¿Herodes ha vuelto?

l 28 de Diciembre el mundo cristiano recuerda el Día de los Santos Inocentes, fecha elegida para hacer perenne la atrocidad de Herodes, de eliminar a todos los niños de Egipto menores de 2 años, con el enfermizo intento de eliminar a Jesucristo, de cuyo nacimiento tenía información.
Hoy en el Uruguay, también casi coincidiendo con el Día de los Inocentes se aprueba una medida que tiene mucha semejanza a aquella medida de Herodes.
Nuestros lectores saben que hemos defendido permanentemente desde estas columnas el derecho a la vida.
Manosear la vida, quitarle a los más indefensos integrantes de la comunidad, porque aún desde el vientre materno es un ser viviente, es una atrocidad.
No desconocemos las peripecias que deben pasar tanto las adolescentes que constituyen la mayoría de las chicas embarazadas a las que se dirige la iniciativa, como sus hijos, pero la “solución” que se impulsa a través de este proyecto, no puede ser más nefasta.
No se plantea la posibilidad de salvar a ambos seres. Se elimina el que es menos visible, el que supuestamente va a dejar menos trauma. Se plantea la vida que surge como una molestia, casi un mal y no la bendición que es siempre la llegada de un niño a una comunidad.
El Censo nacional recientemente finalizado indica que los uruguayos somos cada vez menos. La población disminuye en lugar de aumentar.
Aún así hay quienes han decidido abrogarse el derecho de matar a los inocentes de apenas unas semanas de concebidos. Es inadmisible para cualquier comunidad que se precie de tal.
No nos sirve el ejemplo de lo que han hecho otras “comunidades” donde todo se mide con dinero, con placer y por lo tanto todo lo que “incomode” o “moleste” en este sentido, es eliminado.
Así les va. Así se encuentran, en un camino que no puede llevar a otra cosa que no sea la destrucción del hombre por parte del hombre.
Así se llega a menospreciar a tal punto la vida, que no debería asombrarnos luego que haya  quienes no titubeen en matar, así sea a sus padres  para obtener su botín.
Esto, es nada más que parte de lo que les hemos inculcado.
Es sólo otra cara del “hacé la tuya”.
La aprobación del aborto no es otra cosa que la autorización para matar y cualquier homicidio deja secuelas inevitables, para la víctima en primer lugar, por supuesto, pero también para quien lo aprueba, en este caso la madre que autoriza a que maten a su hijo y psicológicamente esto no se olvida.
Lástima, cerrar el año 2011 con la decisión del Senado. Resulta lamentable.
Nos queda la esperanza que la Cámara de Representantes, la que tiene una mayor representatividad en cuanto a la realidad del país, dado que incluye representantes de los 19 departamentos, vote diferente e impida que finalmente esta atrocidad prospere.
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El 28 de Diciembre el mundo cristiano recuerda el Día de los Santos Inocentes, fecha elegida para hacer perenne la atrocidad de Herodes, de eliminar a todos los niños de Egipto menores de 2 años, con el enfermizo intento de eliminar a Jesucristo, de cuyo nacimiento tenía información.

Hoy en el Uruguay, también casi coincidiendo con el Día de los Inocentes se aprueba una medida que tiene mucha semejanza a aquella medida de Herodes.

Nuestros lectores saben que hemos defendido permanentemente desde estas columnas el derecho a la vida.

Manosear la vida, quitarle a los más indefensos integrantes de la comunidad, porque aún desde el vientre materno es un ser viviente, es una atrocidad.

No desconocemos las peripecias que deben pasar tanto las adolescentes que constituyen la mayoría de las chicas embarazadas a las que se dirige la iniciativa, como sus hijos, pero la “solución” que se impulsa a través de este proyecto, no puede ser más nefasta.

No se plantea la posibilidad de salvar a ambos seres. Se elimina el que es menos visible, el que supuestamente va a dejar menos trauma. Se plantea la vida que surge como una molestia, casi un mal y no la bendición que es siempre la llegada de un niño a una comunidad.

El Censo nacional recientemente finalizado indica que los uruguayos somos cada vez menos. La población disminuye en lugar de aumentar.

Aún así hay quienes han decidido abrogarse el derecho de matar a los inocentes de apenas unas semanas de concebidos. Es inadmisible para cualquier comunidad que se precie de tal.

No nos sirve el ejemplo de lo que han hecho otras “comunidades” donde todo se mide con dinero, con placer y por lo tanto todo lo que “incomode” o “moleste” en este sentido, es eliminado.

Así les va. Así se encuentran, en un camino que no puede llevar a otra cosa que no sea la destrucción del hombre por parte del hombre.

Así se llega a menospreciar a tal punto la vida, que no debería asombrarnos luego que haya  quienes no titubeen en matar, así sea a sus padres  para obtener su botín.

Esto, es nada más que parte de lo que les hemos inculcado.

Es sólo otra cara del “hacé la tuya”.

La aprobación del aborto no es otra cosa que la autorización para matar y cualquier homicidio deja secuelas inevitables, para la víctima en primer lugar, por supuesto, pero también para quien lo aprueba, en este caso la madre que autoriza a que maten a su hijo y psicológicamente esto no se olvida.

Lástima, cerrar el año 2011 con la decisión del Senado. Resulta lamentable.

Nos queda la esperanza que la Cámara de Representantes, la que tiene una mayor representatividad en cuanto a la realidad del país, dado que incluye representantes de los 19 departamentos, vote diferente e impida que finalmente esta atrocidad prospere.







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