¡Bienvenido Brasil 2014!

Desde esta tarde y hasta el 13 de julio el mundo y no solo el deportivo estará pendiente del torneo Mundial de Fútbol que se desarrollará en Brasil.
La pasión del fútbol no solo llega a los países que estarán participando, sino que alcanza también a los que no han clasificado e incluso a países remotos donde el fútbol es un deporte exótico, practicado por muy pocas personas.
Pero el máximo torneo mundial de este deporte mueve millones de personas, tantas que ningún otro acontecimiento llega a igualarlo. En esta ocasión las estimaciones hablan de 3.000 millones de personas. Es decir cerca de la mitad de la población mundial.
Uruguay es un país futbolero por excelencia y junto a Holanda disputa el perfil de ser uno de los más chicos del mundo que llega a este nivel, aunque el mérito de Uruguay es mayor dado que si bien su territorio es más grande, tiene cinco veces menos población que la nación de los denominados Países Bajos.
Ninguna otra pasión en el mundo es capaz de mover el interés de tantas personas. Tampoco en Uruguay hay tema capaz de eclipsar esta aficción. Esto es bueno y seguramente de saberse aprovechar debidamente, podría servir para zanjar diferencias, para el acercamiento de los uruguayos no solo en este tema, sino en otros en los que nos dividen las ideas y sobre todas las formalidades, aunque en el fondo defendamos los mismos propósitos y queremos lo mismo para todos los compatriotas.
Nos referimos, por ejemplo a las ideas políticas. Más allá de la ideología, muchas veces vemos que gente de diferentes partidos y de diferentes tiendas políticas, predican y luchan por cosas muy parecidas, simplemente porque creen que los caminos son distintos, pero el objetivo es el mismo.
El Mundial de Brasil 2014, no solo alineará a todos los uruguayos tras la celeste, sino que también tendrá el mismo efecto, aunque bajo diferentes colores en los restantes países que participan allí.
Esta es la enseñanza que nos deberían de dejar estas instancias.
Es una verdad innegable que el deporte une, sirve para acercarnos y hallar puntos en común, pero para esto hay que tener muy presente que no puede ser el escenario deportivo el lugar donde ir a descargar las tensiones y las preocupaciones que nos afligen en otros ámbitos.
Alentar a la celeste de corazón , con toda la pasión que corresponde, pero sin agredir, sin manifestaciones de violencia de tipo alguno es lo correcto y deseable, además de lo mejor que podemos hacer desde afuera de la cancha.
¡Ojalá todos lo entendamos así!

Desde esta tarde y hasta el 13 de julio el mundo y no solo el deportivo estará pendiente del torneo Mundial de Fútbol que se desarrollará en Brasil.

La pasión del fútbol no solo llega a los países que estarán participando, sino que alcanza también a los que no han clasificado e incluso a países remotos donde el fútbol es un deporte exótico, practicado por muy pocas personas.

Pero el máximo torneo mundial de este deporte mueve millones de personas, tantas que ningún otro acontecimiento llega a igualarlo. En esta ocasión las estimaciones hablan de 3.000 millones de personas. Es decir cerca de la mitad de la población mundial.

Uruguay es un país futbolero por excelencia y junto a Holanda disputa el perfil de ser uno de los más chicos del mundo que llega a este nivel, aunque el mérito de Uruguay es mayor dado que si bien su territorio es más grande, tiene cinco veces menos población que la nación de los denominados Países Bajos.

Ninguna otra pasión en el mundo es capaz de mover el interés de tantas personas. Tampoco en Uruguay hay tema capaz de eclipsar esta aficción. Esto es bueno y seguramente de saberse aprovechar debidamente, podría servir para zanjar diferencias, para el acercamiento de los uruguayos no solo en este tema, sino en otros en los que nos dividen las ideas y sobre todas las formalidades, aunque en el fondo defendamos los mismos propósitos y queremos lo mismo para todos los compatriotas.

Nos referimos, por ejemplo a las ideas políticas. Más allá de la ideología, muchas veces vemos que gente de diferentes partidos y de diferentes tiendas políticas, predican y luchan por cosas muy parecidas, simplemente porque creen que los caminos son distintos, pero el objetivo es el mismo.

El Mundial de Brasil 2014, no solo alineará a todos los uruguayos tras la celeste, sino que también tendrá el mismo efecto, aunque bajo diferentes colores en los restantes países que participan allí.

Esta es la enseñanza que nos deberían de dejar estas instancias.

Es una verdad innegable que el deporte une, sirve para acercarnos y hallar puntos en común, pero para esto hay que tener muy presente que no puede ser el escenario deportivo el lugar donde ir a descargar las tensiones y las preocupaciones que nos afligen en otros ámbitos.

Alentar a la celeste de corazón , con toda la pasión que corresponde, pero sin agredir, sin manifestaciones de violencia de tipo alguno es lo correcto y deseable, además de lo mejor que podemos hacer desde afuera de la cancha.

¡Ojalá todos lo entendamos así!