Un acto terrorista causa dos muertos y decenas de heridos en multitudinario maratón de Boston

Un acto terrorista causa dos muertos y decenas  de heridos en multitudinario maratón de Boston
LLos corredores profesionales habían terminado media hora antes pero, en el momento de la explosión, aún seguían llegando corredores.
El maratón de Boston, una de las señas de identidad de esta histórica ciudad, fue objeto ayer de un ataque con bombas, coordinado y perfectamente planificado, según la policía, que tenía el claro propósito de sembrar la muerte y el caos de forma masiva e indiscriminada. Dos personas perdieron la vida, según un primer balance, y cerca de un centenar sufrieron heridas de diversa consideración, algunas de cuales se encontraban anoche en estado crítico.
El presidente Barack Obama se dirigió al país unas horas después del suceso para prometer que, pese a que no se conocía aún a los responsables de este nuevo ataque terrorista contra Estados Unidos, “las personas o grupos culpables responderán ante la justicia”. “Vamos a llegar hasta el fondo de este episodio”, aseguró.
El reloj de la meta del maratón de Boston marcaba 4 horas, 9 minutos y 43 segundos cuando estalló el primer artefacto entre las filas del público que seguía la carrera. Hacía ya hora y media que habían entrado los mejores atletas y se acercaban en ese momento al final de su odisea los más modestos aficionados. Algunos de ellos cayeron al suelo por efecto del estallido, otros siguieron corriendo espantados entre los gritos y los llantos de los presentes. El público saltó alocadamente las vallas de protección buscando refugio sin rumbo.
Tras su huida, los rastros de sangre y el destrozo provocado fueron la primera indicación del tamaño de la tragedia ocurrida. Apenas 10 segundos después hizo explosión una segunda bomba en un lugar próximo, en los alrededores del hotel Fairmont Copley Plaza, donde estaba la base de la organización del maratón, provocando escenas similares
Al tratarse de un acontecimiento de esa magnitud y seguimiento, la policía y las ambulancias, que se encontraban movilizados en la zona, estuvieron inmediatamente en condiciones de trasladar a los heridos al hospital y desalojar el lugar, lo que, probablemente, salvó algunas vidas. Varios medios de comunicación informaron que una tercera bomba fue localizada por los especialistas antes de que llegase a hacer explosión y fue detonada de forma controlada.
Unos minutos más tarde, en otro lugar emblemático de Boston, la biblioteca John F. Kennedy, se produjo otra explosión que provocó un incendio, aunque no muertos ni heridos. La policía no quiso anoche vincular este incidente con los anteriores, pese a que reconoció que las explosiones estaban siendo investigadas como un ataque coordinado y planificado. Entre los dos muertos confirmados, se encuentra, según medios de comunicación locales, un niño de ocho años.
Las autoridades tomaron rápidamente medidas extraordinarias de seguridad en Boston y en otras ciudades de Estados Unidos. En Boston fue cerrado el aeropuerto y se conminó a la población a permanecer en sus casas mientras la policía, que no ha detenido aún a ningún sospechoso, procedía con las operaciones de control. En Nueva York, Washington y Los Ángeles se adoptaron también medidas adicionales de protección de los edificios más representativos, con el recuerdo inevitable del ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001. Desde esa fecha, no se había producido un ataque de esta naturaleza.
Cuando se le preguntó al jefe de policía de Boston, Ed Davis, si estábamos ante un ataque terrorista, respondió: “No le estamos llamando así, pero ustedes pueden sacar sus propias conclusiones”. Obviamente, como una ataque terrorista está siendo tratado por el FBI, que está dirigiendo las investigaciones y con cuyo director, Robert Mueller, habló ayer Obama para recibir la última información. El presidente conversó también con la secretaria de Seguridad Interior, Janet Napolitano.
La ausencia de una amenaza previa o de pistas sobre los posibles culpables hace este ataque terrorista particularmente preocupante para el Gobierno. Son muchos los autores potenciales y compleja la decisión de hacia donde dirigir la mirada de los investigadores.
El lugar en el que ocurrieron las dos explosiones principales disponía de cámaras, tanto de los organizadores de la carrera como de la policía, que podrían ayudar en la búsqueda de pistas. La maratón de Boston, como la de Nueva York o Chicago, son de esas grandes concentraciones humanas que cada año representan un dolor de cabeza para los responsables de la seguridad de esas ciudades, pero que también resultan imprescindibles para mantener el ambiente de libertad y divertimento que exige una sociedad democrática. Una carrera popular es un símbolo, aquí y en otros países, de la conquista del espacio urbano por los ciudadanos. La de Boston, que este año reunía a unos 30.000 corredores de todo el mundo, es una de las más antiguas e ilustres y, por tanto, un objetivo magnífico para quien pretende alcanzar relevancia a costa de sangre fácil. Por mucha protección que se quiera dar a un evento así, siempre será inevitable una acción de esas características.
(EL PAIS de Madrid)

LLos corredores profesionales habían terminado media hora antes pero, en el momento de la explosión, aún seguían llegando corredores.

El maratón de Boston, una de las señas de identidad de esta histórica ciudad, fue objeto ayer de un ataque con bombas, coordinado y perfectamente planificado, según la policía, que tenía el claro propósito de sembrar la muerte y el caos de forma masiva e indiscriminada. Dos personas perdieron la vida, según un primer balance, y cerca de un centenar sufrieron heridas de diversa consideración, algunas de cuales se encontraban anoche en estado crítico.

El presidente Barack Obama se dirigió al país unas horas después del suceso para prometer que, pese a que no se conocía aún a los responsables de este nuevo ataque terrorista contra Estados Unidos, “las personas o grupos culpables responderán ante la justicia”. “Vamos a llegar hasta el fondo de este episodio”, aseguró.

El reloj de la meta del maratón de Boston marcaba 4 horas, 9 minutos y 43 segundos cuando estalló el primer artefacto entre las filas del público que seguía la carrera. Hacía ya hora y media que habían entrado los mejores atletas y se acercaban en ese momento al final de su odisea los más modestos aficionados. Algunos de ellos cayeron al suelo por efecto del estallido, otros siguieron corriendo espantados entre los gritos y los llantos de los presentes. El público saltó alocadamente las vallas de protección buscando refugio sin rumbo.

Tras su huida, los rastros de sangre y el destrozo provocado fueron la primera indicación del tamaño de la tragedia ocurrida. Apenas 10 segundos después hizo explosión una segunda bomba en un lugar próximo, en los alrededores del hotel Fairmont Copley Plaza, donde estaba la base de la organización del maratón, provocando escenas similares

Al tratarse de un acontecimiento de esa magnitud y seguimiento, la policía y las ambulancias, que se encontraban movilizados en la zona, estuvieron inmediatamente en condiciones de trasladar a los heridos al hospital y desalojar el lugar, lo que, probablemente, salvó algunas vidas. Varios medios de comunicación informaron que una tercera bomba fue localizada por los especialistas antes de que llegase a hacer explosión y fue detonada de forma controlada.

Unos minutos más tarde, en otro lugar emblemático de Boston, la biblioteca John F. Kennedy, se produjo otra explosión que provocó un incendio, aunque no muertos ni heridos. La policía no quiso anoche vincular este incidente con los anteriores, pese a que reconoció que las explosiones estaban siendo investigadas como un ataque coordinado y planificado. Entre los dos muertos confirmados, se encuentra, según medios de comunicación locales, un niño de ocho años.

Las autoridades tomaron rápidamente medidas extraordinarias de seguridad en Boston y en otras ciudades de Estados Unidos. En Boston fue cerrado el aeropuerto y se conminó a la población a permanecer en sus casas mientras la policía, que no ha detenido aún a ningún sospechoso, procedía con las operaciones de control. En Nueva York, Washington y Los Ángeles se adoptaron también medidas adicionales de protección de los edificios más representativos, con el recuerdo inevitable del ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001. Desde esa fecha, no se había producido un ataque de esta naturaleza.

Cuando se le preguntó al jefe de policía de Boston, Ed Davis, si estábamos ante un ataque terrorista, respondió: “No le estamos llamando así, pero ustedes pueden sacar sus propias conclusiones”. Obviamente, como una ataque terrorista está siendo tratado por el FBI, que está dirigiendo las investigaciones y con cuyo director, Robert Mueller, habló ayer Obama para recibir la última información. El presidente conversó también con la secretaria de Seguridad Interior, Janet Napolitano.

La ausencia de una amenaza previa o de pistas sobre los posibles culpables hace este ataque terrorista particularmente preocupante para el Gobierno. Son muchos los autores potenciales y compleja la decisión de hacia donde dirigir la mirada de los investigadores.

El lugar en el que ocurrieron las dos explosiones principales disponía de cámaras, tanto de los organizadores de la carrera como de la policía, que podrían ayudar en la búsqueda de pistas. La maratón de Boston, como la de Nueva York o Chicago, son de esas grandes concentraciones humanas que cada año representan un dolor de cabeza para los responsables de la seguridad de esas ciudades, pero que también resultan imprescindibles para mantener el ambiente de libertad y divertimento que exige una sociedad democrática. Una carrera popular es un símbolo, aquí y en otros países, de la conquista del espacio urbano por los ciudadanos. La de Boston, que este año reunía a unos 30.000 corredores de todo el mundo, es una de las más antiguas e ilustres y, por tanto, un objetivo magnífico para quien pretende alcanzar relevancia a costa de sangre fácil. Por mucha protección que se quiera dar a un evento así, siempre será inevitable una acción de esas características.

(EL PAIS de Madrid)

EE. UU. refuerza su seguridad tras el atentado de Boston

El presidente evita calificar los ataques como terroristas. Washington, Nueva York y Los Ángeles han intensificado los niveles de alerta. Un acto terrorista causa dos muertos y decenas de heridos en Boston.

La explosión ayer lunes de dos bombas junto a la línea de llegada del maratón de Boston ha obligado a reforzar los niveles de seguridad de Estados Unidos, ante la amenaza de que el atentado de la ciudad de Massachusetts pudiera ser el principio de una sucesión de ataques similares en todo el país. El Servicio Secreto intensificó la protección alrededor del perímetro de la Casa Blanca y Nueva York o Los Ángeles también redoblaron las precauciones. Aunque el presidente Barack Obama ha evitado referirse al ataque como un atentado terrorista, es evidente que las explosiones se produjeron de manera coordinada. Lo que se ignora es si la autoría se puede atribuir a un individuo o grupo estadounidense o si se puede responsabilizar al terrorismo internacional.

“No sabemos por qué o quién ha cometido este ataque y la gente no debería llegar a conclusiones precipitadas” aseguró ayer Obama en una intervención en la Casa Blanca horas después de producirse el atentado en Boston. “Cualquiera que sea el responsable, sea un individuo o un grupo, sentirá el peso de la justicia”. No es la primera vez que la Administración Obama toma precauciones a la hora de calificar un ataque como terrorista. En esta ocasión, el presidente tampoco ha pronunciado el término, pero sí ha reconocido que se había incrementado la seguridad en todo el país.

La Administración Federal de Aviación ha limitado el espacio aéreo en las inmediaciones del aeropuerto Logan de Boston y las autoridades de la localidad han cerrado varias líneas de metro y han alertado a los residentes de que se mantengan en sus casas y eviten las zonas concurridas. En la capital de EE UU, se ha asilado la zona que rodea a la residencia del presidente, se ha intensificado la seguridad en el Capitolio y en los edificios federales y se ha reforzado la presencia policial en el metro. Los Ángeles, San Francisco y Nueva York también han incrementado las medias de seguridad, más como una forma de precaución que por haber recibido amenazas directas. El presidente se mantiene constantemente informado del curso de las investigaciones a través del director del FBI, Robert Mueller, y de la secretaria de Seguridad Nacional, Janet Napolitano. Obama ha indicado durante su intervención que, tras conocer lo sucedido, ha llamado inmediatamente al alcalde de Boston, Tom Menino, y al gobernador de Massachusetts, Deval Patrick, para “ofrecerles toda la ayuda que necesiten”.

El mandatario también ha señalado que conversó con los líderes del Congreso. “En días como hoy no hay republicanos o demócratas, todos somos americanos”, ha afirmado Obama. Los atentados de Boston han alterado el orden del día en el Capitolio obligando, por ejemplo, a suspender la votación sobre la extensión del control de antecedentes en la venta de armas en el Senado estadounidense.

La fiscalía de Massachusetts está trabajando en coordinación con el Departamento de Justicia y con el FBI y la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas y Explosivos en la investigación de las explosiones. En medio de la confusión que rodea a las primeras horas de pesquisas, el FBI y la Policía de Boston confirmaron que no habían recibido ningún aviso de bomba en los días anteriores a la celebración del maratón.

(EL PAIS de Madri)