¡Fuera de lugar!

EDLa carta enviada por un grupo de oficiales retirados de las Fuerzas Armadas, reunidos en el autodenominado “Foro Libertad y Concordia”, a los tres comandantes en jefe (Ejército, Armada y Aviación), ha sido el disparador de una situación interesante, aunque muy lejos de causar preocupación, evidencia algo que no todo el mundo parece saber y menos aún asumir.

Es el hecho de que aún existe un sector de las fuerzas  armadas y también algunos civiles prendidos a ellos como sanguijuelas, aguardando alguna migaja, que se mueve en las sombras y tiene, o cree tener al menos aún mucho poder frente a la opinión pública.

La carta constituye como bien se la ha calificado, una bravuconada, una velada amenaza a la democracia, si es que la Justicia sigue convocando a gente que tuvo que ver con los desaparecidos, o bien llamemos las cosas por su nombre: asesinados, advierten que incluso podrían resistir con las armas.

Lo notable de esta situación, es que uno de sus referentes,  pide al presidente de la República, nada menos que pase por encima del Poder Judicial y desautorice a éste, ignorando las convocatorias de militares que hagan los jueces.

El caso nos trajo a la memoria una de las primeras citaciones judiciales, efectuadas por la Justicia y que el entonces comandante en Jefe del Ejército, Gral. Luis Vicente Queirolo, guardó en la caja fuerte del Ejército Nacional y además pregonó, que era el destino que daría a todas las convocatorias similares.

Pero hoy ya no son los mismos tiempos y felizmente la Justicia trata a todos por igual, tengan uniforme o nó. ¡Así es la democracia y todos debemos someternos a ella!

Las manifestaciones de este sector de oficiales del Ejército Nacional, cuyos integrantes  se sienten de alguna manera “perseguidos” y anuncian que “se harán sentir”, sin son convocados por la Justicia, es un desafío a todo el sistema institucional que es importante enfrentar como corresponde.

Este tipo de amenazas no puede tener cabida en una democracia. Mal que nos pese, a todos los uruguayos, tenemos que estar dispuestos a responder a los requerimientos del Poder Judicial.

Muchas veces esto es incómodo, constituye una molestia, pero es la única forma de quedar tranquilos con nosotros mismos en primer término y con la ley luego.

Seguramente que hay otros temas que tendrían que recibir igual o mayor atención que el de los Derechos Humanos, pero no nos atreveríamos a decirle a un hijo de un “desaparecido”, lo de tu padre no se investigará más, total hace ya casi 40 años que pasó y por lo tanto “dejalo así…”

Mucho menos a una madre o una abuela.

En estos temas no hay otra forma de laudarlos definitivamente, que a través de la Justicia. Quienes hoy “advierten”, por no decir lisa y llanamente amenazan,  deben de dejar de hacerse las víctimas, porque en realidad están más cerca de ser los victimarios.

Por lo tanto que la Justicia,  aunque tarde, que llegue y valga la redundancia “que sea justa”.







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