¿Hasta cuándo tendremos tiempo?

edEn el penúltimo Congreso de la Federación Rural se señaló que “el cambio climático es un hecho incontrastable, por lo que debemos adecuarnos al mismo.  Se han tomado medidas para mitigar esta amenaza, con políticas participativas que son lideradas por el MGAP, con el involucramiento de los productores y el apoyo de las Intendencias. Tenemos que profundizar este camino estudiando posibilidades de seguros u otras medidas”.

La visión de la Federación Rural del Uruguay sobre este punto, no deja de ser llamativa. Si bien el sólo hecho de que se asigne al hecho la importancia suficiente como para incluirlo entre las preocupaciones, es de por si un avance muy importante.

Quizás a partir de la tragedia de Haití y los posteriores movimientos en Chile, hasta la reciente erupción volcánica que diseminó cenizas y dificultades, aunque sin mayor gravedad, el tema del cambio climático nos ha hecho parar la oreja más de la cuenta, como nunca antes.

Es como si por primera vez pensáramos que el riesgo es real, aún cuando haya gente que siga negando que las catástrofes que tenemos todos los días, hasta las simples, pero inusuales variaciones del clima, influyendo sobre las temperaturas extremas,  se deban al famoso recalentamiento global.

Esa visión es comprensible -aunque no justificable – debido a que los cambios en el planeta siempre existieron. La diferencia está en que de un tiempo a esta parte, lo que antes llevaba “varias vidas de un hombre” (miles de años), ahora el hombre mismo los ha precipitado y basta algunas décadas para que sucedan.

Resulta más difícil de percibirlos cuando estos cambios son más leves y graduales, por ejemplo, cuando los inviernos ya no son demasiado fríos, cuando las sequías no son tan extremas, pero si más frecuentes.

Cuando pensamos en estos problemas, seguimos pensando que la responsabilidad es exclusivamente de las grandes naciones industrializadas y de los gobiernos.

Si bien esto es relativamente verdad, en cuanto a que la mayor contaminación proviene de lo que contaminan los países industrializados, también es cierto que la conducta del simple ciudadano, como nuestro caso, juega un rol esencial.

Ya sea en forma directa, porque la acumulación de residuos peligrosos, las bolsitas de nylon, los plásticos, las pilas, los desechos electrónicos, que arrojamos al ambiente, se acumulan y envenenan ríos y mares, tierra y aire, también lo es indirectamente, porque la conducta humana juega un rol esencial a la hora de asumir conciencia en relación a este problema.

Sólo un ciudadano consciente y responsable de su rol en la conservación del planeta, habrá de exigir y presionar a los gobiernos y a otros poderes económicos, para que pongan en práctica las medidas que corresponden a fin de no seguir destruyendo nuestra casa.







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