Un hombre político que después de estar en la cumbre cayó al llano y vuelve a levantarse

Un hombre político que después de estar en  la cumbre cayó al llano y vuelve a levantarse

Mario Kroeff, presidente de la Junta Departamental

Desde hace diez días Mario Kroeff es el nuevo presidente de la Junta Departamental de Salto, y recibió por espacio de una hora a EL PUEBLO para charlar distendidamente sobre algunos aspectos de su vida, con su particular enfoque que pasa del trato serio al tuteo en una fracción de segundos para retomar inmediatamente la compostura ante una pregunta que no le resulta cómoda. Entre otras cosas, aspira a que su presidencia en la Junta no pase desapercibida, y por lo que ha dejado ver en solo dos sesiones, con ese trato a sus pares a lo Kroeff, desde ya se puede garantizar que no pasará inadvertido.

Cuál es ese primer recuerdo en referencia a la política que tiene en su vida?

– Desde muy temprano, me acuerdo sobre todo de parte de mi familia paterna, mi abuela Virginia Piegas era muy amiga de los Batlle, del entorno de Luis Batlle, doña Matilde (Ibáñez). Desde muy chiquito en la casa de mi abuela se hablaba de política y yo estaba en contacto con gente importante. Pero el recuerdo más nítido que tengo, más temprano podría decir, fue el día del golpe de Estado, estaba en Montevideo, en febrero, yo estaba en Montevideo con mi abuela, y estaba por ir a Punta del Este a la casa de los suegros de Jorge Batlle, iba todos los fines de año de vacaciones, y mi abuela…

- Perdón, ¿dijo golpe de Estado y refiere al mes de febrero en vez de junio de 1973? ¿Qué fecha maneja usted del golpe de Estado?

– En febrero, luego viene lo de junio…

- ¿Usted refiere a los famosos comunicados?

– Sí, seguro, me acuerdo de febrero, y me acuerdo que mi abuela llamaba a todo el mundo furiosa con el tema de lo que había pasado y yo iba para Punta del Este ese día y me mandaron para Salto porque la cosa estaba que ardía en Montevideo. Así que le digo, ese es el primer tema político. Después durante la dictadura me acuerdo de los cassettes, de los cementerios, cuando íbamos con mi abuela a los homenajes de los aniversarios de la muerte de Luis Batlle que pasaron a ser los momentos dónde se hacía política.

Así que tengo recuerdos muy temprano de la política. Viví en una familia política en contacto con hombres y mujeres de la política del Partido Colorado, fue una cosa muy natural, así como a veces uno es de Nacional o de Peñarol porque bueno, en la familia son, y se habla y se sabe, y uno sale de ese cuadro conocedor, bueno, yo en política siempre fui colorado, nací en una familia colorada.

- ¿Alcanzó a conocer personalmente a Luis Batlle?

– No, a Luis Batlle no, pero si tuve contacto con Matilde (su esposa) mucho tiempo, bueno, toda la vida con Jorge, con Luis y con su hermana Matilde, y con los hijos y nietos.

- Para elegir dos momentos políticos de su vida, me viene a la mente su candidatura a diputado en 1999 donde tuvo una muy buena votación y la más reciente de mayo de 2010 donde tuvo una cifra sensiblemente menor de votos. Contrariamente a los votos recibidos, en el 99 no tuvo nada y ahora con sus votos establece un gobierno departamental, es electo edil por mérito propio y es nombrado presidente de la Junta Departamental.

– Son momentos distintos pero le diría que probablemente esta última campaña haya sido mucho más sentida y con mucho más responsabilidad de mi parte en el sentido que en el 99 venía como en un carro, era la candidatura de Jorge Batlle a nivel nacional y yo había ganado la interna también con más o menos dos mil y pico de votos, había logrado el primer lugar para ser el candidato a diputado, pero venía como en una correntada que se decantaba por si solo. Y saqué diez mil votos y colaboré para que ganara el partido y para que además seis meses después ganara también el Partido Colorado aquí en Salto en una situación casi al revés que lo que me pasó hoy, Malaquina sacando 25 mil votos y la 15 sacando en torno de los 5 mil, casi como un calco al revés.

En esta elección con Germán Coutinho y ya en “Vamos Uruguay” y “Vamos Salto”, tuve más de abajo, más laburante, más obrero, ganándome espacios que no tenía. Así que esta campaña fue más sentida, más laburante, más guerrera y la satisfacción fue mayor, también logré colaborar con la victoria del partido y su crecimiento a nivel nacional, y con todos los éxitos que están relacionados con la figura de Germán Coutinho y de “Vamos Salto”, diputación, senado, ahora intendencia y todo este entorno exitoso.

- Hablando de comparaciones, uno nota cambios en su persona entre una campaña y la otra. En el 99 se lo veía como una persona altanera, soberbia, calculadora, y ahora, por el contrario, se lo ve más con perfil bajo, más humilde, como que el paso de los años lo ayudó a centrarse en algunas cosas. Se nota un cambio interior en usted en estos años, quizás parezca una observación medio profunda o quizás atrevida de mi parte.

– Bueno, sos medio profundo y medio atrevido. Los años no han pasado en vano, el tiempo siempre incide en las personas, para bien o para mal. En realidad podría decir que es casi como que en aquella época estaba casi como el hijo del patrón, estaba en un grupo que era el mayoritario de un partido grande, fundacional, con un líder excepcional como Jorge Batlle, cautivador de corazones y cabezas de los jóvenes y no tan jóvenes, entonces éramos casi como los intocables y pasionales de la 15, lo que podría confundirse con esa altanería y esa prepotencia que usted hace referencia que yo no le reconozco. Yo digo que era una pasión, una convicción, éramos cruzados para liberar Jerusalén, los liberales en el Estado batllista que teníamos que enfrentar a la burocracia y a la población que estaba amoldada con parámetros a nuestro juicio arcaicos. Entonces, probablemente éramos una brigada de choque y yo más joven y más entusiasmado con la pasión que uno tiene puede ser que atropellara a alguien y ofendiera y de alguna manera lastimara a alguien en ese empujón, no por mala educación ni por altanería.

Ahora, bueno, el tiempo ha pasado y ya no somos cruzados dispuestos a liberar a Jerusalén porque nos dimos cuenta que liberar Jerusalén es una utopía, un hecho imposible. La verdad que la revolución había que hacerla de otra manera, en las pequeñas cosas, en la vida cotidiana, había que ser más pragmático y eso nos ha apaciguado. Además, tampoco en esta última época éramos hijos del patrón, ya éramos los peones, por lo tanto, estábamos en el llano, los colorados habíamos pasado por una etapa que prácticamente en algunos casos éramos personas mal vistas, entonces empezamos del llano, y del llano uno empieza a trabajar y empieza a crecer con otra modalidad, y eso nos hace de repente más comunes, sobretodo a los efectos de lo que es la impresión de afuera.

- Profundizando un poco en ese cambio que se le nota, tengo la impresión que el mismo ha pasado también a un nivel espiritual.

– Bueno, sí, a mí me han pasado muchas cosas, de alguna manera la vida, no solamente la política, me ha golpeado. Me divorcié, mi hijo se fue para el exterior, sufrí la crisis económica y perdí mi patrimonio, soy un hombre que en fin, tengo preparación y había quedado en el llano total, de manera que hay que hacer toda una introspectiva interior en el sentido que volví a la Iglesia, eso no es un dato menor, soy un hombre de tradición y de convicción católica, fíjese que fui a los salesianos, después fui a la Universidad Católica y era un católico no practicante. Habían pasado años sin ir a la Iglesia y ahora soy un católico practicante, voy a misa, tengo relación con la Iglesia, me ha hecho muy bien en mi visión del mundo, en mi paz espiritual y en mi relacionamiento con el prójimo, con mis semejantes, eso me ha hecho muy bien. Así que ahí hay también un aspecto de lo que usted u otra persona pueden advertir en esa paz y tranquilidad que tengo en mi relacionamiento con los demás.

- Ese cambio interior que procesó en su persona, ¿podría llegar a ser una especie de reconocimiento de equivocaciones pasadas en la forma de encarar su vida?

– Bueno, eso es muy difícil explicarlo, pero me imagino que en esos términos, casi como que encajo en la parábola del hijo que se fue y que después vuelve. Se fue pensando que el mundo era de él y que él era el centro del universo y que podía todo y que tenía el mundo a sus pies, y bueno, pensé que tenía al mundo en mis manos y no fue así, y luego volví a la casa del padre.

- ¿Y eso no es haber vivido en la soberbia o altanería?

– Bueno, puede ser…

- Porque recién me dijo que no, que se trataba del apasionamiento de su juventud…

– Puede ser si, si lo definimos literalmente puede ser.

- En ese cambio de cómo encarar su vida, cambiando la pisada, decidió además retomar los estudios.

– Exactamente, bueno, forma parte de ese tema. Yo no soy un referente cristiano, le estoy dando un aspecto de mi vida, al mismo tiempo hace bien en traer a colación que volví a estudiar. Soy estudiante de la licenciatura binacional de Turismo, y además, volví a hacer política activa, porque yo era un dirigente asesor de Germán, incluso en alguna parte hasta técnico como comunicador. Bueno, empecé a trabajar en los medios de comunicación, empecé a trabajar como un laburante como usted en los medios, a levantarme a las cuatro de la mañana para tener un programa con mucho tiempo de 6 a 9 de la mañana, todos los días, de lunes a sábado, era como tener un tambo (risas). Entonces, son varias facetas. Me volví trabajador, estudiante, católico practicante y además político de base y candidato a edil. No fui candidato a diputado ni a senador, no digo al final de mi carrera política pero digamos que pasado el mediodía de mi carrera política estoy como Héctor Grauert, que después de ocupar todos los cargos electivos, terminó siendo edil –que era el único cargo que no había ejercido- y presidente de la Junta Departamental de Montevideo.

- Esas vueltas de la vida de las que venimos hablando, nos traen al presente, donde justamente ha sido elegido presidente de la Junta Departamental, ¿cuáles son ahora los desafíos?

– Bueno, fíjese que la Junta Departamental básicamente es una especie de caja de resonancia y controladora del Ejecutivo departamental y de las alcaldías, hay muy poca cosa de la que tengamos iniciativa en términos de cosas que afecten específicamente a la gente. Pero de todas maneras, naturalmente, somos la caja de resonancia, los ediles son actores políticos que están en todo el departamento, que viven las necesidades y los anhelos de todos los pobladores. El desafío que tengo es poder tener la misma impronta, la misma amplitud, empuje, capacidad de trabajo, de comunicación y de capacidad de gobernar con todos que muestra el Ejecutivo comunal, como muestra Germán. Eso tiene que ver con llevar adelante el trabajo de la Junta con eficiencia, con calidad, con austeridad republicana, con efectividad en cuanto a acompañar las cuestiones concretas de gobierno y de llevar adelante esta coalición, esta coincidencia en los mejores términos posibles, con los blancos fundamentalmente que son quienes tienen representación parlamentaria y con los ediles del Frente Amplio también. En general hemos tenido un buen relacionamiento, y lo tendremos, pero bueno, ahí está el desafío, ser un poco el equivalente en términos legislativos de lo que notoriamente ha representado ahora el Ejecutivo comunal. Eso en términos políticos generales, después obviamente, la primera legislatura es la encargada de hacer el Presupuesto de la intendencia y plasmar con una Junta muy nueva, con ediles nuevos en lo que refiere a la experiencia parlamentaria, gente muy capaz y con mucho entusiasmo, que lo veo en los ediles de mi partido y en los ediles de los otros partidos, lo que tiene que estar volcado en el trabajo para la elaboración del Presupuesto, que es un poco la estructura, el esqueleto del gobierno que prevemos en los próximos cinco años.

- ¿Y cuáles son sus desafíos personales?

– No quiero pasar como un presidente desapercibido en la historia de la Junta Departamental, tengo la idea de poder ampliar y mejorar el edificio de la Junta que está compuesto ahora por dos casas que están casi como entreveradas y divorciadas funcionalmente, mejorar la sala del plenario, ampliarla, es decir, darle la impronta de lo que tiene que ser verdaderamente una casa del pueblo con comodidades y funcionalidad. Quiero poder avanzar en la tecnología del funcionamiento en la Junta, sueño con digitalizar todo, que desaparezcan los papeles, que podamos comunicarnos digitalmente posiblemente con una XO para cada edil. Así que pretendo hacer un aporte en la tecnificación del trabajo en la Junta y de alguna manera organizar, que es una asignatura pendiente, todo el tema funcional del personal, de adecuación y de profesionalización de la gente que trabaja acá.

PERFIL DE MARIO KROEFF

Tiene 47 años, divorciado, tiene un hijo. Es del signo de Cáncer e hincha de Nacional, “y de acá de Salto soy como bicicleta de circo, no tengo cuadro… soy de muchos”.

De chiquito quería ser médico como su abuelo, que fue un destacado médico en la rama de la oncología en Brasil, “hay un hospital en Río de Janeiro que lleva su nombre, Mario Kroeff”. “Pero eso era una fantasía, porque veo sangre y bueno…” (risas). Su segunda gran vocación fue ser abogado, pero no aprobó el examen de ingreso que durante la dictadura se estableció en la Universidad de la República y estudió comunicaciones en la Universidad Católica.

El asado es su comida preferida. Sin llegar a catalogarlo como un hobby, le gusta leer diarios, libros o estar en la computadora. Antes jugaba al ajedrez. Le gusta la sencillez de la gente, mientras que lo que menos le gusta de las personas es “el chusmerío, el egoísmo, la envidia… he sido víctima de eso muchas veces”.

- Ante la posibilidad de mirar hacia su pasado, pudiendo observar una cosa que no le gusta y que puede cambiar, ¿qué cambiaría?

– Qué pregunta de confesionario… (Piensa, se le humedecen los ojos, toma aire y responde con su voz quebrada) La verdad que me hubiera gustado formar una familia… y no la formé.