45 años de espera y seguimos insistiendo

El primero de abril de 1974 cristalizaba para los salteños, la región y el mundo, un viejo anhelo, la decisión de construir la represa binacional de Salto Grande. La denominada “obra del siglo” para el país se ponía en marcha tras la aprobación de los dos gobiernos del Plata.
Una obra abrigada especialmente por los pueblos de Salto y Concordia, que diez años atrás (en octubre de 1964) se habían movilizado por miles para llegar hasta el parlamento uruguayo a reclamar una decisión favorable a esta construcción.
La construcción de la represa de Salto Grande fue una obra colosal, en su momento 5 mil obreros se desempeñaron en ella, percibiendo buenos salarios y volcando en estas comunidades una masa dineraria que permitió revitalizar todas las actividades en la zona.
La obra, ambicionada casi desde principios del siglo anterior, trajo un desarrollo notorio, pero lamentablemente efímero, si tenemos en cuenta cuáles eran los cinco objetivos propuestos en el proyecto:
1) Proveer el agua para fines domésticos y sanitarios
2) Facilitar la navegación posibilitando que las embarcaciones se desplacen hacia el norte hasta la frontera con Brasil.
3) Aprovechar la fuerza del agua para producir energía eléctrica
4) Utilizar el agua para riego.
5) Contribuir al desarrollo regional.
De estos cinco objetivos determinados por quienes concibieron y lucharon por el proyecto, al menos en el Uruguay ha quedado una deuda muy grande. Salvo la producción de energía los demás no se han logrado excepto en algún caso puntual y parcialmente.
La contribución de Salto Grande al desarrollo regional ha sido ínfima, efectuada en forma desordenada, dependiendo de la voluntad política de los delegados en la mayoría de los casos.
En cambio del otro lado del río, en virtud de sistemas diferentes (Argentina tiene establecido un sistema de regalías – contribución por la localización de grandes obras) la incidencia de estos aportes ha sido muy diferente y determinante en aspectos tales como la infraestructura vial y otras obras en beneficio de la comunidad.
En el Uruguay no solo no se ha logrado establecer regalías, sino que además la administración de las millonarias ganancias de la represa, que inicialmente se hacía por parte de la CTM permitiendo cooperar con obras de interés público, fue luego cancelada y en ocasión del gobierno del Dr. Luis A. Lacalle se estableció la obligatoriedad de remitirlas a Rentas Generales.
Es esta sin duda la gran deuda que tiene  Salto Grande con la región toda, pero en particular con Salto que aportó para consumar esta construcción un lugar privilegiado por la naturaleza, como eran las cascadas de Salto Grande y su entorno.
Ojalá algún día llegue la compensación correspondiente, porque es de justicia que así se lo haga.
Cinco años atrás publicábamos este editorial y hoy y lo volvemos a publicar sin cambiarle una sola coma, porque seguimos esperando.
A.R.D.