¿Somos parte o no?

En estas columnas hemos batallado por concientizar a todos los ciudadanos que somos parte del problema del tránsito, ya sea directamente por acción o indirectamente por omisión  en los deberes que implica la corresponsabilidad social.
Cada institución, cada autoridad, pero también cada ciudadano tiene, o mejor dicho tenemos, responsabilidad en este problema.
Nos explicamos. ¿Quién de nosotros no ha visto, por ejemplo una infracción y no nos referimos a aquellas involuntarias, que de todas maneras deberían ser notificadas para que sus autores procedan a corregirlas?.
Pero aún cuando tengamos toda nuestra documentación en orden y los vehículos en el estado que exigen las normas, hay una responsabilidad social, que indica que deberíamos presionar a quien corresponda a que cumpla con su rol fiscalizador como debe hacerlo.
En definitiva, si alguien se siente ajeno al tema, siente que no tiene culpa alguna, es parte del problema porque todos deberíamos por lo menos sumar nuestro esfuerzo al intento de ordenar el tránsito. De nada sirve luego sentirse víctima, si un infractor lo lleva por delante.  Porque si hay infractores que circulan “olímpicamente”, es en alguna medida  porque nosotros no hemos sido capaces de exigir que se cumplan los controles que corresponde poner en práctica para sacar el mayor número de ellos de circulación.
Cuando hay autoridades departamentales que se pasan muchas horas discutiendo ¿Quién tiene la culpa?, para decirlo groseramente “tratando de tirarle los muertos al rival político”, nos da una idea lastimosa.
¿No se piensa que esto es culpa de todos en todo el país, sea quien sea el que gobierne en el departamento?. ¿ No sería mejor encaminar las cosas desde edades tempranas, teniendo claro que no se trata sólo de instruir y enseñar a conducir en forma, porque esto tiene que ver con muchos aspectos más, por ejemplo, con la responsabilidad que debemos tener para no beber cuando se conduce,  para no transgredir las normas tratando que no nos vean o no nos atrapen?
Esto tiene que ver con un sentido de comunidad y de responsabilidad y compromiso que se adquiere a través de la educación, pero también de los mensajes que muchas veces llegan más que la educación formal mismo, que son los que se pregonan a través de los grandes medios de comunicación masiva.
El tránsito es un gran problema, sin lugar a dudas, pero mucho más preocupante es la existencia de verdaderas masas de gente joven que muestra total desapego, pérdida de hábitos de trabajo y de estudio.
Si no entendemos que este es el problema “madre” de todos los problemas, que sólo enfocado por técnicos capacitados en el tema, conformando comisiones o grupos multidisciplinarios, capaces de visualizar todos los aspectos a tener en cuenta, podemos aspirar a tener una situación distinta a la de hoy, seguiremos empantanados y perdiendo el tiempo.

En estas columnas hemos batallado por concientizar a todos los ciudadanos que somos parte del problema del tránsito, ya sea directamente por acción o indirectamente por omisión  en los deberes que implica la corresponsabilidad social.

Cada institución, cada autoridad, pero también cada ciudadano tiene, o mejor dicho tenemos, responsabilidad en este problema.

Nos explicamos. ¿Quién de nosotros no ha visto, por ejemplo una infracción y no nos referimos a aquellas involuntarias, que de todas maneras deberían ser notificadas para que sus autores procedan a corregirlas?.

Pero aún cuando tengamos toda nuestra documentación en orden y los vehículos en el estado que exigen las normas, hay una responsabilidad social, que indica que deberíamos presionar a quien corresponda a que cumpla con su rol fiscalizador como debe hacerlo.

En definitiva, si alguien se siente ajeno al tema, siente que no tiene culpa alguna, es parte del problema porque todos deberíamos por lo menos sumar nuestro esfuerzo al intento de ordenar el tránsito. De nada sirve luego sentirse víctima, si un infractor lo lleva por delante.  Porque si hay infractores que circulan “olímpicamente”, es en alguna medida  porque nosotros no hemos sido capaces de exigir que se cumplan los controles que corresponde poner en práctica para sacar el mayor número de ellos de circulación.

Cuando hay autoridades departamentales que se pasan muchas horas discutiendo ¿Quién tiene la culpa?, para decirlo groseramente “tratando de tirarle los muertos al rival político”, nos da una idea lastimosa.

¿No se piensa que esto es culpa de todos en todo el país, sea quien sea el que gobierne en el departamento?. ¿ No sería mejor encaminar las cosas desde edades tempranas, teniendo claro que no se trata sólo de instruir y enseñar a conducir en forma, porque esto tiene que ver con muchos aspectos más, por ejemplo, con la responsabilidad que debemos tener para no beber cuando se conduce,  para no transgredir las normas tratando que no nos vean o no nos atrapen?

Esto tiene que ver con un sentido de comunidad y de responsabilidad y compromiso que se adquiere a través de la educación, pero también de los mensajes que muchas veces llegan más que la educación formal mismo, que son los que se pregonan a través de los grandes medios de comunicación masiva.

El tránsito es un gran problema, sin lugar a dudas, pero mucho más preocupante es la existencia de verdaderas masas de gente joven que muestra total desapego, pérdida de hábitos de trabajo y de estudio.

Si no entendemos que este es el problema “madre” de todos los problemas, que sólo enfocado por técnicos capacitados en el tema, conformando comisiones o grupos multidisciplinarios, capaces de visualizar todos los aspectos a tener en cuenta, podemos aspirar a tener una situación distinta a la de hoy, seguiremos empantanados y perdiendo el tiempo.