¡Bendita tierra mía!


Antes que nada queremos dejar muy en claro que no nos sentimos mejores que nadie,  ni mucho menos superiores, pero sí plenamente convencidos, que hemos sido privilegiados, por Dios o la naturaleza, –  como prefiera – según sus convicciones, al vivir en esta tierra.

En esta tierra se produce uno de los mejores vinos del mundo, porque la zona de Nueva Hespérides, cercana a la desembocadura de río Daymán en el río Uruguay, ha producido siempre uvas de excelente calidad, tan excelente  que devienen en vinos también de la mejor calidad, como el “Daymán”, de Stagnari, galardonado como el mejor del mundo un par de año atrás.

En cuanto al arroz de más alta calidad del mundo, tiene en Salto y Artigas algunos de los lugares donde se produce.

Esto es, parte del arroz – no todo – que aquí se produce alcanza el nivel máximo en el mundo en cuanto a calidad y rendimientos, pero tampoco se queda atrás en materia de calidad del producto.

La lana ultrafina, de las más valiosas del mundo,  es también factible de producir en nuestro Salto. Aunque hasta hoy no se ha alcanzado, el nivel óptimo, los últimos resultados obtenidos indican que es posible.

Ni que hablar de  los citrus, del arándano y otros frutos de la tierra, del sol, del agua y obviamente de la mano que las cultiva, que seguramente olvidamos.

Esto,  sin olvidar la bendición que significa el poseer tanta agua dulce y el estar asentados sobre el mayor acuífero termal del sub suelo de la región y el pasaje de un río que nos identifica a todos los uruguayos y es de por sí solo un sobrado motivo para sentirse orgulloso de nuestro suelo salteño.

¡Como no decir bendita tierra salteña!.

Termina un año y comienza otro y no podemos tomarlo como un sencillo cambio de almanaque.

Hemos tenido confrontaciones, diferencias, polémicas, muchos motivos para distanciarnos, para reñir, para discutir, pero hoy es tiempo de acercamiento, de olvidar rencillas, de perdonar y asumir que la vida es cortó, que el tiempo es efímero y lo trascendente va mucho más allá que lo circunstancial.

Sin embargo, como lo hacemos anualmente en estas ocasiones, podemos decir que es poco el tiempo que seguramente hemos dedicado a pensar y a reflexionar cuánto tenemos para agradecer, para disfrutar, para admirar.

No para sentirnos mejores, ni superiores a nadie, sino para asumir cuánto tenemos y cuán felices seremos el día en que estas bendiciones que abriga nuestro terruño, lleguen a ser disfrutados por el mayor número posible de coterráneos y visitantes.

Ese es el desafío.

¡Feliz Año Nuevo!.







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