¿Cómo caímos en este precipicio?


Hoy hay familias donde la televisión educa más que los padres, chicos que viven en la televisión, que viven frente a la pantalla del televisor con padres que nunca están presentes y si están lo que hacen es ver televisión con los chicos en silencio…

O en la computadora, a veces parece un chiste pero hay papás que para saber algo de la vida de sus hijos tienen que entrar al Facebook del hijo, y lo tienen del otro lado de la pared, cada uno en su computadora. Entonces, la familia ha declinado muchas de sus responsabilidades”,

Las dos expresiones precedentes corresponden al Dr. Claudio García Pintos, quien vino a Salto a exponer sobre la logoterapia y fue entrevistado por un cronista de EL PUEBLO.

Es difícil controvertir esta realidad, porque si así sucede en Salto, en más de un hogar, en las grandes urbes seguramente el problema es mucho mayor aún.

En materia de diagnóstico, es una realidad. Ahora bien ¿no deberíamos de analizar cómo y por qué llegamos a esta situación?.

¿Quién saca provecho de ella?.

Poco ganamos con comprobar y difundir el problema, si no llegamos a ver las causas, el origen del mismo para intentar mejorar o revertir la misma.

¿Cómo fue que perdimos los valores que tuvimos en la familia?.

¿Por qué se llegó a este estado de cosas regido por el “hacé la tuya”.

El individualismo atroz se ha fagocitado los valores de la solidaridad, de la comunidad donde ayudar al otro era un deber ineludible, y para ello se llegaba a aportar casi de lo imprescindible para nosotros mismos.

“Dar hasta que duela…”, era al menos la consigna de uno de los clubes de servicio salteños años atrás.

Pero hoy día el materialismo nos lleva a comprar, tener y ambicionar todo lo que podamos tener y aún lo que criteriosamente no podemos llegar a pagar.

Esta situación ha dejado a miles de familias en la calle. Los asentamientos crecen y no sólo están conformados por gente que ha quedado al margen de esta comunidad, sino también por aquella gente que lo ha perdido todo, incluso su vivienda, al endeudarse exageradamente.

Sin olvidar de los casos, por ejemplo, de algunos padres que se endeudan para auxiliar a sus hijos que requieren un pasaje al exterior u otra inversión y luego no pueden asumir este compromiso.

La situación de crisis económica no es más que un reflejo de lo demás.

En alguna medida, cuando se llega a este punto, es porque se ha recorrido un largo camino de decadencia, que comienza por lo espiritual y a consecuencia de esto, prosigue por todo lo demás.

Asumirlo seguramente será también un largo y doloroso camino, que no podremos eludir.

Lo seguiremos reiterando.







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