“Chapeau” para la iniciativa

La cantidad de jóvenes que optan por el camino del ocio, que prefieren la diversión u otro tipo de actividades cualquiera, antes que dedicar el tiempo a su formación, a prepararse para la vida, va en aumento.
Lamentablemente las encuestas del ámbito de la educación indican que cada vez es mayor el número de jóvenes que abandonan sus estudios, que repiten hasta que inexorablemente optan por alejarse del sacrificio, de la inversión de tiempo y esfuerzo que  requiere una preparación adecuada para la vida y comienzan a transitar el camino equivocado, ingresando por el ocio de no estudiar ni trabajar.
Paulatinamente este camino les lleva al delito. Cuando sus necesidades y las urgencias que le introducen, una publicidad que no repara en la educación, que no apunta formar a nuestros jóvenes debidamente, sino a que tienen que ganar, que tener, que destacarse no por lo que son, sino por lo que ostentan.
Muchos de estos jóvenes van a parar al Instituto del Menor y del Adolescente (INAU), porque en la filosofía que le han inculcado, no tienen escrúpulo alguno en usar el medio que sea necesario, incluso las armas de fuego, para alcanzar lo que “necesitan”, o le han dicho que necesitan obtener para ser “exitosos” en la vida.
Felizmente de vez en cuando surge alguna iniciativa que apunta a otro objetivo, que va más allá del consabido pedido de penas más severas, de represión y castigo “ejemplar” para que otros no  sigan su camino.
Nos referimos concretamente a la iniciativa que están poniendo en práctica el sindicato de la construcción y afines (SUNCA), con la cámara de la construcción y el gobierno nacional. Consiste en dar oportunidad a determinado número de estos jóvenes en cada obra para enseñarles el oficio y mostrarle otro camino.
Esta es una obligación de todos los uruguayos, con el Estado a la cabeza. Recuperar a todos los jóvenes que demuestren deseos de recuperarse, de cambiar de senda, para vivir decentemente.
De eso se trata y la experiencia del SUNCA demuestra que es posible. Muy pocos de estos jóvenes han abandonado luego la senda del trabajo.
Mal que nos pese tendremos que convivir con estos jóvenes. Esto es compartir las calles, la ciudad, los servicios hospitalarios y demás y por lo tanto, lo mejor que podemos hacer es tratar de recuperarlos.
No todos ellos están satisfechos por haber caído en esta mala vida. Es más, diríamos que salvo un pequeño número, todos los demás en algún momento manifiestan que les gustaría cambiar de vida, aunque no ven salida.
Este es el punto. La comunidad debería extremar esfuerzos para que todo el que demuestre voluntad de salir pueda intentarlo al menos.
La cantidad de jóvenes que optan por el camino del ocio, que prefieren la diversión u otro tipo de actividades cualquiera, antes que dedicar el tiempo a su formación, a prepararse para la vida, va en aumento.
Lamentablemente las encuestas del ámbito de la educación indican que cada vez es mayor el número de jóvenes que abandonan sus estudios, que repiten hasta que inexorablemente optan por alejarse del sacrificio, de la inversión de tiempo y esfuerzo que  requiere una preparación adecuada para la vida y comienzan a transitar el camino equivocado, ingresando por el ocio de no estudiar ni trabajar.
Paulatinamente este camino les lleva al delito. Cuando sus necesidades y las urgencias que le introducen, una publicidad que no repara en la educación, que no apunta formar a nuestros jóvenes debidamente, sino a que tienen que ganar, que tener, que destacarse no por lo que son, sino por lo que ostentan.
Muchos de estos jóvenes van a parar al Instituto del Menor y del Adolescente (INAU), porque en la filosofía que le han inculcado, no tienen escrúpulo alguno en usar el medio que sea necesario, incluso las armas de fuego, para alcanzar lo que “necesitan”, o le han dicho que necesitan obtener para ser “exitosos” en la vida.
Felizmente de vez en cuando surge alguna iniciativa que apunta a otro objetivo, que va más allá del consabido pedido de penas más severas, de represión y castigo “ejemplar” para que otros no  sigan su camino.
Nos referimos concretamente a la iniciativa que están poniendo en práctica el sindicato de la construcción y afines (SUNCA), con la cámara de la construcción y el gobierno nacional. Consiste en dar oportunidad a determinado número de estos jóvenes en cada obra para enseñarles el oficio y mostrarle otro camino.
Esta es una obligación de todos los uruguayos, con el Estado a la cabeza. Recuperar a todos los jóvenes que demuestren deseos de recuperarse, de cambiar de senda, para vivir decentemente.
De eso se trata y la experiencia del SUNCA demuestra que es posible. Muy pocos de estos jóvenes han abandonado luego la senda del trabajo.
Mal que nos pese tendremos que convivir con estos jóvenes. Esto es compartir las calles, la ciudad, los servicios hospitalarios y demás y por lo tanto, lo mejor que podemos hacer es tratar de recuperarlos.
No todos ellos están satisfechos por haber caído en esta mala vida. Es más, diríamos que salvo un pequeño número, todos los demás en algún momento manifiestan que les gustaría cambiar de vida, aunque no ven salida.
Este es el punto. La comunidad debería extremar esfuerzos para que todo el que demuestre voluntad de salir pueda intentarlo al menos.