Megaminería:

informar al

pueblo antes

de pronunciarse

Que las grandes naciones han hecho los mayores desarreglos en materia de medio ambiente, no es secreto para nadie.

Que todavía se ocultan los problemas más graves de los que sólo tenemos noción a través de algún documental o de las redes sociales, también es cierto.

Que debido a estas explotaciones extremas sin atención alguna a la preservación del recurso, hoy muchas de ellas corren riesgo de quedarse sin alimentos, agua dulce y energía suficientes, tampoco.

De acuerdo a lo anunciado por el gobierno nacional dentro de pocos días Uruguay firmaría el contrato con la empresa “Aratirí”, para la minería de gran porte. La empresa de origen indio, pero con capitales multinacionales se dedicaría a la extracción de hierro y a construir el puerto de aguas profundas en el Atlántico.

Si miramos el producido económico que dejaría el proyecto para el país, no habría duda alguna que cualquier gobierno en su sano juicio aprobaría el proyecto. Este es el punto de vista del gobierno nacional, dado que los ingresos por la participación en el proyecto serían muy importantes, además de los beneficios -que según esta óptica – aportaría Aratirí para el país, con un costo ambiental mínimo.

Sin embargo, si atendemos los argumentos de la oposición y especialmente de grupos ecologistas, ningún resultado económico justifica el daño al ambiente que entienden hace la megaminería.

Las técnicas utilizadas para la extracción del metal sobre todo son consideradas “nefastas” para el ambiente, al punto que en Argentina en varias provincias han sido prohibidas.

Quienes defienden esta posición promueven un plebiscito sobre el tema, antes de firmar cualquier compromiso específico.

Entre ambos extremos queda la opinión pública, sin tener una visión lo más objetiva e inocua posible. Es cierto que cualquier actividad humana y sobre todo la industrial causa efectos contraproducentes en el ambiente.

Pero es cierto también que sería muy interesante la explotación de los recursos naturales si de ella se extraen recursos económicos que hagan posible una mejora importante para un país que a pesar de todos los esfuerzos sigue teniendo importante nivel de pobreza.

La cuestión está por lo tanto en el desafío de hallar un punto medio, de minimizar al máximo el impacto negativo, que seguramente existe para extraer la riqueza del suelo.

El tema merece un plebiscito, que no tiene por qué ser independiente de otras manifestaciones de la voluntad popular, como las elecciones nacionales, pero sólo después que se tenga suficiente información, confiable y veraz sobre la iniciativa. Si no es así, se corre el riesgo que el ciudadano se pronuncie en base a “manijas” u otros intereses que difícilmente se expongan y no sobre la verdadera conveniencia o inconveniencia del proyecto.