”, agregaron los jóvenes que solo “de vez en cuando” vienen a la ciudad.
“PARA LAS GURISAS NO HAY NADA”
Para las mujeres, el panorama parece más desalentador, las actividades extra curriculares o de esparcimiento se limitan mucho más así como las ofertas laborales y parecen estar destinadas a las tareas del hogar o el trabajo en las chacras.
“Las gurisas no hacen nada, salen entre compañeras a tomar mate y eso”, comentaron algunos jóvenes sobre la actividad de sus pares.

Rosalía Correa
«Yo me crié en San Antonio y voy a seguir viviendo acá, no lo cambio por nada», comentó una madre de cuatro hijos

Rosalía Correa es madre de cuatro hijos y tiene una nieta, pero más allá que desea lo mejor para su familia, no quisiera que se vayan del pueblo y sueña con que su hija menor se reciba de escribana y pueda colocar la chapa con el título en su casa.
«Yo nací, me crié y amo San Antonio y no me gustaría que se fueran (mis hijos), pero si no hay otra, bueno, es algo que tenemos que aceptar. Mi esposo es mecánico y mis hijos, uno es mecánico y el otro albañil, la otra hija ya esta casada, así que de alguna manera ellos están bien. La más chica esta haciendo 5to del liceo. Ella quiere ser escribana y si sigue bien se me va a la ciudad. Si la cosa sigue yendo bien y el padre sigue trabajando en el taller, esa es una carrera que la podemos costear. Quien no dice que mañana haya una placa en una casa de San Antonio que diga Escribana», dijo con orgullo.
«Pero yo siempre digo que yo me crié en San Antonio y voy a seguir viviendo acá, no lo cambio por nada. La tranquilidad que se vive acá no la cambio por nada», comentó.
HAY DIFICULTADES
Si bien reconoció que hay mucha gente que se quiere ir por dificultades laborales, por problemas de estudio o por enfermedad, «porque a veces se complica el tema de los médicos y las ambulancias»,la vida en San Anonio «no lo cambiaría por nada», aseguró Correa.
«Acá en el pueblo vos te acostás y dejás la puerta arrimada y no pasa nada. Hoy como esta la ciudad, esa tranquilidad no la tenes en otros lados», afirmó.
ESCASA FORMACIÓN
Los padres del los jóvenes de San Antonio, no quieren que sus hijos se vayan del pueblo, a pesar de las pocas oportunidades que se ofrecen, ven a la zona como un lugar tranquilo, lindo para vivir.
En diálogo con la Secretaria de la Asociación Civil del CAIF de San Antonio, Rosalía Correa, nos informamos que en dicha localidad hay mucha juventud, se cuenta con un CAIF a donde van más de 80 niños, también está la escuela y el liceo que permite completar los seis años de educación secundaria, sin embargo, no hay muchas oportunidades para continuar estudiando en el lugar y el que aspire a seguir alguna carrera debe acudir a la capital. Sin embargo y a pesar de que desde San Antonio se llega a Salto en poco más de veinte minutos en auto, son muy pocos los jóvenes que continúan estudiando en la capital departamental.
«Hay chiquilines de la zona que vienen al liceo, pero en sí la juventud no tiene nada, no hay nada para hacer», resumió Correa.
«Se da que algunos pocos terminan el liceo y van a estudiar algo a Salto, pero son muy pocos, por los horarios, tienen que conseguir alguna pieza para quedarse y ya no van. También hay muchos que abandonan en la mitad del liceo», agregó.
La Secretaria de la Asociación Civil del CAIF de San Antonio, comentó para hacer alusión a la falta de formación de los jóvenes que «si desde el CAIF vas a tomar algún funcionario la mayoría tiene tercero aprobado y más nada».
EL CLUB UNIVERSAL Y LA CANCHA DE FÚTBOL
Para la distracción cuentan con el club Universal, que es el salón al servicio del pueblo y la cancha de fútbol que es de la familia Ambrosoni Alonso y ahí es donde los varones se juntan y juegan al fútbol los domingos por la Liga de las Colonias Agrarias, informó Correa.
La situación «para las chiquilinas es peor, porque no tienen nada. Una o dos veces por semana viene una profesora de la Intendencia a dar clases de gimnasia, pero es eso nomás y ahí van algunas chiquilinas y señoras también. Después hay una muchacha que enseña danza pero eso es particular y hay que pagar», comentó la lugareña. «Es así, los varones se van al fútbol y las chicas se juntan en la plaza», agregó.
«El baile al que van es Tropezón, que es lo más cerca. Después, no hay otro tipo de actividades».
TRABAJO EN CHACRAS
Como «la mayoría de la gente trabaja en la naranja y plantaciones bajas en chacras», no hay un gran esfuerzo que dedicar a la formación curricular, porque las tareas del campo no las requieren. «Es lo que hay».

Las mujeres se llevan la peor parte
Casi no hay nada para hacer, solo ir a algún grupo de gimnasia o danza

ara las chiquilinas de los pueblos del interior la situación es más complicada, son menos las actividades que tienen para hacer y la mayoría aspira a formar su familia y convertirse en amas de casa. Son muy pocas las jóvenes que se aventuran a buscar una formación profesional que para una joven del interior es todo un desafío y se vuelve muy cuesta arriba.
Además del liceo, las muchachas de San Antonio suelen encontrarse en la plaza del barrio a tomar mate, o dar una vuelta, algunas van al club Universal a las clases de danza que se realizan dos veces por semana por una docente que concurre desde la capital departamental, pero son clases privadas y no todos en el pueblo las pueden costear. Otra de las actividades que se puede hacer es concurrir a las clases de gimnasia que ofrece la intendencia a donde concurren mujeres jóvenes y adultas.
En diálogo con algunas chicas de la zona, comentaron que practican al club Universal van «muchas mujeres, desde los 3 a los 9 años para practicar danza en el grupo de las más chicas y las grandes desde los 12 años en adelante forman el otro grupo».
Pero además de eso, las entrevistadas manifestaron que no hacen más nada porque abandonaron el liceo y «no tenemos nada más para hacer», dijeron.
Ante la consulta de porque desertaron del sistema educativo, ambas se limitaron a decir «porque sí, porque no te sirve para nada».
Sobre posibles propuestas de otras actividades que podrían realizarse en la zona no hubo mayores sugerencias por parte de las jóvenes. «No sé que podría hacer, capaz que estaría bueno que haya otros grupos de danza para que compitan con nosotros o talleres de otras cosas para hacer porque acá no hay nada. Para las mujeres no hay casi nada, solo quedarse en la casa nomás», señalaron.
ALGUNOS JÓVENES «HACEN DE LAS SUYAS»
En diálogo con el Alcalde de San Antonio, Martín Barla, éste afrimó que casi la única oportunidad laboral para los habitantes de la zona es el trabajo en las chacras, que es absorbido tanto por hombres como mujeres ya que es variado y si bien en algunas épocas aumenta el requerimiento de mano de obra, hay trabajo durante todo el año.
Sobre los jóvenes del lugar, dijo que en general son tranquilos, salvo una barra de alrededor de diez jóvenes de entre 18 y 22 años, que «hacen de las suyas». Incluso el día previo a la celebración por la fiesta del día del niño, esa barra de jóvenes había provocado destrozos en la canilla que surte de agua corriente a la plaza del pueblo, generando algunos inconvenientes. Pero ese tipo de actitudes son las menos y se dan sobre todo por parte de un grupo de inadaptados que están identificados en la zona.

En Guaviyú de Arapey ahora hay ómnibus para ir al liceo hasta Lavalleja pero las oportunidades siguen siendo pocas

Los pueblos más alejados de la capital del departamento corren una suerte similar a los pueblos más próximos con el aditivo de la lejanía y que en algunos casos hasta hay pueblos que quedan totalmente aislados cuando se dan crecidas de arroyos o cañadas.
En estos lugares, el acceso a la educación y la salud son algunas de las quejas más frecuentes, vinculadas sobre todo a los problemas que lleva la lejanía.
En materia de educación, desde hace algunos años, los jóvenes de la zona de Guaviyú de Arapey (localidad que se encuentra situada en la zona noreste del departamento de Salto, en el municipio de Colonia Lavalleja), así como de los pueblos cercanos, ya no tienen que irse de sus hogares al terminar la escuela, gracias a un servicio de ómnibus que les permite asistir diariamente al liceo de Pueblo Lavalleja y regresar con sus familias a diario.
Sin embargo, tampoco allí hay muchas actividades de esparcimiento y diversión además de asistir al liceo.
Sobre esta situación, una de las jóvenes entrevistadas, comentó a EL PUEBLO que en su caso, además de asistir al liceo de Lavalleja, sus actividades no son muchas, “lo que más hago ahora es ayudar a mi madre en el campo, o si tengo algún deber es otra de las cosas que hago”.
Sobre el entretenimiento dijo: “lo que tenemos y que más practicamos, es el fútbol; nada más. Hay veces que pasamos encerradas mirando tele por no tener qué hacer”, agregó
Sobre su futuro indicó que para el próximo año “si Dios quiere me tengo que ir a la ciudad a estudiar algo, no se bien qué estudiar porque acá no tenemos mucha información de ello, pero en el liceo se están moviendo para traernos a la ciudad para ayudarnos un poco”.
NO HAY NADA PARA HACER
Una estudiante que tiene 17 años y también concurre al Liceo de Lavalleja “que es el más cerca y queda a 50 km más o menos”, de su domicilio en Guaviyú de Arapey comentó sobre su rutina diaria y el esfuerzo que significa ir a estudiar a Lavalleja. “Tengo que levantarme a las 5 de la mañana y vuelvo para mi casa en la tarde, a eso de las 14:30”.
Sobre las actividades que realizan los jóvenes, comentó: “la verdad que no hay nada para hacer en campaña; el único entretenimiento que hay para muchachas y muchachos es jugar al fútbol”.
Sobre su futuro, comentó: “pienso ir el año que viene para Salto a estudiar alguna carrera. Hay muchos jóvenes que les gustaría seguir estudiando pero no tienen posibilidades de ir tan lejos, porque es complicado y se terminan quedando”.
Incluso, señaló que hay muchas jóvenes que quedan embarazadas y después no siguen con la estudios sin llegar siquiera a terminar el liceo.
QUIERE ESTUDIAR PARA AYUDAR A SU PADRE
Uno de los jóvenes entrevistados, tiene 13 años y estudia. “Voy a Colonia Lavalleja, me levanto a las 5 de la mañana para ir al liceo y llego a la tarde. En el ómnibus que viajamos somos muchos y van algunos parados si viajan pasajeros. Llego y hago los deberes y si practican al fútbol voy. Llego a las 8:30 y al otro día es de nuevo hacer lo mismo”, comentó.
Sobre lo que piensa hacer una vez que termine el liceo, dijo que seguirá estudiando “porque yo quiero que un día mi hermano y yo ya estemos recibidos y quiero que mi padre ya no trabaje. Yo quiero estudiar para alguna profesión que me esté moviéndome, no sentado haciendo papeles, porque no me gusta estar quieto”, concluyó el joven con gran expectativa de continuar sus estudios.

 







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