“Versiones” de prensa

La desacreditación que frecuentemente se intenta hacer de los medios de comunicación masiva es preocupante.
A menudo hemos escuchado a gobernantes, actores políticos, jerarcas de diferentes instituciones  y demás descalificar algún tema diciendo “son versiones periodísticas”.
Esto supone una descalificación a los medios de comunicación masiva en general. En primer lugar, hay una diferencia sustancial entre una “versión” y una información, seria, responsable, irrefutable. No todo es lo mismo.
El intento de poner todo en la bolsa bajo el rótulo de “versiones”, es el  primer intento de descalificación que se hace cuando una información no nos favorece o no queremos que tenga demasiada repercusión.
Hay que tener en cuenta que el primer error es meter a todos en la misma bolsa. Si bien todos y cada uno de los medios nos sentiremos la excepción a la regla, cuando se habla de manipulación, de incidencia de intereses, de ”sesgo” de las noticias, aspecto que no desconocemos,  es tan erróneo como lo sería afirmar que no existe manipulación y no existen intereses tras algunos de los grandes medios de comunicación masiva al menos.
Como en todas las áreas hay buenos y malos medios de comunicación masiva, como hay buenos y malos periodistas y buenos y malos empresarios.
Ahora bien, entendemos que cualquier comunidad que haya alcanzado determinada formación es capaz de diferenciar debidamente lo que es una información debidamente consignada, con las confirmaciones que corresponden, aportada con la precisión e identificación de fuentes, de una “versión”, recogida al azar por medios –que también los hay – que muchas veces no tienen la más mínima noción de lo que es un manejo responsable y profesional de la comunicación social.
Por el contrario, entendemos que la responsabilidad de los gobernantes y principales actores de la sociedad, en cuanto a su incidencia en la actividad pública, debe ser la de contribuir a diferenciar debidamente lo que pueden ser las “versiones” de lo que es una información seria, analizada e incluso cuestionada, con opiniones calificadas referentes al tema.
Aportar a la formación de una masa crítica es lo primero que deberíamos tener en cuenta como comunidad, por encima de cualquier color o idea política, religiosa o filosófica.
Si no nos dejáramos enceguecer y fanatizar por las ideologías, desconociendo el aporte de la prensa, seguramente nos ahorraríamos muchas dificultades que suelen presentarse a pesar de haber sido alertadas e informadas con el tiempo debido.
La comunicación social y sobre todo la función de formadores de opinión pública es mucho más trascendente de lo que se supone y no es descalificándola torpemente, con argumentos que no son convincentes que estamos haciendo un buen manejo.
¡Que conste!

La desacreditación que frecuentemente se intenta hacer de los medios de comunicación masiva es preocupante.

A menudo hemos escuchado a gobernantes, actores políticos, jerarcas de diferentes instituciones  y demás descalificar algún tema diciendo “son versiones periodísticas”.

Esto supone una descalificación a los medios de comunicación masiva en general. En primer lugar, hay una diferencia sustancial entre una “versión” y una información, seria, responsable, irrefutable. No todo es lo mismo.

El intento de poner todo en la bolsa bajo el rótulo de “versiones”, es el  primer intento de descalificación que se hace cuando una información no nos favorece o no queremos que tenga demasiada repercusión.

Hay que tener en cuenta que el primer error es meter a todos en la misma bolsa. Si bien todos y cada uno de los medios nos sentiremos la excepción a la regla, cuando se habla de manipulación, de incidencia de intereses, de ”sesgo” de las noticias, aspecto que no desconocemos,  es tan erróneo como lo sería afirmar que no existe manipulación y no existen intereses tras algunos de los grandes medios de comunicación masiva al menos.

Como en todas las áreas hay buenos y malos medios de comunicación masiva, como hay buenos y malos periodistas y buenos y malos empresarios.

Ahora bien, entendemos que cualquier comunidad que haya alcanzado determinada formación es capaz de diferenciar debidamente lo que es una información debidamente consignada, con las confirmaciones que corresponden, aportada con la precisión e identificación de fuentes, de una “versión”, recogida al azar por medios –que también los hay – que muchas veces no tienen la más mínima noción de lo que es un manejo responsable y profesional de la comunicación social.

Por el contrario, entendemos que la responsabilidad de los gobernantes y principales actores de la sociedad, en cuanto a su incidencia en la actividad pública, debe ser la de contribuir a diferenciar debidamente lo que pueden ser las “versiones” de lo que es una información seria, analizada e incluso cuestionada, con opiniones calificadas referentes al tema.

Aportar a la formación de una masa crítica es lo primero que deberíamos tener en cuenta como comunidad, por encima de cualquier color o idea política, religiosa o filosófica.

Si no nos dejáramos enceguecer y fanatizar por las ideologías, desconociendo el aporte de la prensa, seguramente nos ahorraríamos muchas dificultades que suelen presentarse a pesar de haber sido alertadas e informadas con el tiempo debido.

La comunicación social y sobre todo la función de formadores de opinión pública es mucho más trascendente de lo que se supone y no es descalificándola torpemente, con argumentos que no son convincentes que estamos haciendo un buen manejo.

¡Que conste!