¿Policías asesinos de policías?

¿Policías
asesinos
de policías?
Entendámonos bien. Que quieran o no, no debe ser la cuestión. No se trata de algo voluntario. A veces se confunden las cosas, quien ocupa un cargo de mando debe mandar, exigir, hacer cumplir, no limitarse a sugerir…
Se tiene la certeza de que el arma  de 9 milímetros (calibre usado por  la Policía) en poder del asesino que acaba de matar a un joven policía y herir a otro, antes de ser muerto, fue conseguida a través de algún policía corrupto.
También es cierto que culpar a policías corruptos suele ser el argumento más facilongo y a mano que se tiene en estos casos que, luego, como nadie prueba nada, queda «flotando» en el ambiente.
Esto obviamente debe probarse, pero nadie mejor que los propios policías saben cuál es el grado de convivencia entre policías y delincuentes y quiénes se desempeñan en este riesgoso terreno de relacionarse, generalmente con el argumento de obtener información…
Pues bien, la forma de cerrar el paso al ingreso de armas, drogas y demás a las cárceles es mediante controles rigurosos. Si hay policías – porque no puede decirse que son todos – que se oponen a estos controles, debe exigírseles el cumplimiento de las disposiciones y, en caso contrario, hacerlos pasivos de las sanciones que correspondan.
Lo mismo rige para los soldados que según se señala tampoco quieren hacerse cargo de estos controles.
Quienes no vacilan en ingresar armas que serán levantadas contra cualquier otra persona, e incluso como este caso contra sus propios compañeros, son traidores a la propia Policía, son tan o más delincuentes que quienes asesinan.
No es necesario ser «duro» para entender esto y tratar la cuestión tal como es.
Tenemos un gran respeto por lo buenos policías, aquellos que cumplen su labor con gran sentido de su rol en la sociedad, asumiendo riesgos, sacrificando horas de familia generalmente mucho más allá de lo que corresponde y desempeñándose, como todos los ciudadanos, dentro del ámbito de la ley.
Pero también somos exigentes y no nos duelen prendas al tiempo de denunciar la corrupción, los excesos o las arbitrariedades que son cometidas por quienes no han entendido que deben ser los primeros en manejarse dentro de la ley, que para ello les confiere facultades especiales.
No ignoramos que el ambiente en que deben desenvolverse los policías es generalmente el más difícil y comprometido, con gente que se halla fuera de la ley y  además no tiene escrúpulos en involucrar a cualquier persona en sus andanzas.
Hace ya mucho tiempo que se ha indicado que no es aconsejable que el propio policía encargado de apresar al delincuente sea también el encargado posteriormente de custodiarlo.
Lamentablemente este tremendo suceso prueba una vez más que hay mucho por hacer en el tema carcelario y va mucho más allá de los problemas edilicios, que seguramente existen.