¿Para cuándo los impuestos verdes?

Quizás a partir de la tragedia de Haití, el tema del cambio climático nos ha hecho parar la oreja más de la cuenta, como nunca antes.

Es como si por primera vez pensáramos que el riesgo es real, aún cuando haya gente que siga negando que las catástrofes que tenemos todos los días, hasta las simples, pero inusuales variaciones del clima –como la que tenemos en el presente verano en el Uruguay – se deban al famoso recalentamiento global.

Sin embargo, cuando pensamos en estos problemas, seguimos pensando que la responsabilidad es exclusivamente de las grandes naciones industrializadas y de los gobiernos.

Si bien esto es relativamente verdad, en cuanto a que la mayor contaminación proviene de lo que contaminan los países industrializados, también es cierto que la conducta del simple ciudadano, como nuestro caso, juega un rol esencial.

Ya sea en forma directa, porque la acumulación de residuos peligrosos, las bolsitas de nylon, los plásticos, las pilas, los desechos electrónicos, que arrojamos al ambiente, se acumulan y envenenan ríos y mares, tierra y aire, como también indirectamente, porque la conducta humana juega un rol esencial a la hora de asumir conciencia en relación a este problema.

Sólo un ciudadano consciente y responsable de su rol en la conservación del planeta, habrá de exigir y presionar a los gobiernos y a otros poderes económicos, para que pongan en práctica las medidas que corresponden a fin de no seguir destruyendo nuestra casa.

Hasta el momento, en Salto y en el país todo, tenemos una gran deuda ambiental.

Por sencillo que parezca, las medidas mínimas, como la recolección de vidrios, por ejemplo, no se han implementado jamás.

Seguimos envenenando el ambiente con los plásticos, los mismos envases de plástico que en otras naciones de Latinoamérica inclusive, como Chile, están prohibidos y las multinacionales se han amoldado a la exigencia.

Los comercios en general siguen entregando bolsitas de plástico a diestra y siniestra, bolsitas que van a parar a cualquier lado, porque no hay una sola disposición que lo impida.

Y no esperemos todo de los demás, que seguramente tienen gran parte de la culpa. Comencemos por casa, rechacemos las bolsitas o disminuyamos al máximo su uso, todavía hay tiempo, pero por favor, no lo sigamos perdiendo en vano.

Hasta hoy este planeta es el único lugar que tenemos para vivir y lo tomamos prestado de las generaciones futuras.

Deberíamos comenzar a hacer ya lo que corresponde, y establecer también los “impuestos verdes”, para que quienes contaminen, paguen. Será una buena forma de comenzar.







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