¿Sirve el cambio de hora?

En la próxima madrugada, exactamente a la hora 02.00 deberán adelantarse los relojes, pasando automáticamente a ser las 3 de la mañana.

Tiempo atrás en estas columnas expresábamos nuestras dudas sobre la utilidad de esta medida, en cuanto luego de ser puesta en práctica por primera vez en uno de los gobiernos del Dr.  Sanguinetti, cuando fuera conocida como “la hora Villar”, que por entonces era el Ministro de Turismo.

Pero el mayor cuestionamiento no apunta al beneficio económico que pudiera acarrear y que seguramente existe, sino a la incomodidad y el desarreglo que supone en muchos órdenes para el trabajo y otras actividades que están decididamente vinculadas a las horas de sol.

Seguramente algún beneficio debe acarrear, en tanto similar medida adoptan Chile, Bolivia, España, entre otros, aunque no así Argentina.

El Director Nacional de Energía de Uruguay en recientes declaraciones públicas defendió la medida, sosteniendo que el país ahorra entre 6 y 8 millones de dólares con su aplicación.

Pero al mismo tiempo sostuvo que es una medida “que es muy bien vista por la población…”.

Esto es lo que nos lleva a dudar de la veracidad de lo que afirma el Director de Energía, porque salvo que nosotros nos hayamos hallado precisamente con todas las excepciones, lo que hemos palpado y seguimos palpando es un rechazo tácito a la medida.

Es más, quienes aún aceptan la medida como acertada a efectos del resultado económico, generalmente lo hacen a regañadientes, no porque les guste precisamente, sino porque entienden que el ahorro energético y por ende económico es beneficioso para el país.

No estamos en condiciones de afirmar con contundencia cuales son los beneficios que acarrea la medida, pero seguramente que los hay, lo que no podemos admitir es que en la población “sea muy bien vista”.

Es más, podemos compartir que en algunos sectores, como el turístico, pueda gozar de simpatía, pero con ser muy importante para el país, el turismo no es todo el país, ni quienes están vinculados a él son “la mayoría” de la población.

Esta es la cuestión, si los resultados son beneficios y justifican el sacrificio, estaremos dispuestos siempre a acatar la medida. Si no son tantos, ni tan beneficiosos habremos de oponernos.

Así las cosas, disfrutemos de este sábado uno de octubre que es el último “día natural” que nos queda del 2011.