¿Cuál es la salida?

La distancia entre la Ley y la realidad, es cuestión de análisis permanente, o debiera serlo, al menos porque muchas veces las circunstancias hacen que las cosas cambien drásticamente en este sentido.

La disyuntiva se está haciendo cada vez más patente, en la medida en que los casos de rapiñas armadas, arrebatos y otras formas de violencia que proliferan sobre todo en Montevideo, aún cuando su número sea menor, como indican algunas estadísticas oficiales, o mayor al de otros tiempos como se sostiene muchas veces a nivel de población.

Se han registrado varios casos de muertes, en algunos casos de las víctimas de los delincuentes  y en otras de éstos.

Aquí viene precisamente el tema. Muchas veces se ignoran aspectos esenciales que hacen a estas situaciones.

Cuando decidimos comprarnos un arma «para defendernos», creemos que la ley nos dará siempre la razón y esto es un grueso error.

Para determinar si hay o no legítima defensa, la Justicia tiene en cuenta: «Que haya una agresión, que esa agresión no sea provocada, y que el medio para repelarla sea equivalente, no se puede uno «defender» de un cuchillito usando un fusil. Esa es la letra, como se dice en el ámbito judicial. Pero en el caso de robos a comerciantes el delincuente amenaza al negociante, éste último tiene un arma y se defiende «si tiene «suerte», sale con vida, pero ésta puede de todas maneras volverse un calvario después de eso, porque las consecuencias pueden llegar incluso a la reclusión.

¿Cómo salimos de esta situación?, es la complejidad del tema.

Quienes simplifican la cuestión, volviéndola superficial, señalan que no debe protegerse a quien delinque «nadie le manda a asaltar o atentar contra la vida y los bienes de los demás, por lo tanto él se lo buscó», hemos oído decir muchas veces.

En el otro extremo de la madeja, quienes van más allá de la superficialidad, llevan las cosas al plano de los orígenes de estas situaciones. ¿Qué vida ha tenido y tiene ese (generalmente) menor que asalta, arrebata y es capaz de matar.

¿Es solución meterlo preso más chico?.

¿Disminuirá siquiera los índices de delincuencia o de crueldad de los delitos?.

¿Terminará con los delitos cometidos por menores de edad?.

La respuesta es NO. Sencillamente los mandará a la cárcel antes.

Si queremos hacer algo realmente y despolitizar la cuestión, no queda otra que comprometernos hoy con la disminución de algunos problemas sociales, para esperar dentro de algunos años, que la situación sea mejor a la que hoy tenemos.

Ni más ni menos.