¡Cuidado con el rumor anónimo!

Las redes sociales son una herramienta de una  gran importancia en nuestros días. Han servido para informar y difundir hechos y situaciones que «la verdad oficial», oculta o impide conocer.

Han servido también para romper todo tipo de censura y aún cuando los regímenes más «duros» y férreos en materia de libertad de expresión hacen esfuerzos descomunales tratando de  impedir el acceso a Internet y en especial la conformación de las redes sociales, es realmente lamentable que de la falta de libertad y las restricciones hayamos pasado al libertinaje. Se ha caído en un libertinaje tal que es perfectamente factible instalar en estas redes sociales, páginas «truchas», con algunos datos personales de la «víctima», como celular, dirección y hasta documentos que le dan un viso de «veracidad», al lector despistado o incluso a quien no nos conoce mayormente. Se lo hace  con cualquier propósito e incluso con expresas intenciones de difamación, daño moral o similar.

Nadie puede admitir que haya este tipo de libertinaje en materia de comunicación social, porque es mucho más dañina incluso que la censura o la falta de libertades. No es posible que no haya forma alguna de determinar responsabilidades en estas acciones expresamente delictivas.

Esto lejos de favorecer una comunicación social positiva y beneficiosa para la comunidad se presta para cobijar acciones absolutamente deleznables, maliciosas, verdaderos delitos que deberían estar expresamente sometidos a responsabilidad ante las leyes que corresponda.

Nada de eso es factible cuando se trata de estas redes sociales, salvo excepciones muy puntuales o falsificaciones rudimentarias que de alguna manera dejan pistas que las autoridades correspondientes pueden desentrañar.

Como un elemento mínimo indispensable el Estado debería de informar sobre las características de dichas redes, dado que no puede garantizar al ciudadano la salvaguarda de derechos humanos elementales, como es su prestigio y su honor, que pueden ser fácilmente afectados a través de las mismas.

También quienes usan estas redes deben saber que lo que están leyendo puede ser absolutamente falso. La identificación clara y precisa de las fuentes, es una regla de oro en materia de periodismo y cuando se involucra directa o indirectamente a personas, esto es sustancial.

La libertad de expresión tiene sus reglas y una de ellas es que la persona que opina esté debidamente identificada. La opinión no se censura, pero es imprescindible que demos la cara (o la identidad), cuando se lo haga es la forma de asumir la responsabilidad de nuestros dichos.

Ni más, ni menos.