Trabajadores y artistas callejeros: entre la supervivencia y la libertad

Trabajadores y artistas callejeros: entre la supervivencia y la libertad

Ellos son espíritus libres…. han encontrado en el transitar callejero su sustento diario vendiendo productos o compartiendo su arte. No se conciben trabajando encerrados entre cuatro paredes… el contacto directo con el público es y ha sido para ellos su mejor escuela.
Sus historias encierran mucha riqueza en el conocimiento de la esencia humana y se han sabido acostumbrar al sol radiante, al frío intenso y a las lluvias.
Ellos son los trabajadores y artistas callejeros, que dan vida a los puntos más emblemáticos de nuestra ciudad. Hoy comparten sus conmovedores testimonios donde nuestros lectores se podrán sambullir en un tobogán de emociones.

Ari y Airton: un toque de glamour vocal en pleno centro

EL PUEBLO enfiló para el centro para conocer las historias que guardan los artistas y trabajadores de la calle… al llegar frente al Mercado 18 de Julio fuimos sorprendidos gratamente al escuchar una hermosa voz que rompía suavemente el viento con su timbre cristalino y brillante… ARI CANTANTE 001
Ari tiene veinte años y nació en el barrio Salto Nuevo… la acompañaba con la guitarra Airton, un joven guitarrista oriundo de Tacuarembó que desde hace cinco años se encuentra radicado en nuestro departamento.
El blues y el jazz son los géneros que ha cultivado desde pequeña y sus musas inspiradoras son Amy Whinehouse y Janis Joplin..
-¿Cuándo comenzó a cantar?
-”Mmm no lo recuerdo con exactitud… creo que siempre canté… desde muy chica”.
“TENGO VARIOS AMIGOS MÚSICOS CON QUIENES COMPARTIMOS EN EL PUERTO”
-¿Hace tiempo que viene al centro a cantar?
-”Aproximadamente medio año… siempre voy al puerto o a la plaza con mis amigos a compartir música… son muchos los guitarristas… con Airton nos conocimos en el liceo.
Con mis compañeros he aprendido a tocar… entre todos vamos aprendiendo… hay muchos músicos.
-¿Qué tipo de música le gusta cantar?
-”Blues, jazz y otros ritmos… toda la música en general me gusta y atrapa…”
-¿Qué días viene al centro?
-“No tengo un día fijo… es lindo porque el contacto con la gente es muy personal; el que quiere se arrima a conversar”.
-¿Ha cantado en otros lugares?
-”En las mesas de los restaurantes… me gusta cantar de esa manera… compartir la música con mis amigos y componer canciones”.
¿A dónde le gustaría llegar con la música?
-“No es cuestión de llegar a ninguna parte… se trata de sentirla”.

Mi sueño era vender lo que aprendí

Fernando hace alrededor de trece años que vende flores y plantas en la esquina de Uruguay y Soca. Cuando comenzó su emprendimiento, había quedado sin trabajo, con “dos gurises para criar”, pidió lugar en esa esquina, hasta que se lo autorizaron. “Mi sueño era vender lo que yo aprendí sin darme cuenta”; algunas de las variedades las hace él mismo,20170705_172854 mientras que otras las compra en Montevideo.
Previo a instalar su puesto de venta, Fernando había trabajado en un vivero, había arrancado algodón, “hice de todo, quedé sin trabajo y ya venía haciendo plantas, vendía en la calle, no lo copié a nadie”, dijo a EL PUEBLO, después de instalarse allí, abrió una empresa unipersonal, ya que “el Centro Comercial te exige, y además estas más tranquilo, todos quienes venden algún producto, deben hacer sus aportes, así sea poco”.
Fernando dijo que hace unos tres años ha venido cayendo mucho la venta, pero somos seis personas en casa, y viene uno en viaje, por lo cual si bien a veces pienso; si dejo de hacer esto… pero con esto llevo la leche y el pan todos los días.
Dijo que el cliente no es cliente, “todo es gente nueva, son contados, solo hay una señora que todos los días compra dos plantitas de 20 pesos”.

Carlos «Gogo» Lapeira, un hombre de confianza
Hace mandados en el centro, cobra sueldos, paga facturas y hasta lleva el diario al Jefe de Policía

Nació en Paso del Bote, pero ahora vive en la zona de barrio Cien Manzanas, en el predio de la casa de su hermano, a los fondos, con su madre, que tiene 89 años. Se levanta como a las cinco de la mañana, toma mate y se viene caminando al centro de la ciudad a hacer las vueltas que tiene encomendadas para el día, o las que surjan en la vuelta, por eso nunca sabe a que hora regresa.  Se trata de Carlos Lapeira «Gogo» (60 años), que hace mandados, paga INFORME mandaderofacturas, cobra sueldos y otros encargues en las diferentes oficinas públicas del micro centro. «Me conoce todo el mundo», comenzó diciendo Carlitos o «Gogo» como le dicen los más allegados. «La vida te enseña de todo, que gente buena y mala, hay de todo. Hay gente confiable, de hace añares con los que tenés confianza y en ese tipo de gente se puede confiar», comentó. «Hoy, la calle es muy diferente, ta muy bravo el asunto de la droga, anda mucha gente en la calle y se hace un peligro andar, sobre todo en la noche. Yo, que salgo a las seis de la mañana, se hace bravo, a esa hora andan algunos que te paran para pedirte un peso. Por ahora, nunca me pasó nada, pero hay que tener cuidado. Después, no tengo problema con nadie», dijo en referencia a la situación actual.  Trabajó en varias tiendas del medio y en una gestoría, donde aprendió todo lo referido a los trámites en las oficinas públicas. De ahí, siguió con varios clientes, haciendo mandados, incluso le lleva el diario al Jefe de Policía. «El trabajo en la gestoría me vinculó mucho con todos los gurises de la caja (BPS) y yo les hago mandados a todos ellos. Me dan la tarjeta del sueldo y me dicen -tomá Carlos, cobrame el sueldo- y  ta, yo les cobro y les traigo. Me piden que les pague las facturas y ese tipo de cosas. Me tienen mucha confianza, hace añares que me conocen. Yo no cobro por los mandados, me dan lo que pueden, si tienen me dan y sino no pasa nada», dijo Carlos. Tiene todos los papeles prontos para jubilarse, pero le faltan algunos años de aportes y por eso, está registrado como monotributista y vendedor de diarios para poder alcanzar los años que necesita. «A veces me dicen,- si te jubilás, ¿no te irás a ir, no?- pero no, yo no me voy a ir, porque sino que hago en la casa, ¿quedarme encerrado? A mi me gusta andar en la vuelta y haciendo mandados», concluyó.

“¡Con un helado y una rosa, estás del otro lado!”
Su abuela le enseñó que “si se trata bien a la gente, siempre vuelve” a comprar y que andando “ordenado” se vende más

“Me gusta ser vendedor callejero, hace años que estoy en eso y me va bastante bien”, comenzó diciendo a EL PUEBLO Carlos Cardozo (31 años), sin dejar de esbozar una sonrisa durante toda la entrevista.
Quien le enseñó a tratar a la gente en la calle fue su abuela, que vendía quiniela afuera de mi casa, en Arregui al 100. “Ella me decía -mijo, usted tiene que tratar bien a la gente, usted siempre diga, buen día, buenas tardes, por favor- ese tipo de cosas. Ella decía que si uno trata bien a la gente, siempre vuelve y que hay que recibirla con una sonrisa”, comentó.
“Está bueno trabajar en la calle, tiene una bohemia, una mística, pero hay que estar atento, porque así como hay personas buenas, hay personas malas. Pero no todo el que trabaja en la calle es un vago, hay gente que está en la lucha, que anda siempre con un bolsito vendiendo o haciendo la diaria”, agregó.INFORME vendedor de rosas 3
Hace más de 15 años es vendedor callejero. Empezó vendiendo alpargatas en calle Treinta y Tres frente a la escuela Hiram, en ese entonces tenía entre 13 y 14 años, cursaba segundo año del liceo. Su padre le conseguía las alpargatas y con un caballete armaba su mesa en la cuadra. “Ahí me iba lindo, cuando la gente cobraba se vendía bien”, dijo sonriendo.
Después, siguió vendiendo alpargatas y libros en la feria dominical. Su padre, que trabajaba en la construcción, siempre conseguía libros viejos y los llevaba para su casa. De ahí su conocimiento en el tema. Con los años, comenzó a vender diarios, también los domingos.
“Lo que tiene la calle, es que estás tranquilo, que nadie te dice nada, hacés la tuya, si vendés, vendés y si no, no. Si no me siento cómodo en el lugar en que estoy o vendo poco, me mudo a otro lado. No tenés ningún patrón encima”, dijo Carlos.
CONOCER A LOS CLIENTES
Sobre las dudas de los clientes a la hora de comprar, dijo “¡ah, eso se ve enseguida! y ahí es cuando tenés que aprovechar para convencerlo, eso te lo da la experiencia, de poder ver qué es lo que quiere el cliente y qué tenés para ofrecerle. En la feria me pasaba mucho de gente que venía y yo ya sabía qué es lo que buscaba, algunos que ya eran clientes, nos compraban siempre el mismo tipo de libros o canjeábamos. Me acuerdo que había un hombre que le gustaban mucho los policiales y siempre venía en busca de ese tipo de libros”, puntualizó.
VENDIENDO PRODUCTOS DE LIMPIEZA
También vendió productos de limpieza con un amigo, Andrés Torres, “un compañero muy solidario”, que le enseñó a fabricar esos productos y tenía una cartera de clientes muy grande y empezaron a vender juntos. “Andábamos casa por casa vendiendo con un carrito. El producto era muy bueno pero barato y entonces lo vendíamos en barrios como Malvasio, Umpierre, la Tablada, el asentamiento Barbieri. Vendiendo, viví cosas lindas y cosas feas”, comentó.
COMO VENDEDOR DE ROSAS
Ahora se lo puede ver vendiendo rosas en calle Uruguay. Comenzó un día de la madre y le fue tan bien que decidió continuar los fines de semana, vendiendo a las parejas que pasan por el lugar.
“Al 80% de las mujeres les gustan las rosas. Ese trabajo es bien lindo. Siempre me ocurre alguna frase, por ejemplo cuando, si pasa una pareja tomando helado le digo – ¡con un helado y una rosa, estás del otro lado! – Otras veces, alguno que va medio corto por ahí dice -¡no, no le gustan las rosas!- pero entonces la chica le da un codazo y siguen riéndose. Y eso me deja bien, porque por lo menos le saco una sonrisa a la gente. A los que veo que no quieren comprar ya no los molesto más, no me quedo con la mala onda, sigo ofreciendo al auto siguiente”, agregó
Otro detalle a la hora de vender en la calle es la imagen, Carlos dijo que cuando va ordenado y bien vestido vende más y que la rosas son naturales, importadas de Ecuador, que Daniel, un amigo, lo recomendó en la florería Potenza, donde se han portado muy bien con él y por eso quiso agradecerles especialmente, al igual que a Andrés Torres, quien le enseñó a vender los productos de limpieza.

Claudio encontró el amor a través de su puesto de venta de libros pero el trabajo que más le gusta es hacer de mimo

Por el hecho de ser vendedor callejero y permenecer mucho tiempo en un mismo lugar con su puesto, entró en relación con las personas del entorno, con la gente de las tiendas, de los quioscos, los cuidacoches, y hasta conoció el amor, su actual pareja, Iris. “A través del puesto callejero uno conoce mucha gente, sobre todo la del entorno y si bien no pasan a ser compañeros de trabajo, en cierta medida uno empieza a generar cierta amistad. En este caso, trabajando con mis libros, me llegó el amor”, comentó a EL PUELBO Claudio Cardozo. Tiene 33 años y una larga melena que lleva generalmente recogida, su delgadez y su mirada profunda le dan una característica particular.

Entró al mundo de las ventas callejeras desde hace más de 10 años. Se lo puede ver vendiendo libros en un puesto en calle Uruguay, o vendiendo diarios todos los domingos, en la esquina de un supermercado céntrico.INFORME vendedor de libros
Además, realiza servicios de animación como mimo, el trabajo que más le gusta. Su familia está compuesta por sus padres y sus tres hermanos, Alejandro, Melody y Angelo y tiene una hija que se llama Lucía.

CUANDO NO HAY VENTAS “ES DESANIMANTE”
A pesar de que le gusta mucho el trabajo en la calle, el problema más grande se da cuando no hay ventas. “A veces es muy cansador y me sirve más hacer alguna changa. El tema es que uno gana si vende y a veces no vendés nada. Uno trata de autoconvencerse que algún día va a cambiar y se van a empezar a vender más para que el negocio sea rentable. Como vendedor callejero, uno espera un poco eso.
Después lo desanimante de trabajar en la calle es que si llueve ya no podés ir, en verano hace un calor insoportable y en invierno también es complicado. A veces es muy complicado estar horas en la calle y más si no se vende. Son días que son muy desanimantes”, comentó Claudio.

EN SU PUESTO DE LIBROS
“Antiguamente era otra persona la que se encargaba de vender libros y yo empecé a ayudarla, pero como no pudo ir más, me dejó a mi encargado de las ventas. Ella se encarga de conseguir los libros y vamos a media en las ganancias. El salteño no consume muchos libros, es poca la gente que aprecia ese tema y como trabajamos con libros usados, lo que más sale son algunos clásicos y libros para estudiantes, que al ser usados los consiguen a un precio más bajo que en cualquier librería.
Además, tratamos de tener libros de autores conocidos y otra gama de autores diferentes que no se han reeditado y eso es difícil de conseguir y el que conoce del tema los valora más”, puntualizó sobre su puesto de venta de libros.
“Está bueno, uno se va enriqueciendo porque se transforma en un gran lector pero a la vez recibe lo que le dejan otras personas que también son lectores. Generalmetne estoy en el puesto de venta de libros de lunes a viernes, menos los miércoles, entre las 9 y las 17:30 horas.
HACER DE MIMO ES LO QUE MÁS ME GUSTA
De todo lo que hace, el trabajo como mimo es lo que más le gusta.
“Yo había hecho teatro hace un tiempo y empecé a trabajar en la empresa de animación de la hermana de la madre de mi hija, pero después por diferentes motivos me alejé y empecé a trabajar por mi cuenta como mimo y a hacerme mis clientes.
Eso me permitió tener más libertad a la hora de trabajar con ideas nuevas a la hora de ofrecer el servicio. Además, al hacer algo que me gusta mucho y que de cierta manera lo hago bien, porque así me lo hace saber la gente para la que trabajo, porque me recomienda, se vuelve muy gratificante.
A veces hace de mimo en el puesto para promocionar su arte mientras vende libros, entregando tarjetas para que lo contacten por facebook o a través de su número de celular 099121920.

Héctor Manuel Irrazábal Godoy:
“La venta callejera es la aventura del día a día”

Héctor Manuel Irrazábal lleva muchos años de experiencia en la venta callejera y es un convencido de que ese oficio le ha brindado una riqueza en el conocimiento del comportamiento humano. Se dedica a la venta de artículos varios… tijeras, piedras de afilar, linternas agujas e hilos, billeteras, geles, cremas para los dolores musculares, y auriculares y otros objetos. “Todo comienza por intermedio de mi amigo (hoy fallecido) que hoy esa amistad vive en mi espíritu y mi alma”, – rememora conmovido Héctor Manuel.IMG_0960
Agregando que “el trato es cordial, la gente conmigo siempre es respetuosa y colabora o sea tiende su mano siendo muy humana y sabiendo que es uno de mis trabajos. Soy un agradecido de Dios y de la gente, porque ofertas y el que no te compra hoy se transformará en un comprador a futuro”.
“HAY QUE SALIR A ENFRENTAR EL DÍA
CON FE Y UNA SONRISA”
-¿Con algunos de sus clientes ha cultivando un vínculo de amistad?
-“Sí, con muchísimos de ellos. Es un vínculo de respeto afectó y reciprocidad .
La venta callejera es maravillosa, es una aventura del día a día y a fin de mes es una odisea (risas).
Es salir a la calle y enfrentar el día a día con fe y una sonrisa.
De tantos años con la gente y el día a día se forma un vínculo de confianza y amistad callejera y en ciertas oportunidades te comentan o hacen referencia a sus problemas”.
¿Y cuál es el secreto para llegar a los clientes?
-“Amabilidad, respeto y la mejor buena onda sin importar el clima o la fecha del mes”.
¿Tiene alguna anécdota para compartir?
-“Muchas… como por ejemplo esta… un día le ofertó a un señor muy amablemente y este señor me contestó mal.
Sus palabras fueron, no me moleste no quiero nada, alzando la voz y yo no le contesté nada… esto ocurrió en la esquina del Banco República.
El señor entró muy presuroso al banco… yo me quedé impactado por su respuesta y al rato me olvidé. De repente siento que me abrazan y cuando veo quién es que me abrazó me quedo impresionado. Era ese señor que me pedía disculpas por su reacción y me realizó una compra contándome que sus nervios se debían a que no podía ya hace varios días cobrar un cheque.
La calle es un medio de libertad, ayuda recíproca y que nunca te debe de faltar tu carta de presentación de cada día. Una sonrisa”.

Tony, más de veinte años vendiendo quinielas

Otro vendedor reconocido en nuestro medio, es Tony, quien vende quinielas en calle Artigas al 900, “llevo más de 20170706_153520veinte años trabajando en la calle”, dijo a EL PUEBLO, agregando que eligió trabajar allí “porque me gusta ser independiente y tener mi propia plata, no depender de mis padres, y en este caso además me manejo solo, trabajo todo el día”.
“Gracias a Dios, me he ganado la confianza de la gente; tengo mi clientela de todo una vida y he rescatado más clientes”.
Tony vende quiniela, tómbola, 5 de oro, diario El País, y ahora sumó la venta de diario EL PUEBLO, trabaja de domingo a domingo excepto los días feriados que no hay quiniela.
Vive en barrio Nuevo Uruguay, viene de allá todos los días y regresa de tardecita.
“Me encanta trabajar con la sociedad, hay de todo, hay gente desubicada, gente re buena y gente regular”.







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