Un grito de dignidad marca el triunfo de los vencidos

Un grito de dignidad marca  el triunfo de los vencidos

“Quinientos Quilómetros” 

A 25 años de la marcha de los trabajadores de El Espinillar 

La ola privatizadora de los 90 se llevó puesto el emprendimiento agroindustrial que poseía el Estado uruguayo, “El Espinillar”. Los trabajadores de ese ingenio azucarero lucharon a capa y espada contra el cierre de su fuente de trabajo. Ocupaciones, huelgas de hambre, denuncias, movilizaciones, fueron la hoja de ruta hasta protagonizar un hito en la historia de la lucha sindical uruguaya, una marcha a pie que duró 19 días, desde Salto hasta Montevideo.
Quinientos kilómetros que llevaron a los derrotados a vencer sus propias metas en la defensa de su fuente laboral.
Así describe y rememora la película documental de Pablo Martínez Ferrari y Gabriel Bibbó en “Quinientos Quilómetros” lo que significó para los trabajadores, la clase política de la época y la sociedad en su conjunto, la lucha por El Espinillar y la marcha a pie hasta la capital del país a 25 años de su desarrollo.
Dos pueblos, Constitución y Belén, y la ciudad de Salto habrían de sufrir directamente las consecuencias del cierre de El Espinillar donde más de mil trabajadores, entre los “peludos” (que trabajaban en la caña) y el resto de la plantilla de funcionarios, se vieron afectados.
Trabajadores con una fuerte “cultura cañera” se vieron en la calle y sin trabajo, otros (los que estaban presupuestados) debieron adaptarse a sus nuevos puestos de trabajo y sobrevivir al desarraigo que significó para muchos tener que trasladarse con su familia a otros departamentos.
A 25 años de la marcha de los trabajadores de El Espinillar, se estrenará mañana lunes 1º de Mayo, en una fecha histórica para la clase obrera, la película documental “Quinientos Quilómetros”, como un aporte a la memora colectiva de los pueblos, testimonio vivo de la herida de sus protagonistas tras el cierre del ingenio azucarero.
Como una mirada al porvenir y una caminata hacia adelante, pero sobre todo como un grito de dignidad, y de triunfo de los vencidos, EL PUEBLO se suma a este homenaje y recuerda en el presente informe el legado de los trabajadores de El Espinillar a 25 años de su histórica marcha.

Una mañana de lluvia cerca de 80 trabajadores de El Espinillar marcharon

Con cada movilización, cada medida que hacíamos, además de lo que fue la marcha, veíamos que no se avanzaba, pero tampoco nos entregábamos, a nosotros nos vencieron porque nos cerraron la fábrica pero triunfamos por todo lo que hicimos”, comenzó diciendo Víctor Garaventa, quien por aquel entonces era parte del Consejo Directivo del ingenio azucarero y formó parte de la histórica marcha de los trabajadores.
“Salimos el 11 de abril de 1992 del Salto Rowing, bajo lluvia, un sábado a la mañana”, dijo Garaventa, específicamente sobre la marcha. “El primer campamento lo hicimos en Daymán y ahí paramos un rato a descansar. Salimos prácticamente solos, a medida que fuimos avanzando la marcha se fue transformando en todo un acontecimiento y no nos esperábamos lo que pasó”, agregó.
“Salimos el 11 de abril y el 30 llegamos a Montevideo, salimos entre 70 y 80 personas de Salto, pero salimos sin tener mucha idea de lo que estábamos haciendo y sobre la marcha fuimos ajustando detalles. Un grupo de compañeros se empezaron a ocupar de la cocina, otros se encargaban de organizar los campamentos, de forma que nosotros llegáramos y tuviéramos todo pronto solo para descansar y al día siguiente continuar con la marcha. Caminábamos cerca de 11 o 12 km en la mañana y otro tramo similar de tarde. Me acuerdo que en San José caminamos mucho menos porque hubo una asamblea que empezó al mediodía y terminó de tarde. Con los días, íbamos caminando y llegando más al sur, era cada vez mayor el movimiento que había y la cobertura de los medios de prensa. Había gente que nos paraba y colaboraba con algo, nosotros no pedíamos, pero la gente se arrimaba para acompañarnos, era su forma de darnos su apoyo y eso para nosotros era muy importante. Por todos los departamentos que íbamos hacíamos un acto y mucha gente se arrimaba”, dijo Garaventa recordando los quinientos kilómetros del histórico recorrido a pie.
“En Montevideo, cuando llegamos, hicimos un acto en la esquina de las calles Agraciada y Freire, en la sede de Liverpool y después fuimos a la plaza Lafone, donde hicimos un acto enorme. Bien puedo decir que uno de los primeros actos más grandes del PIT-CNT fue en el año 83 cuando se estaba terminando la dictadura y el otro más grande que yo he visto hasta ahora fue con la llegada de la gente del Espinillar. Puedo afirmar que el del 83 fue mucho más grande que el nuestro, pero después del nuestro no hubo otro tan grande. Lo que pasa que lo del Espinillar generó toda una movilización y un apoyo muy grande de la gente”, reflexionó.
“Nosotros perdimos El Espinillar como fuente de trabajo pero lo que no queremos que se pierda es la memoria colectiva de lo que significó El Espinillar para Constitución, Belén y Salto, y como sus trabajadores lucharon para que no se cierre y el apoyo que recibimos de mucha gente”, comentó.

La defensa de El Espinillar
Ocupación, huelgas de hambre, siembra voluntaria y el hito de la marcha de 500 km a pie hasta Montevideo

“Recordar El Espinillar es algo de todos los días, lo que significa esto ahora, los 25 años de la marcha y el documental, es algo muy emotivo, es encontrarse con gente que hace mucho tiempo no se ve, es sentir una gran emoción por todo eso”, comentó a EL PUEBLO, Víctor Garaventa, extrabajador y dirigente gremial de El Espinillar.
“Yo trabajaba en la fábrica, soy salteño, pero trabajaba en el ingenio. Entré el 2 de mayo de 1978, en aquella época empecé en la chacra, después entré en la fábrica en la parte de limpieza y así fui quedando hasta que en el año 82 me presupuestaron como empleado público. Tenía 21 o 22 años cuando arranqué a trabajar ahí, que fue hasta octubre de 1993, cuando cerró definitivamente”, agregó.
LA LUCHA DEL SINDICATO
“En el año 1983 empezamos la reconstrucción del sindicato de El Espinillar y hasta ahora sigo vinculado al sindicalismo, porque soy dirigente de la Federación de ANCAP. Nosotros tuvimos una lucha de cinco años en defensa de El Espinillar porque ya durante el primer gobierno democrático, de (Julio María) Sanguinetti empezaron las amenazas del cierre, cuando decían que era más barato traer el azúcar importado. Primero cerró Arinsa, después Rausa y EL Espinillar, después quedó Calnú hasta el 2002. Pero mientras producíamos azúcar era más barata, después que dejamos de producir empezamos a depender de lo que daba el mercado y a partir de ahí el pueblo uruguayo consume el azúcar más cara. Eso significó que cuatro o cinco empresas importadoras se llevaran la plata”, dijo Garaventa.
“El Espinillar empieza a caer porque las políticas neoliberales tenían un proyecto de país de desaparecer la industria nacional. No solo cerraron El Espinillar también los alcoholes de ANCAP que nosotros los abastecíamos, porque hacíamos azúcar refinado, azúcar crudo y melaza y la melaza se enviaba para hacer los alcoholes. Nosotros queríamos que se mantuviera El Espinillar, porque en el 80 se hicieron algunas inversiones y se mejoró el producto. Hacíamos azúcar de primera calidad. Eramos el 6% del mercado nacional y queríamos que el Estado fijara los costos para el consumidor final porque en manos de los importadores te decían que valía tanto y no tenías cómo controlar eso”, puntualizó sobre el ingenio azucarero.
OCUPACIÓN Y HUELGA DE HAMBRE
“Desde el 85 al 93 peleamos por El Espinillar, la marcha fue la frutilla de la torta por decirlo de alguna manera, pero hubo muchas otras medidas que fueron tan o más importantes que la marcha. Se hicieron dos huelgas de hambre, hubo gente que estuvo 21 días en la casa Diocesana sin comer, también paramos la producción porque ocupamos la fábrica y otra de las medidas, para mi, fundamentales, fue cuando el directorio que ya venía para el cierre, no quería plantar más caña. Entones, el sindicato decidió que había que sembrar porque sino teníamos menos producción al año siguiente. La empresa no quería sembrar pero nosotros fuimos de forma voluntaria a sembrar, cerca de 300 há. Esa medida fue un golpe muy fuerte, tan fuerte como la marcha. Después se hizo otra huelga de hambre en Montevideo, en la catedral, pero esa la hicieron los peludos, como todos les decíamos cariñosamente”, puntualizó sobre las movilizaciones gremiales.
EL APOYO DE LA GENTE
“Se organizó toda una defensa de El Espinillar tanto en Constitución, Belén como en Salto y todo eso a través de la organización sindical y la gente común. Fuimos un montón de veces a las Juntas Locales y a la Junta Departamental (de Salto) y mucha gente que no tenía nada que ver con El Espinillar ni con ANCAP se sumaron y nos apoyaron, porque se daban cuenta de la importancia que tenía para el departamento”, agregó.
“Yo era parte del Consejo Directivo de El Espinillar y participé en la marcha, la única medida que no me dio para hacer fue la huelga de hambre, donde mi hermano y otros compañeros, cerca de 10 u 11 estuvieron 21 días sin comer. Después hice todas las otras medidas. Recuerdo incluso cuando tuvimos que entregar la fábrica al final de la ocupación cuando el Jefe de Policía era Néstor Albisu”, comentó Garaventa.
“Algo que siempre valoro es que hubo gente del Espinillar que nunca pudo estudiar y firmaban con el dedo, pero la gente fue fiel al sindicato y se movilizó muchísimo, incluso gente que no tenía nada que ver con el sindicato y no tenían ningún familiar trabajando ahí, todos nos apoyaron”, dijo con orgullo.

Los “peludos” fueron los primeros afectados
“Yo me vine para Salto con mi familia, porque vimos que si nos quedábamos (…) se iba a hacer muy difícil seguir”

Los primeros afectados previo al cierre definitivo de El Espinillar fueron los denominados “peludos”, la mano de obra de changa, que trabajaba en riego, corte y en la fábrica. Estos trabajadores vivieron la etapa de privatización de la mano de obra de ese sector, pasando a cobrar menos de la mitad de lo que ganaban.
Así lo indicó a EL PUEBLO, José Frola, un extrabajador del ingenio oriundo de Constitución que debió emigrar a Salto e iniciar una nueva vida.
Frola, trabajaba en riego y en períodos de zafra en la misma fábrica. Para él, la privatización de la mano de obra de changa fue el primer paso para el cierre de El Espinillar y lo que significó de cierta manera una división entre los trabajadores.
“Lo primero que se hizo fue dividir la gente de changas del personal efectivo porque a esos no los tocaron para nada. Nosotros fuimos los primeros perjudicados. Si bien muchos de ellos lucharon por El Espinillar, su drama no era tan fuerte como nosotros que pasábamos a quedar sin trabajo. Incluso mucha gente, de los efectivos, pasó a estar en su casa a la orden y hubo quienes estuvieron diez años cobrando el sueldo sin trabajar”, puntualizó.
“FUI UNO DE LOS
PRIVILEGIADOS”
“Cuando se dio el cierre, mucha gente se empezó a ir, algunos se fueron a Montevideo, a trabajar en la parte de obras, que era un poco lo que había, otros se fueron a otras chacras, a trabajar en la naranja. Yo me vine para Salto con mi familia, porque vimos que si nos quedábamos en Constitución se iba a hacer muy difícil seguir. Como mi señora consiguió un trabajo en Salto hicimos un esfuerzo y nos vinimos. Fue más difícil para mí que para ella, porque yo tuve que entrar a buscar trabajo acá”, dijo Frola.
Una de las cosas que recuerda con más nostalgia es su casa en su pueblo natal. “Tuvimos que salir de nuestra casa, porque en Constitución éramos propietarios, para venir a vivir en dos piezas bastante precarias”, recordó con dolor.
Sin embargo, la vida le tenía preparado un golpe de suerte y a sus 48 años, al poco tiempo de llegar a Salto entró a trabajar a la Intendencia. “Eso, a mí particularmente, me cambió la vida. Te diría que de los más de quinientos changas, yo fui uno de los privilegiados, el resto no tuvo la misma suerte”, agregó.
“Lamentablemente con toda esa gente que siempre nos encontrábamos y todos esos compañeros ya no nos vimos más. Pero en mi nuevo lugar de trabajo empecé a conocer a nuevas personas, uno genera nuevos vínculos y empieza una nueva vida. No es que uno se olvide de lo que pasó y de los compañeros, nada de eso. No sé si vamos a ir a ver esa película que se hizo, porque a veces uno va dejando de lado algunas cosas de la vida. No quiere decir que se olvide, pero duele recordar y no se puede vivir tanto de los recuerdos. La vida continúa y hay que seguir adelante”, concluyó.

LA REALIDAD DE EL ESPINILLAR 

Destrozado, así se encuentra el edificio que durante muchos años albergó al ex ingenio de El Espinillar, en Villa Constitución donde trabajaron cientos de personas refinando azúcar para su venta en todo el país, ubicado a unos 3 km de la ex ruta 3. INFORME pag 8 FOTO 2
Desde que fue desmantelado en 1993, no se supo a ciencia cierta cuál fue el destino del predio ni quieénes son sus propietarios en la actualidad.
Quienes estuvieron al frente del documental “Quinientos Quilómetros” dijeron a EL PUEBLO que luego de entrar a realizar algunas imágenes en el lugar les prohibieron la entrada y pusieron un vigilante. Incluso intentaron contactarse con autoridades a nivel nacional para saber si la Corporación Nacional para el Desarrollo (quien había quedado con la administración de dicho predio) finalmente lo vendió, a quién o quiénes y cuánto cobró por sus tierras.
En la zona hay cerca de 3.000 há de campo de gran riqueza productiva, con dos ríos y un sistema de riego que le otorgan gran valor.
También formaban parte del entorno, las cabañas de los jerarcas hoy transformadas en una unidad del INR (Instituto Nacional de Rehabilitación) donde se encuentran varios reclusos con sus famillas.

La “cultura cañera” hizo difícil la adaptación
El desarraigo por ser trasladados a otros departamentos o emigrar con la familia en busca de trabajo “fue lo peor”

El cierre de El Espinillar significó que cerca de 700 trabajadores quedaron sin nada porque no tenían una vinculación laboral con ANCAP, eran los changadores, jornaleros y destajistas, los denominados “peludos”.Sumado a esto, unos 500 empleados que eran presupuestados de ANCAP fueron distribuidos en Salto y otros departamentos en diferentes organismos públicos. De esta forma, oficinas como la DGI, los juzgados, escuelas públicas, fueron testigos de la redistribución de los funcionarios administrativos de El Espinillar.

Salida de trabajadores de "El Espinillar"

Salida de trabajadores de “El Espinillar”

También muchos empleados de las chacras como tractoristas y demás, fueron distribuidos en otros organismos. Los últimos empleados presupuestados que fueron quedando para atrás terminaron siendo distribuidos en ciudades más lejanas de la región como Paysandú, Minas, Juan Lacaze o Montevideo.
“FUE LO PEOR”
Víctor Garaventa, fue uno de los trabajadores trasladado a otro departamento, a él le tocó rearmar su vida en Paysandú. “Yo estuve tres años cobrando el sueldo sin trabajar hasta que me ubicaron en Paysandú. El desarraigo fue lo peor que tuvimos que pasar todos los trabajadores de El Espinillar. En mi caso, yo estaba a 120 km de Salto y podía viajar más seguido. Pero la gente que se fue más lejos sufrió mucho más porque no era fácil en aquel tiempo viajar tan seguido”, comentó el extrabajador del ingenio azucarero.
“Había compañeros más veteranos que decían que tenían una cultura cañera y era así, sin lugar a dudas que era así. Si tenés un oficio o una vocación por la que trabajás muchísimos años y después te la cambian, es difícil y más aún para los que pasaban los 50 años. Hubo gente que tuvo que salir de la chacra para ir a trabajar en una escuela y eso era totalmente diferente a lo que hacían, era estar con otra gente, todo era diferente”, sentenció.
“Sin lugar a dudas la peor parte se la llevaron los que no eran presupuestados, esos compañeros quedaron completamente a la deriva, algunos se fueron a hacer otras changas, otros se fueron a otros departamentos. Yo por lo menos tuve la posibilidad de seguir trabajando vinculado a ANCAP. Hoy en día, a muchos lugares que uno va, se encuentra con gente que trabajó en El Espinillar y eso no se olvida”, comentó con nostalgia.
UN MOMENTO EMOTIVO
Sobre lo que significará el reencuentro con extrabajadores de El Espinillar este lunes en Constitución durante el estreno del documental “Quinientos Quilómetros”, Garaventa se mostró muy emocionado de solo imaginar el momento.
“Es complicado, para mi va a ser muy emotivo estar este lunes durante el estreno de la película. Porque el documental se basa en testimonios e imágenes de la época y parte de recreación, donde habrá imágenes de la marcha original y parte de una reconstrucción que se hizo acá cerca de Chapicuy. Yo creo que va a ser muy conmovedor, incluso cuando mostré el tráiler (del documental) acá en la fábrica de portland donde yo trabajo, movilizó a muchos compañeros. Esperamos estar fuertes para poder encontrarnos y poder darnos un abrazo. Yo he ido seguido a Constitución, pero hay muchos compañeros que no los vi nunca más. Va a ser muy fuerte, muy emotivo y hay una gran expectativa”, comentó.

“Quinientos quilómetros” se estrena mañana a partir de las 17 hs en Villa Constitución con un emotivo acto

Mañana lunes 1º de Mayo a las 17 horas en Villa Constitución, frente al local de la Federación de ANCAP se estrenará “Quinientos Quilómetros”, el triunfo de los vencidos, de Pablo Martínez Ferrari y Gabriel Bibbó. INFORME - pag 10
La película documental, que tiene aproximadamente una hora de duración, cuenta un momento histórico del Uruguay en los años 90 sobre un hecho puntual que fue el cierre de El Espinillar, donde varios trabajadores se unen a luchar por su fuente de trabajo. Había un movimiento sindical muy particular en esa zona, mucha gente trabajando en el lugar y las asambleas eran gigantescas con más de 800 personas, algo que en cierta medida facilitó la unión y el desarrollo de las reivindicaciones obreras.
“La idea de nosotros fue narrar la historia de cómo esa industria marcó a dos pueblos como Constitución y Belén y cómo a partir del cierre de El Espinillar hay una gran línea marcada por el impacto que dejó esa fábrica”, dijo a EL PUEBLO, Gabriel Bibbó.
“Pablo (Martínez) me había hablado de la historia de El Espinillar y un día nos juntamos para investigar un poco más, nos sentamos y escribimos un poco el proyecto y cómo lo podíamos encarar. Nos llamó mucho la atención lo que fue la marcha a Montevideo, porque anteriormente (Raúl) Sendic (padre del actual Vicepresidente de Uruguay) había hecho una marcha con los cañeros pero no había sido completamente a pie. Esta marcha en cambio, sí fue completamente caminando y eso nos trajo unas imágenes bien cinematográficas a la cabeza. También nos sedujo la idea de poder hacer ficción de algunas partes. En principio teníamos como hilo conductor la marcha pero a medida que nos fuimos metiendo en el proyecto fuimos descubriendo que había mucho más”, dijo Bibbó.
Finalmente presentaron el proyecto a la Federación de ANCAP a quienes les interesó mucho porque este año se cumplen 25 años de esa marcha y les pareció bien interesante como reivindicación sindical poder rescatar esa memoria y esos testimonios de primera mano.
“Esto, comenzó por noviembre del año pasado cuando se aprueba el proyecto y a partir de ahí tuvimos cinco meses para trabajar todo. Buscamos a alguien que pudiera ayudarnos en la producción y encontramos a Paulina Minelli. Así que arrancamos. Con Pablo empezamos a recabar entrevistas e historias de las personas involucradas en todo eso y la historia de la marcha se fue ampliando mucho más porque la gente nos empezó a aportar datos, fotos y hubo pila de material” agregó.

Un momento de la filmación de Quinientos Quilómetros

Un momento de la filmación de Quinientos Quilómetros

“TERMINARON QUEBRÁNDOSE”
“De todas las personas que entrevistamos vimos un gran sentimiento hacia El Espinillar, sobre todo un sentimiento que tenían guardado, porque a cada entrevista llegaban con un manojo de fotos y una carga emotiva muy fuerte. Vimos una gran nostalgia y angustia por lo que pasó con el lugar. Te diría que la mayoría de las personas terminaron quebrándose en algún momento mientras les hacíamos la entrevista. Creo que para ellos, este documental de alguna forma es también como cerrar un ciclo, recordando lo que pasaron con sus compañeros para dejarlo registrado de alguna manera”, puntualizó Bibbó.
“Indudablemente lo que pasó fue algo que involucró a toda la familia. Otra de las cosas que más se ve reflejada en la película está vinculada al desarraigo que sufrieron cuando cerró El Espinillar, porque mucha gente fue trasladada a otros puestos de trabajo en otros departamentos. Nos interesó poder contar cómo vivieron eso las familias, esas historias que pasan dentro de la casa”, comentó.

 







El tiempo

Ediciones anteriores

noviembre 2018
L M X J V S D
« oct    
 1234
567891011
12131415161718
19202122232425
2627282930  

  • Otras Noticias...