Episodios de violencia extrema suelen terminar con la vida de seres humanos. Pero esos seres humanos no están solos en el mundo. Normalmente hay una familia detrás que suele quedar desamparada ante una situación traumática, que los deja “a la intemperie”, sin el resguardo afectivo de quién ya no está, pero también ante el dilema de verse súbitamente sin el aporte económico que sustentaba la familia.
Sucesos actuales han involucrado a familias salteñas con consecuencias dispares. Por un lado una numerosa familia no ha
recibido ningún tipo de asistencia (más allá de algunas prestaciones provisionales de seguridad social) y por otro se ha dado la asistencia puntual a una madre de tres hijos, a la que se le consiguió un empleo público y una cobertura médica para los pequeños, al menos temporal. Pero hasta ahora todo parece depender de la voluntad del gobernante de turno. Desde comienzos de mes se está estudiando un proyecto de ley que prevé la asistencia técnica, la creación de un fondo económico y una pensión que brindará el BPS para los familiares afectados. Si bien no hay plata que suplante la ausencia personal, ya es hora de que las víctimas ocupen el lugar que dignamente tienen que tener, para de una buena vez alguien se haga responsable del daño que se les causa. Hasta ahora han sido los olvidados de siempre.
En el presente informe intentamos dar a conocer un panorama sobre la situación que viven los familiares de quienes han sido víctimas de este tipo de delitos.
Cecilia Texeira
“Nadie se acuerda de mis hermanos”
El salteño Richard Texeira tenía un comercio en el Cerro de Montevideo y fue asesinado por dos adolescentes drogados a pesar de no resistirse al asalto. Lo arrodillaron al lado de la cama, le apuntaron del lado derecho de la cabeza y dispararon. Los chicos declararon que no querían matarlo. Tenía 50 años.
RELACIÓN CON LA FAMILIA
La víctima dejó en Salto a su esposa Nelly Oliveira, de 49 años, y siete hijos: Cecilia, de 30 años, y seis más cuyas edades oscilan entre los 12 y 21. Era hijo único. Su madre, viuda de 71 años, padece depresión y Alzheimer; el día que falleció Richard, sufrió una fractura de clavícula y necesita mayor atención.
Nelly vivía junto a Richard desde los 18 años. “Él era camionero de una empresa capitalina –relató su hija Cecilia-. Como su mamá estaba enferma tenía que venir muy seguido y perdió el empleo. Hacía ocho meses que tenía ese comercio. La última vez que vino fue a fines de año, pero tenía contacto con nosotros”.
Cuando se enteraron de la tragedia enseguida hablaron con los niños, pero todavía no lo asumieron. “Sabían que estaba allá y llamaba siempre, entonces parece que está lejos solamente. Pero pensar en lo que pasó tan de golpe es horrible. Cuando nos avisaron pensamos que había tenido un accidente. Hace poco había estado internado por la presión y uno piensa que por enfermedad le puede pasar algo al padre, pero no de esta manera increíble. Ver a mi padre en el cajón fue fatal. Entonces, hay momentos que mis hermanos piensan que él está allá, pero después aterrizan y no se pueden concentrar en nada, dan una vueltita y vuelven a la imagen, y sienten rechazo hacia los informativos. Ellos fueron al sepelio. Papá tuvo muerte cerebral, así que se donaron los órganos. Cuando son donantes, el cajón tiene que estar cerrado. El señor de la empresa dijo si queríamos verlo, y el que dijo que sí fue el chiquito de 12, quería ver porque no creía que era el padre”.
RENDIMIENTO ESCOLAR
Richard falleció un martes. Uno de sus hijos está estudiando Ingeniería electrónica en UTU, y el viernes dijo que iba a ir a clase porque “si no, se atrasaba mucho”. Al principio afrontó bien la situación, pero después, tanto a él como a sus otros hermanos comenzó a costarles enfrentar los estudios. “Todos están yendo a clase pero se hace difícil, todos siguen estudiando, la vida sigue aparentemente normal, el problema son los sentimientos”.
CONSECUENCIAS DE LA TRAGEDIA
Contó Cecilia que sus hermanos viven con las rejas cerradas y rompieron la cerradura de la puerta de tanto cerrar con llave. El chiquito llamaba a su mamá porque creía que andaba alguien en el fondo. “Queda una psicosis de que alguien va a entrar a la casa, de soñar que hay un ladrón. Mis hermanos no dormían, estaban hasta las tres o cuatro de la mañana despiertos”.
Pensaron en solicitar a la Intendencia si podía proporcionarles un psicólogo para los chicos, porque son unos cuantos y en forma particular se hace imposible atenderlos.
“Ellos cuidan mucho a mamá, y a cada rato van al dormitorio para ver cómo está”, añadió. “El dolor de mamá es ver cómo fue, que no tiene más el apoyo económico. Uno siempre va proyectando, pero por más que ella tenga una pensión, los hijos no van a tener más a su papá. Después de los 21 años, si los chicos siguen estudiando ¿qué hacen? Ella quedó sola. Trabaja en una empresa que acompaña a enfermos, pero el sueldo no es como para mantener a toda una familia. En casa siempre se inculcó el estudio, sabíamos que teníamos que estudiar para ser alguien. Es angustiante ver que los hijos ya no tienen al papá, que aunque fuera por teléfono sabía que estaba, verse en el futuro lidiando con la parte económica ella sola, con la madre de mi padre que está enferma, es mucha mochila para mamá. Además está la parte sentimental. Está muy angustiada”.
OTRA FAMILIA
La familia salteña no sabía que Richard tenía otra pareja en Montevideo pero con lo sucedido eso pasó a un segundo plano. Una de sus hijas le preguntaba si tenía a alguien en la capital porque pasaba tiempo sin venir; él decía que no, que si tuviera vendría más seguido porque tendría a quién dejar en el almacén.
La policía tenía la cédula de Richard, y la señora que vivía con él en Montevideo tenía su libreta de matrimonio. “Andamos a las vueltas con la documentación –dijo Cecilia- Tuvimos que ir al BPS, llamar a Montevideo por la documentación y ver abogaviene de la 7
dos”.
AUNQUE SEA UN OK DE PARTE DEL GOBIERNO
Preguntamos qué tipo de ayuda recibieron del Estado, y dijo que su mamá quedó con una pensión así como sus hermanos, pero una ya tiene 21 y no cobra y otra de las chicas tiene 20 años. “Pasó lo del señor de La Pasiva, ayudaron a la viuda, pasó lo de papá y no sentimos ese apoyo. Pensamos que tal vez en Montevideo no se supo que su familia estaba acá, por eso mandé correo electrónico al presidente, al secretario del presidente, al ministro del Interior, al secretario del Ministro del Interior. Solamente al secretario del ministro no pude enviar, pero supuestamente envié los correos. No tuve ninguna respuesta. Hubiera deseado que de parte del gobierno hubieran dado aunque sea un OK a mis correos. Mi hermana vio en la tele que a la señora que quedó en Montevideo le iban a conseguir un trabajo en la Intendencia. Uno, desde Salto, no sabe ni qué pasa, hay que ir allá para mover y tenemos limitaciones por el trabajo y por la parte económica.
Sentimos que estamos lejos y no podemos solucionar nada. Porque a mi madre ¿quién le da un trabajo mejor remunerado? Ella es auxiliar de enfermería e hizo cursos de auxiliar de CTI de niños y adultos, pero por la edad no consigue otro trabajo. Esta señora también fue víctima pero quedó por lo menos con el almacén de mi padre y nadie fue a pelear por él porque ella trabajaba ahí con papá.
Lo que queremos es que ayuden a mamá a tener un ingreso mejor porque es una señora capacitada, ha hecho hasta cursos de informática en la casa de la juventud. Hablamos con (Andrés) Lima por lo de la ayuda a los familiares de las víctimas y nos dijo que se aprobó en Senadores pero que ahora tiene que pasar a Diputados. Cuando Diputados apruebe, ahí será un plus aparte de la pensión que le toca a mamá”.
NADIE SE ACUERDA
DE MIS HERMANOS
“Una vez mamá dijo: “Lo mataron como a una cucaracha y de sus hijos nadie se acuerda””, dijo Cecilia con tristeza.
“La señora es víctima también porque estaba ahí con sus hijos, que son víctimas también porque son niños. Pero el dolor pasa porque nadie se acuerda de mis hermanos. Por eso fue que quise aclarar frente a la sociedad, porque en el diario salió que él vivía allá y que los niños eran de él y no es así: son de ella. En algún lado esos niños tienen a su papá, los que quedaron sin papá fueron mis hermanos”, recalcó, agregando que la gente decía “tu papá hace tiempo que no estaba” porque hacía años vivía allá; debieron aclararle a todo el mundo que era un papá que estaba presente.
Sonaba el teléfono y estaban todos pendientes de que fuera él, y ahora, “suena el teléfono y yo les veo la mirada. Una de mis hermanas era muy pegada a él y esta situación le provocó rencor. Como uno es más grande entiende y eso pasa a segundo plano. Pero la gente trata de minimizar su muerte porque no estaba acá, pero no era así. Hace un año y medio él se fracturó el codo, estuvo en el seguro y estaba acá. La gente está equivocada si piensa que porque hace seis meses que no veía a los nenes el dolor iba a ser menor. Hay que vivirlo en carne propia para entenderlo”.
LA INCERTIDUMBRE DEL FUTURO
Dijo Cecilia que “a veces me pasa que estoy estudiando y siento un nudo en el estómago, porque pienso que mi padre estaba
bien y después lo trajeron en un cajón porque a alguien se le antojó meterle un disparo en la cabeza”, y que se pregunta a diario cómo se criarán estos adolescentes que están construyendo su personalidad. “Esperemos que salgan bien porque la base está, pero la adolescencia es traumática y no van a tener a su padre, el referente. En el día a día se trata no de no pensar sino de no hablar. Hay una negativa a los informativos porque fue por esa vía como se enteraron. Después vieron la reconstrucción del hecho y nosotros no nos habíamos enterado. Nos sentimos impotentes. ¿Qué hacemos? ¿Tenemos que ir a Montevideo para mover? Quedamos shockeados”, afirmó.
Además de ser el principal apoyo económico de su familia, Richard era hijo único. No hay tíos ni primos que puedan ayudar a sobrellevar la situación. “Si la abuela estuviera bien sería otra cosa, pero incluso tuvimos que salir adelante porque hay que atenderla a ella también. Ella siempre estuvo, siempre nos ayudó, ahora que precisa uno tiene que estar. Tampoco ella tiene a nadie, nos tiene solo a nosotros.
No tenemos parientes alrededor, capaz por eso también nos sentimos desprotegidos”, argumentó Cecilia, que consideró que “esta sociedad es machista. Entonces el hombre, el fuerte, el firme, ya no está más. Sabíamos que teníamos un respaldo allá no solo en la parte económica sino como referente de la casa, como hombre de la casa. A él ya lo habían asaltado hace un tiempo y le habían fracturado dos dedos. Mamá le pidió que se viniera y él decía que no, que no tenía miedo.
En verano había estado internado por la presión, y le dijo a la señora que cualquier cosa que le pasara lo mandara para acá. O sea que él sabía que su familia estaba acá, la tenía identificada”.
Por último, recordó la hija mayor de Richard que su padre era muy trabajador, jamás esperó que le viniera todo de arriba. Fue a la empresa de Montevideo porque ganaba más. “Siempre venía, se fue quedando porque tenía un mejor sueldo y era por el bienestar de los nenes. Uno nunca está preparado para esto”.
Ex esposa fue ubicada en empleo público y niños son atendidos por especialistas
Familia salteña de empleado asesinado en pizzería de Montevideo recibió asistencia médica y económica
Alejandra Tomás es madre de tres hijos pequeños (menores de 10 años) y fue esposa de Gastón Hernández (de 34 años), empleado de un local de venta de comidas rápidas en Montevideo que el pasado 12 de mayo de 2012 resultó asesinado mientras trabajaba. Tal hecho causó conmoción pública y fue registrado por las cámaras de seguridad del local, en donde se pudo apreciar como recibió un disparo de uno de los asaltantes. En el marco del presente informe la consultamos sobre la asistencia que se le prometió por parte del gobierno una vez producido el violento hecho que dejó sin padre a sus niños. En su casa, ubicada en la zona norte de nuestra ciudad, confirmó que le consiguieron un trabajo público y cuenta con la asistencia médica que sea necesaria para la atención de sus hijos.
Fue así que fue visitada por la directora departamental de Salud, Dra. Cristina González y el dirigente frenteamplista Eduardo Muguruza. “Me dejaron sus teléfonos y me dijeron que cuando sea necesario los llamara”. Comentó que uno de sus hijos “está pasando por un momento psicológicamente complicado y se me brindó cobertura por ASSE. Cuando tuve un problema los llamé y tuve la respuesta enseguida. Porque para conseguir la atención de un psiquiatra hay que esperar unos meses y en mi caso fue instantáneo”.
LE CONSIGUIERON UN TRABAJO
Respecto de la ayuda económica dijo que “en el momento de la muerte de Gastón yo estaba sin trabajo, había venido de Punta del Este en marzo luego de hacer la temporada. Lo que más me interesaba era que me pudieran ubicar en un trabajo, porque de nada me sirve que me den una plata, porque se gasta. Les pedí un trabajo público, en donde pudiera tener estabilidad”. Es así que “el jueves de la semana pasada firmé contrato en el Ministerio del Interior. Estoy trabajando en la ciudad y por eso estoy re agradecida al Presidente que de algún modo siempre estuvo preocupándose”. Tener un trabajo fijo “me da una tranquilidad impresionante. Son 6 horas, no tengo que estar 10 horas en la calle para traerles el sustento a los gurises. Además no voy a tener que dejarlos 3 meses en la casa de las abuelas como hacía cuando me iba a trabajar al este (del país)”. Cumple tareas administrativas: “firmé (un contrato) por tres años, pero en el servicio me dicen que si todo va bien continuaré en la tarea”.
SEGUIMIENTO NECESARIO
Para Alejandra es necesario que “haya un seguimiento cuando sucede una cosa así (el fallecimiento de una persona víctima de un delito violento). Ver que pasa con esa familia, con esos hijos. Yo moví la pensión del Banco de Previsión Social (BPS) y son 700 pesos (mensuales) por niño, que no es nada. Me parece que tendría que haber un subsidio o algo”. Es importante “saber que hay alguien que desde el gobierno se preocupa por las familias. Cuando escuché a (Alberto) Breccia (secretario de la Presidencia) decir en el informativo que a esta familia la vamos a ayudar sonó como que no iba a pasar. Puedo decir y comprobar que hubo un seguimiento y que hubo preocupación por parte de esta gente.
Reflexionó acerca de que cuando pasa un caso como el que le tocó pasar a Gastón “no puede quedar así nomás. En este caso debería de existir algo para atender en ese momento. Que se implemente alguna ley o algo similar para que cuando ocurre, la persona no quede desamparada, porque por un tema económico a veces no se puede siquiera hacer un sepelio. Que no pase eso”.
NO ME PAGARON LA LIQUIDACIÓN TODAVÍA
En otro sentido expresó que “hasta el día de hoy estamos luchando para que nos paguen la liquidación salarial. Con la otra muchacha (se refiere a la madre de otras dos hijas que Gastón tenía en Montevideo) presentamos las partidas de nacimiento y la liquidación está lista. Pero la empresa todavía, pasado dos meses del hecho, no envió la plata.
la Asamblea General de Naciones Unidas el 29/11/01985, entiende por “víctimas” a las personas que, individual o colectivamente, hayan sufrido daños, inclusive lesiones físicas o mentales, sufrimiento emocional, pérdida financiera o menoscabo sustancial de los derechos fundamentales, como consecuencia de acciones u omisiones que violen la legislación penal vigente en los Estados Miembros de la ONU, incluida la que proscribe el abuso de poder.





