69 años después la llama sigue ardiendo

El 10 de diciembre de 1948, la Declaración Universal de Derechos Humanos fue adoptada por la tercera Asamblea General de las Naciones Unidas, en París. Ninguno de los 56 miembros de las Naciones Unidas votó en contra del texto, aunque Sudáfrica, Arabia Saudita y la Unión Soviética se abstuvieron. Hoy 69 años después la llama de la más trascendente de las decisiones de las Naciones Unidas sigue encendida iluminando la humanidad.
El emblema esgrimido en el mundo entero para hacer frente a tantas barbaries y el espíritu de la Declaración se refleja en el primer artículo que establece:
Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.
Simple y sencillo, sin embargo tan difícil de hacerlo realidad.
En nuestros días son varias las preocupaciones que vive la humanidad. No sólo por el recrudecimiento de las guerras y la insanía de algunos grupos terroristas que han adoptado el crimen como un arma para sus “pseudo” reivindicaciones.
A todo esto la carrera nuclear para seguir adelante y hay líderes de poderosas potencias que no reparan en las consecuencias de sus acciones y cada vez parece más cerca la catástrofe de una guerra nuclear.
La situación de los emigrantes, tanto en América del Norte como en las las zonas de guerra, aquejados por el hambre, la sed, las enfermedades y la vida a la intemperie en los grandes campamentos que vagan sin rumbo fijo, agravan este difícil panorama.
Lejos de mostrar interés en asumir el compromiso de respetar los derechos universales los mandamases de estas naciones y de estos grupos muestran cada vez un mayor desprecio por la vida humana.
Llevamos casi siete décadas de aquel compromiso adoptado por la mayoría de las naciones que se han mostrado partidarias de la paz, de la tranquilidad y de la justicia como forma de vida. Sin embargo es poco o nada lo que se ha avanzado y el mundo entero sigue aspirando a desempeñarse en paz y con la tranquilidad correspondiente para su desarrollo.
Uno de los considerandos de la Declaración Universal de los DD.HH. señala que “el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad, y que se ha proclamado, como la aspiración más elevada del hombre, el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencias”. Ojalá lo entendamos.
Alberto Rodríguez Díaz







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